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Este 8 de marzo la juventud hemos vuelto a demostrar que ni el machismo ni las mordazas represivas nos van a parar. Cientos de miles de estudiantes hemos secundado la huelga feminista convocada por el Sindicato de Estudiantes y Libres y Combativas, y miles nos hemos movilizado en las calles de decenas de ciudades con un grito unánime: ¡La violencia contra las mujeres y el fascismo no pasarán!

Barcelona, Girona, Tarragona, Madrid, Valencia, Vigo, Ourense, Gijón, Oviedo, Bilbo, Gasteiz, Málaga, Sevilla, Guadalajara… en decenas de ciudades y localidades. Miles de jóvenes hemos hecho visible nuestra protesta en las difíciles condiciones de la pandemia, y manteniendo en todo momento las medidas de seguridad y distancia social. La jornada de lucha, como es público y notorio, ha estado condicionada por la intensa campaña de criminalización contra el movimiento feminista desatada desde la derecha, y alentada por el delegado del Gobierno en Madrid, del PSOE, que ha prohibido todas las manifestaciones y concentraciones previstas en un ejercicio de autoritarismo sin precedentes. Este ataque a la libertad de expresión ha tenido consecuencias inmediatas: el famoso mural feminista del barrio de la Concepción de la capital ha sido vandalizado por un grupo de fascistas, que obviamente se muestran envalentonados con esta decisión política del PSOE.

Como era previsible, la asistencia a las mismas ha sido diferente a la del año pasado, cuando las estudiantes el 6 de marzo y el conjunto del movimiento feminista el 8 protagonizamos dos jornadas inolvidables. Desde entonces muchas cosas han pasado. Hemos sufrido la muerte de decenas de miles de seres queridos, víctimas de la covid-19, pero también de los recortes asesinos, de la destrucción de la sanidad pública y los servicios sociales, de un sistema capitalista que ha declarado la guerra hace mucho tiempo a la mujer trabajadora y a la juventud para que una oligarquía de ricos siga amasando fortunas a costa de nuestro sufrimiento. Y también hoy, para mayor escándalo, hemos sido víctimas de una ofensiva que pretende culpabilizarnos de la pandemia y de los contagios.

Esta mañana en la Puerta del Sol, las compañeras Coral Latorre y Ana García, del Sindicato de Estudiantes y Libres y Combativas, han puesto el dedo en la llaga en sus intervenciones (pincha aquí para ver las intervenciones video de Público). Cuando el delegado del Gobierno dice que prohibiendo nuestro derecho a la manifestación y la libertad de expresión se protege la “salud pública” no hace más que mentir. ¿Acaso no ve que la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, ha adoptado una política criminal dejando claro que la salud pública le importa un bledo? ¿Por qué el delegado no dijo nada cuando los centros de mayores privatizados se convirtieron en mataderos durante la primera ola? ¿Por qué el PSOE calla cuando el PP desmantela la sanidad pública, destruye a asistencia primaria, y mantiene la actividad comercial y económica a pleno rendimiento?

¿Acaso Pedro Sánchez y Carmen Calvo no ven lo que todo el mundo sí ve? ¿Que el metro de Madrid está abarrotado cuando nos desplazamos a nuestros puestos de trabajo y centros de estudio, que los bares y las terrazas están llenas de gente sin que se cumplan las medidas de seguridad, que El Corte Inglés y muchos otros centros comerciales están hasta arriba y aquí no pasa nada?

Es un clamor. Este delegado del Gobierno de Madrid tiene que dimitir ya. Con su decisión, además de sentar un precedente por el que se colarán nuevas agresiones a las libertades y que tantos aplausos ha concitado desde Vox y el PP, tiene otros objetivos evidentes. Y esos objetivos no los pone él, sino la dirección del PSOE.

Justo en el momento en que la crisis de la monarquía se hace más insostenible, cuando la corrupción del rey emérito muestra que ni la justicia ni hacienda son iguales para todos, las infantas se vacunan en sus viajes a Abu Dabi, y el descontento de la juventud y de amplios sectores de la población es mayúsculo, se pretende imponernos una mordaza y se nos castiga con la represión. Se trata de que la crítica no aflore. Que el rechazo a las cerca de 100.000 muertes por la pandemia, al paro masivo, a las decisiones machistas y autoritarias del Consejo General del Poder Judicial, a la precariedad extrema, los desahucios y la pobreza creciente… se contengan y oculten.

Desde el Sindicato de Estudiantes y Libres y Combativas hemos interpelado a Unidas Podemos, a Irene Montero y Pablo Iglesias y les hemos dicho con claridad: no avaléis este atropello antidemocrático. Si os colocáis de perfil y consentís esta agresión a los derechos democráticos, envueltos en la mentira de que se hace para “defender” la salud, se coloca una alfombra roja a Vox y al Partido Popular, y mañana se darán nuevos pasos y se prohibirán huelgas o cualquier movilización con el argumento de la “difícil situación económica” o la “paz social”.

Dentro de muy poco celebraremos el décimo aniversario del 15M de 2011. Aquel levantamiento social desnudó la podredumbre del régimen del 78, y contribuyó decisivamente a las luchas que vinieron después y a construir un movimiento feminista combativo y anticapitalista. Pero hay que recordar que los gritos de indignación que resonaron por todas las calles y plazas también fueron criminalizados por los poderes políticos, económicos y mediáticos. Y todas y todos los desafiamos gritando ¡Sí se puede! Algunos ahora ya no lo quieren gritar. Pero nosotras sí lo hacemos, con más fuerza y determinación que nunca.

¡Viva el 8M combativo, día de la mujer trabajadora!
¡Ni violencia machista, ni represión, ni fascismo!
¡Únete al feminismo revolucionaria, únete a Libres y Combativas!