A poco más de dos semanas del comienzo de la campaña electoral en Madrid, desde Izquierda Revolucionaria volvemos a reiterar nuestro compromiso con un programa de clase y socialista para derrotar a la ultraderecha de Ayuso y Vox.

La necesidad de batir a la reacción es una tarea decisiva para miles de activistas y militantes de la izquierda. Pero es evidente que después de años de nula oposición parlamentaria, la única forma de acabar con las políticas de privatizaciones y recortes, que han destruido los servicios públicos madrileños llenando los bolsillos de la patronal, es volviendo a la movilización masiva y contundente en las calles.

La experiencia ya ha dejado muy claro que no se podrá derrotar a este bloque reaccionario con una estrategia política que mantenga en pie la reforma laboral y la ley Mordaza, que se subordine a las exigencias de la banca y los grandes monopolios, o criminalize las luchas feministas y reprima a la juventud.

Tampoco las migajas que caen de la mesa de los poderosos, envueltas en un escudo social incapaz de resolver los graves problemas a los que se enfrentan millones de familias trabajadoras en Madrid y en todo el Estado, son una opción.

Es hora de romper con políticas que se venden como progresistas pero que en realidad llevan a cabo la agenda de los poderes facticos y el régimen del 78. Es la hora de levantar una izquierda combativa que se base en la fuerza del movimiento obrero y la juventud y no tema decir las cosas tal como son.

El 4 de mayo desde Izquierda Revolucionaria llamamos a apoyar la candidatura de Pablo Iglesias y Unidas Podemos, pero lo hacemos de manera crítica, sin extender un cheque en blanco y apostando fuerte por construir una alternativa de lucha que rompa con la lógica del sistema y no actúe como coartada útil para un PSOE empeñado en políticas capitalistas.

Os dejamos con nuestra declaracion del pasado 17 de marzo donde se explica ampliamente nuestra posición. En los próximos días publicaremos nuevos artículos y materiales.

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Tras las vergonzosas maniobras del PSOE con Ciudadanos y el órdago lanzado por Isabel Díaz Ayuso, la decisión de Pablo Iglesias de presentarse en Madrid ha abierto una nueva perspectiva. Desde Izquierda Revolucionaria al mismo tiempo que levantamos un programa anticapitalista contra los recortes, las privatizaciones y la represión, y mantenemos nuestras críticas a la política de la dirección de Unidas Podemos, consideramos una obligación derrotar en las urnas a la ultraderecha apoyando la candidatura de Iglesias. ¡Ningún sectarismo estéril cuando lo que está en juego es tan importante!

El movimiento de Pablo Iglesias ha desatado ya un aluvión de descalificaciones salvajes. En rueda de prensa, Ayuso cargó con todo  su argumentario: “Es una persona afín al entorno de ETA, que cree en la okupación y en el boicot de la empresa, y en ataques desmedidos al Zendal, fomentando huelgas. Y, sobre todo, quemando las calles de Madrid, como hemos visto en las últimas semanas”. Orgullosa de su estilo trumpista, nos informó del cambio de eslogan para su campaña: “ya no es socialismo o libertad, sino comunismo o libertad”.

Evidentemente la candidata del PP quiere aglutinar todo el voto de la derecha conservadora y la extrema derecha, asumiendo sin complejos el discurso de Vox. Y no defrauda. Ese mismo día en una entrevista con Ana Rosa Quintana en Tele 5, preguntó a la presentadora si la habían llamado fascista. Ante la respuesta afirmativa de esta, Ayuso respondió con una gran sonrisa: “Pues estás en el lado bueno de la historia”.

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En una entrevista con Ana Rosa Quintana, preguntó a la presentadora si la habían llamado fascista. Ante la respuesta afirmativa, Ayuso respondió: “Pues estás en el lado bueno de la historia”

Así es. Que te llamen fascista es un elogio. Como hemos señalado en reiteradas ocasiones, que una mediocridad tan despreciable pueda moverse con esta arrogancia solo es posible porque la oposición de la izquierda ha sido inexistente en estos años. La paz social y la unidad nacional pregonada desde el PSOE ha extendido una alfombra roja a la derecha. Ayuso ha sido la portaestandarte de una política criminal: ostenta el terrible récord de muertos por la pandemia, de ancianos que han fallecido abandonados en los centros de mayores privatizados, ha gobernado exclusivamente para una élite empresarial que se ha llenado los bolsillos con el saqueo de los recursos públicos, los pelotazos inmobiliarios, la extrema precariedad y los bajos salarios. Y ha sido tratada con guante de seda por el PSOE, Más Madrid y UP.

