¡Hay que apoyarse en la movilización social y defender una alternativa socialista!

Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid (IU-CM) atraviesa desde hace largo tiempo una grave crisis interna. Esta crisis se agudizó bruscamente con motivo del debate sobre la participación en las candidaturas de unidad popular que se constituyeron en numerosas ciudades y pueblos de la Comunidad y uno de cuyos buques insignia ha sido Ahora Madrid, encabezada por Manuela Carmena en la capital.

A pesar de que las primarias para la elección de candidatos de IU, celebradas en noviembre de 2014, dieron una amplia victoria a los partidarios de la convergencia con otras fuerzas políticas y movimientos sociales, las maniobras del aparato de IU-CM consiguieron que finalmente se presentaran candidaturas de IU en solitario tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad, candidaturas que cosecharon unos resultados catastróficos en las elecciones del 24 de mayo.

Intervención de la dirección federal de IU

Estos resultados, unidos al resonante triunfo de la candidatura Ahora Madrid, precipitaron la intervención del Consejo Político Federal de IU que, después de asistir impasible durante meses a la descomposición interna de IU-CM, en su reunión del 14 de junio decidió desvincular a la organización madrileña de la organización de IU Federal e iniciar un proceso de reafiliación individual de los militantes en una nueva Izquierda Unida de Madrid.
Sin lugar a dudas, esta decisión, aunque tardía, es un primer paso para recomponer las fuerzas de IU en la Comunidad de Madrid, un paso necesario, pero por sí mismo insuficiente. Las medidas administrativas han podido servir para cortar con la camarilla que, articulada en torno al ya exconcejal Ángel Pérez, dominó los destinos de IU-CM durante demasiado tiempo, pero esta ruptura en la dirección no es por sí misma garantía suficiente de que se rompe también con la orientación política y la estrategia que les condujo al desastre, un desastre cuyo máximo exponente fue la decisiva implicación de la dirección de IU-CM en la gestión de Caja Madrid-Bankia.
Precisamente, uno de los desencadenantes de la última fase de esta larga crisis fue la publicación de información sobre las gravísimas irregularidades y la profunda corrupción que caracterizó la gestión de la antigua Caja Madrid, en la que estaban plenamente implicados los consejeros designados por IU. El descubrimiento del uso fraudulento de tarjetas de crédito opacas fiscalmente (las famosas tarjetas black), la publicación de la financiación irregular de la fundación Fundeste —vinculada a IU— para la compra de locales, y una larga serie de corruptelas más, condujo a la adopción de medidas disciplinarias contra los dirigentes y consejeros de IU directamente implicados.
Pero, desgraciadamente, estos hechos escandalosos y radicalmente incompatibles con los principios que deben regir en una organización cuyo objetivo es la transformación socialista de la sociedad, no fueron simplemente el resultado de unas conductas individuales delictivas. Durante años y años, Caja Madrid-Bankia formó parte del cogollo más selecto del capitalismo español, y participó en la financiación de grandes proyectos inmobiliarios abiertamente especulativos, entró en el accionariado de grandes empresas como Iberia, e incluso llevó a cabo arriesgadas operaciones financieras de alcance internacional, como la compra del banco estadounidense City National Bank. Todas estas operaciones, que generaron inmensos beneficios para la élite empresarial del Estado español, acabaron dejando un inmenso agujero que hubo que tapar con 22.000 millones de euros de dinero público —dinero de los impuestos pagados por los trabajadores—, sin contar con el coste que para miles de personas supuso la estafa de las participaciones preferentes o la salida a bolsa de Bankia.
Los dirigentes de IU-CM que, desde 1996, a raíz de un pacto con PP y PSOE, empezaron a participar en la gestión de Caja Madrid, no sólo no demostraron incomodidad alguna por la completa contradicción entre sus actos y el discurso de IU, sino que reforzaron su compromiso con lo más corrupto del capitalismo español firmando en 2009 —ya en pleno estallido de la burbuja inmobiliaria— un pacto con el PP para desplazar a Miguel Blesa de la presidencia de Caja Madrid y nombrar en su lugar al exministro del PP y expresidente del FMI Rodrigo Rato.
De este modo, pisoteando los principios de IU y despreciando la labor militante de una gran parte de sus bases, los dirigentes de IU-CM asumieron con total normalidad su función de gestores eficaces del capitalismo. Y para esta tarea forjaron una alianza con el sector más reaccionario de la burocracia sindical de CCOO, liderado por María Jesús Paredes, secretaria general de COMFIA durante 23 años, que finalmente tuvo que dimitir entre gravísimas acusaciones de corrupción.

