Presupuestos dictados por las políticas de ajuste

Los presupuestos andaluces elaborados y aprobados para este año (con el voto favorable de los parlamentarios de IU) muestran que no se han restituido los derechos perdidos en las condiciones laborales de los empleados públicos o los miles de despidos de la administración andaluza, ni se han recuperado los millones de euros recortados en sanidad, educación, empleo e inversiones públicas, que la coalición PSOE-IU llevó a cabo aceptando las exigencias del gobierno del PP.
En realidad, los presupuestos, son una negación del programa de IU. Sus propuestas más avanzadas no se contemplan o han sido reducidas a una caricatura. No hay un solo euro para la Renta Básica, que se despacha con las mejores intenciones recogidas en una futura ley que la regule. El impuesto a las grandes superficies, una medida para aumentar los ingresos con indudable contenido de clase, desaparece sin pena ni gloria ante la resistencia del PSOE que habla por boca de Carrefour y Mercadona. La tan ansiada Reforma Agraria se sustituye por un “banco público de tierras”, para comprar las tierras que los terratenientes mantienen abandonadas y baldías, y en un futuro indefinido ponerlas en producción a través de las cooperativas agrícolas. Y para esta gigantesca tarea se dedican en el presupuesto unos fondos irrisorios que hacen imposible cualquier iniciativa por pequeña que sea. En la práctica, estamos ante el abandono de un verdadero programa agrario que expropie la gran propiedad y transforme las actuales estructuras que impiden el empleo estable, los derechos laborales y el desarrollo productivo de los campos. La bancada socialista no tiene ningún interés en enfrentarse con la aristocracia y la burguesía rural y esto es lo que asume la dirección de IU.
Mención aparte merece la cuestión de la Banca Pública, cuya creación se exigía al PSOE para aprobar los presupuestos de 2015. Ante la capitulación general, se trataba al menos de introducir algo rojo que llevara las señas de IU. Pero quien paga manda, y así se lo trasladó la señora presidenta de la Junta a la dirección de IU, que escenificó otra lamentable retirada asumiendo lo único que le dejan los banqueros: un instituto de crédito para administrar un fondo ridículo en subvenciones y ayudas a la pequeña empresa.

Sobre la democracia interna en IU

La deriva ideológica y la adopción de una política oportunista tienen su inevitable correspondencia en la ausencia de debate y de democracia interna. La suerte del programa de IU se ha decidido, una vez más, en los despachos, en negociaciones bilaterales entre un reducido grupo de dirigentes de IU y del Partido Socialista sin que las bases de la organización hayan conocido el contenido político del documento presupuestario y sin que se haya celebrado ninguna asamblea para discutirlo. Es más, el documento no ha sido sometido a aprobación ni siquiera en la dirección andaluza, donde el sector favorable a continuar en el gobierno es mayoritario. En un ambiente de contestación social donde los afiliados de IU están participando en la calle defendiendo el programa al que su dirección renuncia sin lucha, no es de extrañar que la tensión y el malestar hayan ido creciendo entre la militancia, incluso del PCA, cuestionando la viabilidad del pacto y exigiendo al grupo parlamentario explicaciones sobre las políticas y los supuestos avances que justifican la permanencia en el gobierno.
Esta presión es la que ha provocado la convocatoria de una asamblea andaluza de IU en el mes de diciembre, para analizar el pacto y “los logros aportados por IU en estos dos años de gobierno”. El documento balance propuesto por la dirección política para su discusión en la asamblea contiene todos los falsos planteamientos que sostienen la deriva ideológica actual. La coalición en la Junta de Andalucía se caracteriza como un gobierno de “resistencia”, no de izquierdas. Se trata, ante todo, “de preservar el pacto para impedir la entrada del PP”, y dada la correlación de fuerzas en el arco parlamentario y en el gobierno no hay más remedio que renunciar a lo más sagrado. Este planteamiento lleva, inevitablemente, a aceptar las políticas del capital y colaborar con ellas, poniendo en una contradicción insalvable, de manera pública y notoria, el discurso y los principios de IU con su práctica cotidiana.
La asamblea ha sido un fiasco y sus conclusiones decepcionantes. Si lo cree conveniente la dirección andaluza de IU, la salida del gobierno de la Junta se someterá a referéndum entre las asambleas locales en el mes de junio. Esta propuesta no tiene ningún sentido y roza el esperpento. Después de aprobar el que será el último presupuesto de la legislatura, es decir, después de dar un cheque en blanco al PSOE a costa de la mofa del programa de IU y de dejar en el camino su credibilidad política, Susana Díaz prescindirá de Valderas y sus seguidores cuando lo consideré oportuno. En estas circunstancias ¿a alguien le puede extrañar que Podemos, también en Andalucía, tenga unas perspectivas de crecimiento tan importantes?

La indignación llega a un punto crítico. La ruptura de Cañamero

Esta política oportunista y profundamente antidemocrática está cada vez más alejada de la base militante de IU y, por supuesto, también de los sectores más avanzados de la sociedad que, en las fábricas, en los barrios, en los desahucios, en los centros educativos, en la sanidad, están defendiendo sus derechos con los métodos asamblearios, combativos y de lucha tradicionales del movimiento obrero. Los últimos acontecimientos políticos en IU Andalucía han colmado la paciencia de los sectores más críticos con el pacto. Tal como había anunciado, un activista de la talla de Diego Cañamero se marcha de IU junto a otros dirigentes, aunque formalmente la CUT se mantiene aún dentro. Por más que la dirección andaluza de IU quiera dar una imagen de normalidad e intente quitar importancia a este hecho, la salida de estos compañeros es consecuencia de su actuación política, de la subordinación al PSOE y de la degradación a la que han llevado a la organización renunciando a defender un verdadero programa de izquierdas a cambio de un acuerdo que al día de hoy sólo genera cargos institucionales.
La ruptura de Cañamero es un síntoma de la ruptura cada vez más acusada de la política institucional que se limita a gestionar el sistema, con el movimiento obrero, la juventud y las mareas sociales en lucha. Lo que revelan hoy más que nunca estos acontecimientos es la necesidad de una IU y un PCE con unos métodos y un programa revolucionario, de transformación social, que luche contra los recortes y las políticas del capital en las instituciones y en la calle, que supedite la labor en los gobiernos y parlamentos a las decisiones de las asambleas y los movimientos sociales que lideran la rebelión social que vivimos, que se ponga a la cabeza de sus reivindicaciones.

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