La primera vuelta de las elecciones presidenciales, celebrada el 18 de enero, fue ganada por António José Seguro (PS), con André Ventura (Chega, la ultraderecha portuguesa) en segundo lugar. Ambos candidatos se enfrentarán el 8 de febrero en una segunda vuelta para elegir al próximo presidente de la República. El gran perdedor de la noche fue el Gobierno de AD y su candidato, Marques Mendes.

Los ganadores de la noche

António José Seguro ganó esta primera vuelta de forma contundente con el 31,11%, 1.754.904votos. Un aumento de ocho puntos respecto a las últimas elecciones legislativas en las que el PS obtuvo tan solo el 22,76%. Seguro ganó en todos los distritos excepto Faro y Madeira, con una votación muy significativa en Beira Baixa, su región de origen.

Es indiscutible que Seguro atrajo el voto de la base electoral de izquierda, que acudió a las urnas masivamente para bloquear a la extrema derecha. El peligro de una segunda vuelta electoral entre dos candidatos de extrema derecha —Ventura y João Cotrim (Iniciativa Liberal)— era real, y la clase trabajadora, y significativamente las mujeres trabajadoras, se movilizaron para impedirlo.

Este voto fue esencialmente antifascista, no basado en el apoyo al proyecto presentado por el  candidato. Tampoco creemos que haya un desplazamiento de la clase trabajadora hacia el espacio político del PS por convicciones ideológicas. Sin embargo, existe una conciencia muy arraigada de lo que significaría una victoria electoral de la extrema derecha y los fascistas de Chega, y de las consecuencias que tendría para todos los trabajadores y los oprimidos.

André Ventura quedó en segundo lugar con el 23,52% y 1.326.648 votos, porcentaje ligeramente superior al 22,76% que obtuvo en las últimas elecciones legislativas. Las encuestas a pie de urna de Expresso y SIC, reflejaron que el voto a André Ventura fue el más fiel: el 82% de los entrevistados repitió el voto que ya había emitido por Chega en mayo de 2025. El electorado de extrema derecha está consolidado y está compuesto por diversas capas de la sociedad portuguesa que, en los últimos años, se han volcado de forma decisiva y convincente hacia el fascismo. Hablamos de fuerzas represivas del Estado, de terratenientes, caseros rentistas, comerciantes y pequeños empresarios arruinados por la competencia de las grandes superficies, pero también de algunas de las capas más atrasadas políticamente de nuestra clase.

Las políticas de extrema derecha de AD le dan a Ventura el segundo puesto

El gran perdedor de la noche electoral fue, sin lugar a dudas, el Gobierno de Luís Montenegro y su candidato, Luís Marques Mendes. Obtuvieron apenas 631.809 votos (11,3%), un marcado contraste con el 31,7% obtenido por AD hace ocho meses. Este resultado no se explica por la fragmentación del voto de derecha, sobre todo considerando que, hace unos meses, las encuestas situaban a Marques Mendes en una posición privilegiada y como el receptor declarado del voto estratégico de la derecha. De hecho, este resultado, al igual que la Huelga General del 11 de diciembre, representa un renovado rechazo al Gobierno de AD, que, con sus políticas procapitalistas, solo ha agravado los problemas de salud, educación y vivienda que afectan a la gran mayoría de la población. Sin embargo, este rechazo al Gobierno, entre la base electoral de la derecha, se redirige hacia candidatos aún más a la derecha, a Chega y tambié a  Cotrim de Figueiredo, que obtuvo un 16% o 902.571 votos, más del triple de los conseguidos por Iniciativa Liberal en las últimas elecciones legislativas.

Nos queda claro que la base de la derecha ha estado virando hacia la extrema derecha y no tiene reparos en apoyar a candidatos y partidos racistas y sexistas que abogan por una mayor represión contra los inmigrantes y el movimiento obrero. Esto explica el segundo puesto de Ventura y el tercero de Cotrim, más que detalles comunicativos o perfiles personales. Marques Mendes era visto como alguien cercano al Gobierno, pero sobre todo, alguien del régimen y moderado, y por lo tanto incapaz de llevar a cabo el programa de represión contra los inmigrantes, los trabajadores y la izquierda que estas bases exigen.

A primera vista, esto puede parecer contradictorio, ya que el propio Montenegro ha estado implementando una política de extrema derecha. Una parte decisiva de la base electoral de la extrema derecha demanda ese camino y considera Chega e Iniciativa actúan con más decisión. Ante la disyuntiva entre una copia o el original, el electorado se decantó más por los originales, Ventura y Cotrim.

La candidatura bonapartista de Gouveia e Melo obtuvo el 12,32%, o 695.091 votos. Según la encuesta mencionada, el 14% de quienes votaron por AD en las últimas elecciones legislativas y el 11% de quienes votaron por el PS optaron ahora por el Almirante. Esto refleja cómo se presentó esta candidatura, aparentemente como un árbitro por encima de los partidos.

