La lucha por la república y las tareas de la izquierda anticapitalista

En las últimas semanas, las direcciones de ERC y la CUP han estado negociando con la mayor discreción un acuerdo para garantizar la investidura de Pere Aragonès como President. El preacuerdo fue anunciado este domingo y la consulta a la militancia de la CUP ha puesto de manifiesto las enormes dudas y cuestionamiento de amplios sectores de las bases a la política planteada por un sector destacado de la dirección de subordinarse políticamente a ERC y Junts e incluso integrarse en el Govern.

La consulta, que se ha caracterizado por una baja participación y un método extremadamente confuso basado en tres preguntas enlazadas, ha arrojado un resultado muy crítico con la dirección. Tan solo 560 militantes han votado sí, el 59% de los participantes, mientras que el 38% lo ha rechazado abiertamente. Pero lo más significativo es que el 85% del total considera el acuerdo insuficiente y votó a favor de luchar por más.[1] 

¿Qué objetivos persigue la dirección de ERC con este acuerdo?

Lo que está en discusión es mucho más que una maniobra táctica. La cuestión es si la CUP llegará a un acuerdo estratégico con aquellas formaciones que, además de sufrir la represión del Estado y la judicatura franquista, se han destacado en este tiempo por amparar políticas neoliberales, privatizadoras y represivas de la protesta social, aunque las hayan intentado envolver con la bandera del procesismo y la independencia. En definitiva, la cuestión es si se puede avanzar seriamente en la lucha por una república al servicio de los trabajadores y la juventud de la mano de aquellos que quieren enterrar el mandato del 1 de octubre de 2017, negociar con el Estado la vuelta al consenso autonomista, y poner fin al movimiento de masas.

Para entender el acuerdo alcanzado entre las direcciones de ERC y la CUP, hay que identificar las fuerzas motrices que han impulsado el movimiento de liberación nacional en el último periodo.

Los resultados de las elecciones al Parlament de Catalunya del 14-F alumbraron un reforzamiento del independentismo —por primera vez recogió la mayoría de votos con el 52% y alcanzó los 74 escaños—, y mostraron una profundización del giro a la izquierda en su seno. Al tremendo batacazo que sufrió la herencia del pujolismo (PDeCAT y PNC), se le une la primera victoria de ERC desde la restauración de la Generalitat manteniendo el 21,3% de apoyo de 2017 y 1 escaño más, y el crecimiento en votos de la CUP que aumenta un 2,2% y obtiene 5 escaños más. El mensaje de las elecciones del 14F fue claro: hay que continuar la lucha por la república catalana y acabar con la represión, los recortes, los desahucios y las políticas privatizadoras.

Amplios sectores de trabajadores y jóvenes consideraron que con ERC al frente del Govern se lograría una gestión más “progresista” que con Junts (en cuya dirección destacan representantes directos de la burguesía). Sin embargo, la política practicada por ERC en estos años desde sus consellerias y vicepresidencia ha estado basada en el mantenimiento de los recortes sociales de la derecha y las medidas proempresariales.

Por su parte, la CUP agrupó el voto de los sectores más combativos y comprometidos con continuar la lucha por la república y contra las políticas capitalistas, aunando la crítica por la izquierda a la lamentable gestión de la pandemia del Govern JxCat-ERC.

No es casualidad que la dirección de ERC, identificando el giro a la izquierda que reflejan los resultados electorales, haya priorizado alcanzar un acuerdo con la CUP antes que con Junts, con el objetivo además de que éste vaya más allá de la investidura. La dirección de ERC sigue peleando con la de Junts por la hegemonía y la dirección del independentismo. Con el pacto con la CUP, ERC quiere diferenciarse de Junts por la izquierda y, al mismo tiempo, limitar la oposición de la CUP al futuro Govern esforzándose para que los cupaires formen parte de él.

