Por eso, en este barrio construido en los años 40 para albergar a los marineros y sus familias, decenas de pancartas cuelgan de las ventanas reivindicando el derecho a conservar sus casas, orgullosos de su  historia común en torno a la mar y a la dura labor compartida. Una vida de lucha y sacrificio que en demasiadas ocasiones terminó también engullida por la propia mar. Ahora asisten indignados a esta nueva “galerna” que amenaza con tragarse también las viviendas que han ocupado durante décadas.
Como nos explica Luco, portavoz de la asamblea de vecinos: “El origen del problema es que las casas se hicieron para los marineros y en caso de venta el Instituto Social de la Marina tenía que ofrecerlas primero a los marineros. Si no se hizo ese primer paso y se vendió directamente a la Cofradía hay una actuación ya irregular. Pero además, la Cofradía adquirió la propiedad con una condición, que sólo podía mantener las viviendas en régimen de alquiler, no podían venderlas ni enajenarlas. Sin embargo, lo primero que hicieron fue hipotecarlas”.

‘El barrio es nuestra vida. No a la especulación’

Hipotecaron todo el poblado, desde las casas hasta el parque infantil donde hoy han establecido su campamento los vecinos, rebautizado estos días como “Plaza de la reconquista de los marineros”. “Hemos visto hipotecas por valor de 500 millones de las antiguas pesetas, rehipotecas por valor de 300 millones (tres millones de euros y un millón ochocientos mil respectivamente). En qué se gastó ese dinero… nadie dio cuenta y ahora la cofradía está en bancarrota. ¿Quién se lo ha llevado?” se pregunta irónicamente Ángeles Lujilde, vicepresidenta de la asociación de vecinos, una de las afectadas por los desahucios.
“En mi caso vino un día un señor a mi casa y me dijo: me venden tu casa. ¿Cómo que te venden mi casa, conmigo dentro, y no me dicen nada?... Cuando fui a pedir cuentas en la Cofradía me aseguraron que era mentira, que no le vendían mi casa a nadie. Luego fueron cambiando de presidente y cada uno te cuenta una cosa distinta, pero el caso es que me dijeron, o compras tu casa o te ponemos un alquiler de 380 euros. Yo tengo una pensión de 500 así que me negué. En seguida comenzaron las presiones,… y, finalmente la carta del juzgado ordenando el desalojo”.
La historia de Ángeles es una más, entre las muchas que van desgranando los vecinos, ávidos de denunciar el atropello que están padeciendo. “Yo llevo 22 años en mi casa. Soy hija, nieta, hermana de marineros, y me casé con un marinero. Al separarnos el juez me dio la casa y la custodia de mi hija y desde la cofradía me aconsejaron que siguiera pagando la cuota de socio de mi marido, para no perder los derechos de la vivienda. Así lo hice siempre puntualmente y de golpe y porrazo me mandan un burofax diciendo que tengo un mes de plazo para abandonar mi casa, o para comprarla o asumir un alquiler de 170 euros. Yo estoy cobrando el salario social de 640 euros. Si pago la luz, si pago el agua, si le doy de comer a mis hijos… y ¡ahora pretendes subirme el alquiler de 10 a 170!
Raquel Villanueva, la más joven de las afectadas, también se negó a entregar su casa cuando se la reclamaron. “Tengo dos hijos y cobro 426 euros, así que no puedo pagar lo que piden. Como me negué, ahora estoy pendiente del juicio (…) y pueden quedarse con mi casa, aunque yo la he arreglado entera, he cambiado la instalación eléctrica, la fontanería, todo, todo”.
Cada historia es única, pero todas tienen un hilo común: familias trabajadoras, de tradición marinera, para las que el barrio ha sido toda su vida. Dos hermanas que sobrepasan los 60 años, Paulita y Mari. Faustino, ahora en silla de ruedas, que toda la vida se echó a la mar y que el miércoles “lloraba como un crío” al ver la solidaridad y la movilización en torno a ellos. Manolita, cuyo contrato data del año 1947 o Juan, marinero retirado al que, al fallecer recientemente su madre le dicen que debe abandonar la casa familiar. Es difícil no emocionarse y a la vez no sentir el deseo inmediato de colocarse al lado de todos ellos en su lucha contra una directiva mafiosa que gobierna, a través del cabildo,  la Cofradía de Pescadores para su propio lucro personal.

El acoso de la Cofradía de Pescadores

Y que lo hace ante la pasividad del propio Gobierno del Principado, quien, desde la Dirección General de Pesca tendría competencia para fiscalizar las cuentas de la Cofradía, y destapar toda la trama del expolio que están sufriendo los pescadores. Lejos de hacerlo “el Principado fue el que lo movió todo para que entrara todo este ganao, nos explica Avelino Cartucho, antiguo miembro del cabildo que conoce bien su funcionamiento y que dimitió asqueado con sus tejemanejes.
Los intereses que se esconden tras los desahucios no pueden ser más lucrativos. “Este barrio está en el centro de Avilés y la única vía para expandirse es por aquí. Estos terrenos son un pelotazo impresionante”. Y detrás de toda esta operación, un nombre, el de Ignacio Santos, Nacho el Coletas, conocido empresario hostelero de Avilés, al que los vecinos acusan de estar detrás de toda la trama. “Ahora es vocal de la Cofradía porque se ha hecho con dos barcos, pero es quien maneja los hilos, el resto de la junta directiva son hombres de paja que hacen lo que él les dice”.
Así las cosas, y pese a todas las dificultades, los vecinos están decididos a dar la batalla para defender sus casas. “Tenemos dos objetivos irrenunciables: la retirada de todas las órdenes de desalojo y la apertura inmediata de negociaciones de la Cofradía con la asamblea de vecinos. Hemos dado de plazo una semana para que el Ayuntamiento y los partidos políticos solucionen esto, porque queremos pensar que hay voluntad de hacerlo”, concluye Luco, “pero si no es así, ya les decimos que, a partir de ahí será la guerra. Iremos a la guerra, pacíficamente pero hasta el final”.
Y todos tienen en mente los recientes acontecimientos de El Cabanyal en Valencia o del barrio burgalés de Gamonal: “cuando el pueblo se harta y se une, no hay quien lo pare”.


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