Por primera vez en la historia de Berlín, una fuerza a la izquierda de la socialdemocracia, Die Linke, ha ganado las elecciones. En medio del ascenso de AfD, estos resultados adquieren aún mayor relevancia y ponen en evidencia que, cuando se plantean medidas de izquierdas que conectan con el hartazgo de la clase trabajadora y la juventud frente a las políticas de austeridad, sí se puede plantar cara a la extrema derecha.

Die Linke con un 25,7%, el doble que en las elecciones de 2023, incrementa su apoyo en 282.941 votos. Unos resultados que se dan con un aumento de la participación, que ha pasado del 62,9% al 74,2%. Die Linke ha arrastrado a votantes del SPD y Los Verdes, que pierden 58.000 y 18.000 papeletas respectivamente, pero el grueso de este éxito tiene que ver con la movilización de capas desencantadas que han virado fuertemente hacia la izquierda.

El SPD por el contrario, involucrado en políticas de austeridad y de rearme salvaje junto a la CDU tanto en el Gobierno estatal como de Berlín, se ha desplomado hasta el 12,1% de los votos quedando relegado a la quinta posición. Estamos hablando del mismo partido que ha dirigido la ciudad de Berlín durante veinte años, hasta 2023, cuando cedió el testigo a la CDU. Por otro lado, Los Verdes, con su discurso militarista, pasan del 18,4% al 14,1% de los votos. 

Paralelamente, la CDU registra un nuevo desplome y retrocede 85.712 votos, pasando del 28,2% de los votos al 18,8%. Una pérdida que va directamente a la ultraderecha de AfD, que aumenta en 158.730 votos y en 7,2 puntos, obteniendo el 16,3%, levemente por debajo de lo que pronosticaban las encuestas.

Por primera vez en la historia de Berlín, una fuerza a la izquierda de la socialdemocracia, Die Linke, ha ganado las elecciones. Esto muestra que cuando se plantean medidas realmente de izquierdas, sí se puede plantar cara a la extrema derecha.

Die Linke ha logrado obtener un amplio apoyo gracias a una campaña centrada en las cuestiones sociales y, en particular, en la cuestión del acceso a la vivienda. Es el único partido que se compromete abiertamente a aplicar el resultado del referéndum de 2021 sobre la expropiación de los grandes grupos inmobiliarios. Por supuesto, también se ha beneficiado del sentimiento antifascista frente al ascenso de AfD, de la indignación con la política del Gobierno federal de coalición y sus salvajes planes de ajuste, y de una postura clara —al menos a nivel local, concretamente en Neukölln— contra el genocidio en Gaza (saboteada por la dirección regional del partido en torno a Elif Eralp siempre que podía).

Entre los votantes jóvenes de entre 16 y 34 años, casi uno de cada dos apoyó a Die Linke (¡un 49% entre los de 25 a 34 años!), mientras que todos los demás partidos apenas superan los resultados de un solo dígito. Aunque entre los trabajadores de Berlín AfD fue la fuerza más votada (30%), Die Linke le sigue de cerca con un 26% y, entre las personas con una situación económica precaria, se sitúa incluso como el partido más votado con un 32% (seguido por un 26% para AfD).

Die Linke cuenta con una sólida base entre los sectores de la clase trabajadora más explotados de origen inmigrante. En circunscripciones del centro de la ciudad con una fuerte presencia de inmigrantes, como Neukölln 1-3, obtuvo en algunos casos alrededor del 50% de los votos. Pero a pesar de esos datos, resulta muy preocupante la penetración de AfD entre sectores de la clase obrera, y que esté ganando cada vez más terreno en los distritos periféricos, donde se ha convertido sistemáticamente en el partido más votado (Spandau, Pankow, Marzahn-Hellersdorf, Lichtenberg).

En barrios más bien burgueses, como algunas zonas de Spandau o Reinickendorf, esto no resulta extraño. Pero, sobre todo, los distritos más pobres como Marzahn-Hellersdorf y Lichtenberg, al este de la ciudad, y que en las décadas de 1990 y 2000 eran bastiones rojos del PDS, hoy AfD es la primera fuerza.

