El sábado 13 de junio el Ministerio de Interior marroquí anunció los resultados de las elecciones municipales que, según lo previsto, dieron una aplastante victoria a Alí el Himma, del Partido por la Autenticidad y la Modernidad (PAM), de reciente formación, seguido por el Partido de la Independencia (PIU ou Istiqlal), mientras que la Unión de Fuerzas Socialistas (USFP) quedó relegado al quinto lugar, delante del partido fundamentalista Justice et Développement (PJD), los otros partidos reformistas no han conseguido unos resultados significativos.
El sábado 13 de junio el Ministerio de Interior marroquí anunció los resultados de las elecciones municipales que, según lo previsto, dieron una aplastante victoria a Alí el Himma, del Partido por la Autenticidad y la Modernidad (PAM), de reciente formación, seguido por el Partido de la Independencia (PIU ou Istiqlal), mientras que la Unión de Fuerzas Socialistas (USFP) quedó relegado al quinto lugar, delante del partido fundamentalista Justice et Développement (PJD), los otros partidos reformistas no han conseguido unos resultados significativos.

Como siempre, cuando se trata de la financiación de la sanidad, educación, empleo y otros servicios sociales básicos, sólo hay una respuesta: "Estamos en plena crisis". Pero cuando se trata de las elecciones, el Estado de repente se vuelve generoso. Oficialmente se han gastado en las elecciones 500 millones de dinares (unos 50 millones de dólares), que es, por supuesto, la punta del iceberg. Basta con mirar los enormes gastos de los partidos políticos durante la campaña electoral, financiada en gran parte por los traficantes de droga, para tener una visión de este enorme despilfarro.
La primera impresión que se puede sacar del resultado electoral es que la posición del USFP es una prueba de la falta de credibilidad del reformismo de derechas ante los ojos de los electores, debido a su complicidad en la aplicación de los programas de contrarreformas reaccionarias, en la destrucción de conquistas sociales, privatizaciones, etc., que para muchos electores supone una imitación de los partidos burgueses de derechas "originales".
El resultado del fundamentalista PJD demuestra toda la falsedad de la propaganda que presenta a Marruecos bajo la influencia y control de los fundamentalistas. Esta conclusión además se ve reforzada con el gran porcentaje de boicot a las elecciones.

Escasa participación

La característica más importante de estas elecciones podría ser la cuota del 20% atribuida a las mujeres. Esta cuota tiene como objetivo impulsar el voto de un sector importante del electorado, con la esperanza de aumentar la participación electoral y dar la falsa impresión de que la situación de la mujer comienza a mejorar mediante la integración en los partidos de un sector de mujeres de la pequeña burguesía.
El ministro de Interior parecía feliz cuando confirmó, como es habitual durante los últimos cincuenta años, la transparencia de las elecciones, eso demuestra que estos hombres de la "nueva era" tienen sentido del humor. ¿Pero qué le hace sentir tan orgulloso? El dato de participación que dio el ministerio fue del 52,4%. La proporción de 7,5 millones de personas de un total de 12.361.000 es exactamente un 52%. Pero el ministro olvida el pequeño detalle de que no ha tenido en cuenta el número de personas con derecho a voto, sino el número de personas inscritas en el censo electoral, en total son 20 millones con derecho a voto, es decir, hay siete millones de personas no inscritas en el censo electoral, si además añadimos los votos nulos (muchos son papeles llenos de insultos como una expresión de protesta), que son más de un millón de votos, la participación en el mejor de los casos ha sido del 30%.
Por supuesto, el ministro de Su Majestad no tiene por qué tener en cuenta estos detalles, sobre todo si el objetivo es inflar las cifras para demostrar el interés que tienen los ciudadanos en las elecciones de la "nueva era", y también es importante si resulta que el ganador de las elecciones es un amigo íntimo del rey y su mano derecha, del PAM.

Recientes movilizaciones

Debemos decir que en este contexto el boicot electoral por parte de una gran mayoría de la población no refleja un "retraso de la conciencia de las masas" o una "falta de interés en las cuestiones políticas", como algunos pretenden decir. Esta misma gente es la que ha participado en manifestaciones de masas contra las subidas de precios y ha provocado disturbios en varias ciudades y pueblos del país, a pesar de la brutal represión. Son las mismas personas que salieron masivamente a la calle contra el ataque a Iraq y Palestina, etc. Y si tenemos en cuenta que los jóvenes constituyen la mayoría de la población marroquí, es comprensible que precisamente fueran los jóvenes los que más participaran en el boicot electoral, entre ellos una proporción importante de jóvenes licenciados.
No es casualidad que en Casablanca, la ciudad más grande de Marruecos, que cuenta con una tradición gloriosa de lucha, que hace tres meses presenció la huelga general más grande en la historia de la ciudad, organizada por los trabajadores del transporte, sea la ciudad donde se ha registrado la tasa de participación más baja: un 29%. En Rabat y sus alrededores la participación fue del 44%, mientras que en la región de Tánger-Tetuán, un gran centro industrial, la participación fue del 47%.
La alta abstención electoral no es el resultado de la ignorancia, sino que muestra la profunda desesperación ante la imposibilidad de encontrar en estas elecciones una solución para los problemas, por esa razón el boicot es una señal clara de protesta. Pero a pesar de todo, se trata de un boicot pasivo. Las masas saben muy bien lo que no quieren (pobreza, desempleo, explotación, fraude y dictadura), pero no saben exactamente qué quieren, no saben cuál es la alternativa.
Lo que falta es un partido marxista de masas con una alternativa que muestre a las masas el camino a seguir para acabar con el sistema capitalista y su Estado, con la fachada democrática y construir un Estado con consejos obreros elegidos democráticamente por los trabajadores en las fábricas, centros de trabajo, barrios, universidades, con el derecho a revocación en cualquier momento de sus representantes, que no reciban un salario superior al de un trabajador cualificado, así el control sería permanente, de esta manera las masas tendrían un instrumento capaz de ejercer su control efectivo sobre la economía y la política.

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