La lucha de Armón logró, en apenas una semana*, lo que parecía impensable poco antes: que la dirección del astillero accediera a las principales reivindicaciones de los trabajadores en materia de seguridad, comprometiéndose a contratar a una empresa específicamente para ese fin, además de aceptar al comité elegido por los trabajadores como representante legítimo de los mismos a todos los efectos y de comprometerse a la readmisión de los despedidos y a no aplicar ningún tipo de represalias.

Sin embargo, a día de hoy los trabajadores están lejos de sentirse victoriosos y entre la mayoría predomina la sensación de que la victoria se les está escurriendo entre los dedos. Como nos comentaba recientemente uno de ellos: “el fallo fue volver a trabajar sin haber atado bien dos cosas: el tema de hacer un comité de empresa y la cuestión de la bolsa de trabajo”. De hecho, estas dos cuestiones fueron las que suscitaron las mayores dudas de los trabajadores a la hora de dar por desconvocada la huelga, y provocaron en una primera asamblea el rechazo a la desconvocatoria. “Se nos insistió en que aquello no importaba, que ya se iría viendo sobre la marcha, que lo importante era entrar a trabajar. Y en la segunda votación ya salió aprobado desconvocar la huelga, aunque muchos desconfiamos”.
Hay que señalar que si bien formalmente el comité de trabajadores estuvo al frente de la movilización en todo momento, en torno al mismo y en la propia mesa de negociación estuvieron acompañados por representantes de CCOO, UGT y la CSI, sin que por parte de éstos hubiera ningún tipo de orientación sobre estas cuestiones. Más bien al contrario, todas las intervenciones que pudimos escuchar en las asambleas hicieron siempre hincapié en que lo prioritario era “la seguridad” y que lo demás ya se vería “más adelante”.
Por nuestra parte, compartimos totalmente la opinión de este trabajador. Si bien la principal demanda, innegociable, era un cambio drástico en materia de seguridad, para poder exigirlo una vez terminada la huelga era imprescindible que se conquistaran también los derechos sindicales, inexistentes hasta el momento, estableciendo un comité de empresa que defendiera los derechos de los trabajadores.
La existencia de ese comité, junto a la organización del conjunto de los trabajadores mediante la realización de asambleas periódicas, conjuntas, de las diferentes subcontratas, es la única manera de mantener la presión sobre la empresa y obligarla a cumplir sus compromisos.
Por otro lado, sólo manteniendo la organización dentro de la empresa sería posible evitar las represalias, más o menos encubiertas que se pudieran producir. De hecho, en la actualidad, de los 500 trabajadores en plantilla que había cuando comenzó la huelga, apenas quedan en el astillero unos 200. Como nos comentaba este trabajador: “con la excusa de que no hay carga de trabajo están despidiendo a la gente todos los días. La mayoría de los que más se marcaron durante la huelga ya están fuera de la empresa. Te dicen que te volverán a llamar pero eso está por ver, porque ellos no tienen ningún compromiso en ese sentido”.
“Si al menos tuviéramos la bolsa de trabajo, podrías obligarles a cogerlos cuando vuelva a haber carga de trabajo, pero así pueden traer a quien quieran…”. La sensación de indefensión continúa porque “los encargados, tras un primer momento en que no daban la cara, han vuelto a sacar pecho y parecen estar aún más crecidos que antes, y por nuestra parte, los pocos que quedan del comité de huelga, son trabajadores como nosotros, no tienen ninguna protección para ejercer su función, así que poco o nada pueden hacer, aunque quisieran reclamar algo o protestar. Las reuniones que al principio eran semanales se han ido espaciando cada vez más, y ahora que yo sepa, casi ni hay”.

Por la creación del comité y de la bolsa de trabajo

A la luz de esto, desde El Militante pensamos que es imprescindible retomar la organización del comité de empresa y la bolsa de trabajo, aunque somos conscientes de que las dificultades son ahora mucho mayores que antes de desconvocar la huelga. Por eso hay que reclamar de las propias organizaciones sindicales la cobertura necesaria para llevar esto a cabo, ya que la promesa era retomarlo “más adelante”.
En cuanto a la seguridad, nos dicen: “aunque hay que reconocer que el tema ha mejorado gracias a la huelga, sobre todo en lo que se refiere a trabajos en confinamiento, también es verdad que en muchas cuestiones la cosa sigue igual, y que la presión sobre nosotros es tremenda. Así que los riesgos siguen ahí cada día. Y no sería raro que en menos de un año tuviéramos otro muerto en el astillero”.
Ante esta situación, no es extraña la frustración de los trabajadores y el que algunos hayan sacado la conclusión de que poco o nada se ha conseguido con la huelga. Sin embargo, en nuestra opinión, la realidad es todo lo contrario. Los trabajadores de Armón, superando las divisiones que en el día a día se fomentan interesadamente por parte de los empresarios, consiguieron paralizar la actividad del astillero y denunciar ante toda la sociedad, la responsabilidad criminal del dueño de Armón y de toda la directiva en la muerte de los compañeros, reivindicando su memoria y restableciendo la verdad de los hechos que la empresa pretendía sepultar entre toneladas de basura.
Sólo por esto la lucha de Armón no fue en vano. Pero además todos los avances en materia de seguridad son una consecuencia directa y exclusiva de la huelga y si no se han podido consolidar el resto de conquistas no ha sido por falta de empuje de los trabajadores, para muchos de los cuales ésta era su primera experiencia sindical, sino por la ausencia de una orientación decidida por parte de quienes tienen la experiencia y la obligación de impulsar la lucha: en este caso, de los representantes de los sindicatos de clase presentes en el día a día del conflicto.
Incluso con la poca experiencia de una plantilla joven y precaria, el instinto y el sentido común hizo que la mayoría demandaran “atar bien las cosas” antes de volver al trabajo. Finalmente eso no se hizo, y los temores han demostrado estar totalmente justificados. Precisamente por esto, la conclusión no debe ser que la huelga “no sirve” sino todo lo contrario. La experiencia de Armón demuestra una vez más que no basta con luchar puntualmente por determinadas reivindicaciones, sino que es necesario convertir la lucha concreta en organización sindical y política, aprender de la experiencia colectiva y extraer de los errores las enseñanzas para las victorias del futuro.
A todos los que han sacado estas mismas conclusiones, en Armón y en otras empresas, desde El Militante queremos animarles a organizarse con nosotros para que su experiencia no termine siendo un recuerdo de algo que “no salió bien” sino el principio de la lucha consciente para poner fin a los abusos de la patronal y del gobierno contra la clase trabajadora.

* Al final de la primera semana de huelga la empresa accedía a las reivindicaciones, pero la huelga se prolongaría una semana más, mientras se realizaba la evaluación de seguridad y las primeras labores de acondicionamiento de las instalaciones.


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