Solo el pueblo salva al pueblo
El pasado 29 de octubre, una riada devastadora arrasó 75 municipios de la provincia de València, con especial virulencia en la comarca de L´Horta Sud. Más de 100.000 viviendas quedaron dañadas y al menos 227 personas perdieron la vida. Pero estas muertes eran evitables: muchas vidas podrían haberse salvado si hubieran sido advertidas de que una riada de enorme magnitud se aproximaba a sus localidades y si se hubieran tomado las medidas de seguridad oportunas.
Porque lo que sufrimos no fue solo un evento climático extremo, sino una gestión absolutamente negligente y criminal. Mazón y su Gobierno, abandonaron a la población durante la mayor catástrofe hidrológica de la zona.
El nada honorable presidente Mazón, que estuvo ilocalizable y ausente de su puesto mientras la gente se ahogaba, había suprimido un año antes la Unidad Valenciana de Emergencias por considerarla un “chiringuito innecesario”.
El resto de su equipo de gobierno, bloqueado e incapaz de activar el operativo de emergencia. Estos canallas ineptos solo fueron capaces de mandar un aviso por fuertes lluvias cuando la gente ya estaba con el agua al cuello.
Mientras tanto, las grandes empresas obligaban a sus trabajadores a permanecer en sus puestos de trabajo, poniendo sus vidas en peligro por no perder una jornada de beneficios. Este es el capitalismo más despiadado: el lucro por encima de la vida.
Pero, frente a la inacción gubernamental, emergió de entre el barro la dignidad de un pueblo, la solidaridad revolucionaria de miles de personas que llegaron desde todos los puntos del Estado español. La juventud convocada por el Sindicato de Estudiantes, y la clase trabajadora local y migrante, acudieron inmediatamente a la llamada de auxilio de sus vecinos y vecinas, para colaborar incansablemente en las labores de rescate, de limpieza, de búsqueda de desaparecidos, de reparto de comida y agua potable, de reparto de medicamentos y enseres, en todo lo que hacía falta en medio de una situación absolutamente desastrosa y aterradora.
Posteriormente Mazón sí se preocupó de aprobar en pleno extraordinario una subida salarial para consejeros autonómicos y de poner al alto mando militar Gan Pampols al frente de la reconstrucción.
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Cuatro meses después, en las zonas afectadas, los vecinos siguen enfrentando graves problemas, como una burocracia lenta y tediosa que hace que la mayoría todavía no haya recibido las indemnizaciones o ayudas económicas correspondientes, personas con movilidad reducida que continúan sin poder salir a la calle porque los ascensores no se han reparado, familias con menores que siguen viviendo en casas en condiciones insalubres sin alternativa habitacional y una población traumatizada cuya salud mental tampoco ha sido atendida.
Y toda esta rabia que sentíamos, esa fuerza que nos dio mirar a los ojos a nuestros vecinos y reconocernos como parte de un mismo pueblo, abandonado por sus instituciones, se está transformando en organización civil y ha dado lugar a la creación de los Comités Locales de Emergencia y Reconstrucción.
En cada municipio afectado, han surgido estos espacios donde ya no se espera a los dirigentes políticos, donde los vecinos y vecinas quieren tomar las decisiones sobre cómo llevar a cabo la reconstrucción del territorio, decisiones que tendrán un impacto directo sobre sus vidas y sobre su futuro y por eso quieren hacer uso de la soberanía popular, para que ningún teniente general decida por ellos cómo reconstruir sus pueblos, sus casas y sus espacios públicos, para que nadie quede atrás.
Un Gobierno contra el pueblo
Mazón no solo estuvo ausente el 29 de octubre, cuando la DANA golpeó con toda su fuerza, sino que ha convertido la reconstrucción en un festín para empresas vinculadas a la corrupción. Adjudicaciones millonarias a compañías condenadas en los casos Taula, Gürtel y Azud, contratos a dedo para su círculo cercano y una reforma salarial que beneficia a los altos cargos de su Consell. Mientras los valencianos exigen su dimisión en las calles, el president sigue con su política de saqueo institucional.
La DANA dejó claro que este Gobierno sirve a los empresarios y da la espalda a los trabajadores. Pero no ha sido su único ataque:
➡️ Mazón quiere erradicar el valenciano de la educación pública. Su ley de “Libertad Educativa” no es más que un asalto contra nuestra identidad y cultura, dividiendo a los alumnos en función de la lengua y arrinconando el valenciano para beneficiar los intereses de la derecha españolista.
➡️ Ha subido el sueldo de los consejeros y altos cargos mientras las ayudas por la DANA siguen sin llegar. La burocracia asfixia a los damnificados, pero los políticos del PP y Vox se reparten subidas salariales.
➡️Adjudicando contratos millonarios para la reconstrucción de la DANA a empresas vinculadas a tramas corruptas, como la Gürtel. Mientras las víctimas siguen sin recibir las ayudas prometidas, el Gobierno de Mazón ha destinado 75 millones de euros a empresas como Pavasal S.A., vinculada a casos de corrupción, que ha recibido contratos por 5,7 millones de euros. Además, la Sociedad de Agricultores de la Vega ha obtenido contratos por 9,5 millones de euros, y FCC Aqualia S.A., filial de Fomento de Construcciones y Contratas, ha sido beneficiada con contratos de 7,4 millones de euros.
➡️ Privatiza servicios públicos para engordar a las grandes empresas. La sanidad, la educación y la vivienda están en peligro bajo este Gobierno que vende nuestros derechos al mejor postor.
Mientras los trabajadores luchamos por sobrevivir, esta mafia política gobierna para llenarse los bolsillos.
Huelga general: la clase obrera debe tomar la iniciativa
La historia nos ha enseñado que cuando la clase trabajadora se pone en pie, los Gobiernos tiemblan. No basta con protestas, esta gentuza indecente no tiene vergüenza: necesitamos una HUELGA GENERAL para tumbar a Mazón y su Gobierno de criminales.
Nos han acostumbrado a protestar dentro de los límites marcados por quienes nos gobiernan, a manifestarnos los sábados y a resignarnos los lunes. Pero cuando los derechos son pisoteados, cuando la corrupción se lleva por delante nuestras vidas y el futuro de nuestras comunidades, la huelga se convierte en una necesidad. La pasividad es lo que ellos esperan: ¡la organización y la acción colectiva es lo que temen!
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Si no recuperamos la huelga como un arma legítima y efectiva, seguirán gobernando con total impunidad. No podemos permitir que la rabia se quede en el desahogo de las redes sociales o en protestas que el poder puede ignorar sin consecuencias. Hay que golpear donde más les duele: parando la producción, bloqueando sus beneficios, demostrando que, sin nosotros, sin nosotras, nada funciona.
Una huelga total, de estudiantes, de trabajadores, de todos los sectores, que paralice el País Valencià y demuestre que sin nosotros no se mueve ni un engranaje.
Porque somos la mayoría. Porque somos los que producimos la riqueza. Y porque somos los únicos capaces de construir una sociedad justa.
¡Hagamos caer a Mazón con la fuerza de la clase obrera organizada!
¡HUELGA GENERAL YA!