El paro convocado por CCOO y UGT los días 1, 2 y 3 de junio ha tenido un seguimiento masivo, en torno a un 80%. Un auténtico puñetazo en la mesa dado por los trabajadores de la empresa más grande del país. Coincidiendo con el primer día de huelga una manifestación inundó las calles de Madrid. Una auténtica “marea amarilla” que partió de Callao y finalizó en el Congreso de los Diputados.

Esta demostración de fuerza exige una continuidad inmediata de la movilización. Los sindicatos están obligados a poner sobre la mesa ya un plan contundente de lucha que revierta todos y cada uno de los ataques sufridos.
Entrevistamos a Alejandro Fernández, cartero rural en Asturias, afiliado a CGT y miembro de Izquierda Revolucionaria.

“El potencial de nuestra plantilla es tremendo, 47.000 trabajadoras y trabajadores controlando un sector estratégico nos da el poder de paralizar el país. ¡A la huelga!”.

 El Militante: En Correos tenéis convocada huelga para los días 1, 2 y 3 de junio. ¡Cuáles son los motivos de esta convocatoria?

 Alejandro: La huelga está convocada estos tres días por CCOO y UGT  contra el desmantelamiento y desguace de la mayor empresa pública del país.

Los distintos Gobiernos del PP y del PSOE llevan años desmantelando Correos y preparando su privatización. En 2001 bajo la presidencia de Núñez Feijoo nos sacaron de la Administración General del Estado transformándonos en una Sociedad Anónima Estatal propiedad de la SEPI y convirtiendo al funcionario de Correos en una figura “a extinguir”. Ahora la mayoría de la plantilla somos personal laboral. Hay un continuo proceso de externalización de servicios. Introdujeron un caballo de Troya en la empresa con la creación de la filial privada Correos Express, llena de falsos autónomos y subcontratados, a la que van cediendo cada vez mayor volumen de trabajo y que es el referente de la Dirección en un proceso de “amazonización” de Correos.

La destrucción de puestos de trabajo es continua, igual que el aumento de la eventualidad y el trabajo a tiempo parcial. Pasamos de 62.000 puestos en 2001 a los 47.000 actuales, lo que  se traduce en una sobrecarga de trabajo y una presión laboral que unida a la congelación salarial en unos sueldos ya de por si raquíticos sitúan a la plantilla al borde de la explosión.

Estas lamentables condiciones tienen una traducción inmediata en el deterioro absoluto de la prestación del Servicio Postal Universal, lo que antes era un derecho se está convirtiendo en un negocio, el objetivo es convertir a Correos en una empresa de paquetería  con las condiciones del sector de la Logística donde quien manda son multinacionales como Amazon.

Resulta además escandaloso  que este proceso de desmantelamiento se haya acelerado bajo el Ejecutivo de coalición PSOE-UP que se jacta de ser el Gobierno más progresista de la historia y firme defensor de lo público. En diciembre del año pasado la Dirección aprobó, con el apoyo de CSIF, Sindicato Libre y CIG, un Plan Estratégico y realizó un ataque sobre las Unidades de Reparto intentando implantar el sistema de trabajo de Correos Express (menos trabajadores para mayores zonas de trabajo), ataque que fue frenado con una auténtica rebelión por parte de la plantilla.     

EM: Ante estos ataques, ¿cuál ha sido hasta ahora  la política sindical en Correos?

A: La situación a la que hemos llegado es consecuencia directa de la política de paz social practicada por la mayoría sindical representada por CCOO y UGT junto a los sindicatos amarillos CSIF y Sindicato Libre.

Ahora bien, que la huelga esté convocada por  iniciativa de CCOO y UGT no justifica en ningún caso no apoyarla. Un fracaso de la misma sería interpretado por parte de la dirección de la empresa como un síntoma  de debilidad y les envalentonaría. Esta  convocatoria se produce como consecuencia de la tremenda presión ejercida por la plantilla. A las direcciones sindicales  no les ha quedado otro remedio tras  los continuos conflictos el año pasado en multitud de Unidades de Reparto y este mismo año contra el Nuevo Modelo de Cartería. El hartazgo es total.

Pero no podemos dejar en sus  manos el futuro de esta lucha. Los y las trabajadoras, independientemente de nuestra  afiliación sindical, debemos utilizar esta oportunidad para exigir que esta huelga sea  el inicio de un plan de lucha serio y contundente, decidido democráticamente en asambleas y que no se frene hasta revertir todos los ataques. Hay que sacar el conflicto fuera de los centros de trabajo, a la calle, y buscar la solidaridad de nuestra clase porque estamos luchando por mantener el derecho a recibir correo como un servicio público de calidad. El potencial de nuestra plantilla es tremendo, 47.000 trabajadoras y trabajadores controlando un sector estratégico nos da el poder de paralizar el país. ¡A la huelga!

 

 

 


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