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No es casualidad que la dirección de ERC, identificando el giro a la izquierda que reflejan los resultados electorales, haya priorizado alcanzar un acuerdo con la CUP antes que con Junts

Suscribiendo el acuerdo con ERC sin asegurar las medidas de rescate social que necesitamos las familias trabajadoras catalanas, la CUP concede también un enorme margen de maniobra a todos los que quieren cerrar la crisis revolucionaria abierta en octubre de 2017. El pacto ERC-CUP da alas a la estrategia del PSOE y de un sector de la burguesía española para continuar con el señuelo de una negociación que solo busca recuperar la vía muerta del autonomismo. Si la dirección de la CUP profundiza en su estrategia de unidad nacional y supeditación a la socialdemocracia catalanista, mellará gravemente el filo anticapitalista de la formación y seguirá limitando las posibilidades de imprimir un giro revolucionario en la lucha por la liberación nacional y contra el régimen capitalista del 78.

El contenido del acuerdo y sus consecuencias prácticas

El acuerdo recoge la promesa por parte de ERC de introducir varias mejoras en el ámbito social, económico, municipal, etc. Desde Izquierda Revolucionaria / Esquerra Revolucionària rechazamos cualquier tipo de sectarismo y entendemos que cualquier avance en las condiciones de vida de las familias trabajadoras, por pequeño que sea, es producto de la lucha de clases. Pero ¿es este el caso? Lamentablemente, si analizamos el contenido concreto del acuerdo, debemos señalar no solamente lo limitado de sus contenidos sino su inconsistencia y abstracción. De hecho, el propio documento habla de “propuestas” y “posibles puntos de acuerdo”.

Resulta enormemente sorprendente que los dirigentes de ERC defiendan la reducción de las ratios en las aulas cuando el Conseller d’Educació, Josep Bargalló, es de ERC y lleva tres años negándose sistemáticamente a hacerlo. Y lo mismo podríamos decir con sanidad: la Consellera de Salut, Alba Vergés, también es de ERC y no solamente ha mantenido la infrafinanciación de la sanidad pública sino que además ha asegurado un negocio fabuloso para la patronal sanitaria regalando al sector privado 43.000€ por paciente de Covid que trataran.

El acuerdo contiene pocos datos. Uno de ellos es la promesa de llegar al 25% del presupuesto de sanidad para la atención primaria, cifra recomendada por la OMS, y que en Catalunya es del 14% actualmente. Pero se habla de “marcar el objetivo para llegar” a esa cantidad, nada concreto. Pere Aragonès y Alba Vergés informaron en septiembre del año pasado que aumentarían el presupuesto para la atención primaria en 125 millones cada año. Esto, asumiendo el caso improbable de que se cumpla (como denunciaron los sindicatos de personal sanitario), ¡implicaría que necesitaríamos 40 años para alcanzar ese 25%!

Para hacer frente a la violencia policial sistemática de los Mossos, el acuerdo recoge la suspensión de las balas de foam pero solamente “mientras no sea público el protocolo”; deja en manos de los jefes de la policía la aplicación de la Ley Mordaza y apela a la “jurisprudencia europea” para evitar casos de racismo policial. No hace falta ser ningún erudito para comprender que los antidisturbios seguirán reprimiendo (cuando se prohibieron las balas de goma les suministraron las de foam), tanto por la naturaleza de clase de las fuerzas represivas del Estado capitalista como por el peso de los elementos más reaccionarios en su seno. También es evidente que la Unión Europea, que expulsa y trata a los inmigrantes de una forma inhumana, no ofrece precisamente herramientas para luchar contra el racismo.

El acuerdo recoge que la ARRO y la BRIMO no intervendrán en desahucios; ¿pero es eso acaso una garantía de que acabe la violencia policial cuando defendemos el derecho a la vivienda para que no echen a una familia de su casa? Es más, afirmando eso se asume que seguirá habiendo desahucios en Catalunya, donde el año pasado y a pesar de la pandemia se desahuciaron a 15 familias al día, siendo el territorio con más desahucios (20% del total estatal).

En la cuestión de fondo como es la lucha por la autodeterminación, contra la represión de los derechos democrático-nacionales y el encarcelamiento de los presos políticos independentistas, el texto recoge que la CUP “se compromete a dar un cierto margen de tiempo a la mesa de negociación” y rechaza hacer oposición a ERC con lo que pase en esta mesa, ¡y esto hasta “la primera mitad de 2023”! No hay ningún argumento que justifique dar oxígeno a la estrategia de paz social y desmovilización que tanto Pedro Sánchez, como ERC, Junts y la burguesía española y catalana pretenden.

