Este "Onze de Setembre" de 2022 ha significado un auténtico terremoto político en Catalunya. La masividad y combatividad de la manifestación central encabezada por la ANC ha evidenciado la enorme fuerza y reservas del movimiento de liberación nacional en lucha por la república catalana, pero también el profundo malestar con la estrategia y políticas de paz social y acuerdos con el régimen del 78 del Govern ERC-Junts.

Más de 700.000 personas desbordaron las principales avenidas barcelonesas durante kilómetros entre el Paral·lel y l’Estació de França, en una manifestación que hasta medios capitalistas como La Vanguardia han tenido que reconocer como la más masiva vivida en Europa desde que estalló la pandemia.

Un mensaje contundente contra el putrefacto régimen del 78, su judicatura y un aparato estatal infestado de franquistas; contra Feijóo, el PP, Vox y la derecha españolista y también contra Pedro Sánchez, que tras cerrar filas con las cloacas del Estado en el caso Pegasus, se enorgullecía, días antes de la Diada, por su apoyo a la represión y al 155.

Crisis en el movimiento independentista. La ANC exige hechos al Govern

Al clamor contra el régimen del 78, se han unido pancartas, gritos y consignas mostrando un rechazo masivo hacia las políticas del Govern ERC-Junts, completamente impotentes frente al aparato del Estado y que han abandonado en los hechos la lucha por la amnistía, la autodeterminación y la república catalana.

Así lo evidencia la negativa del president de la Generalitat, Pere Aragonès, los consellers y principales dirigentes de ERC a acudir a la manifestación de la ANC. Un pulso que ha tenido el efecto contrario al que buscaban, profundizando las críticas contra ERC y Junts y desatando una crisis aún mayor en el seno del Govern que amenaza su continuidad.

La propia ANC, reflejando esta indignación creciente y la aspiración de millones de catalanes de continuar la lucha por la república catalana, ha exigido que si el Govern, ERC y Junts no son capaces de avanzar hacia la independencia, convoquen elecciones ya, señalando incluso la posibilidad de elaborar una lista propia para continuar esta batalla. Al mismo tiempo han exigido que en el segundo semestre del año 2023, se presente una nueva DUI aprovechando que la Presidencia de la UE corresponderá al Estado español.

Una crisis que responde a una realidad objetiva muy clara. El completo abandono por parte de ERC y Junts de una lucha consecuente por la república refugiándose en una retórica completamente vacía, la aplicación de políticas capitalistas en beneficio de las burguesías catalana y española y el restablecimiento de todos los puentes con el régimen del 78 y sus instituciones, asumiendo plenamente una legalidad capitalista con la que es imposible lograr la autodeterminación.

De hecho, la situación no solo no mejora, sino que es cada vez peor. No solo no avanzamos hacia la república, sino que la represión de la reacción españolista y del aparato del Estado no deja de incrementarse amenazando derechos históricos. Así lo hemos visto con la sentencia contra el català, que busca acabar con el modelo de inmersión lingüística, con los cientos de procesos abiertos contra activistas independentistas, con las inhabilitaciones a cargos públicos, etc.

Ahora incluso, un Tribunal Supremo envalentonado amenaza con revisar los indultos. Una ofensiva contra los derechos democráticos que no es exclusiva de Catalunya y que refleja la tendencia en el Estado español –pero también en Europa y el resto del mundo– hacia regímenes cada vez más autoritarios y el ascenso de una extrema derecha cada vez más cercana al fascismo.

Represión de la que también está participando sin complejos el propio Govern actuando como acusación particular en numerosos procesos. ¿Cómo vamos a creerles cuando hablan de amnistía y critican la represión si son participes de la misma? ¿Cómo vamos a creerles cuando nos hablan de la autodeterminación e independencia?

La lucha por la república catalana es una lucha contra el capitalismo

La Diada se ha celebrado en un contexto de una crisis económica y social cada vez más profunda en Catalunya, el Estado español y el continente europeo. Una hecatombe social que es una expresión más de la decadencia capitalista, algo que ha alimentado y sigue alimentando al movimiento de liberación nacional en Catalunya.

