Los días 28 y 29 de enero se celebró en Santiago de Compostela, la XIII Asemblea Nacional del Bloque Nacionalista Galego. El sector que hasta ahora ostentaba la dirección de la organización ha vuelto a salir vencedora, con 2.338 votos de afiliados, a pesar del avance de la corriente más a la derecha, que logra 2.043 votos.

La asamblea se realizaba en un momento de importantes tensiones dentro de la organización, que volvieron a evidenciarse tras los resultados de la últimas elecciones generales del 20 de noviembre de 2011. En estas elecciones el descalabro del PSOE no pudo ser aprovechado por el BNG. En Galiza el PSOE perdió 292.859 votos, y el BNG 28.506 votos. Es decir, que pese a que un gran número de votantes de PSOE decidió no votar a su partido habitual, no consideraron al BNG como una alternativa. Mientras que el BNG retrocedía, IU, que no tenía posibilidad de alcanzar representación parlamentaria aumentaba en 42.398 votos.

Una década de retrocesos

El BNG ha sido la organización que la mayoría de los trabajadores y jóvenes gallegos consideraban más a la izquierda del orbe político gallego. Esta reputación se la ganó en diferentes luchas en la calle en defensa de la lengua gallega, de los servicios públicos y diferentes luchas obreras. Pero tras años de éxitos electorales, ha registrado una tendencia a la baja en el número de votos constante durante los últimos diez años, tanto en la elecciones autonómicas, estatales como municipales. Esto ha sido así producto del progresivo abandono de la política combativa y su discurso de izquierda, por lo que muchos de sus votantes lo han acabado viendo como un partido institucional más.
A la asamblea presentaban candidatura las siguientes organizaciones: Unión do Povo Galego (UPG), que se declara nacionalista y comunista y que ostenta la actual dirección, Encontro Irmandiño que está abanderado por el dirigente histórico Xose Manuel Beiras, Mais Galiza, la corriente más a la derecha y una fuerza minoritaria llamada Movemento Galego ao Socialismo, que correctamente afirma que el retroceso del Bloque se debe a su giro a la derecha y exige un giro a la izquierda. Sin embargo, esta corriente no plantea la necesidad de expropiar a los capitalistas y luchar por el socialismo, sino que se limita a afirmar la necesidad de un modelo económico a favor de la mayoría, y “una sociedad más justa” en abstracto.
Continuismo

La corriente que volvió a resultar vencedora, la UPG, presentó una tesis poco crítica con el pasado. Las propuestas fundamentales se basaron en la reiteración de los mismos postulados que venían defendiendo hasta ahora: reforma del modelo autonómico para conseguir una mayor soberanía nacional, más autogobierno, blindaje competencial, un nuevo modelo territorial, y una defensa muy escueta y superficial de mayor gasto social para la defensa de los servicios públicos gallegos.
Encontro Irmandiño y Mais Galiza decidieron pocos días antes de la asamblea presentar una candidatura conjunta. En la práctica, pretenden una ruptura con el pasado de la organización con un giro a la derecha y un enfoque hacia una no definida “mayoría social”; una ampliación de su base electoral sin importar si esta viene por la izquierda o la derecha. En sus tesis podemos leer que el BNG “debe acompasar mejor el discurso y la acción política” ya que existe “una frustración por parte de la militancia de que nuestras proclamas eran irrealizables”, es decir, que es necesaria una ruptura con las ideas socialistas que el BNG tiene desde sus orígenes. Continúan afirmando que “no se puede dejar la definición de su política”, “en manos de organizaciones sectoriales...” en una clara referencia sin nombrarla, a la CIG, el sindicato gallego muy vinculado al BNG y a sus bases.

¿Y ahora?

Años de abandono de una política combativa en la calle y su sustitución por la política estrictamente institucional y reformista, ha desmoralizado al sector más combativo y militante del Bloque y fortalecido a la derecha de la organización. La posibilidad de una escisión sigue presente. Si bien la derecha no ha logrado hacerse con la máxima dirección del BNG, la línea política del Bloque va a continuar la misma senda que provocó el divorcio con sus bases. Si no hay un cambio de rumbo, el desapego de la clase trabajadora con el Bloque va a continuar.
La crisis económica ha afectado seriamente a la clase obrera gallega y muchos jóvenes y trabajadores se están cuestionando el sistema capitalista. Si el BNG se dotase de un programa claramente socialista, que defendiese la expropiación de los capitalistas, empezando por todas aquellas empresas que se declaran en quiebra —astilleros de Vigo, para empezar— y organizase la resistencia a todos los planes de recorte de la Xunta y el Gobierno central, volvería a entusiasmar a las decenas de miles que se han visto desilusionados en los últimos años. Las condiciones objetivas para que ese programa conectase con la juventud y la clase obrera son las mejores en décadas.

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