Así no se derrotará a la derecha

El balance de estos años para la izquierda parlamentaria de Madrid es muy negativo. El PSOE y su actual candidato, Ángel Gabilondo, han evitado cuidadosamente pisar los callos del PP. Empeñados en apuntalar la gobernabilidad y la estabilidad, tal como exigen desde el Ibex 35, no se han cortado a la hora de proteger a la derecha en los momentos más críticos con la vana esperanza de lograr su respaldo para los “grandes pactos de Estado”.

Fue Pedro Sánchez en persona quien se reunió con Ayuso a finales de septiembre, un día después del levantamiento de los barrios obreros contra el confinamiento, y se retrató con ella para trasmitirle su apoyo delante de decenas de banderas españolas. En este periodo el PSOE ha puesto toda la carne en el asador para evitar ninguna moción de censura, ¡ni siquiera ha querido pedir su dimisión!, mirando permanentemente a otro lado, no fuera a ser que una movilización contra la presidenta de la Comunidad de Madrid derivara también en una crítica a la gestión del Gobierno de coalición.

Ayuso se ha movido como pez en el agua. Su ofensiva privatizadora no ha encontrado ningún obstáculo salvo la movilización desde abajo. Esa es la verdad. El Gobierno PSOE-UP ha consentido todos sus desaguisados, y lo ha hecho porque la política económica del Consejo de Ministros, pilotada por Nadia Calviño, representante directa del poder financiero y de la patronal, sintoniza con el discurso neoliberal de Ayuso y los empresarios madrileños que la rodean.

La otra izquierda parlamentaria, representada por Más Madrid y Unidas Podemos, no se ha diferenciado en lo esencial del guión marcado por el PSOE. No es este el espacio para analizar la ruptura de Podemos en la comunidad madrileña, semejante a la ocurrida en otros territorios. Pero sí podemos decir que el abandono de la movilización social, de la confrontación con el poder económico, y la aceptación de la lógica del mercado, que fueron las señas de identidad del Ayuntamiento encabezado por Manuela Carmena, supusieron un enorme fiasco y una gran decepción.

La fisonomía de los barrios obreros duramente golpeados por la falta de servicios sociales, el encarecimiento de la vivienda y los alquileres, la destrucción de la sanidad y la educación públicas, no fue objeto de atención por Más Madrid, que siguió consintiendo esta situación y permitió miles de desahucios y operaciones especulativas de traca como la de Chamartín.

La decisión de Pablo Iglesias y sus efectos

La decisión de Iglesias de renunciar a la vicepresidencia del Gobierno y dar la batalla a la ultraderecha encabezada por Ayuso y Vox ha despertado un entusiasmo evidente entre decenas de miles de activistas y militantes de la izquierda. Ha sido un golpe inesperado para la derecha, y también para el PSOE. Muchos lo han visto como un acto de coraje y determinación. La idea de que todavía hay partido se ha abierto paso en las últimas horas.

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La decisión de Iglesias de renunciar a la vicepresidencia y dar la batalla a la ultraderecha encabezada por Ayuso y Vox ha despertado entusiasmo entre decenas de miles de activistas y militantes de la izquierda.

Pero evidentemente, este movimiento, a pesar de su audacia, no puede borrar los errores que se han cometido. Iglesias es percibido por un amplio sector de la clase obrera y la juventud como el mejor dirigente de la izquierda en mucho tiempo. Ello no evita que una parte considerable de su crédito y autoridad quede comprometido por el abandono evidente de las señas de identidad con las que nació Podemos, y la desmovilización social en beneficio del trabajo institucional que copa un aparato cada vez más burocratizado.

