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Una posición marxista ante un debate crucial para la juventud

“Por supuesto, son empresarios, emprendedores. La gente que lleva el tráfico de drogas no son distintos del resto, excepto en que tienen más iniciativa empresarial y menos preocupación por dañar a otros. En ese sentido, son más irresponsables. Pero tienen un negocio y tratan de obtener tanto como pueden.” [1]

Que Milton Friedman, gurú del neoliberalismo y de la ofensiva antiobrera encabezada por Reagan y Thatcher, abordara con tanta franqueza el papel de los narcotraficantes ofrece una visión clara de los enormes intereses económicos que están en juego en el debate sobre la legalización de la marihuana y el cannabis.

Desde su perspectiva, la de su clase y su sistema, cualquier fuente de beneficios es legítima tenga las consecuencias sociales que tenga. Y más cuando se trata, como en este caso, de uno de los negocios más lucrativos del mundo. El problema empieza cuando desde las filas de la izquierda se asimilan este tipo de ideas y se trata de presentar la legalización de las drogas como una solución a los problemas que padece la juventud.

¿Por qué ahora?

Esto es precisamente lo que estamos viviendo en el Estado español en los últimos meses. Cuando los datos de desempleo juvenil son tan abrumadores, cuando las enfermedades mentales se han transformado en una epidemia para  millones de jóvenes, cuando la subida escandalosa del precio de los alquileres nos niega el derecho a una vida digna y la campaña de criminalización a costa de los botellones arrecia… una ofensiva política y mediática se ha desatado para intentar convencernos de las enormes bondades de la legalización del cannabis.

Todos los partidos de la izquierda con representación parlamentaria, sin contar al PSOE, se han posicionado a favor de regularizar la comercialización de cannabis para el uso 'recreativo"[2], es decir, acceder a él de la misma manera que ahora se puede comprar y consumir alcohol.

La noticia ha llenado de euforia a las redes de narcotraficantes, ha desatado el aplauso de periódicos como El País y de muchos empresarios que se han declarado dispuestos a arrimar el hombro para conseguir hacer del Estado español una potencia en la producción, distribución y comercialización del cannabis con un éxito más que asegurado.

La cuestión para la juventud y las familias de la clase trabajadora es si también hay motivos de celebración tan claros. ¿Podemos decir que  la posibilidad de que el consumo de cannabis, que ya es enorme en nuestro país, aumente exponencialmente es una buena noticia?

La patronal del cannabis se prepara

Jesús Rodríguez, columnista del diario El País, lo explica de forma muy clara: “Nadie se quiere perder la fiebre del oro verde. Ya no hablamos de camellos trapicheando maría casera o chocolate culero, sino de un nuevo sector económico que ya cuenta con 75 millones de consumidores y empieza a disponer de genetistas, químicos, logísticos, contables, abogados, comunicadores, lobbies y fondos de inversión. Olvídense de los fumetas; desembarcan las corbatas.[3]

Y no le falta razón. Según diferentes estudios, la regularización de la venta de cannabis se traduciría en solo cuatro años en un negocio de cerca de 500.000 millones de dólares a nivel mundial, y obviamente decenas de miles en Estado español.

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La regularización de la venta de cannabis se traduciría en solo cuatro años en un negocio de decenas de miles en Estado español.

En menos de un lustro, la producción de marihuana y cannabis se podría transformar en una de las principales industrias legales del país, con la previsión de cotizar en Bolsa con capitalizaciones superiores a las de muchos valores del Ibex-35. Ya hay grandes corporaciones como Coca-Cola o Philip Morris (la mayor empresa tabacalera del mundo) que están tomando posiciones en este nuevo sector.

Además, la incorporación del Estado español como proveedor legal de cannabis supondría una conquista estratégica para la industria, ya que permitiría abrir un canal libre de trabas administrativas desde el norte de África - principal punto de cultivo a nivel mundial- hasta Europa, donde según las previsiones se va a desarrollar el mayor mercado del mundo de cannabis legalizado.[4]

Legalizar el cannabis supondría, en los hechos, facilitar e incentivar su consumo en un momento de gran desesperación entre nuestra clase. Mientras nuestros barrios se encuentran azotados por el desempleo, la pobreza y la explotación salvaje, y un clima de escepticismo y frustración se extiende entre la juventud, proponer el consumo de marihuana como una solución es sencillamente una trampa fraudulenta. Los graves problemas que enfrentamos no se resolverán aumentado el consumo de alcohol ni de marihuana.

La hipocresía de la clase dominante no tiene límite. Los mismos que ponen el grito en el cielo con el botellón alientan la legalización de la marihuana. Este es el fondo del asunto.

Y no se trata de una cuestión moral en abstracto. El consumo de hachis y marihuana es una realidad social, como lo es también el alcoholismo, una enfermedad oculta pero masiva, de la que no se habla porque proporciona pingües ingresos a la burguesía y sirve también como herramienta de control social y desmoralización colectiva.

Apoyar, defender y alentar este tipo de soluciones para intentar ocultar los problemas reales de millones de jóvenes de familias trabajadoras, no es una opción. Por supuesto, las medidas de culpabilizar a la juventud por el consumo, multar y perseguir los fines de semana a los que se fuman unos porros, es simplemente un retrato de la podredumbre de la moral dominante.

Es precisamente este contexto de descomposición social donde las drogas encuentran un campo ideal para convertirse en una alternativa, no de "ocio recreativo", sino para soportar toda la hecatombe que sufrimos.

