En estas páginas hemos publicado infinidad de denuncias de trabajadores represaliados por intentar ejercer una labor sindical en su empresa. Son quizás la cara más visible del clima general que se vive en los centros de trabajo, pero la represión patronal no afecta  solamente a quienes ostentan una representación sindical. Cualquier trabajador con unos mínimos derechos laborales se convierte en un objetivo para unos empresarios que cada vez ocultan menos sus prácticas. Lo que relatamos a continuación no sólo  no es nada nuevo, sino que lamentablemente comienza a ser de lo más habitual.
Josefa Pérez Basalo es una trabajadora que lleva 11 años trabajando en Limpiezas Arte, una empresa pequeña que se dedica a la limpieza de oficinas y portales. Desde hace más de un año es víctima de un acoso constante por parte de la dueña de la empresa. “De repente comenzó a enviarme burofax, quejas de comunidades… todas ellas falsas. A raíz de eso me puso una falta grave que yo recurrí. En el juicio se vio que todo eran invenciones suyas. Ni siquiera pudo llevar un solo testigo en representación de alguna de las comunidades que se habían “quejado”. Tan solo dos presidentes de comunidad que declararon a título personal”.
Para comenzar a sufrir la situación de acoso no es necesario haber tenido un enfrentamiento previo, ni ningún “incidente”, basta con ser un obstáculo para los planes del empresario. “La dueña quiere jubilarse y dejar la empresa a su hija, lo más ‘apañada’ posible. Esto funciona así: yo te aseguro por cuatro horas, tu trabajas bastante más y yo te pago a razón de esas cuatro horas. Las trabajadoras fijas somos un estorbo para eso. Seis de nosotras estamos por convenio, de una plantilla de 25, y tenemos nuestras horas, nuestras vacaciones… con el resto hace lo que le da la gana. Muchas son inmigrantes y aprovecha que están más desprotegidas…pero ya nos ha dicho que nosotras le salimos muy caras”.
A raíz de esta situación de acoso, queda de baja por depresión, durante un mes y medio. El 5 de enero recibe una carta donde se le comunica su despido disciplinario. “Ganamos el juicio, el despido se declaró improcedente y entonces ella optó por la readmisión.  Desde que lo hizo, en el mes de abril, hasta ahora ha sido un machaque constante, de nuevo quejas, burofax, constantemente vigilada por la encargada, a mis compañeras les han dicho que no hablen conmigo si no quieren tener problemas… Me rebajó cuatro horas de mi jornada laboral y hemos tenido que ir a un nuevo juicio por diversas irregularidades…todo esto lo hace porque quiere desmoralizarme y que me vaya  con el dinero que quiera darme. Pero yo me niego”.

Clima de terror en la empresa

Frente a quienes constantemente achacan a los propios trabajadores la responsabilidad por la actual situación de retrocesos y pérdida de derechos, desde El Militante somos conscientes de las tremendas dificultades a las que se enfrentan cada día muchos de ellos, en medio de una total desprotección sindical. “La delegada sindical, que era de CCOO, se fue de la empresa tras un acuerdo con la dueña y nos dejó a todas con el culo al aire. Incluso se llevó toda la documentación de los acuerdos y mejoras que habíamos ido consiguiendo… y no somos capaces de dar con ella desde entonces. Y en CCOO nos dicen que ahora no podemos intentar sacar otra delegada, porque lo más factible es que saliera la candidata de la empresa”.
Quizás si cuando comenzó este brutal acoso, el resto de la plantilla hubiera visto el respaldo del sindicato, no sólo para los juicios, sino para denunciar públicamente a la empresaria y arropar a esta trabajadora con toda la fuerza y solidaridad de que es capaz una gran organización como CCOO ahora no existiría ese clima de terror en la empresa, y tal vez las trabajadoras se sentirían  fuertes para elegir una delegada que realmente defendiera sus intereses. Mientras tanto, en esta empresa, como en tantas otras, los trabajadores siguen luchando por mantener a flote su dignidad, pese a todas las dificultades. Desde aquí queremos enviarles todo nuestro ánimo. “Si algo me llevo de esta lucha es el respaldo de la gente, los vecinos que me apoyaron y me reafirmaron en que era una buena trabajadora. Se que lamentablemente contra el despido no puedo luchar, ahora es el empresario el que tiene la potestad de readmitirme o indemnizarme. Pero si va a despedirme, quiero que lo haga respetando los pocos derechos que aún tenemos. Que se cumpla la sentencia y ya que el despido es improcedente me indemnice como corresponde, con 45 días por año”.

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