La prostitución es el segundo negocio más lucrativo en el mundo, tras el tráfico de armas y por delante del narcotráfico. Reporta anualmente unas ganancias de entre 5 y 7 billones de dólares, e implica a unos cuatro millones de personas en todo el mundo. Detrás de los mafiosos y proxenetas está todo el entramado económico y financiero propio del sistema capitalista: bancos donde blanquear dinero, socios comerciales, lujosos clientes… Que se lo pregunten al actor porno Nacho Vidal, incriminado en los turbios negocios de la mafia china.

En el Estado español se gastan 50 millones de euros cada día en prostitución, y un 6% de la población es usuaria habitual. Se estima que cada año mueve 18.000 millones de euros. También hay que destacar los jugosos beneficios que se embolsan los periódicos que publican anuncios de contactos, en su mayoría con dinero procedente de las mafias que explotan a las mujeres, a la vez que, cínicamente, denuncian el trato inhumano que reciben las prostitutas.

El cinismo de los represores

La burguesía ha adoptado históricamente una posición cínica y demagógica ante la prostitución. Un ejemplo de ello lo tenemos en la actuación del exconseller d’Interior de la Generalitat de Catalunya, Felip Puig. Sus medidas encaminadas a solucionar esa dramática realidad consisten en ocultar a las mujeres prostitutas que ejercen en carreteras o calles, en locales o clubs de alterne. Para conseguirlo, propone sancionarlas económicamente, como si la represión y las continuas redadas policiales a las que están sujetas —en su mayoría inmigrantes, sin recursos y explotadas por mafias de proxenetas (el 87% de las mujeres prostituidas están ligadas a la trata de personas)—, no fueran ya suficientes. El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, además de sancionar económicamente a las mujeres que ejercen la prostitución, pretende tipificarlas como delincuentes penales, con el fin de “acabar con este espectáculo lamentable y degradante”. Sin embargo, la derecha nunca adopta ninguna medida social para atajar el problema de fondo, ni tampoco se está persiguiendo a quienes se lucran de este fabuloso negocio.
La posición de los socialdemócratas tampoco resuelve la situación de estas mujeres. Por ejemplo, ante las medidas impulsadas por la Generalitat, el PSC únicamente plantea que el que pague la multa sea el cliente y no la prostituta, y no profundiza en absoluto en el problema social. La posición oficial de IU, correctamente, señala que la prostitución es una forma más de violencia de género y no puede considerarse una actividad laboral en ningún caso. Insta al Gobierno a que endurezca las acciones contra la trata y persiga y penalice efectivamente el proxenetismo, además de establecer las medidas necesarias para garantizar la seguridad de las mujeres y facilitar su inserción social y laboral.
La realidad, en todo caso, es que las limitadas políticas encaminadas a la igualdad del hombre y la mujer, así como a la protección de las mujeres frente a la violencia de género, se están viendo seriamente afectadas por los recortes en beneficio de la gran banca y de los grandes capitalistas. Asimismo la crisis está cerrando aún más la vía a cualquier reinserción, lo que pone en evidencia que una alternativa de lucha consecuente y completa a la lacra de la prostitución está ligada a la defensa de una alternativa a las “recetas” capitalistas contra la crisis.

¿Legalizar la prostitución?

Entre sectores de la izquierda y también de la llamada derecha liberal la idea de la legalización de la prostitución es ampliamente aceptada, pero considerarla como un trabajo más es una barbaridad. Los defensores de la legalización hablan de la prostitución como si se tratara de un intercambio entre mercancías iguales, sexo a cambio de dinero, pero es evidente que hay una parte que es mucho más vulnerable y que está a merced de otra, mucho más fuerte.
Las estadísticas de maltrato e indefensión que contempla el alquiler del propio cuerpo, únicamente son superadas por la vil institución de la esclavitud. Entre un 63-80% de las prostitutas han sido víctimas de violaciones. Las prostitutas corren un riesgo 40 veces mayor que el resto de las mujeres de ser asesinadas. Más del 68% de las prostitutas sufren estrés postraumático.
Teniendo en cuenta, también, las conexiones de las mafias de la prostitución con el tráfico de drogas y la delincuencia, la legalización podría funcionar como una tapadera idónea para el blanqueo de capitales, además de convertir en respetables empresarios a los que se lucran explotando a las prostitutas, por no hablar de las consecuencias que esta legalización puede suponer para el colectivo completo de mujeres trabajadoras. No olvidemos que, con la reforma laboral, a una mujer trabajadora pueden ofrecerle cualquier tipo de trabajo, con la consecuente penalización en el subsidio por desempleo, en caso de no aceptarlo. La legalización no es ninguna solución, ni mejora las condiciones de vida de las prostitutas ni ayuda un ápice a terminar con esta terrible lacra.

¿El oficio más viejo del mundo?

La idea de que la prostitución es el oficio más viejo del mundo es absolutamente falsa. Es un viejo prejuicio extendido por los que tratan de legitimar su existencia y la imposibilidad de que desaparezca. En realidad, la prostitución es un complemento a la monogamia que aparece con el inicio de la propiedad privada y la división de la sociedad en clases. En el libro de Engels El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado se explica que la concentración de grandes riquezas en manos de las nuevas clases dominantes, y como consecuencia de la necesidad de transmitir esas riquezas por herencia a los hijos, nace la monogamia. Esta monogamia era impuesta a la mujer, pero no así al hombre, que podía ejercer una poligamia descarada, mediante el adulterio y la prostitución.
Vemos pues que la prostitución está vinculada a la opresión de la mujer dentro de la sociedad divida en clases. La completa emancipación de la mujer sólo podrá darse con el socialismo, ya que es el único sistema que asegura unas condiciones de vida dignas tanto para la mujer como para el hombre. La socialización de los medios de producción, bajo el control democrático de los trabajadores permitirá planificar la economía para cubrir las necesidades sociales y garantizar una vida digna para las mujeres.
Tal y como explicaba Trotsky, el grado de desarrollo de una sociedad socialista se medirá en la abolición de la prostitución, no sólo mediante la represión y eliminación de los que se lucran a costa de las prostitutas, sino, sobre todo, terminando con las bases materiales que empujan a muchas mujeres a vender su cuerpo: la pobreza, la marginalidad, la droga.
Por este motivo, la lucha contra la prostitución está unida a la lucha de la mujer por su emancipación, directamente relacionada con la lucha por el fin del sistema capitalista, y por la revolución socialista de la sociedad, y para este objetivo, tiene que junto con el hombre, organizarse en los mismos sindicatos y organizaciones, y luchar unidos, como clase trabajadora en bloque, para acabar con la opresión y la injusticia.


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