“La gente no tiene plata para pagar el alquiler, la luz, el gas o para comer”. “Este Gobierno no vino a terminar con la casta ni los privilegios porque les saltan causas de corrupción todo el tiempo (…) vino a hacernos pagar a los trabajadores, al pueblo, la deuda y la crisis de los ricos”. “Tenemos que enfrentar a Milei ahora. Es en las calles, es con la huelga general”[1].
Estas declaraciones, de algunas de las decenas de miles de manifestantes que el domingo 19 de septiembre tomaron las calles de 60 ciudades argentinas en la Marcha de la Bronca, reflejan el ambiente de rabia que existe contra el Gobierno ultraderechista de Milei y las conclusiones políticas cada vez más avanzadas que están sacando capas cada vez más amplias de jóvenes, trabajadoras y trabajadores.

Una movilización histórica y organizada desde abajo contra el bloqueo de la burocracia política y sindical
Un elemento que da aún más fuerza a esta jornada de lucha masiva respecto a movilizaciones anteriores y que la convierte en histórica es que se ha desarrollado superando el bloqueo y sabotaje de las direcciones de las dos grandes centrales sindicales (CGT y CTA) y del principal partido de “oposición” a Milei en el Parlamento, el Partido Justicialista (PJ).
Como explicamos en un artículo anterior analizando en detalle la situación política argentina[2], la Marcha de la Bronca se produce tras una oleada de grandes movilizaciones desde comienzos de año y ha sido impulsada desde abajo, de manera militante, por más de 350 organizaciones de base: sindicatos combativos, movimientos piqueteros, colectivos feministas y LGTBI, asociaciones memorialistas, organizaciones populares y barriales, colectivos en lucha como los trabajadores de la empresa FATE (desalojados tras meses ocupando la factoría en protesta contra el cierre y despido de toda la plantilla, 920 trabajadores). En su organización también han desempeñado un papel central las cuatro fuerzas políticas revolucionarias que integran el Frente de la Izquierda y los Trabajadores-Unidad (FIT-U).
En Buenos Aires más de 70.000 personas marchaban hasta la Casa Rosada, sede del Gobierno, desbordando la mítica Plaza de Mayo, escenario de tantas grandes movilizaciones de la clase obrera argentina. Cuando la cabecera de la manifestación llegaba al final del recorrido las columnas que salían de la Plaza del Congreso, lugar de inicio, y de otros puntos emblemáticos de la capital apenas empezaban a avanzar.
El éxito de esta movilización multitudinaria en la capital se replicó a lo largo y ancho del país: desde la región norteña de Jujuy, fronteriza con Bolivia, hasta Ushuaia, en la Tierra del Fuego; desde Posadas, próxima a la frontera con Paraguay y Brasil a Mendoza, al pie los Andes y la frontera chilena.
En todas estas marchas —junto, obviamente, a cánticos expresando la indignación contra el Gobierno de la extrema derecha y contra la oligarquía— ocuparon un lugar central las consignas a favor de una huelga general ya para echar a Milei y denunciando la negativa de la burocracia sindical de la CGT y la CTA a convocarla así como a no haber apoyado y participado en estas marchas de la Bronca.

Mientras decenas de miles de jóvenes, trabajadores y trabajadoras tomaban las calles enviando al conjunto de las oprimidas y oprimidos el mensaje de que hay fuerza para vencer y que la tarea inmediata es organizar y movilizar toda esa bronca para hacerlo posible, el probable candidato presidencial del peronismo y Gobernador actual de Buenos Aires por el Partido Justicialista, Axel Kiciloff, organizaba un acto electoral para transmitir todo lo contrario: esperar a las elecciones presidenciales de finales de 2027, abandonar las calles, confiar en que todo se resolverá a través de los mismos canales, instituciones y fuerzas políticas capitalistas de siempre; las que han llevado al desastre actual.
Que los dirigentes del PJ huyan despavoridos de la lucha y vean con temor este ambiente de bronca no es casualidad. Millones de jóvenes, trabajadores y trabajadoras peronistas también quieren luchar contra Milei y miran a la izquierda, pero estos dirigentes son parte del sistema. Critican al Gobierno en los mítines, votan en contra de algunas de sus medidas más escandalosas, pero en cada momento decisivo de la lucha de clases actúan como defensores convencidos del orden capitalista e incluso contribuyen con sus votos a que leyes y políticas que la clase dominante considera decisivas para la estabilidad del sistema no sean cuestionadas.
¡Hay fuerza para echar a Milei y luchar por un Gobierno de los trabajadores con un programa socialista!
Los discursos pidiendo calma, diciendo que no hay condiciones para echar a Milei con la lucha y llamando a esperar a las presidenciales de los dirigentes del PJ, la CGT y la CTA no son nuevos. Es la misma cantinela que utilizaron, tras la huelga general de 36 horas en abril de 2025, cuando se negaron a darle continuidad y centraron todo en las elecciones legislativas de octubre.
El resultado fue desmovilizar a las masas y dar un tiempo precioso a Milei para reorganizar sus fuerzas y ganar esas elecciones, aprovechando precisamente la abstención de millones de jóvenes y trabajadores desencantados con la oposición de terciopelo del PJ y que ven al frente de este partido a muchos de los ministros y diputados que gobernaron para la oligarquía y traicionaron sus esperanza durante el Gobierno peronista del Frente de Todos (2019-2023).
Como planteaba en su discurso al final de la Marcha Myriam Bregman, probable candidata presidencial de la izquierda revolucionaria del FIT-U y la dirigente política argentina mejor valorada en todas las encuestas: “Esta multitudinaria convocatoria demuestra que sobran las ganas de pelear, que hay una necesidad de organizarse y canalizar la bronca contra este Gobierno y sus cómplices, que hay que unir a las distintas luchas con un objetivo claro que es derrotar al Gobierno y a las políticas que representa con una huelga general. Para nosotras y nosotros esta primera marcha tiene que ser el inicio de una organización mayor”[3].

Todas las fuerzas políticas de la izquierda revolucionaria que integran el FIT-U y el resto de organizaciones sociales y políticas que han impulsado esta marcha se pronunciaban en el mismo sentido, y el documento leído en la manifestación planteaba recoger y unificar todas las reivindicaciones y luchas sociales con un programa y un plan de movilización.
Así como se ha organizado esta marcha desde abajo, superando la represión del Gobierno y los obstáculos de la burocracia política y sindical, hay que impulsar asambleas abiertas y comités de acción en los barrios, centros de estudio y trabajo para imponer una huelga general contra Milei, garantizar que esa huelga sea lo más amplia y participativa posible (venciendo las trabas y limitaciones habituales de la burocracia sindical) y que tenga continuidad hasta vencer.
Ese también es el mejor camino para conquistar el apoyo de millones de oprimidas y oprimidos, incluida buena parte de las bases obreras y populares del peronismo y el kirchnerismo que están girando a la izquierda, y convertir toda esa bronca en organización política consciente para acabar con el dominio de la oligarquía y llevar adelante la transformación revolucionaria de la sociedad.
Notas:
[1] Marcha de la Bronca en Paraná: reclamaron contra el ajuste y pidieron una huelga generalMarcha de la Bronca en Paraná: reclamaron contra el ajuste y pidieron una huelga general
[2] El colapso económico y el saqueo de la oligarquía alimentan la indignación con Milei y la crisis del peronismo




















