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¡Tenemos la fuerza para impedir los recortes y los despidos!

¡Huelga general de 48 horas ya!

Después de cinco años de demagogia, mentiras y engaños, las perspectivas para la economía mundial, para Europa y para el Estado español no pueden ser más negativas e inciertas. Aunque para ser más exactos y concretos (la verdad siempre es concreta), habría que distinguir: para millones de parados, de jóvenes, de precarios, de pensionistas y trabajadores, sí, su horizonte no podría ser más negativo, teñido de empobrecimiento y lucha por una supervivencia cada día más difícil. En contraste, y por poner un ejemplo, para Amancio Ortega, dueño del imperio Inditex, su perspectiva no puede ser más prometedora: se ha convertido, en estos años de “crisis”, en el hombre más rico de Europa y el tercero más rico del mundo, según el índice diario de Bloomberg (una agencia económica especializada). La fortuna de Amancio Ortega se ha incrementado en 2012 en un 32% o, lo que es lo mismo, en 11.400 millones de dólares, hasta alcanzar un patrimonio personal de 46.000 millones dólares (38.000 millones de euros).

La crisis no ha afectado a los grandes capitalistas, a los grandes banqueros, a los grandes poderes económicos responsables del actual cataclismo. Al contrario, está sirviendo de palanca formidable para que una pequeña minoría siga amasando beneficios obscenos, grandiosos y, en consecuencia, para dejar claro que no vivimos en una democracia sino en una dictadura: la dictadura del gran capital, que utiliza al Estado y a los gobiernos que aceptan la lógica del sistema como dóciles instrumentos en defensa de sus exclusivos intereses.

Mentiras y verdades

A pesar de haber drenado billones de euros de los presupuestos públicos para salvar a la banca; de aplicar políticas salvajes de recortes del gasto social; de hundir los salarios, despedir a millones y aprobar una contrarreforma tras otra para imponer la ley de la selva en el mercado laboral…, la producción industrial y el comercio mundial no levantan cabeza, el consumo doméstico sigue retrocediendo, las tasas de desempleo registran niveles históricos, y los estados están al borde de la insolvencia, atenazados por una deuda pública y déficits presupuestarios sin parangón desde antes de la Segunda Guerra Mundial.
La OCDE ha vuelto a rebajar las previsiones de crecimiento para seis de las siete economías más ricas: Alemania, el motor económico de la UE, crecerá en 2012 sólo el 0,8% y no el 1,2% que se había planteado en el anterior pronóstico. Sus exportaciones a los países del sur de Europa se han desplomado en el primer semestre: las dirigidas a Portugal han caído un 14,3%, a Grecia un 9,2%, a Italia un 8,2% y al Estado español un 9,4%. En global, las exportaciones alemanas a la zona euro retrocedieron en este periodo un 1,2%. Por su parte, Francia crecerá el 0,1% en lugar del 0,5%; Gran Bretaña retrocederá el 0,7% muy lejos del 0,8% de crecimiento estimado con anterioridad. Italia sufrirá una recesión del 2,4%, en lugar del 1,7% previsto hace unos meses. En cuanto a EEUU parece que la situación es mejor: según la OCDE, crecerá el 2,3% pero esta cifra es engañosa. Los vasos comunicantes del mercado mundial han hecho de la interrelación y la dependencia una tendencia insoslayable. Ninguna economía fundamental se puede desacoplar del resto, por mucho que sueñen con eso algunos economistas burgueses.
El gobierno de Obama se queja amargamente de la situación en Europa. Se queja, pero sigue recomendando planes de austeridad y ajuste fiscal, exactamente igual que los que aplica en su país. Estas recetas, como el más tonto ya reconoce, no animan al crecimiento sino que agudizan la dinámica recesiva. Y eso tiene efectos negativos para todos. La Unión Europea sigue siendo el mayor polo económico del mundo, y EEUU dirige a este mercado el 20% de sus exportaciones (es el mayor socio comercial de los veintisiete); el Deutsche Bank considera que la sexta parte de los beneficios y las ventas de las compañías norteamericanas del S&P 500 se obtienen en Europa. Por eso mismo, la contracción brutal del mercado europeo y la fortaleza del dólar tienen sus consecuencias: la economía estadounidense frenó su ritmo de crecimiento en el segundo trimestre de este año al 1,5%, después de crecer el 2% en el primero. Además, contando con una perspectiva negativa para China y los países “emergentes”, la recuperación norteamericana no sólo seguirá siendo muy, muy débil, sino que los problemas de deuda pública y déficit de EEUU pueden convertirse, en este contexto, en un precipitador de una nueva recesión.
Todo el planeta sigue contagiado del virus del estancamiento y la crisis. Japón, la tercera economía del mundo, registró en el mes de julio un déficit comercial récord de 5.326 millones de dólares, directamente relacionado con la contracción de la eurozona y la rápida desaceleración de China, que también sufre una caída severa de sus exportaciones y dice adiós a las tasas de crecimiento del 10%. El comercio mundial, cuya expansión fue un factor clave en el boom económico precedente, refleja la profundidad de la crisis: “Han pasado más de tres años desde el colapso del comercio mundial en 2008 y 2009” señaló Pascal Lamy, presidente de la Organización Mundial del Comercio (OMC), “pero la economía y el comercio permanecen frágiles. La nueva desaceleración del comercio previsto en 2012 demuestra que los riesgos a la baja siguen siendo elevados. Aún no estamos a salvo”.

