Esta es la democracia de la UE ¡Libertad ya!

El 28 de febrero el periodista Pablo González fue arrestado en la ciudad de Rzeszów –a unos 100 kilómetros de la frontera con Ucrania– por la Agencia de Seguridad Interna polaca (ABW) acusado de ser un agente del servicio de inteligencia militar de las fuerzas armadas rusas.

Desde entonces, Pablo se encuentra en prisión preventiva, permanece incomunicado y en un cautiverio estricto –pasa 23 horas en la celda y tan solo tiene una hora diaria para salir a un patio diminuto–. Ni su abogado ni su familia han podido hablar con él. En estas largas semanas, solo ha podido recibir cinco cartas de su esposa y un total de cuatro visitas.

185 días en la cárcel sin pruebas. Ahora, el tribunal regional de Przemyśl (en el sudeste de Polonia), ha decidido prorrogar por otros tres meses la detención del periodista. En el comunicado, la Fiscalía justifica mantenerle encerrado por “una bien fundada preocupación por un fraude de procedimiento, temor de ocultamiento o fuga y el hecho de que sobre González pesa un riesgo de una pena elevada si es condenado”.

Esta aberración está sucediendo en el corazón de la democrática Unión Europea. Pero no abre telediarios, ni ocupa portadas en los periódicos, ni se dedican largas horas de tertulia a desmenuzar su caso. Al fin y al cabo, Pablo González no es un okupa o un MENA peligroso. Tan solo es un periodista que, cubriendo la guerra en Ucrania y sus consecuencias, ha visto pisoteados todos sus derechos sin que ni la UE ni el Gobierno español digan ni mu.

Un montaje orquestado por el reaccionario Gobierno polaco…

Desde el día de su detención, la ABW sostiene que Pablo espió para Rusia “utilizando su estatus periodístico” para moverse libremente por las zonas del conflicto y que obtuvieron “amplias evidencias” sobre este supuesto espionaje.

Además de ser un atropello escandaloso contra la libertad de expresión y de prensa –no es casualidad que Pablo denunciara en sus reportajes el trato con el que las autoridades polacas y ucranianas discriminaban a los refugiados por su color de piel–, este montaje no se sostiene por ningún lado. Las pruebas que ha presentado la Fiscalía, y por las que llegan a pedir diez años de cárcel para Pablo, es que el periodista tenía dos pasaportes con dos nombres diferentes –uno con nombre español y otro con un nickname ruso, ya que él había vivido en Moscú un tiempo–, que en el momento de su arresto tenía dinero en efectivo y que han encontrado “pruebas” en su móvil. Y esto es todo.

El Gobierno polaco es más que conocido por su ideología de extrema derecha. El pisoteo constante a los derechos de las mujeres, el colectivo LGTBI o los refugiados es una marca del Ejecutivo dirigido por Mateusz Morawiecki. No hay que olvidar la respuesta histérica y beligerante cuando en diciembre se desató la crisis migratoria en la frontera polaca con Bielorrusia. El grado de represión llegó a tal punto, que incluso la UE tuvo que anunciar sanciones contra Polonia por el carácter autoritario y antidemocrático de su régimen.

Con la guerra en Ucrania, el partido Ley y Justicia ha intensificado todavía más su nacionalismo y belicismo furibundo. Anunciando 314 nuevos polígonos de tiros en todo el país para que “todos los ciudadanos estén familiarizados con el uso de armas cortas y fusiles”, reforzando el ejército con la formación y estacionamiento de dos nuevas divisiones de armas combinadas en el río Vístula más todas las declaraciones incendiarias por parte de los ministros polacos… nos dan una medida del sello fascistoide de las autoridades polacas.

… con la complicidad de la UE y el Estado español

Pero, en el fondo, Polonia se pliega fielmente a los intereses del imperialismo occidental urdidos desde Washington, a la OTAN y a la Unión Europea. Y la respuesta del Gobierno polaco no ha sido tan diferente a la que hemos visto en muchos otros países europeos.

El caso de Pablo González lo pone de manifiesto. No ha habido ni una sola voz crítica entre los Estados miembro de la UE. Al contrario. El apoyo al PiS polaco y a su justicia ha sido notable. Incluso el jefe de la Inteligencia británica (MI6), Richard Moore, ha apoyado la acusación de espionaje y ha asegurado que la detención del periodista fue para evitar “que contribuyera a la desestabilización del país”.

Pero la desfachatez extrema la hemos recibido por parte del Gobierno de coalición español. El silencio cómplice respecto a este caso es muy significativo. “Echo en falta una llamada para que me digan que es lo que pasa, porque sé que han hablado con las autoridades polacas”, denunciaba Oihana Goiriena, la compañera de Pablo. ¿La respuesta de Pedro Sánchez? Asegurar, el pasado mes de julio en rueda de prensa desde Varsovia con motivo de la XIV Cumbre Hispano-Polaca, que “ha tenido ocasión de poder hablar sobre este asunto con el primer ministro de Polonia”, agradecerle “su generosa colaboración”, y que muestra su “respeto a la Justicia polaca como espero que se haga con la española”. De la misma forma que felicitó al rey de Marruecos por la masacre de Melilla, Sánchez no ha perdido oportunidad de posicionarse al lado de un Gobierno de este calado y abandonar a la víctima a su suerte.

El encarcelamiento de Pablo González es un ejemplo más de que los “valores democráticos” que constantemente nos venden la Unión Europea, Occidente y sus Gobiernos es un completo fraude. Ya sea la extrema derecha desde los Gobiernos ucraniano y polaco, o la socialdemocracia española plegada a los intereses de la OTAN, Europa solo defiende la libertad de expresión e (des)información para seguir esparciendo su propaganda belicista machacona.

Por eso, en este contexto de guerra, es más importante que nunca levantar nuestra solidaridad. La campaña Free Pablo González ha recogido más de 40.000 firmas exigiendo que se respeten los derechos del periodista. Desde Izquierda Revolucionaria animamos a todas y todos a firmar esta petición y exigimos su puesta en libertad inmediata. ¡Lo llaman democracia y no lo es! ¡Pablo libertad!

 

Pincha aquí para firmar exigiendo que se respeten los derechos del periodista Pablo González, detenido en Polonia el 28 de febrero.

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