El acto de ayer martes 18 de octubre en la Feria Alternativa del libro de la Alameda fue seguido por un foro totalmente lleno de trabajadores y jóvenes, de militantes veteranos de la izquierda y de la nueva sabia que se incorpora al combate. En la introducción, Juan Ignacio expuso la vigencia de la lucha revolucionaria de los trabajadores y campesinos sin tierra entre 1931-1939 y señaló su continuidad en el momento actual, cuando la crisis del capitalismo ha provocado una nueva irrupción de la lucha de clases en todo el mundo. En el maravilloso movimiento de la juventud y la clase obrera árabe, las huelgas generales y las movilizaciones de masas que recorren todas Europa, en la lucha de los estudiantes chilenos y de los oprimidos en América Latina o el desafío de la juventud y los trabajadores estadounidenses en el corazón del Imperio, las ideas de la revolución socialista vuelven a tener un eco entre millones. Todas estas ideas, las del marxismo revolucionario, fueron respondidas con aplausos del público, identificado con una lucha, que cómo hoy, clamaba por la subversión de los oprimidos sobre los capitalistas, terratenientes y banqueros.

 M2_webEste preámbulo sirvió para evidenciar el vínculo existente entre las actuales condiciones de miseria para millones de trabajadores  y las existentes en la España de los terratenientes, banqueros y empresarios de principios del siglo XX. Sin duda fueron estas semejanzas las que imbuyeron al público de un especial  interés, no de carácter académico u anecdótico, sino de un deseo por comprender todas aquellas tareas que quedaron pendientes para ser resueltas por las actuales generaciones.

De entre el público se oyó ¡“son los chuchos”! cuando Juan Ignacio explicó cómo en un determinado momento las organizaciones obreras son corrompidas por elementos oportunistas, que terminan poniéndose al servicio de la clase dominante y que desde la dirección intentan expropiar estas organizaciones a la clase trabajadora que les ha dado vida. En otro pasaje de la charla el autor hizo referencia al papel de los mineros asturianos que en octubre de 1934 protagonizaron una insurrección revolucionaria, conocida como la Comuna Asturiana, una lucha feroz que hizo fracasar el primer intento de imponer un régimen fascista. También se hablo de la revolución social que estalló tras el levantamiento obrero que hizo fracasar el golpe de Franco: de las milicias obreras,  de la toma de tierras y fábricas, de las colectivizaciones y los organismos de poder obrero que florecieron por todo el territorio republicano que demostraron la capacidad de los oprimidos por dirigir la sociedad, prescindiendo del lastre que representa la burguesía y su Estado. ¿Cómo no compenetrarse con estos acontecimientos, cuando hace apenas cinco años en México fuimos testigos y actores de una lucha que apuntaba en la misma dirección?

Al hacer el recuento de los muertos, fusilados, desaparecidos y  exiliados por la dictadura Franquista, la comparación, la cercanía, también eran inevitables. Una de las poquísimas personas que tuvo que retirarse minutos antes de concluir la charla –que se prologó más de lo previsto- se despidió con la frente en alto y agitando el puño, mostrándonos a los que estábamos en la mesa que se retiraba del foro con pesar, ¡pero no de la lucha! Esta compañera quería demostrarnos que le apuraba el tiempo para llegar a casa -seguramente después de una extenuante jornada de trabajo- pero también le apuraba el tiempo para culminar la tarea que iniciaron nuestros hermanos; asturianos, vascos, valencianos y castellanos, extremeños y gallegos, catalanes y aragoneses, oprimidos cómo los que describió el poeta Miguel Hernández, como los que ayer escuchan, piensan, aprenden y derruirán –¡derruiremos!-  yugos y trabas, rindiendo homenaje a nuestros muertos, ¡haciendo revoluciones victoriosas!

M3_webCon esas palabras culminó Juan Ignacio Ramos su presentación, que fue precedida por un torrente de aplausos militantes. El compromiso de los asistentes con la causa de la clase obrera no se hiso esperar un solo instante, ante la invitación a adquirir el libro y apoyar la actividad de la Fundación Federico Engels. Los asistentes volcaron su apoyo decidido y aun cuando la feria ya estaba cerrando, se vendieron decenas de libros. Con infinita paciencia Paco Ignacio Taibo II y las inestimables Paloma Saiz y Marina Taibo, animaban a continuar con la venta de los materiales a pesar de que la jornada de trabajo había sido ardua. Con el apoyo de organizadores, asistentes y miembros de la Fundación Federico Engels, la presentación de Revolución Socialista y Guerra Civil fue un rotundo éxito. Éxito que estamos seguros repetiremos en nuestras siguientes presentaciones.

 

 

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