Por primera vez en la historia la izquierda ha ganado la primera vuelta en las elecciones presidenciales. Con 8.527.768 de votos, un 40,32% del total, Gustavo Petro se convierte en el candidato que más votos ha recibido en la primera vuelta de toda la historia, obteniendo 3.672.699 más que en la primera vuelta de las presidenciales de 2018, cuando logró el 25,08% y 487.319 votos más que en la segunda vuelta de 2018 donde ya alcanzó el 41,77% (8.040.449). Petro se ha hecho con la victoria en la capital Bogotá y en otras 5 de las 10 ciudades más grandes (Cali, Barranquilla, Cartagena, Soacha y Soledad). Entre los 33 departamentos electorales, Petro gana en 19 y queda segundo en 12.

Este voto es un reflejo del salto en la conciencia de millones de jóvenes, trabajadores y campesinos, fruto de la creciente lucha social de estos últimos años, y sobre todo de los levantamientos revolucionarios vividos en los años 2019 y 2021[1], que paralizaron el país durante meses, pusieron contra las cuerdas al Gobierno de Duque, enfrentaron una dura represión que dejó más de 80 muertos y 130 desaparecidos, y dieron lugar a la formación de las Primeras Líneas, grupos de autodefensa populares para enfrentar la represión de la policía y los grupos paramilitares.

En  aquel momento, la lucha en la calle pudo haber tumbado a Duque y aupado al poder un genuino Gobierno de la izquierda, pero tanto el Pacto Histórico como Petro, junto a los dirigentes de la principal central sindical, la CUT, que mantuvo el paro por la presión del movimiento, renunciaron a llevar esta batalla hasta el final, poniendo como único horizonte las elecciones. Una estrategia completamente errónea que ha permitido a la derecha rearmarse y recuperar parte del terreno perdido.

Rodolfo Hernández, el nuevo rostro del uribismo, las élites y la reacción

Aunque el candidato oficialista de la derecha Federico Gutiérrez, que recibió el apoyo tanto de Iván Duque como del partido de Álvaro Uribe, y de los Partidos Liberal y Conservador, ha quedado fuera de la segunda vuelta, sus resultados se han visto más que compensados con el meteórico ascenso del ultrarreaccionario Rodolfo Hernández. De hecho, la derecha ha obtenido conjuntamente 11.011.219 votos, el 52,06%, superando los 10.398.689 que obtuvo Iván Duque en la segunda vuelta en 2018. Unos resultados que auguran serias dificultades a Petro de cara a ganar en la segunda vuelta.

Sin duda, la gran sorpresa de la jornada fue Rodolfo Hernández que pasó a la segunda vuelta con 5.953.209 votos, el 28,15%, ganando en 13 de los 33 departamentos electorales. Un empresario multimillonario, ultrareaccionario, racista y machista, que sigue los pasos de Katz en Chile o Bolsonaro en Brasil.

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Rodolfo Hernández, un empresario multimillonario, ultrareaccionario, racista y machista, que sigue los pasos de Katz en Chile o Bolsonaro en Brasil.

“Fico” Gutiérrez, el candidato oficialista, obtuvo 5.058.010 votos, el 23,91%; 2.558.847 menos y 15 puntos por debajo de los que obtuvo Iván Duque en la primera vuelta en 2018 (7.616.857 y un 39,34%). Una muestra del profundo desgaste del uribismo y de Duque, pero que desgraciadamente ha terminado siendo capitalizado por un candidato igual de ultraderechista.

Ante la sorpresa por el paso a la segunda vuelta de Rodolfo Hernández, numerosos medios de comunicación intentan lavarle la cara presentándole como el “candidato del cambio”, un candidato independiente ajeno a la élite política tradicional. Sin embargo, es esa élite y sus medios de comunicación los que ya se están volcando para garantizar su victoria. A pesar de los intentos de este de desmarcarse tanto de Iván Duque como del partido de Uribe, el propio “Fico” Gutiérrez anunció la misma noche electoral que pediría el voto en la segunda vuelta para Hernández. Así como diferentes cargos de partidos de apariencia progresista, como Alianza Verde. 

Las renuncias de Petro han contribuido al ascenso de la nueva ultraderecha

Pero lo peor en este sentido es que Petro ha contribuido a construir esta imagen facilitando que este reaccionario pueda llegar a la Presidencia. Durante la campaña electoral ha reconocido a Hernández por “su lucha contra la corrupción”, a pesar de estar imputado por contratos irregulares como alcalde de Bucaramanga, presentándole como un empresario decente, e incluso invitándole a unirse al Pacto Histórico. Una deriva precedida por la incorporación a la candidatura de Petro de personalidades ¡con pasado uribista!

Ahora, tras la primera vuelta, en vez de lanzarse a denunciar la amenaza que supone este ultraderechista y llamar a una movilización masiva contra el mismo, ha vuelto a tenderle la mano proponiéndole "un gran acuerdo nacional" gane quien gane en la segunda vuelta. Maniobras que son recibidas con escepticismo por los activistas y la juventud, potenciando la confusión y la desmovilización electoral.