Situación de extrema gravedad

La recesión mundial tiene en estos momentos un epicentro en plena ebullición: la Unión Europea. Después de dos años de crisis de infarto que han puesto en cuestión su propia supervivencia; tras el “rescate” de la economía portuguesa e irlandesa y la catástrofe griega, el reflejo de las políticas de austeridad en el plano político han sido contundentes: el auge de la lucha de clases, marcada por la crítica y desautorización de las instituciones de la democracia burguesa, ha dado lugar a un giro a la izquierda de amplios sectores de los trabajadores que, en el caso del país heleno, se ha transformado en una crisis revolucionaria. Pero Grecia no es la única amenaza para el futuro del capitalismo europeo.
El debate sobre el “rescate” de la economía italiana y española ha centrado la atención de estas semanas. No es para menos, la suspensión de pagos del Estado español sería un cataclismo para el conjunto de la UE difícil de ponderar. Los efectos para el sector financiero europeo (los bancos alemanes, franceses y británicos que mantienen en sus manos todavía una parte importante de deuda española) y, en consecuencia, para la economía real del continente serían demoledores. Y no se detendrían, obviamente, en el marco de las cifras; tendrían su traducción inmediata en una mayor desestabilización política y social de Europa y, por supuesto, del Estado español.
La burguesía española y la europea son conscientes de la extrema gravedad de la situación. Todos están dispuestos a “arrimar el hombro”… para poner una soga en el cuello de los trabajadores. Cuando en el mes de junio el gobierno del PP recurrió a la UE para salvar al sistema financiero español de la bancarrota y obtuvo la promesa de una inyección de liquidez de 100.000 millones de euros, Rajoy y su ministro de Economía afirmaban que no tendría ningún coste económico. Semanas después, el 19 de julio, el parlamento aprobaba, con los votos del PP en solitario, el mayor recorte del gasto social de los últimos treinta años: más de 60.000 millones de euros, que afectaba a la paga de navidad de los empleados públicos, nuevos tijeretazos en la sanidad y educación públicas, en el subsidio de desempleo, la subida del IVA, la privatización de Renfe y otras empresas públicas, etc.
Pero como viene siendo habitual, el recorte ha sido “insuficiente”: la prima de riesgo de la deuda pública española siguió disparada por encima de los 600 puntos y la solvencia de la economía española más cuestionada que nunca. Y es que el déficit está creciendo a pesar de los recortes, por que cada vez hay que pagar más intereses a la banca española y europea por la deuda mientras la recaudación vive en encefalograma plano por la recesión de la actividad económica*. Así, los tambores a favor de la solicitud de un rescate global han arreciado hasta convertirse en una convicción para todos los poderes fácticos: la banca, la patronal, el BCE, Merkel, el FMI, que ya lo dan por descontado. Sólo Rajoy y sus ministros se resisten a marcar el día de su solicitud, y su resistencia es proporcional al miedo que les provoca las consecuencias políticas y sociales del rescate. A pesar de que sus medios de comunicación hablan de que se tratará de un rescate “blando” (como si habláramos de caramelos), Mario Draghi, el presidente del BCE, ya se ha encargado de desmentirlo: la compra masiva de deuda pública española por parte del BCE, y las ayudas que la UE pudiera dar al gobierno para evitar la bancarrota, estarían sujetas a un plan draconiano de recortes, mucho mayor de lo que hemos conocido hasta ahora. No es difícil imaginarse qué pasaría entonces: la rebelión social, que asoma de manera clara a las calles del Estado español, se podría transformar en una crisis revolucionaria. Y aunque son muchos los que quieren conjurar esta posibilidad, a derecha e izquierda por supuesto, la revolución es una señora maleducada, que suele presentarse sin avisar, como señaló un ingenioso comentarista.

