El pasado 4 de julio Trump se dirigió a la nación con un discurso contra el comunismo. “Es como un cáncer”, sentenció. “Hay que extirparlo”. Ese mismo día los Socialistas Democráticos de América (DSA) anunciaban en sus redes sociales que habían alcanzado los 120.000 miembros, duplicando sus cifras en tan solo 18 meses y convirtiéndose así en “la mayor organización socialista de la historia de Estados Unidos”, superando el pico de afiliación del Partido Socialista de Eugene V. Debs en 1912.
Una imagen muy elocuente de la polarización salvaje que reina dentro de la primera potencia mundial y del giro a la izquierda que cientos de miles han experimentado en los últimos meses.
La huella profunda de Minneapolis
Trump comenzó su segundo mandato declarando la guerra al “enemigo interior”, y sus palabras han ido acompañadas de hechos. Intentos de tomar militarmente ciudades enteras a través de las tropas paramilitares del ICE, llamamientos a la caza del migrante, ilegalización de la organización Antifa…, por destacar algunos, han formado parte de esta ofensiva neofascista que pretende aplastar al movimiento a través del miedo y la represión. Y la respuesta que ha cosechado esta deriva autoritaria ha sido contundente.

Una experiencia en la que el propio movimiento ha podido poner en práctica las conclusiones de todos estos años de lucha. La rebelión de Minneapolis tras los asesinatos de Renée Good y Alex Pretti fue el punto álgido de todo este proceso. Cientos de miles de trabajadores, jóvenes y activistas se autoorganizaron desde abajo, creando comités por barrios, implicando a todo el tejido social a un nivel extraordinario. Lo hicieron a pesar del boicot, en los hechos, de la dirección de los grandes sindicatos, pero tomando los métodos de lucha de la clase trabajadora e irradiando un ejemplo que conectó con la conciencia de millones en todo EEUU.
Y cuando decimos que la experiencia no ha pasado en vano, nos referimos exactamente a lo que explotó en aquellas dos jornadas históricas de huelga general[1] el pasado enero y que obligó a Trump a retroceder en toda una serie de puntos. Nadie esperó que ningún dirigente sindical ni que el Partido Demócrata viniera a organizar la lucha. La necesidad de la acción directa; esta fue la conclusión que se sacó fruto de años de sindicalismo amarillo por parte de las grandes centrales sindicales y de políticas procapitalistas de los demócratas. Fue la respuesta a su guerra imperialista en Ucrania, a su sionismo y su apoyo al genocidio en Gaza, a su represión al movimiento propalestina, a su incapacidad completa para frenar la ofensiva de la extrema derecha, a su falta de voluntad para defender nada que se parezca a un programa en beneficio de los oprimidos. También fue una respuesta a las oportunidades frustradas por dirigentes como Bernie Sanders que decidieron claudicar y ponerse al servicio de este partido del capital.
Un fantasma recorre EEUU… es el fantasma del socialismo
Han pasado ya meses desde entonces, pero el salto en la conciencia y la profundidad de este proceso no se han detenido. La ruptura ideológica y la crisis de legitimidad de la democracia burguesa, sus instituciones y partidos, especialmente por parte de la juventud, son un hecho ya incontestable con consecuencias políticas de primer orden.
Según encuestas recientes,[2] aproximadamente el 34% de los estadounidenses entre 18 y 29 años tiene una percepción positiva del comunismo, mientras que el socialismo recibe un respaldo incluso mayor, con alrededor del 62% en este grupo de edad.

Y hay que decir, para ser justos, que la influencia del DSA va mucho más allá de esos 120.000 miembros. Solo en la votación para la alcaldía de Nueva York Zohran Mamdani logró 1.114.184 votos, más del 50% de los sufragios. Una campaña militante llevada a cabo por cientos de voluntarios que, de la mano del tejido social y los colectivos y organizaciones de la izquierda, lograron esta sonada victoria basada en un programa reformista de izquierdas, de defensa de los servicios públicos, del transporte, las escuelas infantiles gratuitas, de la lucha por el derecho a la vivienda… y planteada, además, como un enfrentamiento directo al trumpismo.
La repercusión de todo esto está siendo enorme. Los propios representantes del Partido Demócrata están acusando la presión, tal y como refleja la reciente votación en el Congreso en la que casi la mitad de los asientos demócratas (104) se posicionaron por suspender toda la financiación a Israel.[3] Aunque la propuesta no salió adelante este sorprendente posicionamiento es enormemente clarificador del ambiente que se respira.
Los resultados en las primarias demócratas, que se están llevando a cabo en estas semanas, han logrado victorias de otros tres candidatos del DSA respaldados por Mamdani y que han arrasado frente a pesos pesados del establishment demócrata. Y la onda expansiva de este fenómeno trasciende completamente la ciudad de Nueva York.
La victoria de la candidata de los demócratas socialistas en Colorado, basada sobre todo en su denuncia del genocidio en Gaza, es otro ejemplo. Y más de lo mismo hemos visto con la victoria de la socialista demócrata que aspira a ser la próxima alcaldesa de Washington. Un verdadero terremoto que refleja también las enormes dificultades del Partido Demócrata, totalmente desenmascarado, de jugar ningún papel de oposición real a Trump.
Este crecimiento meteórico de los Socialistas Democráticos de América y las expectativas y la referencia de masas en la que se están convirtiendo van completamente ligados al proceso de toma de conciencia y de giro a la izquierda que describíamos más arriba. Este fenómeno es precisamente su expresión en el terreno político.
Una oportunidad histórica para levantar una alternativa de clase
Seríamos unos necios si no viéramos todo esto, que es extraordinario. Pero igual de necios seríamos si no señaláramos las enormes limitaciones de partida que tiene el enfoque de muchos de estos socialistas democráticos, empezando por el propio Zohran Mamdani. Él mismo, respondía hace unos días a las preguntas de la prensa así: “Con frecuencia me preguntan qué pienso sobre el estado del Partido Demócrata. Esta lista de candidatos que está aquí hoy es nuestra respuesta”, declaró Mamdani. “El Partido Demócrata debe cambiar”, remarcó.

