Gracias a la lucha, ¡hemos derrotado a la Justicia Patriarcal y conseguido Justicia para Paz!

Hace escasas horas conocíamos la noticia de la confirmación de la sentencia por el asesinato de Paz Fernández en febrero de 2018. Unos días después de que se celebrase la vista oral por el recurso presentado por el asesino y de la concentración que hicimos frente al TSJA exigiendo la confirmación de la sentencia, ya podemos decir alto y claro que ¡lo hemos conseguido! Hemos ganado esta batalla y la sentencia es firme: 24 años de cárcel por asesinato y 10 de libertad vigilada arrancados a golpe de movilización, presión en las calles y una enorme solidaridad en forma de miles de resoluciones de apoyo al juzgado de Gijón primero y al Tribunal Superior de Justicia de Asturias después.

La justicia patriarcal ampara al asesino y  la movilización les obliga a retroceder

Ahora resulta difícil de creer, pero cuando  a finales de  agosto  empezamos  a pegar carteles, a inundar de hojas la ciudad de Gijón, a difundir en redes las movilizaciones y recabar apoyos, tanto la fiscalía como la abogacía del Estado se negaban a reconocer que el crimen cometido contra Paz fuese un asesinato. Pretendían que pasase por un delito inferior, el de homicidio, con una pena máxima de 15 años de cárcel, degradando así la vida de Paz y de todas las mujeres asesinadas fruto de violencia machista.

Tuvimos que pelear muy duro pero lo conseguimos. Tras semanas de intensa solidaridad y movilización y cuatro días de juicio, el jurado popular emitía  por unanimidad un veredicto demoledor: el crimen cometido contra Paz había sido asesinato. En 24 horas la fiscalía y abogacía del Estado, para evitar un descrédito aún mayor, cambiaban drásticamente sus calificaciones, pasando de pedir homicidio, a asesinato. El abogado del asesino, que hasta horas antes defendía la libre absolución  y hablaba de muerte “accidental”, pasaba a pedir la pena mínima por asesinato, 20 años.

Unos días después llegaba la sentencia del juez: 24 años de cárcel y 10 de libertad vigilada por un delito de asesinato. El mismo juez que durante días sometió a la familia de Paz a una auténtica tortura, el mismo que les negó un biombo para declarar sin tener que enfrentarse cara a cara con el asesino, el mismo que amenazó en varias ocasiones a  una hermana de Paz con expulsarla del juicio por mirar a los ojos al asesino o por ayudar a su madre a salir de la sala, tuvo que dictar esta sentencia tras el contundente veredicto del jurado popular.

Asesino culpable, sistema responsable

La victoria era tremenda pero aún nos esperaba el recurso del asesino, que pretendía rebajar su condena  de asesinato a  homicidio, y escabullirse así de la pena ya impuesta.  Una burla inaceptable hacia la víctima, sus familiares y todas las vecinas y vecionos, trabajadoras y trabajadores, activistas… que con la movilización habíamos conquistado una sentencia ejemplar.  Estas son las vías legales que el sistema y esta justicia patriarcal tienen reservadas para seguir permitiendo a nuestros agresores seguir ejerciendo su violencia, arrastrando a un verdadero infierno a las familias y amigos de las víctimas cuando deciden denunciar. Los asesinos matan a sus víctimas, los agresores las agreden, pero después viene la segunda parte, los golpes y las trabas, las humillaciones, los desprecios, tener que gastarte el dinero que no tienes para defenderte judicialmente. Un martirio machista y clasista  para las víctimas, y un trato de favor hacia los verdugos.

La lucha es lo único que sirve y por eso vamos  a continuar  

El próximo  7 de marzo se cumplirán tres años desde la aparición del cuerpo sin vida de Paz.  Tres años interminables para su familia, para todos y todas las que la querían y que durante todo este tiempo han tenido que soportar, además del dolor por su pérdida, la rabia y la indignación por las toneladas de mentiras y juicios que, desde el asesino hasta diversos medios de comunicación, han volcado para criminalizar a Paz  y justificar así la sentencia irrisoria que venía de camino.

Pero no lo hemos permitido. Hemos derrotado los planes que este sistema y este aparato judicial criminal reservan a las víctimas, tal como recientemente hemos visto con la sentencia a la Manada de Manresa. Confiando en nuestras fuerzas, en las del conjunto de la clase obrera asturiana, de los vecinos y vecinas de Gijón, de todos y todas aquellas que, desde todos los rincones del estado, han enviado su solidaridad, hemos conseguido torcer el brazo de la “ley” que aplasta a la gente humilde, como Paz. Si Paz hubiese nacido en  una  acaudalada familia y no en un barrio obrero de Gijón  sabemos que las cosas hubiesen sido muy distintas y su futuro también. En este sistema el sufrimiento está reservado para las y los pobres, para las familias trabajadoras que nos levantamos día a día a trabajar o a estudiar para labrarnos un futuro que nadie nos lo va a regalar.

Durante meses nuestra voz se ha escuchado porque la hemos alzado en cada oportunidad que hemos tenido. Ni la pandemia ni nada ha podido frenarnos. Y hoy recogemos el fruto de todo ese esfuerzo, revalidando una sentencia que sienta un importante precedente. Una sentencia que es patrimonio de todas y todas las que plantamos cara al machismo y a todas las formas de opresión de este sistema, y especialmente de la familia de Paz que con su arrojo y determinación ha vencido a Goliat y nos han inspirado con su ejemplo.

Hoy es un día de celebración porque hemos revalidado una importante victoria, pero sobre todo es un día de reafirmación en la lucha y en el compromiso con acabar de una vez con el veneno machista que el capitalismo nos inocula para seguir haciendo caja con nuestra opresión.  

Desde aquí queremos volver a agradecer el apoyo a todas las organizaciones de la izquierda, sindicatos, colectivos feministas y todas las miles de personas que os habéis volcado con nosotras repartiendo hojas, megafoneando los barrios de Gijón, pegando carteles, recogiendo firmas… exigiendo justicia para Paz. Una vez más hemos comprobado que la  lucha es lo único que sirve  y por eso la vamos a continuar.

¡Nos queremos vivas, libres y combativas!

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