La izquierda institucional sufre otra derrota

Los candidatos apoyados por BE, PCP y Livre sufrieron otra derrota ya anticipada. Juntos obtuvieron 247.428 votos, el 4,38% del total. Esta cifra es menos de la mitad de lo que lograron en las últimas elecciones legislativas y revela algo que hemos señalado en multitud de ocasiones: en periodos de inestabilidad y crisis del sistema capitalista, insistir en la defensa abstracta de la democracia y las instituciones burguesas condenará a cualquier organización de izquierda a la irrelevancia política e incluso a la desaparición. La presión del voto útil hacia el PS, por sí sola, no lo explica todo. Ninguna campaña electoral puede darse de antemano por ganada como lo demuestran Gouveia e Melo y Marques Mendes. Pero la izquierda insistió e insiste en presentarse fragmentada y sin un programa alternativo que realmente resuelva los problemas de la clase trabajadora y la juventud.

Esta derrota puede ser vista por cientos de activistas, no solo de estos partidos, sino también de colectivos de izquierda anticapitalistas y movimientos sociales, como un factor desmotivador. Podríamos sentirnos tentados a pensar que hay un giro a la derecha en la sociedad en general. Nosotros desde Izquierda Revolucionaria, rechazamos rotundamente esta visión fatalista y superficial. La Huelga General del 11 de diciembre, en la que más de tres millones de trabajadores se declararon en huelga, fue una contundente demostración de que esto no es así.

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La Huelga General del 11 de diciembre mostró el camino para derrocar al Gobierno ultraderechista de AD. Necesitamos luchar con los métodos de nuestra clase, volver a las calles y paralizar el país. 

¿Y ahora?

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales comenzó minutos después de anunciarse las primeras proyecciones de los resultados de la primera. Ventura se declaró inmediatamente líder indiscutible de la derecha, presionando al resto de la derecha para que lo apoyara. Inmediatamente lanzó un ataque contra el "socialismo", contra el radicalismo y como un aglutinador de la derecha.

Montenegro, Marques Mendes y Cotrim declararon posteriormente que no apoyarían a ningún candidato en la segunda vuelta, lo que en la práctica atrajo a la gran mayoría de su electorado hacia Ventura. Cotrim calificó de "terrible" elegir entre un político fascista y uno centrista. Esto no nos sorprende, pero es toda una declaración de principios. El peligro de que Ventura gane es muy real. Si sumamos los porcentajes de Cotrim y Marques Mendes a los suyos, obtenemos el 50,82%, suficiente para que este fascista ocupara el Palacio de Belém.

Naturalmente, todo sigue en el aire, y el apoyo a António José Seguro ya ha comenzado a llegar desde diversos sectores del espectro político, incluyendo algunas figuras prominentes de la derecha. La noche de las elecciones, los candidatos de izquierda se apresuraron a respaldar a Seguro. Pero para ganar tendrá que movilizar al máximo el voto antifascista, ya que en esta segunda vuelta la derecha ya no estará fragmentada.

La candidatura de Seguro no representa a la clase trabajadora, sino una política de conciliación de clases, completamente imposible en un contexto de crisis e inestabilidad como el que vivimos actualmente, con guerras imperialistas, genocidios y miseria en todo el mundo. Sin embargo, el peligro de tener un presidente fascista es inconmensurablemente mayor. Si André Ventura gana, la base de la extrema derecha, tanto uniformada como no uniformada, se sentirá más envalentonada y libre para atacar, matar y violar a inmigrantes, mujeres y personas queer. Somos plenamente conscientes de que votar no es un fin en sí mismo y nunca reemplazará la lucha en las calles ni la organización de la clase trabajadora. Pero es la herramienta que tenemos el 8 de febrero, y por eso hacemos un llamamiento al voto por António José Seguro.

Volviendo a las calles, construyendo una alternativa revolucionaria

Los resultados de las diversas elecciones de los últimos años confirman una de las perspectivas en las que siempre hemos insistido: el declive irreversible del régimen actual. El giro hacia la extrema derecha en el Gobierno y las instituciones estatales es un hecho, al igual que la polarización social, las divisiones dentro de la clase dominante y, en la raíz de todo esto, la degradación generalizada de las condiciones de vida de la gran mayoría de la población.

Pero este tipo de periodos también exponen la verdadera naturaleza del sistema capitalista y la democracia burguesa. Millones de trabajadores y jóvenes están tomando conciencia de ello, y en los últimos años hemos visto a millones participar en movimientos contra el genocidio en Palestina, contra el colapso ambiental, contra la agresión imperialista, y también en las luchas sindicales, los movimientos feministas y queer, las manifestaciones contra el racismo y la brutalidad policial, y las grandes manifestaciones del 25 de abril, de marcado carácter antifascista.

La Huelga General del  11 de diciembre mostró el camino para derrocar al Gobierno ultraderechista de AD. Necesitamos luchar con los métodos de nuestra clase, volver a las calles y paralizar el país. Este es el camino para que amplios sectores de nuestra clase tomen conciencia de que los trabajadores tenemos la capacidad de cambiar las bases materiales de este sistema corrupto, de arrebatar el poder económico y político a los capitalistas y sus lacayos, y de gestionar la sociedad democráticamente para una vida digna para todos.

Lo que nuestra clase necesita hoy es un verdadero movimiento de masas y una dirección revolucionaria, con un programa sólido, métodos consistentes y un plan de acción claro, firme y decidido para lograr este fin. Por eso estamos construyendo el partido revolucionario.

¡Únete a Izquierda Revolucionaria!

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