El vomitivo espectáculo de la “asamblea” de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) del viernes 25 de agosto, con el machista y agresor sexual Luis Rubiales escupiendo bilis y calumnias impunemente contra la víctima ha sido la gota que ha colmado el vaso.

Desafiando con una nueva tocada de cojones pública a todas las mujeres y atacando histéricamente al feminismo combativo al que llegó a calificar de "lacra", este personaje fue jaleado entre aplausos y vítores por una manada vociferante de machistas, corruptos y reaccionarios igual de despreciables que él. El espectáculo ha asqueado a millones de personas y terminado de destapar la olla podrida del fútbol profesional.

Una crisis que desnuda la putrefacción del sistema y amenaza con incendiar las calles

El caso Rubiales se ha convertido en una crisis política que pone en la picota a todos: los seleccionadores de fútbol masculino y femenino que, como fieles lacayos y machistas igual de despreciables que su jefe, no dudaron en aplaudir entusiasmados sus ataques e insultos; los 140 directivos de la Federación que le jalearon; las estructuras podridas de machismo y corrupción del deporte profesional y los propios clubs de fútbol, empezando por el de los más grandes como el Real Madrid o el Fútbol Club Barcelona y sus cínicas declaraciones echando balones fuera pero sin condenar el machismo.

La crisis actual también señala el cobarde silencio de la inmensa mayoría de entrenadores y futbolistas de los equipos de primera división, niñatos mimados enriquecidos que son la quintaesencia de ese modelo de hombre que exaltan Vox y la ultraderecha. Por no hablar de la tupida red de corruptelas y negocios que une a las mafias del fútbol con los grandes bancos y empresas, y la impunidad y complicidad de la que gozan todos ellos por parte de la justicia patriarcal, los grandes medios de comunicación y los Gobiernos del PP y PSOE.

Que Rubiales, convertido en portavoz de todos los machistas y fascistas de este país, hiciese de su discurso un aquelarre de misoginia y odio contra el feminismo combativo y más consecuente no es ninguna casualidad. Como tampoco lo es el apoyo de la derecha política y mediática.

Pero si  Rubiales y la manada del fútbol han llegado tan lejos, es porque existen otros Rubiales con toga que se dedicaron a liberar injustificadamente a decenas de violadores para atacar la conquista que representaba la Ley del Solo Si es Sí. Como ya denunciamos entonces, la campaña contra Irene Montero, que tampoco es casualidad que haya vuelto a ser blanco de los ataques de Rubiales y todos los machistas que le apoyan, tenía como objetivo cargar contra el consentimiento como eje de la lucha contra la violencia sexual, y dar un golpe al feminismo combativo.

La colaboración del PSOE, que no dudó en ceder a la presión de la derecha, fue clave para que pudiesen hacerlo. Y ahora están haciendo todo lo posible para tapar la olla podrida e intentar que toda la indignación social que existe, y que ya ha empezado a expresarse en protestas en la calle, no se transforme en una movilización masiva que acabe de verdad con el machismo y la corrupción del fútbol profesional y de la justicia patriarcal.

¿Cesar a Rubiales para que todo siga igual?

Una vez que Rubiales lanzó su brutal desafío poniendo al descubierto lo que de verdad se cuece en el fútbol profesional, y la ofensiva contra el feminismo se ha convertido en su contrario, los sectores decisivos de la clase dominante han decidido tomar cartas en el asunto y cerrar esta crisis lo más rápido posible. Y para ello están contando con la colaboración del Gobierno de Pedro Sánchez y del PSOE.

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La única forma de hacer limpieza en la pocilga machista y asestar un duro golpe a la cultura de la violación es que se vayan todos ya. Rubiales solo es la punta de un maloliente iceberg. 

La misma tarde del 25 de agosto el presidente del Consejo Superior de Deportes (CSD), Víctor Francos, que ha archivado una denuncia contra Rubiales tras otra, llamaba a “un Me Too del fútbol español” y decía que “no puede seguir en el cargo”. ¿Significa eso que el Gobierno del PSOE le cesa? ¡Qué va! Antes muertos. “Pedirán” a los jueces del Tribunal de Administración Deportiva (TAD) la inhabilitación de Rubiales por faltas contra el "decoro" deportivo.

Incluso después de que Rubiales se riera en sus caras, incumpliendo el escandaloso pacto para que dimitiese a cambio de garantizarle inmunidad, Pedro Sánchez e Iceta en lugar de ir a por él y las mafias que le apoyan, lo que pretenden es un pacto con ellas, una operación de fontanería para “controlar daños”, dejando incluso la decisión definitiva de cesar a Rubiales en manos de la justicia patriarcal, que ya sabemos cómo se las gasta. ¡Un escándalo total!

Buscando apuntalar esa reforma de fachada para que nada de lo esencial cambie y calmar el malestar social, han recurrido nada más y nada menos que a los mafiosos de la FIFA. Los gerifaltes de esa institución que organizaron el Mundial en un país que tortura, discrimina y oprime brutalmente a la mujer como Catar, son ahora los que inhabilitan por 90 días a su amiguete Rubiales. Mientras, preparan un paripé de grandes dimensiones: los seleccionadores que aplaudían a rabiar a Rubiales, hacen un comunicado para "condenarle", y aquí no ha pasado nada. ¡Se creen que somos imbéciles!

Pero el montaje no acaba aquí. La Real Federación Española de Fútbol, ya sin Rubiales pero con los mismos energúmenos machistas que se han llenado los bolsillos estos años, podrían formar una Junta Directiva de transición en el mejor estilo república bananera. ¡En lugar de irse y dimitir, se quedan todos!

Este asqueroso pacto para intentar taparlo todo solo puede merecer desprecio e indignación. La única forma de hacer limpieza en la pocilga machista y asestar un duro golpe a la cultura de la violación es que se vayan todos ya. Rubiales solo es la punta de un maloliente iceberg.

Ahora hay que llenar las calles y no aceptar estos acuerdos podridos. Todas y todos a las manifestaciones el 1 de septiembre.

¡Fuera Rubiales y la manada machista del fútbol!

¡Fuera la cultura de la violación, y la justicia patriarcal!

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