Reforma financiera, todo por la Banca

Tomando todo tipo de medidas a favor de la banca y de los monopolios nacionales y exteriores, el PP ha sido fiel a sus principios: ha otorgado todo el poder a la CEOE con la reforma laboral; ha atacado los salarios, las pensiones y las prestaciones a los parados; coloca toda la dinamita que sea necesaria en los cimientos de la sanidad y la enseñanza, despidiendo a decenas de miles de profesores y acabando con la posibilidad de una asistencia sanitaria y una educación pública gratuita, digna y universal; pone a los inmigrantes en su punto de mira, al aprobar una reforma que dejará a cerca de 200.000 personas, “ilegales” les llaman, sin tarjeta sanitaria y asistencia médica primaria. En definitiva, en poco menos de ocho meses hemos retrocedido treinta años y la burguesía está logrando acabar con una parte sustancial de las conquistas sociales arrancadas en los años setenta y en las luchas de las últimas décadas.
A nadie se le escapa que las cosas no han terminado. Pueden ir a mucho peor. Con la excusa del rescate, la barra libre está servida. Un horizonte de sufrimiento como nunca se había conocido en el Estado español desde la posguerra, en pleno franquismo, se cierne sobre nuestras cabezas. El empobrecimiento vendrá de muchos vectores: la continuidad y profundización de los recortes que ya están en marcha y otros nuevos; de medidas legislativas, como la reforma financiera aprobada por el gobierno en el último Consejo de Ministros de agosto, y que da luz verde a la formación de un “banco malo” que comprará los activos tóxicos de la banca (es decir, créditos incobrables ligados a la burbuja inmobiliaria, suelo, locales y viviendas, y que el Banco de España cuantificó en abril en 184.000 millones). Según el decreto aprobado, se desembolsarán miles de millones de euros del erario público y luego, en 10 o 15 años, podrán ser vendidos ¡con beneficios! Y, para más desfachatez (que proviene de su sensación de impunidad), el ministro de Economía señala que todo esto no costará ni un euro al contribuyente: “Será una sociedad gestora rentable y que no tenga pérdidas”, señaló. Continuando con las ironías; la burguesía tiene tanta confianza en el banco malo como en el futuro, por eso no deja de pensar en “España”: desde enero hasta mayo de 2012, la fuga de capitales ha experimentando un récord histórico y suma ya 163.168 millones de euros. En los últimos once meses, la retirada de fondos ha sido superior a los 259.000 millones de euros (equivalente al 25% del PIB). El mismo fenómeno que hemos visto en Grecia.
El 3 de agosto Rajoy envió a la Comisión Europea el Plan Presupuestario Bianual 2013-2014. En el Plan, la cifra de recorte de 65.000 millones aprobado en julio, aumenta hasta los 102.149 millones, al sumar el tijeretazo que contemplarán los próximos dos Presupuestos Generales del Estado. Por supuesto, como ocurre en Grecia, Portugal o Irlanda, ninguna de estas medidas favorecerán la recuperación económica ¡Todo lo contrario! La previsión de contracción del -1,5% de la economía española para 2012 ha sido revisada por el FMI al -1,7%, pero lo mejor es que en 2013 la caída será más fuerte, con más desempleo, y que no se puede esperar una plena recuperación ¡hasta el 2026! Pero ¿qué le importa esto al señor Alierta (Telefónica), Botín (Banco Santander) o Amancio Ortega (Inditex), y al resto de plutócratas, si su patrimonio, sus beneficios, sus yates, sus jets privados, y sus fondos de inversión con los que especulan y se benefician de la deuda pública española, siguen marchando viento en popa?