Su visión fue desde el principio gobernar junto a Pedro Sánchez. Y es evidente que esta fórmula era rechazada por la burguesía y el poder económico y mediático. La clase dominante ha hecho todo lo posible por imponer otras opciones, especialmente una coalición entre el PSOE y Ciudadanos, defendida durante muchos meses por Sánchez y el motivo por el que convocó unas segundas elecciones en noviembre de 2019.

Iglesias ha argumentado hasta la saciedad que con su presencia en el Gobierno arrastrarían al PSOE hacia la izquierda. Pero esta idea, que se ha convertido en un clavo ardiendo al que se han agarrado muchos activistas, ha sido desmentida por los hechos. Precisamente las constantes discrepancias públicas de Pablo Iglesias en todos los terrenos son la confesión de esta realidad.

Pedro Sánchez ha incumplido prácticamente en su totalidad el acuerdo de Gobierno. No ha derogado la reforma laboral, ni la ley Mordaza. No ha movido un dedo para evitar la represión del aparato judicial contra el movimiento de liberación nacional en Catalunya, y, por supuesto, ha mantenido en la cárcel a los presos políticos. Como pilar del régimen del 78 se ha negado sistemáticamente a esclarecer la corrupción de la monarquía, votando junto al PP, Cs y Vox en el Parlamento para bloquear cualquier comisión de investigación.

El PSOE se ha negado a revertir los recortes y la austeridad, y ha regado con cientos de miles de millones de euros a la banca y las multinacionales. Ha rechazado como una afrenta cualquier política de nacionalizaciones y, lejos de poner límites a la especulación inmobiliaria, se quiere basar en ella para alentar la “recuperación” económica. No quiere poner límites a los precios abusivos de los alquileres,  ese “bien de mercado”, y se niega a prohibir por ley los desahucios. Y en cuanto a frenar a los fascistas y depurar un aparato del Estado infectado de ellos, como se ha comprobado con los escandalosos  manifiestos y mensajes de WhatsApp golpistas de los militares, prefiere criminalizar la lucha de la juventud y del movimiento feminista.

Esta es la verdad. Pablo Iglesias lo ha podido comprobar, seguro. Por eso, la crítica lanzada en declaraciones públicas o entrevistas no es suficiente. Si estás en el Consejo de Ministros legitimando sus decisiones, no puedes estar en la oposición de izquierdas movilizando a los trabajadores y la juventud, que es precisamente lo que pretende evitar la socialdemocracia y la burguesía. Eso es lo que ha ocurrido en Madrid durante demasiado tiempo y de lo que se ha aprovechado a fondo la derecha.

El día en que Pablo Iglesias presentó su candidatura grabó un vídeo en el que dijo algunas verdades: “La democracia está amenazada por una nueva derecha trumpista impulsada por los poderes económicos y mediáticos (…) Madrid está en estos momentos ante un enorme riesgo, que es también para toda España, de que haya un Gobierno de ultraderecha con Ayuso y con Vox (…) Hay que impedir que estos delincuentes, que estos criminales que reivindican la dictadura, que hacen apología del terrorismo de Estado, que promueven la violencia contra los migrantes, contra los homosexuales y contra las feministas, que cuando unos militares hablan de fusilar a 26 millones de rojos dicen que son su gente, puedan tener todo el poder en Madrid con lo que eso implica para el resto del país (…) A la derecha no se la frena con partidos de tránsfugas, sino con una candidatura fuerte y con carácter”.

Es indudable que, cuando quiere, el dirigente de Unidas Podemos sabe utilizar un lenguaje que moviliza y conecta con aspiraciones profundas. Pero las palabras deben ser acompañadas por hechos. Y, en los hechos, las carencias políticas de UP han sido importantes, hasta el punto de seguir atado al carro del PSOE cubriendo su flanco izquierdo, y haciendo pasar por progresistas políticas que no lo son. Cuando no los necesiten los expulsarán del Gobierno sin mayor miramiento.

