A estos compañeros, toda nuestra solidaridad y afecto, en el convencimiento de que en su lugar podríamos estar cualquiera de nosotros. No es la primera vez que, tras las movilizaciones mineras, y una vez desactivado el conflicto, algunos trabajadores que participaron en él son utilizados como chivos expiatorios para tratar de dar un ejemplo al conjunto de la clase. Recordamos casos tan escandalosos como las condenas a varios mineros por falso testimonio tras testificar en el juicio por la muerte de un compañero, mientras el responsable del atropello que segó la vida del minero Lorenzo Gallardo quedaba impune.
El apoyo ofrecido desde las direcciones sindicales se ha limitado a dar una asistencia jurídica y legal donde lo que tenía que haber existido era una defensa política y sindical de los compañeros, poniendo en pie de guerra a la población de las cuencas si era necesario, en solidaridad con ellos. Como reconocía el responsable de Minería de CCOO de Industria, Jaime Martínez Caliero: “Lo único que hicieron los empleados del sector de la minería es defender sus empresas, un sector y las comarcas mineras”.  Entonces, ¿no era pertinente reivindicar su absolución mediante la movilización, e incluso con la convocatoria de la huelga general para demostrar el respaldo del sector y de la población de las comarcas mineras?
Sin duda la respuesta hubiera sido masiva, y muy probablemente el resultado judicial distinto. Sin embargo, nada de esto está en la cabeza de nuestros actuales dirigentes y el propio Jaime Martínez aseguraba, en relación con estas condenas, que eran “el mejor acuerdo posible” (puesto que se pactó una rebaja sustancial de las penas que inicialmente solicitaba la fiscalía, a cambio de declararse culpables), mientras declaraba: “Espero que ningún otro trabajador sea condenado por defender su puesto de trabajo”.
Pero no son deseos ni declaraciones ingenuas lo que frenará la política represiva del gobierno, sino la movilización en la calle y la solidaridad de clase frente a cada ataque. De la misma manera, no son las denuncias quejumbrosas ante cada nueva medida o recorte de la derecha lo que evitará el desmantelamiento de nuestras condiciones de vida, sino la lucha consciente y sostenida contra ellas. En ambos casos, el papel de las direcciones sindicales en la actualidad no puede ser más lastimoso. Frente a esto, continuamos reivindicando el sindicalismo de clase, combativo y democrático que necesitamos los trabajadores.


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