Die Linke se está convirtiendo en la fuerza dominante en las zonas céntricas urbanas, dominadas por una población joven y estudiantil y de clase media académica (por ejemplo, los antiguos bastiones de Los Verdes, como Friedrichshain-Kreuzberg), lo que refleja la radicalización a la izquierda de estos sectores. Pero no podemos dejar de reconocer que sigue perdiendo apoyo en sus antiguos bastiones, los distritos más proletarios del este de Berlín. Para contrarrestar esta tendencia, Die Linke debe sacar las lecciones que arrojan estos resultados, y entender que solo se puede enfrentar a la extrema derecha con una política de oposición irreconciliable con todos los partidos burgueses.

Mecklemburgo-Pomerania Occidental: AfD avanza con fuerza

Por otro lado, en las elecciones de Mecklemburgo-Pomerania Occidental —un estado del este, poco poblado (solo 1,5 millones de habitantes) y de gran extensión, bastante comparable a Sajonia-Anhalt— se consolida la tendencia que hemos visto en las elecciones pasadas en este último estado.

AfD se beneficia de la desastrosa política del Gobierno federal, que intenta responder a la crisis de la economía alemana y a la agudización del conflicto imperialista mundial con el mayor programa de recortes de la historia de la RFA y, al mismo tiempo, con una agenda de rearme militarista sin precedentes. La extrema derecha recurriendo a su demagogia habitual contra la inmigración, contra la austeridad, contra la guerra de Ucrania y por el restablecimiento de las relaciones con Rusia, consigue más que duplicar su resultado electoral convirtiéndose, con un 38,2%, en el partido más votado registrando un incremento de 21,5 puntos respecto a 2021.

El SPD, liderado por la ministra presidenta Manuela Schwesig, le sigue de cerca con un 35,5%; Die Linke y Los Verdes obtienen un 6,5% y un 5,7%, respectivamente. Por su parte la CDU y el BSW no logran superar, por poco, la barrera del 5% quedándose fuera del parlamento regional.

En las elecciones de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, AfD recurriendo a su demagogia habitual contra la inmigración, contra la austeridad, contra la guerra de Ucrania, etc., ha sido el partido más votado consiguiendo más que duplicar su resultado electoral.

AfD moviliza masivamente a los abstencionistas —de nuevo se registra una participación electoral histórica del 78,1%—, obtiene una parte importante de su voto a costa de la derecha tradicional de la CDU y el FDP, y penetra entre sectores importantes de la clase obrera. Según los datos facilitados por los propios votantes el día de las elecciones, en Mecklemburgo-Pomerania Occidental el 52% de los trabajadores y el 60% de quienes consideran que su situación económica es mala votaron a la AfD. A modo de comparación, en el caso de Die Linke fue solo el 6%, y en el de Los Verdes apenas el 2%.

La AfD eclipsa con diferencia a cualquier otro partido entre los trabajadores y los pobres, una tendencia clara que se observa desde hace años tanto en el este como en el oeste. También entre la pequeña burguesía propietaria de negocios obtiene un resultado significativamente alto, del 47%.

Como ya explicamos en nuestro análisis de los resultados electorales en Sajonia-Anhalt, AfD se apoya —al igual que los partidos históricos del fascismo— en «los sectores arruinados de la pequeña burguesía y, por otro lado, en sectores de la clase media que se enriquecen y tienen un interés económico en la explotación y la privación de derechos cada vez más intensos de la clase obrera inmigrante. A ello se suman sectores desmoralizados de la clase obrera, así como capas de empleados de la burocracia estatal, la policía y el ejército». El resultado electoral en Mecklemburgo-Pomerania Occidental confirma plenamente esta valoración.

El resultado relativamente bueno del 35,5% obtenido por el SPD bajo el liderazgo de Schwesig no debe interpretarse en ningún caso como un apoyo activo al SPD y a su línea política. Es una consecuencia clara de la polarización política y del intento de sectores más amplios de contrarrestar de alguna manera tangible el auge de la AfD. Mientras que la socialdemocracia, bajo el liderazgo del vicecanciller Klingbeil, impone a nivel nacional los recortes sociales y, a mediados de septiembre, se sitúa en las encuestas en un mísero 13%, Schwesig gana terreno con lemas como “La mujer contra el azul [color de AfD]” y también suma puntos con un discurso hipócrita —porque carece de consecuencias— de oposición a los recortes del Gobierno federal, respaldados por su propio partido. Este gesto retórico le ha valido que el 73% de los encuestados valore positivamente que Schwesig «se oponga abiertamente una y otra vez a las reformas del Gobierno federal».

