Los trabajadores de Vitrasa, empresa que gestiona en Vigo el servicio de autobuses públicos urbanos, decidieron el pasado 3 de diciembre, después de tres días de huelga, ir a la huelga indefinida, en una lucha contra la precariedad laboral y en defensa de sus condiciones de vida.

Reivindicaciones concretas

Entre las peticiones iniciales de los trabajadores se encontraban las siguientes: subida salarial del 1%, cifra muy humilde y justa en extremo, más cuando el IPC ya está en el 2,9%; dos días de descanso a la semana; tiempo de descanso en los turnos, particularmente en aquellos que llegan hasta las 10 horas continuadas; 30 días naturales de vacaciones, sabiendo que, en determinadas ocasiones, miembros de la plantilla hayan tenido que esperar más de 15 meses para volver a tenerlas; generar más puestos de trabajo, en lugar de aumentar la explotación de los trabajadores ya contratados; protesta contra la pretensión de la empresa de elevar el precio del billete de autobús en enero, un auténtico escándalo, dado el ya elevado precio de la tarifa ordinaria (1,24 euros), uno de los transportes públicos urbanos más caros de todo el Estado español.
La patronal de Vitrasa, ante las justas reivindicaciones de los trabajadores, apelaba continuamente a la “responsabilidad”, “la mala situación económica”, la imposibilidad de “empeorar la cuenta de resultados”, y las tachaba de inaceptables en un “contexto de crisis económica como el actual”. Curiosamente, de lo que no hablaba es de sus beneficios:

Beneficio    Viajeros
· 2008    3.979.187 €    22.892.059
· 2009    3.188.260 €    22.200.000
· 2010    3.640.605 €    22.000.000
· 2011    4.000.000 €    22.479.598

En resumidas cuentas, la empresa miente y utiliza la excusa de la crisis y el miedo de los trabajadores a perder el empleo como chantaje para atacar sus condiciones de trabajo.

Servicios mínimos abusivos y el papel del Ayuntamiento del PSOE

El Ayuntamiento de Vigo, gobernado por el PSOE, entrega cada año 12 millones de euros de subvención a la empresa, lo que equivaldría a que cada vigués, antes de poner un pie en el autobús, le esté anticipando 37 euros a la misma. Es con este dato con el que hay que juzgar la solicitud de la patronal de un nuevo aumento del precio del billete.
Por si esto no bastara, tenemos que hacer notar la actitud vacilante y elusiva de la alcaldía del PSOE de la ciudad, la cual, ante la insistencia de los trabajadores para que mediara en el conflicto, particularmente cuando éstos denunciaron los abusivos servicios mínimos, repetía, encogiéndose de hombros, que “solamente era un problema laboral entre empresa y trabajadores”, lavándose completamente la manos. La empresa, con el Concello como cómplice, aplicó unos servicios mínimos de cerca del 40% para las “horas puntas”, aunque por esta denominación eufemística se comprendiese casi toda la jornada. Además, estos servicios beneficiaban a las líneas que más rentabilidad reportan, dejando a los alrededores de Vigo, estación de tren, servicios de minusválidos, etc., con un 0% de cobertura en algunos casos (la línea 11, una de las que más beneficios reporta a la empresa, ¡tenía servicio del 100% todo el día!). Detrás de esta actitud de la empresa está el intento de hacer recaer la responsabilidad de la huelga y de la ausencia de servicio sobre los trabajadores de Vitrasa, para así aislarlos del resto de la clase trabajadora viguesa y llevar la huelga a la derrota.

Una importante victoria

El 12 de diciembre, finalmente, concluyó la huelga. El preacuerdo, aprobado por los trabajadores en asamblea, fija una paga de 300 euros lineales y consolidables en 2012 y de 250 en 2013. La jornada laboral anual aumenta en 20 horas, pero se consiguen los dos días de descanso semanal en rotación de cinco semanas y los 30 días naturales de vacaciones. Así mismo, se consigue también la ultractividad del convenio, es decir, que éste seguirá en vigor hasta la aprobación del siguiente, rompiendo con la reforma laboral del gobierno en este punto.
Esta victoria es especialmente importante en el contexto actual de crisis capitalista, pues demuestra que aplicando los métodos de un sindicalismo combativo, tales como la huelga indefinida, negándose a aceptar la lógica del mercado y la aceptación de determinados ataques como un “mal menor”, y basándose en el espíritu de lucha que se respira entre amplias capas, se puede lograr defender las condiciones de vida de la clase obrera y sentar precedente para otros sectores en lucha. ¡La lucha sí que sirve!


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