¿Qué camino debe tomar IU en Madrid?

La abierta contradicción entre las resoluciones políticas de las asambleas de IU y las acciones reales de sus dirigentes, la completa implicación de la dirección de IU-CM en la gestión de los negocios de la burguesía madrileña, no pasaron desapercibidas para los trabajadores de la Comunidad de Madrid. A pesar de que, a falta de otra alternativa mejor, IU recogía el voto de los sectores más críticos con el sistema, por debajo de la superficie se fue extendiendo un completo divorcio entre la dirección de IU-CM y su base social. El apoyo incondicional de IU a los dirigentes de CCOO que llevan años dedicados a desmovilizar al movimiento obrero, a firmar acuerdos y pactos sociales claramente negativos para los trabajadores, contribuyó de forma decisiva a extender y profundizar la desconfianza generalizada en el proyecto de IU-CM.
Pero esta situación insostenible empezó a resquebrajarse cuando la respuesta social a la crisis, impulsada por el estallido del 15-M y continuada por la movilización de las Mareas o de las Marchas de la Dignidad, se convirtió en una ola de crítica radical al orden social y económico vigente. Esta oleada de rebelión social buscó rápidamente una expresión política y, como era previsible, descartó a la dirección oficial de IU-CM, a la que consideraba como una pieza más en el engranaje del viejo orden que había que sustituir.
Este rechazo a las políticas reformistas de la dirección de IU-CM en modo alguno debe confundirse con un rechazo a las políticas de la genuina izquierda o a la tradición histórica que IU representa. Todo lo contrario. Si IU-CM ha despertado rechazo entre los amplios sectores sociales que luchan por la unidad popular ha sido porque sus actos desmentían rotundamente sus palabras y a que —al contrario de la orientación de IU en otros territorios— IU-CM boicoteó activamente los intentos de promover candidaturas de unidad popular, mientras que sus aliados de la cúpula burocrática de CCOO boicoteaban la movilización social haciendo público su apoyo y confianza en Rajoy en vísperas de movilizaciones decisivas de las Marchas de la Dignidad.
Los militantes de IU en Madrid que quieren recuperar una Izquierda Unida que rompa con la lógica de este sistema capitalista, una Izquierda Unida que proclame su firme decisión de avanzar por el camino de la construcción de una sociedad socialista, tienen todas las bazas para triunfar. El camino pasa por apoyarse en la movilización social y en las luchas obreras que, como las de Coca-Cola o los técnicos instaladores de Telefónica, están demostrando su capacidad para desbordar los obstáculos levantados por las burocracias sindicales. Apoyándose en estas luchas, y con el refuerzo que suponen los nuevos gobiernos municipales, se puede construir una alternativa capaz de barrer al PP en las próximas elecciones generales.
Nos encontramos en un momento histórico decisivo. Las exigencias de un capitalismo en crisis chocan frontalmente con la posibilidad de una vida digna para los trabajadores y nuestras familias. La experiencia de los cuadros de Izquierda Unida, el entusiasmo de sus numerosos activistas, son imprescindibles para dotar a esta imparable marea de contestación social de un programa capaz de enfrentar los ataques que, sin duda alguna, desencadenará el capitalismo internacional contra cualquier gobierno que no ceda ante sus amenazas.
La situación de Grecia es una advertencia de lo que el poder económico está dispuesto a hacer para mantener su dominio. En esta situación, Izquierda Unida no tiene el derecho a mantenerse al margen del proceso de unidad popular. Al contrario, tiene el deber de ocupar, armada con el programa de la revolución socialista, su lugar en la primera fila de la imparable movilización social.


Teoria Marxista

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