Tras el apoyo a la investidura de Javier Fernández por parte de IU y UPyD, finalmente el PSOE gobernará en solitario ya que los militantes de IU rechazaron en referéndum el acuerdo de gobierno negociado por la dirección de ambas organizaciones. En los principales núcleos obreros, como Gijón, Avilés, Mieres o Langreo, el no a la participación en el gobierno fue masivo. El sí ganó en núcleos más rurales, como Castrillón, Grao o, de forma muy destacada, en Cangas del Narcea, donde obtuvo el 100% de los votos.

El resultado del referéndum choca directamente con la decisión adoptada por su Consejo Político (que por una amplia mayoría se manifestó a favor de participar en el gobierno) y tendrá como consecuencia la renuncia del actual coordinador general, Jesús Iglesias, a presentarse de nuevo para este puesto. El argumento dado por la dirección de IU sobre que la entrada al gobierno serviría para “condicionar la política del PSOE, en líneas de izquierda” no ha convencido a las bases. Sin duda, la reciente experiencia en el gobierno andaluz, donde IU se ha implicado en los recortes desde el primer día, ha contribuido justo a fortalecer la idea contraria: entrar en el gobierno aceptando la política de “austeridad” impuesta por el gobierno del PP, llevaría a IU a posicionarse en contra de su programa y de su base social de forma inmediata.
Porque esto es precisamente lo que pretende hacer el nuevo gobierno asturiano. Javier Fernández, presidente del Principado, ya dejó claro en el discurso de investidura que presidirá “un gobierno austero que aprobará recortes y ajustes, no habrá áreas exentas”. Escudándose en la necesidad de cumplir la ley de estabilidad presupuestaria, deja muy claras cuáles serán las relaciones del Principado con el Gobierno central: “No convertiremos Asturias en un ariete, en la comunidad que desafíe al gobierno central. Seremos coherentes con nuestra trayectoria: colaboración leal. Cooperación y lealtad siempre: cuando sea necesario, energía en la defensa de Asturias”.
Pero, ¿qué significa la cooperación y la lealtad respecto al gobierno central, en manos de la derecha? Ni más ni menos que aplicar recortes en los servicios públicos, desmantelar empresas públicas, empeorar las condiciones laborales y despedir trabajadores. La abstracta “defensa de Asturias” se conreta en la práctica en asumir un recorte de  616 millones de euros adicionales de los presupuestos asturianos.
Desoyendo el sentir de su base social, el PSOE opta por tratar de “gestionar” los recortes de forma que hagan el “menor daño posible” pues “la orientación progresista y socialdemócrata de mi gobierno será inequívoca”. Pero no es posible hacer políticas progresistas y pretender a la vez cumplir con los salvajes objetivos de recorte de gasto público de la derecha. No se puede cuadrar el círculo, como demuestra la reciente experiencia en Andalucía.

Un gobierno débil

De hecho, el gobierno ya ha recibido el primer aviso en vísperas de la investidura, coincidiendo con la huelga general educativa el 22 de mayo, cuando cientos de personas nos concentramos ante la sede del parlamento regional para exigirle que no recorte ni un euro a la educación pública. Esa reivindicación se convirtió en el clamor de decenas de miles de jóvenes y trabajadores en la multitudinaria manifestación que tuvo lugar esa tarde.
Así las cosas, el gobierno asturiano se encontrará desde el primer momento en una posición de gran debilidad para acometer medidas que supongan un ataque a los trabajadores y a la mayoría de la sociedad en general. En principio, ahora que IU no estará en el gobierno, el PSOE no podrá sacar adelante ninguna medida de este tipo si no es apoyándose en la derecha (Foro, PP o UPyD), lo que sin duda aumentará las contradicciones y los conflictos internos en el propio Partido Socialista. En todo caso, el compromiso de Javier Fernández con la política de ajustes supondrá un nuevo descrédito para el PSOE, que está demostrando la inutilidad de las políticas socialdemócratas para hacer frente a los ataques que padecemos los trabajadores.
Por otro lado, ahora que las bases han situado a IU fuera del gobierno, ésta tiene una gran oportunidad para desarrollarse a condición de plantear una auténtica política revolucionaria, que no sólo rechace los recortes, sino que ofrezca una alternativa al fracaso del sistema capitalista. La defensa de un programa de este tipo, el apoyo a las medidas progresistas que pueda plantear el gobierno y el rechazo a las que sean lesivas, y la lucha en la calle, codo a codo con los trabajadores y jóvenes será un poderoso atractivo para miles de trabajadores que buscan una alternativa a la izquierda del PSOE.


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