llegan_a_la_isla_italiana_de_lampedusa__inmigrantes_del_norte_de_frica_594116cc8be4f28c1e7469b17_gEstalla la indignación contra el gobierno y sus leyes represivas

Hace poco más de un mes, el jueves 3 de octubre, una barcaza con más de 500 personas a bordo se hundía frente a las costas de Lampedusa1 tras incendiarse la precaria embarcación en la que viajaban. 387 inmigrantes entre hombres, mujeres y niños perdían la vida miserablemente. La magnitud de la tragedia ha puesto en primer plano el drama que viven cotidianamente estas personas, ante la indiferencia del gobierno italiano, y del resto de gobiernos europeos, cuyo único objetivo es “blindar” sus fronteras frente a los miles de seres humanos que diariamente huyen de la represión que padecen en sus países de origen2 y también del hambre y la miseria, provocada por el sistema capitalista y sus multinacionales.

Como señala Pablo Ceriani, coordinador del Programa de Migración y Asilo del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Nacional de Lanús: “Entre las causas que empujan a miles de migrantes que deciden abandonar sus países” se encuentra el que “la explotación de los recursos africanos está en muchísimos casos en manos europeas, generando una salida de riquezas que no quedan disponibles para la población local”.
Una de las cuestiones que más indignación ha generado, no sólo en la isla sino en toda Italia, ha sido la actitud de las fuerzas de rescate en el momento del naufragio. Pese a la gravedad de la situación, dos lanchas motoras de la Guardia de Finanzas permanecieron atracadas en el muelle de Favaloro. “La gente se moría en el agua mientras ellos pensaban en hacer fotografías y vídeos. Tenían que pensar en sacar a las personas. Nosotros los hacíamos subir de cuatro en cuatro. Cuando mi barco estaba lleno de inmigrantes y pedimos a los agentes que los subieran a bordo, decían que no era posible, que tenían que respetar el protocolo”, denunció Vito Fiorino, propietario de uno de los pesqueros que acudió al rescate de los inmigrantes a la vez que desafió a las autoridades a que le aplicaran la ley que penaliza a quien ayuda a indocumentados a llegar a Italia. Una muestra evidente del grado de rabia y rechazo a esta ley reaccionaria.
Cínicamente, el gobierno italiano (encabezado por Enrico Letta, del socialdemócrata Partido Demócrata y del que forma parte decisiva el PdL de Berlusconi) concederá ahora la nacionalidad a los inmigrantes muertos, que serán “enterrados como europeos”, mientras que los supervivientes de la tragedia, a los que ni siquiera se les permitió asistir al funeral de sus compañeros y familiares, podrían enfrentarse a multas de hasta 10.000 euros y a la deportación fulminante, sobre la base de la reaccionara ley de inmigración italiana. Esta ley es un mazazo más para unas personas que se enfrentan a todo tipo de peligros, sin saber la suerte que correrán a manos de las mafias, ya que el transporte ilegal de personas es sólo el lado “amable” de este negocio3.

