El pasado 7 de agosto, el movimiento 15-M en Málaga trasladaba una reunión de su asamblea a la puerta del Centro de Internamiento para Extranjeros (CIE) en un intento de llamar la atención sobre la terrible situación en la que viven, a la espera de ser deportados, decenas de personas retenidas como delincuentes por la única razón de no haber recibido el permiso de residencia por parte del Estado español.

El 15-M en Málaga ha estado muy sensibilizado con la situación en la que miles de trabajadores inmigrantes viven y trabajan en la provincia. La asamblea se dotó ya hace tiempo de una comisión de inmigración que junto a otros colectivos, como la Coordinadora de Inmigrantes de Málaga, se han marcado como uno de sus objetivos prioritarios el cierre de los CIE, auténticas cárceles encubiertas. El caso del CIE de Málaga es especialmente sangrante, y ha sido denunciado en infinidad de ocasiones por sus condiciones de hacinamiento, insalubridad y los abusos y violaciones de derechos que sufren sus internos. Y no sólo está denunciado por los colectivos y organizaciones sociales, sino que incluso el Defensor del Pueblo andaluz y hasta el Parlamento Europeo han exigido su cierre por todos estos motivos.

Huyendo de la miseria y la persecución política

Muchos compañeros que participamos en la asamblea del 15-M defendemos que la prioridad tiene que ser vincularnos a luchas amplias y más masivas, uniéndonos al movimiento obrero para extender la movilización a las empresas y centros de trabajo y convocar en la medida de nuestras posibilidades acciones y manifestaciones de masas. Cuando varios amigos del ciudadano argelino Sid Hamed Bouziane vinieron a nuestra asamblea pidiendo ayuda desesperada, de una forma unánime se decidió intervenir. Independientemente de que se trate de un caso individual, condensaba de por sí toda la problemática de miles de trabajadores inmigrantes.
Bouziane, se vio obligado a huir de una situación política y económica dramática en su país, llevaba tres años en el Estado español trabajando y había rehecho su vida, incluso había planificado casarse con su compañera en los próximos meses. El único problema, que el Estado aún no había regularizado su situación, y como miles de trabajadores inmigrantes, vivía con el terror de ser detenido y deportado a su país. Este es un buen negocio para los empresarios, que se basan en el miedo de este colectivo de trabajadores para mantener sus condiciones laborales totalmente devaluadas, pagando auténticas miserias por jornadas extenuantes, sin asegurar y sin ningún tipo de derecho sindical. Mano de obra semiesclava basada en una situación de irregularidad consentida y provocada por el propio sistema capitalista. En el caso de Bouziane, además, la deportación significaba una condena a muerte por la situación de persecución política que había sufrido en el pasado.

Represión al 15-M en las puertas del CIE

Que el 15-M haga bandera de esta causa es muy inconveniente para los empresarios, el aparato del Estado y todos los que se lucran de mantener en esta terrible situación a miles de trabajadores. Solo así se explica la reacción que la policía tuvo cuando la asamblea llegó a las puertas del CIE y pacíficamente comenzó a debatir sobre la inmigración, el caso de Bouziane y las acciones a tomar. Pasados unos minutos, un desproporcionado dispositivo policial arremetió en varias cargas contra nosotros, dejando un saldo de nueve heridos de los cuales varios tuvieron que ser trasladados al hospital.
Es lo normal. Debatir sobre democracia en abstracto se puede consentir, poner en duda los beneficios de miles de empresarios andaluces que se lucran del miedo, poniendo encima de la mesa a las claras los mecanismos del Estado para perpetuar ese miedo, es inadmisible. Pero el 15-M no es un grupo de jóvenes debatiendo en las plazas sobre democracia en abstracto. Como se ha demostrado una y otra vez durante los últimos meses, esta explosión de conciencia, de lucha y de participación va mucho más allá. Con la represión, consiguieron todo lo contrario de lo que pretendían, e igual que en la Puerta del Sol, un movimiento de solidaridad, simpatía y apoyo redobló las fuerzas del 15-M, que decidió acampar frente al CIE, hasta que Bouziane fuera liberado. A la desesperada, volvieron a intentar el desalojo forzoso de la acampada deteniendo a cuatro compañeros, que no tuvieron más remedio que liberar a las pocas horas, haciendo crecer más aún la repercusión, la indignación y el apoyo a la causa de Bouziane, que ya era la causa del 15-M y de la lucha por la dignidad de todos los trabajadores inmigrantes.
Una vez más se demuestra que la lucha colectiva, la participación y la organización dota a la clase trabajadora y a la juventud realmente de la fuerza para cambiar las cosas. En una sorprendente decisión sin precedentes, aterrados por la repercusión y las consecuencias que empezaba a tener la lucha, sectores del aparato del estado retrocedían con el rabo entre las piernas. El 18 de agosto, a las 18:30 horas el ciudadano argelino Sid Hamed Bouziane, proscrito durante tres años, detenido y encarcelado por ser “ilegal”, salía por la puerta del CIE en libertad, arropado por centenares de personas que celebrábamos la victoria como un símbolo de fuerza, de determinación y de reafirmación en la lucha.


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