Tras este largo periodo de “margen”, y cuando se evidencie que la mesa de negociación es un paripé y una vía para frenar la lucha en las calles, el acuerdo afirma que “la CUP y ERC se comprometen a generar las condiciones y los acuerdos necesarios para que podamos plantear un nuevo embate democrático” y hacerlo “por la vía que el conjunto del independentismo valore como más adecuada derivada de los principios de consenso estratégico y acumulación de fuerzas sociales y políticas suficientes para hacerlo efectivo, priorizando la vía del referéndum de autodeterminación”. O sea, que aunque digan “en esta legislatura” para cubrir el expediente, el supuesto “embate democrático” va para largo y ni siquiera queda claro su contenido.

Esto significa que cualquier programa para hacer realidad la república por la que el pueblo de Catalunya votó masivamente el 1 de Octubre de 2017, deberá someterse al beneplácito de los dirigentes de la derecha y la socialdemocracia independentista, que han hecho todo lo posible por frenar la movilización en las calles y meter la república en el congelador. En definitiva, a cambio de las abstractas declaraciones de buenas intenciones de ERC, la dirección de la CUP se compromete a dar estabilidad, renunciar a una oposición contundente y consecuente, y comprometerse en la gobernabilidad siguiendo el guión de la lógica capitalista que sus socios imponen.

La CUP debe aprender sobre la amarga experiencia que Unidas Podemos está teniendo en el gobierno central con el PSOE. Aunque hay diferencias entre las cuatro formaciones, la analogía sirve para alertar de que si la CUP abandona la lucha en las calles y un programa de confrontación con los poderes económicos y el Estado, o lo plantea como algo subordinado al Gobierno con ERC y Junts volcándose en la actividad institucional, facilitará la estrategia de estos dirigentes para dar carpetazo a la lucha por una república catalana. Así solo debilitará su apoyo, reforzando el discurso del “no se puede” y la “correlación de fuerzas es desfavorable”. 

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Si la CUP abandona la lucha en las calles y un programa de confrontación con los poderes económicos y el Estado facilitará dar carpetazo a la lucha por una república catalana.

El PSOE ha incumplido todos los acuerdos de gobierno que alcanzó con Unidas Podemos en diciembre de 2019: desde la derogación de la Ley Mordaza y la reforma laboral a la limitación de alquileres. Las concesiones de Unidas Podemos no han servido para hacer girar al PSOE a la izquierda. Al contrario, el PSOE ha utilizado a UP para adornar con propaganda “izquierdista” las políticas capitalistas dirigidas por Nadia Calviño y al servicio del Ibex 35. Algo semejante ocurrirá con la CUP dentro de un Gobierno de coalición con ERC y Junts.

La CUP tiene que pelear por la dirección del movimiento de liberación nacional con un programa de clase y socialista

Desde Izquierda Revolucionaria / Esquerra Revolucionària hacemos un llamamiento a los compañeros y compañeras de la CUP. No podéis caer en una celada que os hace corresponsables de la gobernabilidad con un programa que respeta la lógica del sistema. Hay que rectificar esta dinámica e impulsar el movimiento de masas por la república socialista, contra la represión, el machismo, el racismo y los ataques a los derechos democráticos y sociales que están suponiendo tanto las políticas aplicadas por el gobierno central como por la Generalitat.

Hay que ser concretos. Solo levantando un movimiento revolucionario con un programa y un plan de acción que una la lucha por la liberación nacional a políticas verdaderamente de izquierdas, planteando soluciones concretas e inmediatas a los desahucios, al rescate y defensa de la sanidad y educación públicas, al combate contra la pobreza, la discriminación y opresión de raza y de género, se podrá agrupar al conjunto de la juventud y la clase obrera catalana.