Solo hay que ver la situación de EEUU, donde la producción de marihuana en estados como California se han convertido ya en la primera industria, o donde el consumo de heroína y otros opioides está provocando una de las mayores masacres de la Historia[5]. Eso sí, las farmacéuticas están haciendo un negocio formidable gracias a la prescripción a espuertas de pastillas altamente adictivas y de la marihuana, cuya venta está regularizada ya en muchos Estados.

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Solo hay que ver la situación de EEUU, donde las farmacéuticas están haciendo un negocio formidablecon pastillas altamente adictivas y tambien de la marihuana.

La "legalización" ha derivado en un aumento de los ingresos hospitalarios, las visitas a los servicios de urgencias y un agravamiento de los problemas mentales relacionados directamente con el consumo de cannabis.[6]  ¿De verdad son estas políticas las que quieren incentivar en el Estado español?

El mito de la legalización y del control de los mercados capitalistas

“Solo cuando se regula el mercado es cuando se puede controlar”, dice Marta Rosique de ERC[7], otro de los grandes defensores de la legalización del cannabis. Pero acaso estos políticos no ven lo que pasa con el mercado "regulado" de la energía eléctrica o con el inmobiliario, solo hace falta ver el precio de la luz y de los alquileres. Pero en este caso es aún más dramático porque estamos hablando de la salud y de la vida de miles de personas.

 La “regulación del mercado” capitalista es una utopía, por mucho que los reformistas lo defiendan como una panacea frente a los monopolios. Bajo este sistema, las drogas son una mercancía más integrada en las cadenas de producción y de distribución internacionales. La clase dominante siempre buscará su extensión para maximizar su beneficio, lo que traducido al lenguaje de los costes sociales supondrá generar miles de adicciones nuevas.

La legalización no atenúa las tendencias internas del capitalismo, todo lo contrario, formaliza la relación entre el aparato del Estado y los narcos, transformándolos en respetables empresarios que venderán, de forma legítima, un producto más.

Pero este producto es un veneno corrosivo que emponzoña nuestros barrios, hundiéndolos en la marginalidad y en la violencia. Los tecnicismos legales y la porra represiva del Estado burgués son completamente estériles frente a este cáncer. Este problema solo puede ser enfrentado con la organización y la lucha de los oprimidos por transformar la sociedad.

Alguien debería recordar a los compañeros y compañeras de UP, ERC, Más País y Bildu que los narcos siempre han actuado completamente amparados por las instituciones y las leyes capitalistas. No son un grupo al margen de la clase dominante, son parte de ella. Es imposible fabricar las cantidades actuales de droga sin que las farmacéuticas faciliten suministros o sin que los principales bancos colaboren en el lavado de dinero.

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La imputación de la totalidad del grupo antidroga de Mérida es el último ejemplo de una lista interminable que implican a policías, jueces y cargos políticos en el narcotráfico.

La cadena de negocio del cannabis comienza en los cultivos del Rif pero termina en los consejos de administración del Ibex y la gran banca. Una relación que también requiere de la colaboración necesaria del aparato del Estado. La imputación de la totalidad del grupo antidroga de Mérida[8] es el último ejemplo de una lista interminable que implican a policías, jueces y cargos políticos en el narcotráfico.[9][10]

Una alternativa de clase y revolucionaria

Para los marxistas el problema de las drogas no es una cuestión de juicios morales o legales. Nuestra posición se determina desde una perspectiva revolucionaria, es decir, por todo aquello que sirva a los oprimidos para hacer avanzar la lucha por su liberación. Se trata de comprender el papel social que juega la droga bajo el sistema que queremos tumbar y para nuestra clase. Las drogas no solo son ganancias económicas para los capitalistas, también son un arma de control social para segregar, atomizar y asimilar a la juventud y a los trabajadores.

 Esto es lo que deberían entender quienes defienden la legalización de la droga como una solución. Nuestra lucha, la de nuestra clase, es por liberarnos de la barbarie destructiva que nos impone el capitalismo en todas sus formas, donde la batalla contra el papel toxico y alienante que juegan las drogas es fundamental. La lucha contra la drogodependencia es una tarea que solo puede resolver la clase obrera y los oprimidos de manera organizada.

Tanto la represión como la legalización se han demostrado impotentes porque el orden capitalista se alimenta económica y socialmente de esta lacra. Solo con un programa revolucionario, expropiando las fortunas y el patrimonio de los narcos y a la banca que sostiene este negocio, podremos invirtir estos recursos en planes para la atención y rehabilitación para los drogodependientes, así como para mejorar nuestras condiciones de vida y el acceso al ocio, a la cultura y la educación dignas.

 

[1] “La gente que lleva el tráfico de drogas (por supuesto, son empresarios, emprendedores) no son distintos del resto, excepto en que tienen más iniciativa empresarial”

[2] Cuatro partidos intentando regular el cannabis de uso adulto y un muro llamado PSOE

[3] Cannabis, el negocio millonario que apunta a convertirse en el pelotazo del siglo

[4] El gigante del cannabis en EEUU entra en España con la compra de una empresa con licencia para cultivar

[5] La sobredosis de opiáceos ya es la primera causa de muerte evitable en EEUU

[6] Marijuana and acute health care contacts in Colorado

[7] Cuatro partidos intentando regular el cannabis de uso adulto y un muro llamado PSOE

[8] Detenidos todos los policías del grupo de estupefacientes de Mérida en una operación antidroga

[9] "Euskal-fariña": un libro de investigación relata la historia del "narco-oasis vasco"

[10] Nacho Carretero: “En Galicia todavía hay tolerancia con el dinero que venía del narcotráfico”