A finales de noviembre, Atenasa, compañía auxiliar del astillero Navantia-Ferrol, retiró el despido del compañero Ángel Porto. Aunque la empresa pretendió trasladarlo a su nave en el exterior de la factoría, finalmente la readmisión fue incondicional. Este resultado es muy positivo y debemos sacar sus lecciones porque, evidentemente, no es fruto de las habilidades negociadoras de los representantes sindicales.

Las fechas y hechos más relevantes del conflicto (a los que hay que sumar diversos paros parciales o de toda la jornada de la plantilla de Atenasa entre los días 19 y 27) fueron:
· 16 de noviembre: despido.
· 19-21 de noviembre: negociaciones. El 21, Atenasa amenaza con más despidos.
· 22 de noviembre: primera asamblea general y culebra.
· 23 de noviembre: segunda asamblea general.
· 30 de noviembre: readmisión.
El factor fundamental para conseguir la readmisión fue la culebra del día 22, que paralizó totalmente la factoría durante media jornada. En la asamblea general del día siguiente, el portavoz del comité de empresa dijo que estaban recibiendo llamadas de empresarios de otras compañías, preocupados por la situación. Evidentemente, la culebra preocupó (también a Navantia) porque evidenció que los trabajadores tenían ganas de luchar. Y también les tuvo que preocupar que esa culebra no fuese iniciativa del comité, sino de los marxistas (el comité pretendía limitarse a dar un par de vueltas durante media hora con los delegados de las auxiliares, mientras los trabajadores esperaban pasivamente).
Este resultado demuestra que la patronal no es todopoderosa y que hace falta un sindicalismo combativo. Un sindicalismo que habría dado ya una respuesta contundente el lunes 19, cuando el comité de empresa debió de estar en las puertas a primera hora llamando a una asamblea general y paralizar la factoría. Sin embargo, el comité optó por confiar en la negociación. O mejor dicho, como el propio comité expresó en las dos asambleas generales, por confiar en que el problema... ¡lo iban a solucionar la Dirección de Navantia o los empresarios de las otras compañías!
Un sindicalismo que, cuando da un plazo, lo cumple. El viernes 23 a las 10:30 vencía el plazo dado y estaba convocada la segunda asamblea. ¿Y con qué nos encontramos? Con que la negociación empezó en ese momento y con más de una hora de espera. Cada vez que se plantea la necesidad de movilizarse, el comité justifica sus pocas ganas de hacerlo con el mismo discurso: cuidado, esto va para largo, no podemos desgastarnos, etc., etc. Claro que a ningún trabajador le gusta perder dinero, pero sobre todo lo que no le gusta es perder dinero para nada. El día de la culebra paramos media jornada, pero los ánimos estaban muy altos porque los trabajadores le vieron un sentido a ese paro. Al día siguiente, sin embargo, a pesar de que el paro fue de hora y media, consideraron una pérdida de tiempo y dinero que el comité nos tuviera esperando sin hacer nada. La cuestión no es sólo cuántas horas paramos, sino sobre todo qué utilidad van a tener esas horas.
Este conflicto demuestra que la clave para obtener victorias es la presión de los trabajadores. Si tenemos claro esto, podemos conseguir cosas. En este sentido, el conflicto de Atenasa debe marcar un antes y un después en la actuación del comité de empresa porque demostró que, ante los ataques, la resignación no es una opción. Las cosas no tienen que ser como quieren las empresas, los trabajadores tenemos fuerza, sí podemos cambiar las cosas. El comité de empresa debe adoptar una actitud absolutamente beligerante contra los abusos en las compañías auxiliares.
Sólo un ciego puede no ver que hay que luchar y que es necesario organizarse. Estamos en una nueva época del capitalismo totalmente distinta a la anterior. Los esquemas del pasado ya no sirven, ni en Navantia ni en ningún lado. Esta es la realidad. No es agradable, pero ahí está. De nosotros —de nuestra conciencia, de nuestra voluntad, de nuestra organización, de nuestra lucha firme— depende que siga siendo así o que cambie a mejor.


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