Acabar con los recortes y las privatizaciones, defender la sanidad y la educación públicas y dignificar los barrios obreros

Las elecciones del próximo 4 de mayo en la Comunidad de Madrid tienen una gran importancia para las familias trabajadoras, para los cientos de miles de parados, para los jóvenes empujados a la desesperanza, para todas y todos los que vivimos en los barrios obreros y las ciudades del sur y hemos sufrido la pesadilla de las políticas del PP, de Esperanza Aguirre, Cifuentes y ahora de Isabel Díaz Ayuso.

Lo que está en juego es mucho. Ayuso se ha hecho sin ningún pudor con el discurso de Vox y junto a la extrema derecha de Abascal quiere imponernos cuatro años más su programa. Nos habla de “libertad o comunismo”, pero su libertad es la de la especulación y los pelotazos inmobiliarios, la de los desahucios, la de la máxima explotación en las condiciones más precarias, los salarios de miseria, el abandono de los barrios más humildes, la del cáncer de la ludopatía que se propaga entre los más jóvenes.

La lideresa de la privatización de la sanidad, de la educación y los servicios sociales representa a la élite empresarial que se ha llenado los bolsillos con el saqueo de los recursos públicos y la corrupción descarada. Es mentira que abogue por la libertad cuando hemos pagado tan duramente su gestión criminal en este año de pandemia.

Madrid ha cosechado el récord de mortalidad en 2020, muy por delante del resto de territorios. En las residencias de mayores de la Comunidad, privatizadas al 90%, han muerto más de 6.000 abuelos y abuelas abandonadas a su suerte, pero Florentino Pérez no deja de amasar ganancias. La sanidad privada también ha hecho su agosto firmando convenios con el Gobierno del PP y cobrando 700 euros por paciente y más de 2.000 si ingresaba en UCI. Ayuso incluso ha privatizado los test PCR y la vacunación, que sigue a un ritmo escandalosamente lento en las zonas trabajadoras donde más ha golpeado el coronavirus.

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Madrid ha cosechado el récord de mortalidad en 2020. En las residencias de mayores de la Comunidad, privatizadas al 90%, han muerto más de 6.000 abuelos y abuelas abandonadas a su suerte

Este fabuloso negocio a costa de nuestra salud ha tenido otras consecuencias: la atención primaria en los ambulatorios está arrasada y no se han contratado los profesionales sanitarios que requería la situación. A pesar de su entrega y compromiso, miles de trabajadoras y trabajadores de los hospitales y ambulatorios padecen condiciones laborales y salariales tercermundistas.

Isabel Díaz Ayuso se jacta orgullosa de estar en el lado correcto de la historia cuando se la acusa de fascista. Ella y su partido, herederos directos de una dictadura que asesinó a diestro y siniestro, nos quieren dar lecciones de libertad. Pero los que impusieron una mordaza al pueblo, arrojaron a la cárcel, las torturas y el exilio a cientos de miles de luchadores, los mismos que basaron su “orden” en la violencia machista contra la mujer, la homofobia más despreciable y el clericalismo oscurantista, son todo lo contrario a la libertad.

Ayuso y Vox quieren utilizar Madrid para pasar a la ofensiva en el resto del Estado y preparar su llegada al Gobierno central. Su programa es claro: quitarle todo a la clase trabajadora para entregárselo en bandeja de plata a la patronal. ¿Que las colas del hambre inundan los barrios obreros? Qué más da, en Núñez de Balboa no hay de eso. ¿Que las listas de espera saturan la sanidad pública? En la privada no existen. ¿Que los salarios de 800 euros por jornadas interminables en tiendas y bares son lo habitual? Lógico, Ayuso representa a los “emprendedores” que se lucran a costa de ello.

Para derrotar a la ultraderecha hay que defender una alternativa de izquierdas que realmente lo sea

La clase obrera nativa o migrante que trabajamos duramente y nos hacinamos en el transporte público, que estamos obligados a dedicar el 70% de nuestros ingresos al alquiler, que sobrevivimos con el subsidio de desempleo y sufrimos el drama de ver a nuestros hijos machacados por el fracaso escolar y un futuro incierto… no tenemos nada que celebrar con la victoria de Ayuso-Vox y sí mucho que perder.

