El gran bajón del PP supera la media del estado. Con una participación de la mitad del censo (tres puntos más que en las anteriores europeas), el PP ha pasado del 52% de apoyo al 29%, y de 984.000 votos a 507.000. Es decir, ha perdido ni más ni menos que el 48% de sus votos. Se trata del peor resultado para el PP desde 1991. La caída de 23 puntos es la mayor en todo el estado, después de la del PP aragonés (la media de la caída es de 17 puntos).
Ha sido una auténtica moción de censura al partido que esconde la verdad del accidente de metro, que ha cerrado la televisión pública y tirado a sus trabajadores, que recorta sin piedad la sanidad y educación públicas, y que saquea los recursos públicos con avidez, oliendo su próxima derrota. Un partido lleno de imputados en corrupción y corruptos condenados (el antiguo conseller de Solidaritat, Rafael Blasco, acaba de ser condenado a ocho años por quedarse con el dinero de la Conselleria; y la portavoz de Fabra, Lola Johnson, ha sido obligada a la dimisión por posible corrupción en Canal 9).

Profundo giro a la izquierda

La dirección del PSOE ha acompañado a la del PP en el muro de las lamentaciones. Su porcentaje ha pasado del 37,59 al 21,73%, y el número de electores de 708.000 a 377.000; ha perdido, por tanto, ¡el 47%!
Los partidos a la izquierda del PSOE han sido los protagonistas de la jornada. En primer lugar, Esquerra Unida, que ha más que triplicado sus votos (de 52.742 a 180.483 y su porcentaje (del 2,8% al 10,35%). En segundo lugar, Podemos, que ha obtenido el 8,24% (143.671 votos). Por último, la coalición Compromís, que se presentaba a unas europeas por primera vez, consigue unas décimas menos que Podemos, 7,94% (y 138.488 votos, un 10% más que en las generales últimas). Los partidos con base social de izquierdas suman el 49,26%. Y los que están a la izquierda del PSOE, el 26,53%. La conclusión es clara. Hay un giro social a la izquierda profundísimo.
La traslación de estos resultados a los Ayuntamientos y Generalitat supondría un gran drama para la casta corrupta del PP y la clase dominante que la dirige. El conjunto de la izquierda arrasa en todos los grandes municipios, en las localidades del cinturón rojo de Valencia, y en la propia capital. Su porcentaje oscila entre el 45% de Gandia, el 46 de Valencia, el 47 de Elche, y el 60% de Quart de Poblet, 56% de Sagunto, 55 de Alfafar, 54 de Aldaia y Burjassot, 53 de Alaquàs, Xirivella, Picassent o Manises. Y la suma de Esquerra Unida, Podemos y Compromís llega al 37% en Sagunto, al 34% en Picanya, al 31 en Manises i Paiporta, al 30 en Burjassot y Quart de Poblet… En el caso de Valencia, el PP pierde 25 puntos (dos más que la media valenciana), destrozando el mito de la imbatibilidad de Rita Barberà; de hecho, el PP perdería las alcaldías de Valencia y Castellón, manteniendo sólo la de Alicante si pactara con UPyD. Obviamente, los resultados de unas elecciones no se pueden trasladar mecánicamente a otras; sin embargo, éstas reflejan unas tendencias de fondo que van a más. El mismo resultado es una enorme palanca que ayuda a cumplir aquello que ansía la mayoría de trabajadores y jóvenes: echar al PP y poner en práctica una política que revierta todos sus ataques y recortes.


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