Iglesias ha decidido bajar a la arena y dar la batalla a Ayuso y a Vox. ¿Es un error? Por supuesto que no. Pero la cuestión es que al fascismo y la ultraderecha no se los combate solo con consignas, sino con un programa de clase, socialista y revolucionario. Si Unidas Podemos sigue legitimando la estrategia de la socialdemocracia en el Gobierno, si no lidera una oposición decidida que agrupe a la clase obrera y a la juventud para dar la batalla contra el desempleo, los recortes sociales y las privatizaciones, y piensa que con algunas migajas puede contener el enorme descontento social, será arrollada por los acontecimientos.

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Iglesias ha decidido bajar a la arena y dar la batalla a Ayuso y a Vox. ¿Es un error? Por supuesto que no. Pero la cuestión es que al fascismo y la ultraderecha no se los combate solo con consignas

Competir por la presidencia en Madrid ofrece también una palanca para que Podemos salga de la penosa situación en que se encuentra en esta comunidad. Pero esto jamás ocurrirá constriñendo su política al corsé del cretinismo parlamentario. La lucha de clases está preparando nuevas explosiones sociales, la polarización extrema es un síntoma de la gravedad de la crisis capitalista. Esta campaña puede ser un revulsivo si se imprime una fuerte movilización en los barrios obreros, y se recupera un programa de lucha contra la derecha, el fascismo y el régimen del 78.

Errejón y el papel de Más Madrid

La decisión de Más Madrid de rechazar una candidatura unitaria con Unidas Podemos, muestra hasta qué punto la organización encabezada por Íñigo Errejón tiene una visión mezquina y burocrática. Su candidata, Mónica García, ha argumentado que “las mujeres estamos cansadas de hacer el trabajo sucio para que en los momentos históricos nos pidan que nos apartemos”. Se quiere disimular con una apelación lamentable al feminismo, lo que no es más que una burla a cientos de miles de trabajadores y jóvenes que quieren una candidatura unitaria para derrotar a la extrema derecha. Parece diseñada por Ferraz.

Más Madrid pretende ignorar que la Comunidad ha tenido presidentas durante muchos años. Esperanza Aguirre, Cristina Cifuentes e Isabel Ayuso son mujeres, y también reaccionarias y franquistas, así como defensoras del gran capital, la homofobia y el machismo. No es una cuestión de género, es una cuestión de clase y de ideología.

Íñigo Errejón y Mónica García se han convertido en los nuevos héroes de todos aquellos que quieren evitar la derrota de la reacción. En un editorial titulado "La batalla capital de Madrid", El País nos explica: "La candidatura con voz propia de Mónica García como cabeza de lista de Más Madrid puede contribuir a abrir el foco en campaña a los asuntos concretos de la Comunidad y que el choque ultraideologizado sea menos dominante. Más Madrid es una plataforma política que ha hecho una labor apreciable en el Ayuntamiento y en la Asamblea ejerciendo una oposición constante y pertinaz en una región en las que las condiciones de manejo de la pandemia son especialmente complejas. Son esos asuntos, y no otros de corte abstracto, los que deberían ser objeto de discusión durante la campaña".

El País, portavoz cualificado de la burguesía, está a tope en la campaña contra Pablo Iglesias y, al igual que muchos otros medios de derechas, elogia la labor de Más Madrid. Esto no es casualidad.

Por ejemplo, su portavoz en el Ayuntamiento, Rita Maestre, el 17 de abril de 2020 en el pico de la pandemia y de la gestión criminal del Gobierno del PP en Madrid, declaró en el pleno: “Partimos de la confianza de que el alcalde está comprometido con reducir el dolor de la ciudad. Apoyaremos de forma total vuestras medidas porque confiamos en que queréis hacer lo mejor para vuestra ciudad”. Inmediatamente, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, visiblemente emocionado, le respondió desde la tribuna: “Agradezco el tono de la señora Maestre. Nos separan antípodas ideológicas pero nos acerca la humanidad. Tenemos un objetivo común”. Y la portavoz de Más Madrid concluyó: “Creo que es bueno que este pleno no se parezca al Congreso. Esto tiene que ver con el talante de su Gobierno y de la oposición. Es un buen ejemplo para Madrid, ya que debemos estar a la altura de lo que ha hecho Madrid este último mes”. [1]En fin, sobran los comentarios.