El 4 de mayo debemos acudir masivamente a las urnas y derrotar a estos reaccionarios. Pero también debemos tener claro que votar no es suficiente. Somos conscientes de lo que significa la derecha, pero tampoco somos ingenuos ni se nos puede embaucar con propaganda barata.

Sabemos muy bien que el Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos no está haciendo lo que debe. Las razones son variadas, pero sin romper con la lógica del capitalismo inevitablemente la aceptas con todas sus consecuencias. Cuando en lugar de apelar a la movilización de los trabajadores y los jóvenes para conseguir lo que es justo se prefiere contemporizar con los grandes poderes económicos, al final ellos son los que deciden sobre los asuntos de fondo.

Se ha podido derogar la reforma laboral, pero no se ha hecho. La Ley Mordaza sigue vigente, mientras se recurre constantemente a la criminalización de la juventud por su supuesta “falta” de responsabilidad”. La política de vivienda la controlan los grandes especuladores y fondos buitres, aunque los desahucios no cesan. La dirección del PSOE encubre la fortuna corrupta de Juan Carlos I y lo protege en su huida, al mismo tiempo que no quiere aumentar el salario mínimo. Se insiste en el llamado “escudo social”, pero el Ingreso Mínimo Vital es ridículo en comparación con los 200.000 millones de euros que se ha regalado al IBEX 35 y la banca.

En la práctica, el envalentonamiento de Ayuso y su actitud arrogante son el fruto de dos factores fundamentales: de unas políticas puestas en marcha desde el Gobierno central que no enfrentan la catástrofe social que padecemos, y de la ausencia de una oposición digna de tal nombre por parte de la izquierda parlamentaria de Madrid.

Unidas Podemos y Pablo Iglesias no han dejado de tragar sapo tras sapo. Lo han justificado de las formas más variadas, apelando sobre todo a su minoría evidente en el Consejo de Ministros. Pero el mismo hecho de que Pablo Iglesias haya tenido que salir constantemente a contradecir al presidente del Gobierno y denunciar que se está incumpliendo el acuerdo político firmado, lo dice todo.

La verdad es concreta. Si estás en el Gobierno legitimando sus decisiones no puedes estar en la oposición de izquierdas movilizando a los trabajadores y la juventud, que es precisamente lo que pretenden evitar la socialdemocracia y los capitalistas.

Iglesias ha decidido bajar a la arena y dar la batalla a Ayuso y a Vox. ¿Es un error? Por supuesto que no, y esta decisión ha significado un vuelco en las perspectivas electorales. No es casualidad que desde la derecha hasta Ángel Gabilondo, pasando por la escuadra mediática, los ataques contra Iglesias hayan arreciado con fuerza y sea el enemigo a batir.

Pero hay que ser honestos y no jugar al escondite en política. A la ultraderecha no se la combate solo con consignas y gestos, sino con un programa genuinamente socialista que dé la batalla contra el desempleo, los recortes sociales y las privatizaciones, y movilizando la inmensa fuerza de los trabajadores para hacerlo posible.

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Iglesias ha decidido bajar a la arena y dar la batalla a Ayuso y a Vox. ¿Es un error? Por supuesto que no. Pero a la ultraderecha solo se la combate con un programa genuinamente socialista.

Desde Izquierda Revolucionaria, como organización de trabajadores y trabajadoras que impulsa un sindicalismo de clase y combativo, que participamos en los movimientos sociales en defensa de la sanidad y la vivienda pública, contra el racismo, que fundamos y animamos el Sindicato de Estudiantes y somos parte activa del feminismo anticapitalista, llamamos a votar este 4 de mayo a la candidatura de Pablo Iglesias y Unidas Podemos. Y lo hacemos de manera crítica, sin sectarismos pero sin extender un cheque en blanco, confrontando con todos aquellos que se sienten satisfechos acompañando a un PSOE que sigue comportándose como un pilar fundamental del régimen del 78.

Debemos derrotar a la extrema derecha en las urnas y en las calles, y eso implica construir una izquierda combativa, que llame a las cosas por su nombre y que defienda abiertamente el programa del socialismo.

Únete a Izquierda Revolucionaria para impulsar la movilización contra los recortes, las privatizaciones, los desahucios y los privilegios de esa élite para la que gobiernan Ayuso y Vox.

¡Somos más fuertes que ellos!  ¡Sí se puede!

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