La rabia y el profundo malestar palpable entre la población no se está expresando solo en la lucha por el derecho a decidir. Las manifestaciones y huelgas feministas y LGTBI, las protestas contra los desahucios o numerosas huelgas obreras cada vez más radicalizadas son otras expresiones. Así ha ocurrido, por ejemplo, con la lucha del profesorado contra el Govern y el conseller Cambray.

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La manifestación fue un clamor contra la política del Govern ERC-Junts, impotentes frente al aparato del Estado y que han abandonado en los hechos la lucha por la amnistía, la autodeterminación y la república catalana. 


Todos los discursos de ERC y Junts, y todos los reproches de los que ahora se acusan, no son más que una cortina de humo para desviar la atención del aspecto central. ¿Cómo continuar la lucha contra el Estado español y el régimen del 78? ¿Cómo hacer realidad la república catalana por la que luchamos en las calles en 2017 y en 2019? ¿Por qué torcimos el brazo del Estado y la reacción en 2017 y ahora estamos como estamos? Este es el debate que hay encima de la mesa y que explica las duras críticas de la ANC.

Si algo ha vuelto a demostrar esta Diada es el enorme potencial de la lucha del pueblo de Catalunya. Pero también que la experiencia de estos años pone sobre la mesa que no podremos avanzar por meros cauces institucionales o mediante mesas de diálogo en el marco del régimen del 78. Cualquier apelación a la Unión Europea, a la defensa de los derechos humanos y los derechos democráticos por parte de Europa, resulta hoy una burla. ¡La UE ha dado completamente la espalda a nuestra lucha y ha justificado en la práctica la actuación autoritaria del Estado español!

La CUP ante una oportunidad histórica. ¡Hay que levantar una alternativa revolucionaria!

Tras el tremendo varapalo que ha supuesto el 11S, los dirigentes de ERC y de Junts están recurriendo al mismo discurso de siempre: pasarse la pelota unos a otros, llamar a recuperar la “unidad estratégica” del independentismo e intentar por todos los medios que el malestar no se siga expresando en las calles. Y sobre todo: que el profundo giro a la izquierda  no encuentre una expresión política organizada que amenace con ir más allá de la retórica y los gestos.

En este contexto, la izquierda independentista que se reivindica anticapitalista, la CUP, tiene una oportunidad histórica para ensanchar su base social y disputar la dirección del movimiento a ERC y Junts. Sí, la experiencia de miles de jóvenes y activistas, las conclusiones tras años de palabras y discursos vacíos, va en esta dirección.

La CUP ha resistido las presiones para integrarse en el Govern y apoyar los presupuestos. También ha rechazado el acuerdo firmado por ERC-Junts-Comunes-PSC, que tratando de evitar la sentencia del 25% respecto al catalán abre la puerta a que se desmantele el modelo de inmersión lingüística. Por otro lado, ha mantenido una posición consecuente respecto a la guerra imperialista en Ucrania, oponiéndose tanto a la invasión de Putin como a la intervención imperialista de EEUU y la OTAN, y denunciando al Gobierno títere ultrareaccionario de Zelensky.

Tanto en manifestaciones como la Diada de 2021 y de este mismo año, y otras muchas movilizaciones y luchas sociales, la CUP está agrupando una parte significativa de los sectores más combativos de la juventud estudiantil y obrera, que buscan una alternativa claramente anticapitalista para luchar por una república del pueblo y no de la oligarquía, sin recortes ni opresión de ningún tipo, bajo un programa genuinamente socialista. Para ello es necesario levantar un programa que plantee la expropiación de los capitalistas, empezando por la parásita burguesía catalana, y que plantee ya la nacionalización de las eléctricas y los bancos.

Si la lucha por la república se identifica con este programa, entonces sí: muchos trabajadores catalanes aún reticentes se sumarían a nuestra lucha, y millones de trabajadores y jóvenes del resto del Estado verían con claridad como la lucha por la república es una lucha para transformar sus condiciones de vida, para acabar con el capitalismo. De esta manera es como se podrán acumular las fuerzas necesarias para llevar la lucha hasta la victoria.

Las condiciones para el triunfo de una alternativa revolucionaria, internacionalista y comunista, están presentes, pero necesitamos una dirección decidida que convierta las palabras en hechos, y la desobediencia en poder. ¡En esa tarea estamos los militantes de Esquerra Revolucionària!

 

 

  


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