“Acumular fuerzas” es positivo si sirve para hacer más vigorosa y potente la lucha. Y la tarea que tienen los dirigentes de la CUP, como representantes de la principal organización de la izquierda independentista, es llamar a “acumular fuerzas” en las fábricas, en los centros de trabajo y de estudio, en los barrios, en los sindicatos de clase y los movimientos sociales, y hacerlo sobre la base de un programa de clase, que combata a la reacción, pero que confronte también con la derecha y la socialdemocracia independentista. No es compatible la lucha en las calles contra los recortes y el capitalismo con los pactos estratégicos con ERC y Junts, ya que son precisamente sus políticas capitalistas las que evitan que más trabajadores y trabajadoras se unan activamente a la lucha republicana.

La dirección de ERC se ha mostrado en el Govern comprometida sin ambages con el orden capitalista. La famosa Llei Aragonès, que abría la puerta a la privatización de servicios públicos esenciales y que fue tumbada gracias a la lucha en las calles con el esfuerzo militante de muchos activistas de la CUP, es un buen ejemplo de ello. Pensar que los dirigentes de ERC han dado su brazo a torcer porque en el acuerdo hay varias menciones a lo público e incluso a la posibilidad de “remunicipalizaciones” es pecar de crédulo. Las argucias dialécticas o las negociaciones secretas no sirven para conseguir nuestros objetivos: acabar con los recortes, con los desahucios, con el corrupto régimen capitalista del 78.

Algunos nos acusarán de defender una versión fantástica o peliculera de la lucha social, y que hay que ser “realistas” y “saber que cuando se negocia hay que ceder”. Pero este tipo de realismo ya sabemos adónde conduce. Lo primero que hay que comprender es que no se consigue nada en los despachos que no hayas ganado previamente en las calles. Lo segundo es que el foco del debate es cómo avanzar la lucha anticapitalista y republicana; y, para ello, los acontecimientos desde 2017 revelan que es preciso defender una práctica de independencia de clase.

Para las elecciones del 14-F desde Izquierda Revolucionaria / Esquerra Revolucionària llamamos a votar por la CUP y nos reafirmamos plenamente en cada una de nuestras palabras. Dijimos: “Nos oponemos a la entrada de la CUP en un gobierno de unidad nacional con Junts y ERC. La idea de que para conquistar la autodeterminación y la república socialista es imprescindible una alianza con las fuerzas burguesas catalanistas es un completo error y conduce al desastre. Estas fuerzas quieren poner punto y final a la crisis revolucionaria desatada hace tres años. Las alianzas programáticas y de Gobierno con ERC y Junts, solo servirán para mellar el filo anticapitalista de la CUP y asimilarla al orden establecido, lo mismo que ha ocurrido con los dirigentes de UP. La CUP debe situarse en la oposición de izquierda más intransigente, pero no con afán de ser una minoría autocomplaciente, sino para conquistar el apoyo de la mayoría de la clase obrera y la juventud a un programa genuinamente socialista.” Estas palabras cobran hoy todavía mayor vigor.

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La CUP debe situarse en la oposición de izquierda más intransigente para conquistar el apoyo de la mayoría de la clase obrera y la juventud a un programa genuinamente socialista.

Vivimos un período convulso, en el que millones de trabajadores y jóvenes están siendo sacudidos por la crisis económica, el paro y la pobreza. El capitalismo no tiene nada que ofrecernos, excepto miseria. Es la hora de fortalecer el movimiento de liberación nacional y social con una política de independencia de clase, socialista e internacionalista.

¡Por la República catalana socialista! ¡Únete a Izquierda Revolucionaria!

Els carrers seran sempre nostres!

 

[1] Preguntas realizadas en la consulta sobre el acuerdo con ERC:

Pregunta 1: "¿Apoyas la propuesta de pre-acuerdo?" Resultados: 59,31% a favor (564 votos); 38,59% en contra (367) y 2,10% en blanco (20).

Pregunta 2: "En caso de que salga una mayoría favorable al acuerdo en la primera votación, ¿el acuerdo es suficiente o, por el contrario, hace falta que el grupo negociador intente mejorarlo antes de la votación?” Resultados: 12,91% a favor (121 votos); 85,59% en contra (802) y 1,49% en blanco (14).

Pregunta 3: En caso de que salga una mayoría contraria en el acuerdo en la primera votación, ¿crees que la CUP tiene que facilitar igualmente la investidura de ERC? Resultados: 47,12% a favor (426 votos), 48,34% en contra (437) y 4,54% en blanco (41).


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