Las elecciones del 23J en Catalunya han significado un nuevo y tremendo varapalo para el bloque de derecha extrema y ultraderecha neofranquista representado por PP y Vox. La chulería de machirulo españolazo de Abascal, presumiendo de que la brutal represión contra el referéndum del 1-O y la aplicación del 155 serían un juego de niños comparado con lo que haría un Gobierno del PP y su partido, unido a la saña neofranquista de las primeras medidas pactadas por ambos tras las municipales (ataques a los movimientos feminista y LGTBI, medidas intentando borrar el català en Illes Balears y el País Valencià,...) han movilizado a centenares de miles de jóvenes, trabajadores y trabajadoras.

Las bases de la izquierda y la gran mayoría del movimiento independentista han visto estas elecciones como lo que realmente eran: una batalla decisiva contra los defensores de la España una, grande y libre, los enemigos declarados de la lucha por los derechos de la mujer trabajadora, la comunidad LGTBI y las personas trans, los negacionistas del cambio climático y los campeones de los ataques a los derechos laborales y sociales, la desigualdad y la exclusión, con su tufo al franquismo, machismo y racismo más casposos y ultramontanos.

Una vez más, la juventud y la clase obrera de Catalunya han mostrado su fuerza e instinto de clase haciendo saltar por los aires los planes de la reacción y contribuyendo de forma decisiva a convertir la fiesta de Ayuso, Feijoo y Abascal en funeral. En muchos barrios obreros de Barcelona y otras grandes ciudades el voto a los partidos de la izquierda gubernamental alcanza e incluso supera el 70%. De 48 diputados catalanes en el nuevo parlamento, Vox y PP tendrán 8 frente a 26 del PSC y SUMAR.

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Las bases de la izquierda y la gran mayoría del movimiento independentista han visto estas elecciones como lo que realmente eran: una batalla decisiva contra los defensores de la España una, grande y libre. 

Los barrios obreros han sido decisivos

El vencedor de estas elecciones en Catalunya es el PSC, con 1.213.006 votos frente a los 794.666 de 2019, un incremento de 418.340. Este 52% supone pasar de 12 a 19 escaños, obteniendo su primera victoria en unas generales en Catalunya desde 2008. El PSC gana en todos los distritos de Barcelona, excepto Sarrià, por la excepcional movilización de los barrios obreros y las localidades del cinturón rojo de Barcelona.

Una victoria decisiva que supone que 1 de cada 8 votantes al PSOE sean de Barcelona. En total el 15,6% de los votantes socialistas son catalanes, la cifra más alta desde 1996, y que confirma el peso decisivo de Catalunya en el vuelco electoral.

Por otro lado, SUMAR consigue 493.548 frente a los 549.173 de UP en 2019 manteniendo los mismos 7 escaños y logrando erigirse en segunda fuerza. Unos resultados que superan claramente los pronósticos de las encuestas.

En las generales del 10 de noviembre de 2019 ese mismo instinto de clase contra la derecha se expresó de un modo muy distinto, con un apoyo entusiasta al independentismo de izquierdas y a las fuerzas a la izquierda del PSOE. ERC ganaba con más de 800.000 votos, las CUP obtenían también un apoyo histórico, casi 250.000 papeletas y dos escaños en el parlamento estatal, y En Común Podem superaba el medio millón de votos. Las tres fuerzas a la izquierda del PSOE conseguían un apoyo nunca visto: 1.671.003 votantes.

En esta ocasión, enfrentados al peligro muy real de un Gobierno ultrarreaccionario del PP y VOX, muchos trabajadores y jóvenes han optado por lo que consideraban el voto más útil para impedir que Abascal y Feijóo se instalasen en la Moncloa. Una realidad que se ha visto reforzada por la posición de los propios dirigentes de ERC y UP, desdibujando cada vez más sus diferencias con el PSOE-PSC y justificando sus renuncias con el manido argumento de que "no hay fuerza para más".

Pero esos centenares de miles de votos que gana el PSC-PSOE están a años luz de ser un cheque en blanco. Se trata de votantes que, “tapándose la nariz”, han cogido su papeleta para golpear a la reacción. Votos que expresan al mismo tiempo la disposición a luchar contra el fascismo y un enorme malestar con las políticas de decir amén a los empresarios y ceder a las presiones de la derecha tanto del Gobierno central como de la Generalitat. Así lo pusieron en evidencia los nefastos resultados del 28M.

Unas políticas que tanto Sánchez como Sumar no han dejado de reivindicar durante la campaña, negándose una vez más a reconocer el derecho de autodeterminación para Catalunya  y presentando como grandes logros medidas que no han servido para frenar la brutal degradación de las condiciones de vida en los barrios obreros y que sí han llenado los bolsillos de la patronal y el Ibex35. A pesar de que esta vez se ha podido frenar a la reacción, aunque por muy poco, seguir por este camino garantiza que sigan avanzando y que tarde o temprano puedan llegar a la Moncloa.

El voto útil y la abstención golpean al independentismo

Quiénes se han llevado la peor parte en este reagrupamiento del voto han sido las opciones independentistas, y especialmente el independentismo de izquierdas. Una realidad fruto del voto útil, pero también consecuencia de cuatro años marcados por el abandono de la lucha por la autodeterminación y la república catalana, por la restauración de los puentes con el régimen del 78, y por las políticas capitalistas impulsadas desde la Generalitat en línea con lo exigido por la burguesía catalana.