Leyes de inmigración xenófobas y represivas que hay que tumbar

La llamada ley “Bossi-Fini”, aprobada en 2002 por el partido de Berlusconi, prevé el delito de “complicidad con la inmigración clandestina” para quien lleve a Italia a inmigrantes sin permiso de entrada, aplicable, por tanto, a quienes les socorran en el mar, como lo han hecho en esta ocasión los pescadores de Lampedusa. De hecho, al menos tres grandes pesqueros pasaron de largo sin auxiliar a las víctimas para evitar ser acusados de favorecer la emigración clandestina, lo que podría conllevar penas de prisión, algo que ya ha ocurrido en otras ocasiones4.
De la misma manera, el “delito de inmigración” introducido en la legislación en 2009, también por el partido de Berlusconi y la ultraderechista Liga Norte, contempla la sanción de cualquier persona en situación irregular con multas que van desde los 5.000 a los 10.000 euros. Además obliga a los funcionarios públicos, salvo a médicos y directores de escuela, a denunciar a los indocumentados. Esta reaccionaria ley asquea a buena parte de la sociedad italiana, y muy particularmente a los habitantes de Lampedusa, a quienes pretende convertir en delatores y cómplices de las autoridades. La propia alcaldesa de Lampedusa exigía con contundencia: “La Liga Norte no es otra cosa que una panda de gentuza que ha infectado de odio nuestro país.(…) Hace falta reaccionar como con una vacuna: los anticuerpos deben aislar a la Liga”. Al mismo tiempo manifestaba su desprecio por las autoridades italianas y europeas que visitaron la isla, haciéndose eco del sentir general: “No sabemos dónde meter ni a los vivos, ni a los muertos”, con un centro de acogida con capacidad para 300 personas en el que actualmente se hacinan casi 1.400. “¡Basta! ¿A qué estamos esperando? Lo que está pasando en Lampedusa es un horror continuo (…) le digo a Barroso y a quien le acompañe del Gobierno italiano que si vienen a dar condolencias... también lo pueden mandar por email. Si vienen aquí deben venir a decirme qué cosas están cambiando, qué cosas quieren cambiar del destino de estas personas que hacemos morir así (…) mi comunidad podría hacer mucho más y mucho mejor de lo que hace el Estado haciendo dormir a los niños en el suelo”.
Y es que esta brutal tragedia (la tercera que ocurría en pocas semanas) ha desatado la rabia de los habitantes de Lampedusa, impotentes ante la sangría de vidas humanas que presencian cotidianamente. No es de extrañar que, tanto el presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, como el primer ministro italiano, Enrico Letta, hayan sido recibidos con abucheos e insultos por parte de sus habitantes, al grito de “asesinos” y “vergüenza”. Para salir del paso, el primer ministro Letta, manifestó no compartir la actual ley sobre inmigración italiana. Sin embargo, desde que está al frente del gobierno, no ha dado ningún paso práctico para su derogación ya que esto comprometería el pacto de gobierno del PD con el PdL de Berlusconi.

Hipocresía de la burguesía europea

No obstante, y por encima de las lágrimas de cocodrilo de los gobernantes italianos y europeos, la represión y el cierre de fronteras continuará siendo la piedra angular de la política europea en materia de inmigración. El gobierno de Letta anunció la instalación de una fuerza militar de “carácter humanitario” que patrullará el Mediterráneo y contará con barcos, aviones y hasta drones o aviones no tripulados para cumplir con su función: “…serán detectados y rescatados. Una vez que eso sucede, los migrantes podrán ser devueltos, aunque muchas veces es difícil, por ejemplo, en el caso de los miles que huyen actualmente de la guerra en Siria”. 
Por su parte, la cumbre de jefes de gobierno celebrada en Bruselas estos días ha rechazado adoptar ninguna medida concreta, salvo la decisión de reforzar la coordinación entre los estados para interceptar a los inmigrantes antes de que puedan alcanzar las costas europeas. De esta forma, el drama de la inmigración y la sangría de vidas a las puertas de Europa no tendrán solución de la mano de las “democracias” occidentales, a quienes la vida y la muerte de estas personas les importa muy poco. Como en el resto de los grandes problemas que asolan la sociedad, deberemos ser los trabajadores con nuestra lucha consciente quienes labremos un futuro de dignidad y de esperanza para la mayoría de la humanidad, por encima de los intereses de una minoría privilegiada, que cada día condena a la miseria a millones de seres humanos en todo el mundo.

1. Isla de apenas 20 kms. cuadrados y 5.000 habitantes convertida en la puerta de entrada a Europa para africanos, fundamentalmente tunecinos, eritreos y somalíes, estos dos últimos a través de Libia.
2. Desde que Eritrea se separó de Etiopía y proclamó la independencia, hace dos décadas, ha ido degenerando en un régimen de terror, donde el trabajo forzado para la mayoría de la población se combina con la represión más brutal del gobierno.
3. El otro es la trata de personas. Los casos más crudos hablan de mujeres que son violadas en Marruecos para llegar a Europa embarazadas y lograr así no ser deportadas, otras obligadas a ejercer la prostitución debido a la amenaza de los tratantes a sus familias en los países de origen, incluso niños sometidos a trabajo infantil o tráfico de órganos.
4. En el año 2007 siete pescadores tunecinos rescataron a 44 supervivientes de un naufragio, trasladándolos a Lampedusa. El tribunal de Agrigento los acusó de “ayudar a la inmigración ilegal”.

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