En pleno mes de agosto los trabajadores y trabajadoras de Povisa, un hospital privado de Vigo poseedor de una concesión pública del Servizo Galego de Saúde (Sergas) por la que atiende 150.000 consultas públicas, daban un golpe encima de la mesa ante la insoportable situación que estaban viviendo fruto de la agresión del empresario. Tras dos semanas de huelga indefinida, los trabajadores han logrado una muy importante victoria.

El empresario Silveira decidió por “motivos de organización” que una vez caducado el convenio propio pasaría a aplicarse el provincial. Lo que intentó el dueño de Povisa es lo mismo que están intentando todos los empresarios: dejar caducar los convenios colectivos, aprovechando la reforma laboral que elimina la ultraactividad.
En la práctica este nuevo convenio se concretaba en una bajada salarial del 40%, una flexibilidad interna que se traducía en que el personal podría ser trasladado de unos puestos a otros sin previo aviso, así como la movilidad horaria anunciando cambios con tan solo ocho horas de antelación. Todas estas medidas en un contexto en el que la empresa no registra pérdidas económicas. Además, todo el personal constata la tremenda presión psicológica a la que se ve sometido por parte de la dirección del hospital que juega con la vocación y la vinculación de los trabajadores al sector sanitario para forzarlos a acatar el nuevo régimen laboral.
Ante esta situación el comité de empresa formado por 21 trabajadores, con presencia de CCOO, UGT, CIG, CGT y sindicatos corporativos de médicos y enfermeras, decide convocar una huelga indefinida, al tiempo que denuncia por vía judicial los hechos. El sindicato de médicos independientes O’MEGA se desvincula de la convocatoria con la certeza de un pacto bilateral directamente con la dirección.

Métodos de lucha combativos

Impresionante. Ese es el único adjetivo aplicable a la organización de esta movilización histórica que contó inmediatamente con el apoyo del comercio local, que cedía sus productos a precio de coste a los trabajadores. Una masa de trabajadores organizaron turnos de guardia las 24 horas para velar por el cumplimiento de los servicios mínimos que la dirección se empeñaba en ampliar, tal y como reconoce la Inspección de Trabajo. La lucha también se dotó de asambleas públicas diarias en la puerta del hospital, piquetes por las calles aledañas al centro informando del conflicto y pidiendo apoyo, acciones reivindicativas concretadas en pequeñas marchas, escraches a directivos mientras tomaban café en los bares de la zona, visitas a la delegación viguesa de la Xunta de Galicia en busca de mediación, etc.
El martes 27, tras ocho días de huelga, llega el primer juicio de CCOO contra la dirección. Todos los trabajadores arropados por distintas organizaciones, entre ellas el Sindicato de Estudiantes, y ciudadanos inician una marcha a las 9 de la mañana hasta los juzgados de Vigo. Medio millar de personas tomamos la puerta de los juzgados animados con consignas y canciones. Tras poco más de una hora termina la sesión y el director del hospital sale del juzgado en coche. Hasta ocho policías nacionales son necesarios para evitar el zarandeo que sufre el vehículo de Silveira. Los agentes se ven obligados a replegarse inmediatamente tras la salida del empresario mientras una masa les planta cara al grito de “Aquí están, estos son, los piquetes del patrón”. La reflexión que hace el comité de empresa es que “por fin este cabrón sabe lo que es el miedo, miedo al que nos somete diariamente”.
De vuelta en Povisa los trabajadores organizan un mercadillo con el fin de crear una caja de resistencia para compensar los días de paro.
Finalmente la movilización dio sus frutos. El viernes 30 de agosto el juez da la razón a los trabajadores, obligando a la dirección a restablecer el convenio propio así como la correspondiente compensación por los días de paro. Se trata de una importantísima victoria que choca directamente con la reforma laboral del Gobierno y la estrategia de los empresarios de no renovar los convenios para dejarlos caducar. De hecho, esta victoria va a jugar un papel importante en la comarca, donde multitud de empresas —como Clece en los servicios de limpieza del Hospital Xeral— intentan la misma maniobra para hundir aún más nuestras condiciones laborales. La victoria de los trabajadores y trabajadoras de Povisa demuestra que con métodos de lucha contundentes se puede ganar.


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