El otro gran perdedor junto a la CDU es Die Linke que se ha mantenido en un Gobierno de coalición junto al SPD en este estado, caracterizado por sus políticas capitalistas y contrarias a la clase obrera. Como socio de coalición del Gobierno regional, Die Linke ha renunciado en estos años a una defensa consecuente de los intereses de la clase obrera, y no ha desarrollado una oposición consecuente al capital y al Estado (¿cómo podría ser de otra manera, si colabora lealmente en la gestión del Estado en beneficio del capital?). Por ejemplo, en la primavera de 2025, fue Die Linke de Mecklemburgo-Pomerania Occidental quien —al igual que en Bremen— votó en el Bundesrat, como parte del Gobierno regional, a favor del gigantesco paquete de rearme del Gobierno federal, que ascendía a miles de millones de euros.

Una vez más resultó desastrosa —a pesar del supuesto “buen” resultado que supuso la casi victoria electoral del SPD— la llamada política del “bloque democrático” por la que Die Linke considera que todos los demócratas, incluida la CDU, deben aliarse para frenar a AfD. Y una política que obvia la gigantesca responsabilidad del SPD en el ascenso de la ultraderecha con sus políticas capitalistas, de ajuste y militaristas, desde el propio Gobierno federal. ¡Así no se frenará a la ultraderecha! En Schwerin, la capital del estado, esta política llevó incluso al candidato local de Die Linke, Daniel Trepsdorf, a llamar directamente a votar al SPD y a retirar su propia candidatura.

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La CDU, que, con un 4,9%, queda fuera de un Parlamento regional por primera vez en la historia de la República Federal. No podría haber un símbolo más adecuado de la profunda crisis de la democracia burguesa en Alemania.

En los hechos, que es lo que realmente cuenta, la dirección de Die Linke no se diferencia del bloque de partidos burgueses partidarios del desmantelamiento del Estado del bienestar y de la guerra, y desaparece —en un momento de máxima agudización de la lucha de clases— como polo independiente de los trabajadores y los oprimidos. Esta estrategia allana el camino a futuras victorias electorales de la AfD, que puede presentarse con más fuerza aún como la única «alternativa» al statu quo.

Por último, hay que hacer una mención especial a la CDU, que, con un 4,9%, queda fuera de un Parlamento regional por primera vez en la historia de la República Federal. Por muy insignificante que pueda parecer este hecho para la política regional en Mecklemburgo-Pomerania Occidental (el futuro Gobierno de Schwesig, con Die Linke y Los Verdes, ya está decidido de todos modos), su importancia es inmensa: la política del Gobierno de Merz es tan detestada y provoca una polarización tan grande hacia la derecha y la izquierda, que el partido estatal de la burguesía alemana por excelencia —de Adenauer, de Kohl y de Merkel—, queda por debajo de la barrera del 5% en un estado federado, relegado a la categoría de “Otros”, junto a los pequeños partidos extraparlamentarios. No podría haber un símbolo más adecuado de la profunda crisis de la democracia burguesa en Alemania.

Impulsar una alternativa anticapitalista con la movilización y la huelga general

La dirección de Die Linke en Berlín desarrolló la campaña electoral con el objetivo claro de que Elif Eralp, considerada la “Mamdani alemana”, se convirtiera en alcaldesa gobernante apostando por una coalición con Los Verdes y el SPD. Matemáticamente, esto es ahora posible. Obviamente esta alianza supondrá un obstáculo muy serio para que Elif lleve adelante su programa.

El capital está aterrorizado ante tales perspectivas de futuro: la campaña mediática contra el “antiguo SED”, identificando a Die Linke con el viejo partido estalinista gobernante de la RDA, criminalizando sus planes de expropiación como un atentado contra la democracia y el libre mercado y, sobre todo, denunciando estridentemente el supuesto “antisemitismo” de Die Linke[1], se está escenificando de forma aún más histérica que antes.

No está nada claro que partidos burgueses y procapitalistas como Los Verdes y el SPD acepten formar parte de un Gobierno que realmente ataque al capital inmobiliario privado. En particular, el SPD de Berlín es un partido al servicio del lobby inmobiliario. Si Die Linke cediera en este punto, aunque solo fuera aceptando la propuesta de uno de sus dirigentes federales, Gregorg Gysi, de celebrar un nuevo referéndum sobre la vivienda, eso sería visto como una concesión inaceptable para los cientos de miles de personas que le han dado su voto contra la especulación inmobiliaria y a favor de la expropiación de las grandes empresas inmobiliarias.