La realidad es que estos candidatos que están conectando con el sentir masivo de oposición a Trump y de giro a la izquierda no plantean ninguna ruptura con el Partido Demócrata. Pero esto no impide que sean vistos como algo completamente distinto. Se apoyan en este proceso de radicalización a la izquierda para crecer y ganar influencia, pero su planteamiento de “cambiar el Partido Demócrata desde dentro” ya ha sido probado con un resultado desastroso.
Hace unos años Bernie Sanders desechó la posibilidad de levantar una candidatura independiente de clase y se plegó a los deseos del establishment demócrata. Hoy en EEUU hay asesinatos y persecuciones racistas, machistas, hacia todo aquello que huele a izquierda, y la base social de Donald Trump se siguió fortaleciendo bajo el Gobierno de Biden. El Partido Demócrata no es más de izquierdas. Todo lo contrario. Este es el saldo de aquella decisión de no romper con el PD. Hoy podemos decir, con la prueba de los hechos en la mano, que ese no es el camino para abatir la amenaza fascista.
Ahora existe una gran expectativa en el terreno electoral, y no es para menos. El próximo mes de noviembre se celebrarán las elecciones de medio mandato y es más que probable que el magnate de Nueva York se lleve un buen varapalo. Nunca hemos despreciado el frente electoral, ya que también es un frente de batalla contra la extrema derecha e indudablemente las masas en EEUU lo utilizarán muy correctamente para defenderse.
Pero es importante subrayar que las elecciones son solo una parte de lo que ocurre en la lucha de clases. Ceñirse solo a esto, aunque sea con un discurso de izquierdas ligado al movimiento, dentro de las coordenadas no solo del sistema sino del propio Partido Demócrata al servicio de la plutocracia, es una receta acabada para terminar siendo asimilados por el sistema, como ya ha ocurrido con otros. A pesar de la autoridad que siguen teniendo Sanders o Alexadria Ocasio-Cortez, han llegado también muy lejos en su demostración de que no van a traspasar determinadas fronteras. La votación para prohibir la huelga de ferrocarriles o la resistencia a hablar de genocidio en Gaza son buenos ejemplos de esto.
El punto central es que estamos ante un proceso vivo y que la última palabra no está dicha. Tal y como estamos viendo en otros rincones del mundo, la experiencia es un grado y amenaza también con cuestionar este tipo de planteamientos estériles, que no sirven para enfrentar la amenaza de la extrema derecha.

De hecho es muy relevante cómo incluso dentro del propio DSA, el debate sobre romper con el Partido Demócrata ha crecido en los últimos años. Dentro y fuera de sus filas, este debate cobra más fuerza por pura necesidad.
Organizaciones de la izquierda revolucionaria de dimensiones mucho menores que el DSA y que han defendido la ruptura con el Partido Demócrata, que están presentando candidaturas independientes en pueblos y ciudades de todo EEUU y que han jugado un papel importante en impulsar iniciativas como la huelga de Minneapolis, su extensión al resto de EEUU o la huelga general el 1 de mayo, también están creciendo notablemente. Aunque no tengan las dimensiones del DSA, y tampoco sus acciones el mismo impacto, son un reflejo del terreno abonado que existe para levantar un partido de clase.
La oportunidad que existe hoy para que todo esto tome forma, para construir un partido de clase que no busque únicamente ganar una alcaldía o unas elecciones, sino para construir una alternativa real en la calle, en los centros de trabajo, entre la juventud, en los movimientos sociales y que levante un programa de ruptura con el sistema capitalista, un programa socialista, es completamente extraordinaria y hay que aprovecharla.
Notas:
[1] El éxito de la huelga general de Minnesota contra el ICE se convierte en un punto de inflexión
La clase obrera y la juventud de EEUU levantan una marea antifascista contra Trump y el ICE
[2] A los jóvenes estadounidenses les gusta demasiado el socialismo—Ese es un problema que los libertarios deben solucionar
[3] Almost Half of House Democrats Vote to End Aid to IsraelAlmost Half of House Democrats Vote to End Aid to Israel



















