Tras la firma a principios del mes de diciembre del V Acuerdo Marco entre las direcciones sindicales y la empresa, se ha publicado en la prensa todo tipo de halagos y parabienes al mismo. Sin duda, para la empresa es un gran acuerdo pues se han aceptado todas y cada una de sus exigencias: desregulación de la jornada laboral, brutal reducción salarial, ampliación del ERE…

A cambio, las contrapartidas que se nos quieren vender no son tales: una “inversión” de 100 millones de euros, que se destinará al mantenimiento y que era una necesidad para la propia empresa si quería seguir con la producción, y 200 contratos relevo que se aplicarán al personal que ya está trabajando, pero a cambio de la pérdida de casi 500 contratos de eventuales. En cuanto a la reapertura del horno alto, es una decisión industrial que habrían llevado a cabo o no dependiendo de los pedidos que tengamos.
Para lo que sí ha servido este acuerdo es para marcar de forma clara el camino a seguir para el resto de la patronal. No tardaremos en comprobar los efectos en las compañías auxiliares; de momento, la dirección de ALCOA ya ha propuesto a la plantilla reducir los costes salariales un 7%, prorrogar el ERE en peores condiciones y, si no hay acuerdo, amenaza con el descuelgue del convenio. La firma de este acuerdo en Arcelor supone la representación gráfica de la total bancarrota del sindicalismo “responsable”.
Este acuerdo se ha alcanzado además despreciando todo el potencial de lucha de la plantilla, sin tener en cuenta la magnífica respuesta que dimos a la única jornada de huelga que se planteó, y renunciando a la plataforma que aprobamos los trabajadores en asamblea. Todos sabemos que una negociación que no se apoya en la presión está condenada al fracaso, y más aún en las actuales circunstancias. La empresa también sabe esto, así que presionó con el descuelgue del convenio y la no reapertura del horno alto. Frente a esto, la respuesta sindical fue aceptar todas las pretensiones de la compañía y renunciar a dar una batalla para preservar nuestras condiciones laborales.

El referéndum, tal como se
planteó, es un fraude

En primer lugar, un acuerdo que supone retrocesos tan graves debe someterse a la consideración de todos los trabajadores. Pero salvo en la factoría de Avilés, no se planteó en ninguna otra planta del grupo, ni siquiera en la factoría de Veriña. Es vergonzoso el doble rasero que han aplicado en esta ocasión UGT y USO, para aceptar el referéndum en Avilés y rechazarlo en Gijón. ¿Qué explicación creíble puede haber, salvo el temor de que en Veriña saliera rechazado?
El referéndum desde el primer momento nació muerto, no sólo porque no se realizó de forma general, sino porque ante la “oferta” de la empresa, no había ninguna contraoferta sindical y, por supuesto, ninguna alternativa de lucha. Lo realmente destacable teniendo en cuenta la escasa participación, de poco más del 50%, (no es de extrañar pues al no ser vinculante muchos dieron el acuerdo como hecho) es que, con todo en contra, casi 800 trabajadores votaran no. De hecho, el sí arrasó en oficinas centrales (donde el porcentaje de personal de fuera de convenio es bastante elevado) y entre los prejubilados (113 a favor y solo 9 en contra) mientras que el no ganó en instalaciones como baterías y en la acería, donde el peso del personal a turnos es determinante (213 por el no y 167 por el sí). Eso sin contar todo el personal de fuera de convenio que votó en las instalaciones, muchos de ellos brazos ejecutores de los planes de la empresa en cuanto a reducción de plantilla, ritmos de trabajo, absentismo laboral...
Y no hay que olvidar que estos resultados se consiguen tras desarrollar una vergonzosa campaña de miedo alentada por la empresa y respaldada por la dirección de la UGT, la cual en la hoja que distribuyó pronostica todos los males posibles en caso de que se rechace el acuerdo.
Hay que señalar que, desde el primer momento, CCOO se manifestó en contra del mismo, calificándolo como “desequilibrado para los trabajadores”. Pero no basta con manifestar verbalmente ese desacuerdo. Ante una agresión de tal calibre era necesario desarrollar una activa campaña en contra. Y, lo más importante, presentar ante los trabajadores una plataforma alternativa y un plan de lucha contundente en caso del rechazo mayoritario al acuerdo, algo que no se ha hecho en ningún momento. De otra manera, se obliga a la plantilla a escoger entre la sartén y el fuego. Y eso es exactamente lo que han hecho los trabajadores.
Nadie puede pretender responsabilizar a la plantilla de los retrocesos que se nos van a imponer. Todo lo contrario. Estamos convencidos de que un referéndum en estos mismos términos pero presentado por la empresa sin el respaldo de los sindicatos, hubiera sido ampliamente rechazado. La mayoría de los trabajadores han aceptado a regañadientes el acuerdo porque ha sido la única alternativa explícita o implícitamente que han puesto los sindicatos sobre la mesa.
¿Cuál hubiera sido el resultado, si en lugar de plantearse como se hizo, se hubiera votado tras un proceso de asambleas donde se debatiera el preacuerdo y las posibles alternativas y planes de lucha? En nuestra opinión, probablemente estaríamos hablando de un resultado bien distinto. De lo que no cabe ninguna duda es que con la actual política sindical de pactos y consensos sin ningún tipo de presión, en una situación de crisis prolongada del capitalismo como la que estamos viviendo, los trabajadores estamos condenados a retrocesos gravísimos en todos los frentes. Fortalecer una corriente revolucionaria en nuestros sindicatos de clase, para luchar por otro tipo de sindicalismo es una tarea de primer orden. ¡Únete a la Corriente Marxista Revolucionaria!


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