Además, un “gobierno de izquierdas” de esa naturaleza, quedaría a merced de las medidas de austeridad impuestas y que están vaciando las arcas públicas, algo que ni Los Verdes ni el SPD están dispuestos a cuestionar. Aunque todavía es pronto para tener una perspectiva cerrada, no se puede descartar ni mucho menos que el SPD y Los Verdes prefieran formar una coalición con la CDU antes que llegar a un acuerdo de gobierno con Die Linke que realmente lleve a cabo una política de izquierdas, es decir, una política para los trabajadores y los pobres.

Die Linke se juega mucho en los próximos meses, y solo debería gobernar sobre la base de un programa anticapitalista y apoyándose en la movilización de masas en las calles para llevar a cabo el mandato del referéndum sobre la vivienda, incluyendo la expropiación de los 220.000 pisos de las dos grandes inmobiliarias de Berlín, topando los precios de las viviendas públicas con subidas como máximo del 1% y limitando los precios de la calefacción.

Un programa que se tiene que completar con la revocación de todas las privatizaciones y recortes de los últimos años, inversiones masivas en servicios sociales, sanidad, medio ambiente, educación, construcción, etc. —financiadas a costa de los ricos y las grandes empresas (por ejemplo, mediante aumentos del impuesto sobre actividades económicas)—, reducción de la jornada laboral en la función pública a 30 horas semanales manteniendo los salarios y aumentando las plantillas, e impulso y apoyo activo a las huelgas de todos los trabajadores.

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La tarea es organizar la resistencia revolucionaria contra la barbarie capitalista y el ascenso de la ultraderecha dotando a la clase obrera de una política y un programa cuyo objetivo sea el derrocamiento del orden existente.

Los Verdes y el SPD nunca respaldarían un programa de gobierno de este tipo, basado en la lucha de clases contra la burguesía. Die Linke debe hacerse lo suficientemente fuerte por sí sola como para poder movilizar a la clase obrera y a la juventud en pro de la aplicación de este programa, que segaría la hierba bajo los pies de la ultraderecha y desmontaría, con hechos, su demagogia reaccionaria.

Por último, no hay que subestimar las repercusiones a nivel federal de estas dos elecciones regionales. Friedrich Merz se vio obligado, ya en la noche electoral, a emitir una declaración en la que insistía en la “capacidad de reforma” de Alemania (es decir, en la continuación de su política de recortes sociales y de rearme) y advertía contra los “partidos radicales de izquierda y derecha” y contra el “veneno autoritario” o la “fascinación por lo autoritario” en la sociedad. Estas palabras reflejan la desesperación del partido tradicional de la clase dominante. El centro liberal se está desmoronando y se enfrenta, impotente, al giro hacia la derecha de la burguesía y de sectores cada vez más amplios de las clases medias. Merz, con sus recortes sociales, no hace más que avivar objetivamente este proceso, a pesar de sus lamentos.

Los ricos y los poderosos libran una lucha de clases implacable. Nuestra tarea histórica como comunistas revolucionarios es organizar la resistencia revolucionaria contra la barbarie capitalista y el ascenso de la ultraderecha, dotando a la clase obrera de una política de independencia de clase, socialista, capaz de plantear el derrocamiento del orden existente. Die Linke podría ser un jalón en esta batalla si actuase coherentemente y renunciase a su política reformista y posibilista, pero no es, ni mucho menos, el único factor. Lo decisivo será el impulso de lucha y resistencia en las fábricas y desde el corazón del movimiento obrero, de la izquierda de los sindicatos, de los centros de estudio, de las universidades… Las grandes protestas del próximo fin de semana —primero la huelga estudiantil contra el servicio militar obligatorio y luego las manifestaciones de los sindicatos— serán otro pilar fundamental en el camino de la lucha contra el Gobierno, el capital y la ultraderecha de AfD.

 

[1]Representantes del ala derecha de Die Linke, como el propio Gregor Gysi y Elif Eralp, respaldan esta campaña distanciándose de la supuesta “antisemita” agrupación distrital de Neukölln.

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