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Las opciones independentistas, y especialmente el independentismo de izquierdas han sufrido un retroceso, por el voto útil, pero también por cuatro años marcados por el abandono de la lucha por la autodeterminación y la república catalana. 

Esta situación ha provocado un reflujo en la movilización de masas, y una enorme frustración y decepción. Este es el resultado de presentar los indultos concedidos por Pedro Sánchez o la reforma del delito de sedición como lo máximo que se podía lograr en la lucha por la liberación nacional de Catalunya.

El tsunami de voto útil al PSC se alimenta también de esta profunda decepción. ERC pierde el 47% de los votos de 2019: de 874.859 a 462.883, 411.976 votantes menos. Prácticamente una de cada dos personas que les apoyó. Y es evidente que una parte de ese voto termina en el PSC o en Sumar. También Junts experimenta un retroceso muy importante, de 530.225 a 392.634, la cuarta parte de su electorado. La suma de los votos independentistas de ERC, Junts y la CUP cae de 1.652.055 votos en 2019 a 954.311 votos ahora, una caída del 42,23% obteniendo solo el 28% de los votos.

Por otro lado, otra parte nada despreciable de los votos que fueron a Esquerra, la CUP e especialmente a Junts hace 4 años ha alimentado la abstención, que en Catalunya ha sido del 36,58%, 5 puntos más que a nivel estatal (29,59%) y casi 4 puntos superior a 2019. Según un estudio publicado por la web Nació Digital, comparando la participación por municipios, allí donde suele ganar el independentismo los índices de abstención han sido mayores.

Los resultados de la CUP y las tareas de los comunistas revolucionarios 

A diferencia de lo que ocurre con EH Bildu en Euskal Herria o el BNG en Galiza, la CUP no solo no consigue recoger el malestar entre las bases de la izquierda y del independentismo sino que sufre un durísimo retroceso. Pierde 148.177 de los 246.971 votos conseguidos hace 4 años, pasando del 6,37% de apoyo al 2,80% y perdiendo sus 2 diputados en el Congreso. Se trata de uno de los peores resultados de la organización. Si bien el voto útil, en un contexto de elecciones estatales y de amenaza de la reacción tiene un peso, no basta para explicarlo todo.

Como ya ocurrió tras las municipales, estos malos resultados están siendo utilizados por los sectores más conciliadores de la CUP para plantear la necesidad de disolverse en un frente de unidad nacional con Junts y ERC, supeditándose completamente a estos y renunciando definitivamente a un programa de independencia de clase. Pero es justamente este planteamiento el que amenaza el futuro de la CUP.

A pesar de que se han negado a entrar en el Govern o a aprobar los presupuestos de la Generalitat, su respuesta a las renuncias y cesiones políticas de ERC y Junts se ha limitado a llamamientos vacíos e impotentes a sus dirigentes para que rectificaran y recuperaran el impulso de la movilización. Pero la política de Junts y ERC de enterrar la república catalana responde a una apuesta estratégica de sus dirigentes, defensores convencidos del sistema capitalista.

La CUP sólo puede cortar esta sangría y volver a reconectar con amplios sectores de su base social si recupera e impulsa la lucha en las calles, si de verdad se liga al movimiento obrero con una alternativa sindical de combate que confronte a la burocracia sindical, y disputa con todas las consecuencias la dirección del movimiento de liberación nacional a los dirigentes socialdemócratas de ERC y a la derecha catalanista de Junts. Eso pasa porque la CUP levante un programa anticapitalista, internacionalista y socialista consecuente. Es el mismo problema que enfrentaron durante las crisis revolucionarias de 2017 y 2019, cuando pudieron haber jugado un papel decisivo como dirección.

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La CUP tiene que recuperar la lucha en las calles, ligándose al movimiento obrero confrontando a la burocracia sindical, y disputando la dirección del movimiento de liberación nacional con un programa internacionalista y socialista. 

En todo caso, la decisión de presentarse a las elecciones ante la amenaza de la más negra reacción, fue totalmente correcta frente a aquellos sectores que en una muestra de izquierdismo infantil y estéril han planteado la abstención o el voto nulo. Una posición completamente ajena al marxismo y que ha sido contestada en la arena de los hechos por las masas, por millones de trabajadores y de jóvenes, plenamente consciente de qué nos jugábamos en estas elecciones.

Ninguna tregua en la lucha contra la reacción y por la republica socialista catalana

Obviamente estos resultados no son una garantía de nada. La reacción ha sido frenada, pero ha dado nuevos pasos hacia adelante quedándose tan solo a 6 escaños de la mayoría absoluta. Por eso ahora es más importante dar un paso al frente, organizarnos y recuperar las calles.

Las perspectivas del nuevo Gobierno de coalición son complicadas. Si antes la aritmética parlamentaria ya era difícil, ahora será aún peor. Una situación a la que se suma la ofensiva de un aparato del Estado cada vez más totalitario y reaccionario, y cuya primera decisión tras las elecciones ha sido reactivar la orden judicial contra Puigdemont y Comín, y la detención de Ponsatí, para forzar una repetición electoral. Una estrategia que está siendo alentada por la escuadra mediática de la reacción.

En este contexto los comunistas revolucionarios lo tenemos muy claro. La liberación nacional y la transformación de las condiciones de vida de la clase obrera y la juventud pasa por la conquista de la república socialista de Catalunya. Este es el camino para batir definitivamente la amenaza del fascismo.

¡Únete a Esquerra Revolucionària!

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