La desconvocatoria de la huelga del verano pasado en la minería no supuso ni mucho menos el fin del conflicto, sino más bien el principio de una verdadera pesadilla para muchos trabajadores de la minería privada que han sido despedidos por cientos hasta el día de hoy. Pese a la tremenda fuerza que alcanzó la lucha minera, las movilizaciones se suspendieron tras la Marcha Negra de julio, y la desmovilización dejó el campo libre para que la patronal del carbón, con Victorino Alonso a la cabeza, pudiera atacar a sus trabajadores.

Ahora pretende despedir a la mayoría de los trabajadores de Uminsa y CMC e imponer a los que queden las mismas condiciones laborales que padecieron nuestros abuelos en los años 50, entre otras cuestiones, alargar la jornada laboral a diez horas y bajar los salarios en torno al 40%.
Para las plantillas que permanecen en activo, tanto de la minería pública como privada, el panorama no es nada tranquilizador. Como era previsible, el Ministerio de Industria pretende que en 2014 cierren la mayoría de las explotaciones mineras de interior y ya han advertido que no habrá ningún plan social, y mucho menos nuevas prejubilaciones para los despedidos porque “eso cuesta mucho dinero y disponemos de pocos recursos”, aunque en los presupuestos de 2013 se dediquen casi 40.000 millones de euros al pago de intereses a la banca.
Tanto el gobierno como la patronal del carbón están decididos a asestar un golpe decisivo a las condiciones laborales de los mineros y a desmantelar las conquistas de las últimas décadas, en especial las conseguidas en las empresas públicas, que son un referente para el resto de los trabajadores. Para ello, tienen que dividir al sector, desmoralizarlo y enfrentarlo en la lucha por las migajas, reduciendo cada vez más la producción y los puestos de trabajo.
Frente a esa estrategia, el aislamiento de las luchas es hoy, más que en otros momentos, una receta acabada para el fracaso y el principal obstáculo para frenar los ataques a los diferentes colectivos. Los mineros continúan siendo un sector con una tremenda fuerza y, lo que es más importante, capaz de recabar la solidaridad del resto de la clase obrera e incluso de comarcas enteras, como se demostró una vez más en la huelga del verano pasado. Sin embargo, si exceptuamos la reciente manifestación en Mieres (a la que de momento no se le ha dado ningún tipo de continuidad), desde las federaciones de CCOO y UGT no se ha movido un dedo para coordinar a todos los colectivos mineros en conflicto. La elaboración de un calendario conjunto de movilizaciones que abarque a toda la minería es una tarea urgente, más aún teniendo en cuenta que, a fecha de hoy, los prejubilados acaban de sufrir una reducción de las nóminas y que hay también más de un centenar de trabajadores de subcontratas de Hunosa despedidos, muchos de los cuales llevan varios meses sin cobrar.


“Estamos sin cobrar un duro y tenemos hijos e hipotecas. A partir de ahora las movilizacione serán más duras"

Sobre estas cuestiones hablamos con algunos de estos trabajadores de subcontratas, encerrados en el Ayuntamiento de San Martín del Rey Aurelio en señal de protesta por los despidos y los impagos de las nóminas e indemnizaciones. (Puedes leer la entrevista completa en www.elmilitante.net).

Jesús, de Tareas Mineras nos cuenta: “Al terminar la huelga del verano comienzan los primeros despidos en mi empresa. Los compañeros que están en el pozo Nicolasa ya ni se incorporan después de la huelga. Los que estábamos en el Candín seguimos trabajando hasta finales de agosto”. Lo primero que hicieron fue dirigirse a los sindicatos puesto que todos están afiliados. “Yo, personalmente, les dije: ‘avisar a Hunosa que no pague al patrón hasta que él nos pague a nosotros’. Nos contestaron que no nos preocupáramos, que darían un toque de atención”, y continúa: “Nosotros cobramos a finales de septiembre pero las otras dos empresas, Uminsa y Maes, siguieron trabajando normalmente hasta el 30 de diciembre”. Como nos cuenta Humberto, trabajador de Maes, el despido les llegó pero no cobraron: “nos deben una media de 7.000 euros a cada trabajador”.
Pertenecen a diferentes subcontratas, pero todos tienen en común años de experiencia en la mina y unas condiciones laborales discriminatorias respecto a sus compañeros de Hunosa que, entre otras cosas, les impiden acogerse a las prejubilaciones y otras ventajas sociales. “Venimos reflejados en el plan del carbón 2006-2012, que nos contempla como excedentes mineros, pero el gobierno dice ahora que, acogiéndose a la Ley General de Presupuestos del Estado, no puede haber ninguna incorporación a empresa pública. Así, incumple una vez más el plan pactado anteriormente con los sindicatos”, explica Jesús. Humberto añade con rabia: “Respecto a los excedentes mineros, nosotros no pedíamos entrar, sólo que nos mantuvieran el puesto de trabajo, aunque fuera con las diferencias salariales. Ahora ni trabajo ni excedentes”.
Cuando hablamos sobre el papel que juegan los empresarios privados, la opinión es bastante unánime: “Lo de Victorino es terrorismo empresarial. No nos cabe en la cabeza como pueden estar dando ayudas a esta gente”. “Yo creo que Hunosa podía retirar esa figura del empresario y contratarnos directamente. Porque se empezó con labores auxiliares puntuales pero la realidad es que ahora hacemos de todo, y la actividad principal de la empresa, que es sacar carbón, también la estamos haciendo”, reflexionan algunos de ellos.
Llama la atención la tremenda dispersión que hay en esta ocasión en el conflicto minero. Cuando les preguntamos sobre esto, lo tienen claro y el debate se anima: “Tenemos que ser conscientes que tenemos un enemigo común que es el PP. Habría que integrar todas las luchas, unirnos todos. Pero eso, quienes lo tiene que hacer y no lo hacen son los sindicatos mayoritarios. Ya ves el descontrol que hay. Nosotros por un lado, los prejubilados por otro, los sindicatos no se ponen de acuerdo. Desde septiembre decimos a los sindicatos que nos intenten marcar un calendario de movilizaciones. La respuesta es que tranquilos, que nos movamos lo que podamos, que se nos vea, pero ni nos llaman”.
Conforme avanza la conversación, la impotencia y la desesperación se acumulan, hasta que un trabajador explota: “…esperar y esperar, pero tú tienes que pagar las letras, eso no espera. Hasta que no pase una desgracia aquí no va a parar la cosa, ya os lo digo. Estamos despedidos después de dos meses de huelga, meses sin cobrar y trabajando gratis para Hunosa, ¿esto qué ye, un cachondeo? ¿No somos personas o qué? Que estamos sin cobrar un duro y tenemos hijos, hipotecas (…) A partir de ahora las movilizaciones serán más duras y se acabó”.
Para terminar les preguntamos como ven el panorama político y sindical actual. “Pues hay que reaccionar ya. Noso-tros vamos a seguir luchando, apoyamos las cuencas y el sector minero. Que de una vez la unidad de acción, que tanto se grita a los cuatro vientos, a ver si la organizan los sindicatos, y que a sus afiliados y simpatizantes no los frenen como nos pasa a nosotros. Y que si se consigue algo para unos que no se pare hasta que se saque lo de todos”.

 


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