Derrotar a Ayuso y Vox es una obligación para la izquierda que se reclama marxista y revolucionaria

La convocatoria del 4 de mayo ya se ha convertido en mucho más que unas simples elecciones autonómicas. Lo que ocurra ese día marcará la política del próximo periodo. Los marxistas revolucionarios no permaneceremos al margen. Vamos a participar decidida y activamente, apoyando la candidatura de Pablo Iglesias con un programa de clase, socialista y antifascista.

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La convocatoria del 4 de mayo ya se ha convertido en más que unas elecciones autonómicas. Lo que ocurra ese día marcará la política del próximo periodo. Los marxistas revolucionarios no permaneceremos al margen.

Por supuesto, apoyar esta candidatura, y hacerlo con nuestro programa, no supone que avalemos las políticas y estrategia de UP. Es algo evidente. Permanecer al margen o, peor todavía, hacer campaña contra UP y Pablo Iglesias en el momento en que es posible evitar el triunfo de Ayuso y de Vox, es un ejercicio ultraizquierdista completamente estúpido y estéril.

León Trotsky tuvo que explicar en muchas ocasiones la diferencia fundamental entre el marxismo y el sectarismo. Lo hizo en los años treinta, cuando combatió a los estalinistas que, con su teoría del “socialfascismo”, se negaron a desplegar la táctica del frente único con la socialdemocracia y llevar a los obreros alemanes a un bloque defensivo capaz de derrotar a Hitler. En aquellas circunstancias, que no podemos desarrollar en este artículo, Trotsky fue acusado por los estalinistas de capitular ante el reformismo.

También muchos sectarios, incluidos un buen número que provenían de sus propias filas, lo acusaron igualmente cuando animó a sus partidarios a trabajar en las organizaciones socialistas y obreras que giraban a la izquierda como consecuencia del avance del fascismo, con el objetivo de ganar a sectores importantes de sus militantes al programa marxista. Es el mismo tipo de ataques sectarios que recibieron Marx, Engels, Lenin y Rosa Luxemburgo por intervenir en la lucha de clases real, y construir el partido revolucionario allí donde la clase obrera se expresa.

“El marxismo —escribe Trotsky— descubrió las leyes que gobiernan a la sociedad capitalista y elaboró un programa científico basado en las mismas. ¡Es una conquista colosal! Sin embargo, no basta elaborar un programa correcto. Es necesario que la clase obrera lo acepte. Pero el sectario, por su propia naturaleza, se detiene una vez cumplida la primera mitad de la tarea. En lugar de participar activamente en la verdadera lucha de las masas obreras, plantea abstracciones propagandísticas tomadas de un programa marxista. Para el sectario, la vida social es una gran escuela y él su profesor. Opina que la clase obrera debería dejar de lado las cuestiones de poca importancia y agruparse alrededor de su tribuna profesoral…”.[2]

Los militantes de Izquierda Revolucionaria estamos curados del virus del sectarismo, siempre acompañado de otro igual de pernicioso: el oportunismo. En la batalla de Madrid ocuparemos nuestra posición de combate dejando claro que es la hora de actuar con audacia y decisión, de sintonizar con lo que la clase obrera y la juventud necesitan.

Hay que construir una izquierda que no tenga miedo a plantar cara al sistema y a la reacción, que se apoye en la movilización masiva, que abogue por la nacionalización de la banca y de los sectores estratégicos para blindar la sanidad, la educación y los servicios públicos esenciales, para luchar contra el paro con un subsidio de desempleo de 1.200 euros mensuales financiados con impuestos a los ricos, y por el derecho a una vivienda pública digna, prohibiendo los desahucios y expropiando los millones de casas en manos de los bancos y fondos buitres.

Una izquierda que sea capaz de tumbar el régimen del 78 y conquistar la república socialista. Esta es la tarea fundamental.

 

[1]Rita Maestre emociona a Almeida con sus palabras

[2] Sectarismo, centrismo y la Cuarta Internacional, 22 de octubre de 1935

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