Ellos quieren acabar con todo, pero ¿cómo impedirlo?

Es más que obvio que el PP, y la burguesía que esta detrás del partido de Rajoy imponiendo el ritmo de sus acciones, quiere acabar con todo, es decir, con todas las conquistas y derechos sociales, además de imponer una atmósfera de terror en las empresas, con una fuerza de trabajo esclava dispuesta a aceptar salarios miserables. Esta es su hoja de ruta para la recuperación económica. La cuestión es concreta por tanto: ¿cómo podemos impedirlo?
La movilización del 19 de julio, después de la gran huelga general del 29 de marzo, la gran marcha minera a Madrid, las movilizaciones espontáneas de miles de empleados públicos en decenas de ciudades, y las que este verano han protagonizado los jornaleros andaluces, son la señal inequívoca de las condiciones de rebelión social que atraviesa el Estado español, y que reconocen no pocos comentaristas de los medios de comunicación burgueses.
El salto en la conciencia de cientos de miles de trabajadores es una realidad incuestionable. La idea de que sólo la lucha unificada, que permita golpear a todos los sectores de manera unitaria y al mismo tiempo, frente a la dispersión de las acciones y los conflictos sector a sector o fábrica a fábrica; o el carácter clasista de las consignas, poniendo el acento en la denuncia que la dictadura del capital financiero ejerce sobre el presente y el futuro de la población, muestran que la experiencia de los últimos años no ha pasado en balde.
Las direcciones de CCOO y UGT se encuentran en una encrucijada. Sometidos a una presión despiadada por parte de la CEOE y el gobierno, sus ideas de colaboracionismo sindical, de pactos y “concertación social”, no sirven para aplacar las exigencias de los capitalistas. Por otra parte, el descontento con sus políticas, con su estrategia, con sus vacilaciones es cada vez más estruendoso entre miles de activistas y obreros avanzados, un fenómeno que se extiende ahora, de manera abrupta, entre capas más amplias de trabajadores. No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que las direcciones sindicales se han visto desbordadas en estos dos años, tanto por el movimiento de protesta general del 15-M, como en los numerosos conflictos sectoriales que se han producido.
Queriendo esconder la cabeza debajo del ala y esperar a que la tormenta amaine, las direcciones de CCOO y UGT todavía no se han decidido por convocar una nueva huelga general. Es un tipo de juego al que nos tienen acostumbrados desde hace tiempo. Buscan la forma de sacarse de encima su responsabilidad ante el conjunto del movimiento obrero, aliviando la presión sin desencadenar una dinámica que puede conducir al Estado español a una crisis de gran calado, una crisis revolucionaria, como la que vive la sociedad griega. Después de la huelga general del 29 de marzo de 2012 contra la reforma laboral, y su falta de continuidad; tras los planes de ajuste aprobados en julio y las movilizaciones masivas de empleados públicos; ante la inminencia del rescate y las medidas antiobreras que acarreará, las direcciones de CCOO y UGT nos presentan como alternativa la convocatoria de un referéndum, con el argumento de que el PP ha estafado a los ciudadanos porque ganó las elecciones generales con un programa electoral muy diferente al que está aplicando.
Esta estrategia supone un descenso a un nivel muy inferior del que ya ha alcanzado la lucha de masas en el Estado español. La inmensa mayoría de los trabajadores y la juventud ya han protagonizado un referéndum, el más importante de todos, en las calles de todo el Estado cuando se han manifestado por millones contra las políticas de austeridad y ajustes del gobierno. La legitimidad del gobierno, a la que el PP apela todos los días exhibiendo su mayoría parlamentaria, ha sido puesta en cuestión en la lucha de clases a través de la movilización unánime de millones. ¿Qué más quieren los dirigentes de CCOO y UGT? Seamos claros. El truco del referéndum no va a modificar la decisión del gobierno, de la burguesía española, del FMI, del BCE, a la hora de aplicar las medidas salvajes que tienen en cartera.