Esta deriva de Petro planteando una política de unidad nacional con la derecha, sustituyendo las reivindicaciones más avanzadas del movimiento del Paro Nacional por un programa de pequeñas reformas para “desarrollar el capitalismo colombiano”, renunciando a cualquier medida que ponga en cuestión los negocios de los terratenientes y la burguesía, y reduciendo toda su acción política a la institucionalidad burguesa y al terreno electoral, es la que ha permitido a los capitalistas reorganizarse y preparar el terreno para golpear a las masas.

Obviamente, millones de personas se han volcado en estas elecciones para golpear al denostado uribismo y a la reacción. De hecho, allí donde el movimiento llegó más lejos los resultados de la candidatura de Petro son mucho mejores: Bogotá (47%), Soacha (55%), Cali (53%), Pasto (70%), Buenaventura (78%) o Quibdó (72%). Las propias encuestas, tras finalizar el Paro Nacional, daban una contundente victoria a Petro, pero el paso del tiempo y el abandono de la lucha en las calles han contribuido a desinflar esas buenas expectativas.

Es cierto que el fraude y la manipulación electoral en el campo, en un país muy campesino, están realmente extendidas. Algunos empresarios incluso han amenazado con despedir a los trabajadores que voten a la izquierda[2]. También las mafias del narcotráfico, fundidas con el aparato del Estado y el ejército, suponen otro pilar para reprimir los derechos democráticos de los sectores más empobrecidos y en las zonas apartadas, habiendo existido amenazas de cara a votar por Hernández o por “Fico” Gutiérrez. Sin embargo, todas estas presiones, como se demostró durante las insurrecciones de 2019 y 2021, pueden ser vencidas mediante la organización y una movilización contundente. Justo lo que la candidatura de Petro ha renunciado a hacer.

Para vencer en la segunda vuelta, ¡hay que impulsar la movilización en torno a un programa revolucionario y socialista!

Las causas profundas que llevaron a las insurrecciones de 2019 y 2021 no se han resuelto, y la burguesía lo sabe. El propio Alejandro Gaviria, influyente dirigente burgués del centro, lo señalaba: “Estamos durmiendo en la cima de un volcán. Hay mucha insatisfacción. Podría ser mejor tener una explosión controlada con Petro”. Sin embargo, a pesar de esta opinión, la inmensa mayoría de la reaccionaria clase dominante Colombiana, del ejército y del aparato del Estado rechaza a Petro como a la peste, y no van a cambiar de opinión por mucho que este siga descafeinando su programa.

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Las causas profundas que llevaron a las insurrecciones de 2019 y 2021 no se han resuelto, y la burguesía lo sabe.

Para la segunda vuelta, las perspectivas están abiertas, aunque Hernández parte con una clara ventaja. Los millones que protagonizaron el Paro Nacional ven en Hernández una reedición de la política represiva y neoliberal de Duque, algo que podría generar una movilización electoral en favor de Petro. Sin embargo, para garantizar esto, para garantizar frenar a la ultraderecha, es necesario dar un giro de 180 grados, defender un programa anticapitalista y revolucionario, y apoyarse en el enorme potencial del Paro Nacional y de los movimientos sociales que lo protagonizaron.

Una victoria de Hernández tampoco resolverá la crisis del capitalismo colombiano. Tras un periodo de shock entre las masas, estas responderán, con más fuerza que en 2021, a la brutal política de austeridad, recortes y represión que sin duda implementaría un Gobierno de este carácter.

El punto fundamental es que para echar realmente a los capitalistas y la derecha del poder no hay vías intermedias. Es necesaria una confrontación real, explicando cómo la corrupción y el podrido aparato del Estado son la base sobre la que se asienta el capitalismo colombiano. La única alternativa es luchar por un programa socialista basado en la nacionalización de la banca y los sectores estratégicos bajo control obrero, la expropiación y distribución de la tierra en manos de la oligarquía latifundista, la defensa del medio ambiente frente al saqueo de las multinacionales, y el juicio popular y castigo para los represores de los cuerpos policiales, militares y paramilitares.

Este programa conectaría inmediatamente con el sentir y las reivindicaciones de millones de personas, ganando el voto en zonas obreras, campesinas y periféricas, en donde la abstención supera muchas veces el 50%. Un programa que hay que vincular a la organización y la movilización, reactivando las Primeras Líneas y las asambleas en barrios y pueblos de cara a luchar entre otras cosas contra el fraude electoral.

Las masas demostraron durante meses su convicción de llegar hasta el final enfrentándose a todos los obstáculos. Es necesario recuperar la movilización contra el capitalismo, la represión, la violencia y la corrupción. Este es el único camino para ganar. Esto es lo que defendemos las y los comunistas revolucionarios que formamos parte de Izquierda Revolucionaria Internacional.

 

[1] Para conocer más sobre el Paro Nacional, el levantamiento revolucionario y el papel de las direcciones reformistas, recomendamos leer nuestra declaración al respecto:

Colombia: ¡Abajo el Gobierno asesino de Duque! El paro nacional se transforma en una crisis revolucionaria

[2] Un ejemplo, entre miles, que refleja el ambiente generado hacia las masas es el del empresario y dirigente uribista Sergio Araujo, que publicaba en su perfil de Twitter: “[...] tengo pleno derecho sobre mis empresas, por lo tanto un empleado que vote por Petro no cabe en mi esquema empresarial. Simplemente se tiene que ir”.

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