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Carta a  la redacción

Todo estudiante que pretenda realizar estudios universitarios debe superar la traumática experiencia de las Pruebas de Acceso a la Universidad, también conocida como selectividad. Pues bien, después de los nervios y el mayor esfuerzo mental de mi vida, me encuentro con que las notas que veía en la pantalla no tenían nada que ver con lo que yo esperaba.
   Lo primero que pensé fue que se trataba de un error, pero tras hablar con mis compañeros y profesores comprobé que todas las notas eran bastante similares. Entonces hice uso del recurso que ponen a disposición de los estudiantes: reclamar.
 Consiste en que o bien el mismo profesor te lo revise o bien otro lo corrija de nuevo, con el riesgo de que te baje la nota.
 El día en que salían los resultados de la reclamación, nueva sorpresa ante la pantalla. Aparentemente mis notas no habían cambiado en absoluto. Más tarde, me fijé en que la de la asignatura para la que había pedido doble corrección me había subido tres décimas, lo que subió mi nota final una décima.
 Con bastante pereza y algo de rabia, fuí al vicerrectorado para recoger la ficha con mis nuevas notas. Allí me encontré con algunos estudiantes desconcertados porque sus notas no habían cambiado. Además, por recomendación de mis padres, pedí una copia del examen en que tenía más claro que había sacado buena nota. Incluso llevé esa copia para que la viera mi profesora, quien le habría puesto un notable.
 Me planteé numerosas preguntas. ¿La situación es general o fueron errores míos? ¿Me dará la media para entrar en los estudios que quiero realizar? ¿Los corrigieron quizá con poco detenimiento o al azar? ¿Tal vez los correctores no estuvieran especializados en la materia y si no veían las palabras exactas de los criterios de corrección daban las respuestas como erróneas?
 Pero la cuestión principal es que en estas pruebas la gente se juega su futuro y sus sueños. Y, teniendo en cuenta que el número de alumnos universitarios desciende cada año, si racanean con las notas nos encontraremos con las facultades casi desiertas en unos años.


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