Para derrotar al PP, a sus medidas, y a la estrategia general de los grandes capitales europeos e internacionales, sólo hay un camino: la lucha contundente, decidida y masiva del conjunto de la población. No se puede apelar ya a los viejos argumentos de que “la gente no se mueve”. Esta coartada no funciona. Lo que hace falta es organizar ese caudal de lucha, esa decisión de llegar hasta el final, a través de una política ofensiva: organizar inmediatamente una huelga general, pero esta vez de 48 horas. La huelga general no puede ser un fin en sí mismo. Es un medio para elevar el grado de organización y conciencia de la clase obrera, de la juventud, de los sectores decisivos de la sociedad. Debe ser organizada de manera combativa, sobre la base de asambleas en todos los centros de trabajo, democráticas, donde la clase obrera se pueda expresar, tomar iniciativas y cohesionarse. Junto a las asambleas es necesario organizar comités de lucha en cada centro de trabajo y empresa, integrados no sólo por los delegados sindicales sino abiertos a todos los trabajadores que quieran jugar un papel activo. Es necesario el aire fresco de las nuevas capas que se incorporan sin prejuicios a la lucha, sin el peso muerto de las pasadas derrotas, sin el escepticismo que es uno de lo enemigos a los que tenemos que combatir. Precisamente la consiga ¡Sí se puede!, en el actual contexto, es un obús a la línea de actuación de muchos dirigentes y cuadros medios del aparato sindical que siempre echan la culpa a los trabajadores por fracasos que sólo son de su exclusiva paternidad.
La presión sobre las direcciones de UGT y CCOO para convocar la huelga general, y darle continuidad, se va a hacer mayor en los próximos días y semanas. La marcha estatal del 15 de septiembre, que será un gran éxito, sólo hará aumentar la intensidad de esa presión. Igual que la huelga general para el 26 de septiembre convocada por ELA y LAB en Euskal Herria, y el llamamiento del Sindicato de Estudiantes a poner en pie de guerra la enseñanza pública, convocando huelga general en los centros de estudio para los días 16, 17 y 18 de octubre.
En estos momentos es visible la debilidad del PP a sólo ocho meses de formar gobierno. Las encuestas ofrecen datos del desencanto de muchos de sus votantes, cuando no una crítica abierta por parte de sectores que confiaron en su demagogia. Por otra parte, la dirección del PSOE sigue empecinada en una orientación errática, atrapada por el deseo de colaborar con el PP en “beneficio” de los intereses de España (política de unidad nacional), y la presión de una base que es consciente de que con esa política es imposible conectar con las aspiraciones de la mayoría. También se ve que el descontento se refleja en el avance de la intención de voto a Izquierda Unida, que ronda el 13% en estos momentos, y sería mayor aún si la dirección de IU se decidiese a impulsar una política de movilización seria, contundente y masiva, y a apelar a la militancia de CCOO y UGT para obligar a sus cúpulas a emprender el camino de la huelga general.
Por supuesto, la huelga general es un medio importante pero insuficiente para acabar con la crisis del capitalismo. Para lograr nuestros objetivos la lucha debe adquirir un carácter político: además de movilizarnos en la calle, hay que organizarse y defender una alternativa socialista, que luche por la nacionalización, sin indemnización, y bajo el control de los trabajadores y sus organizaciones, de la banca y el conjunto del capital financiero; por la retirada de todos los planes de ajuste aprobados por el PP; en defensa de la sanidad, la educación y los servicios sociales públicos y de todos los puestos de trabajo; por una escala móvil precios-salarios y la jornada laboral de 35 horas sin reducción salarial; por el salario mínimo de 1.100 euros al mes. Estamos ante momentos decisivos. La crisis del capitalismo ha puesto en cuestión el futuro y los derechos de millones. Es el momento no sólo de participar en las protestas en las calles, sino de luchar por la transformación socialista de la sociedad, de participar en política defendiendo un programa alternativo al sistema capitalista.

¡Únete a la Corriente Marxista El Militante!

*  El Estado español tendrá que hacer frente en 2013 al pago de 8.000 millones de euros más de lo previsto para abonar los intereses de la deuda emitida. Los Presupuestos Generales del Estado (PGE) de 2012 han destinado 29.246 millones al pago de intereses de deuda, 7.200 millones más que en 2011. Para 2013, se estima un pago de más de 33.000 millones, y se convertirá en el primer capítulo de gasto del PGE.


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