MEGASA SL es una siderurgia de la comarca ferrolana que a principios de junio anunció un posible cierre para el 31 de agosto, condicionado a un cambio en las tarifas del consumo eléctrico. Posee una plantilla directa de 190 trabajadores, pero entre auxiliares, filiales y empleo indirecto se estima que su cierre afectaría a más de mil trabajadores, en una comarca con un 32% de paro y con los astilleros a punto de quedarse sin trabajo. Entrevistamos a dos miembros de su comité de empresa, Carlos Bascoy, el presidente, y Manuel Cendán, ambos de la UGT.

El Militante.— ¿Qué alega la patronal para ese anuncio de cierre?
Carlos Bascoy.— Las empresas con un gran consumo de electricidad, como son las siderúrgicas, tienen un convenio para que cuando hay picos de demanda en la red eléctrica general se desconecten, cediendo así su consumo. A cambio, el gobierno les bonifica el coste de toda la electricidad que consumen. Es lo que se conoce como la interrumpibilidad. Hasta ahora, esa bonificación era igual para todos. Pero el año pasado, la multinacional ALCOA (con centros de trabajo en A Mariña lucense, Coruña y Asturias) amenazó con abandonar España si no se le abarataba la factura eléctrica, lo que provocó que el gobierno del PP, para concederle una subvención encubierta, modificase la interrumpibilidad, estableciendo tramos según el nivel de consumo eléctrico. Pero además de ALCOA, de esta modificación se benefició el grupo siderúrgico CELSA, que elabora el mismo producto que MEGASA y que pasa por problemas y tiene una abultada deuda con los bancos (el mes pasado acaba de refinanciar con 37 bancos 2.500 millones de euros, para ampliar los plazos de vencimiento). La dirección de MEGASA alega que en estas condiciones no puede continuar y que si para el 31 de agosto no está solucionado, no descarta el cierre.
EM.— ¿Qué demandáis los trabajadores?
CB.— El PP vende la imagen de defender a la gente normal, pero no es verdad, defienden sólo a los poderosos. Esta situación la creó el gobierno del PP por una decisión política ante el pánico que le causó la amenaza de una deslocalización en vísperas de las elecciones autonómicas gallegas, y lo que queremos es que tome otra decisión que arregle el desaguisado que montó.
Para conseguirlo, hemos realizado diversas gestiones en el ámbito político (ayuntamiento de Narón, mancomunidad de municipios de la ría, parlamento gallego y habrá también una iniciativa del PSOE y el BNG en el Congreso de los Diputados), pero sobre todo estamos llevando a cabo movilizaciones: participación en la huelga general comarcal del 12 de junio para demandar soluciones a la desastrosa situación de nuestra comarca, concentraciones ante la delegación de la Xunta en Ferrol y ante el parlamento gallego, y una manifestación en Narón. A principios de julio, el comité estudiará un nuevo calendario de movilizaciones y celebraremos una asamblea general porque tenemos claro que si no mantenemos la presión, mal vamos.
EM.— Los marxistas pensamos que los problemas que sufrimos los trabajadores de cualquier empresa o sector son producto de una crisis global del sistema capitalista que acabará por afectar a todo el mundo. MEGASA es un ejemplo de esto: una empresa saneada y sin mayores problemas, de repente se ve amenazada de cierre por circunstancias que están fuera de su alcance.  En este contexto, pensamos que hace falta que la lucha de los trabajadores de cualquier empresa busque el aunar todas las fuerzas del movimiento obrero para llevar a cabo una lucha de clase contra la derecha y la patronal.
Manuel Cendán.— Efectivamente, hay un problema de fondo, y la paradoja es que una empresa modélica desde parámetros liberales (sin deudas, competitiva, con mercados, etc.), de golpe y porrazo se ve abocada al cierre por una decisión política. Es un proceso de reconversión encubierto al dictado de la banca y las grandes empresas energéticas, que tienen el país en sus manos y que se están comiendo a los pequeños. Para salir de la crisis hace falta una derrota política del PP, que llegará, pero nosotros no podemos esperar porque tenemos un problema inmediato que tenemos que resolver. Somos conscientes de que están jugando con nosotros, pero no nos queda otra. Los sindicatos están muy débiles y los partidos de izquierda están en la mera gestión a cortísimo plazo. Hay movimiento en la calle, pero no hay rumbo, porque las direcciones estatales no quieren la confrontación, ni tienen proyecto alternativo a lo existente.


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