El pasado 5 de octubre salía a la luz el informe final sobre pederastia a cargo de la Comisión Independiente sobre Abusos en la Iglesia Católica (CIASE) en Francia. Durante los últimos meses, los integrantes de la comisión calculaban que la cifra de víctimas de abusos sexuales podía llegar a los 10.000, pero la investigación ha fulminado esta estimación. Desde 1950, ha habido al menos 216.000 menores de edad víctimas de abusos sexuales en el seno de la Iglesia católica francesa, cifra que asciende a los 330.000 incluyendo los casos de pederastia cometidos por laicos de todo tipo, desde catequistas hasta maestros en centros católicos. Tan escalofriante es la magnitud de los crímenes de la Iglesia católica como la impunidad de la que gozan para seguir cometiéndolos.

Hoy, los altos cargos de la Iglesia francesa lloran lágrimas de cocodrilo tras la publicación del informe. La magnitud de los casos de pederastia “nos perturba, nos abruma, supera lo que suponíamos”, declaraba Moulins-Béaufort, presidente de la Conferencia Episcopal (CEF). Y, sin embargo, al menos  3.000 abusadores sexuales de menores se han mantenido en sus puestos eclesiásticos los últimos 70 años, ¡el cinismo de estos criminales y pederastas no conoce límites!

No es un caso aislado, es la complicidad de un sistema podrido

Cuando los expertos de la CIASE auguraban altas cifras de pederastia durante la elaboración del informe final, la Conferencia Episcopal no tardó ni un segundo en tomar medidas preventivas y presentarse como los más interesados en acabar con los abusos sexuales infantiles con palabras vacías y “medidas” insultantes. Decidieron “consagrar un día de memoria y oración por las víctimas”, para “guardar viva la memoria de los hechos y la manera en que las personas agredidas vivieron esa prueba”. Es decir, que ahora que todo ha salido a la luz, resulta que es necesario guardarlo en la memoria porque increíblemente antes nadie sabía nada y no podemos dejar que se olvide. ¿De verdad pretenden que creamos que 330.000 violaciones y abusos sexuales a menores pasaban inadvertidos? Pero eso no es todo, es que además resulta que ¡la pederastia es una prueba que El Señor nos pone en el camino y no un crimen que han perpetrado y ocultado durante siglos!

No conformes con esto, también crearon un fondo para indemnizar a las víctimas, dotado de 5 millones de euros. Estos reaccionarios, que actúan como una auténtica mafia, cuya sede tiene en su poder un patrimonio valorado en más de 4.000 millones de euros[1] – según los pocos datos que se conocen -, han creado un fondo con el que apenas alcanzan a indemnizar con ¡15 euros! a cada una de sus 330.000 víctimas reconocidas por el informe. Un auténtico insulto a miles de víctimas que han roto el silencio para exigir que la Iglesia pague de una vez por todas por los crímenes que ha cometido y ocultado durante décadas y siglos.

Pero además de estos gestos grandilocuentes pero vacíos en los hechos, ¿qué ha hecho la Iglesia para acabar con la realidad que tan bien conocen? ¿Qué ha hecho el tan progresista papa Francisco, ese gran defensor de los derechos humanos y aliado en la lucha LGTBI que se nos intenta vender por parte de los medios de comunicación, y lamentablemente también desde la izquierda parlamentaria? Absolutamente nada. Limitarse a expresar su “vergüenza por la larga incapacidad de la Iglesia de ponerlas (a las víctimas) en el centro de sus preocupaciones". Ahora resulta que el santo papa también se enteró de este drama para cientos de miles de niños tras el informe y ¡que siente vergüenza por la incapacidad de la Iglesia! ¡Qué cinismo! Basta ya de insultar a todas las víctimas de sus abusos.

Este informe no ha hecho más que reafirmar una realidad de la que el mundo entero es consciente. Los abusos y la pederastia no son nada nuevo ni exclusivo de la Iglesia francesa.  A pesar del muro de acero que existe con esta cuestión, los datos que se han destapado son muy claros. Desde 1946, en Alemania al menos 3.677 menores sufrieron abusos sexuales en la Iglesia católica, con  547 casos solo en el Coro de Ratisbona. 14.000 víctimas únicamente en los albergues juveniles católicos de Irlanda. 4.447 víctimas en Australia. Entre 10.000 y 20.000 en Holanda. En Argentina, no solo se ha descubierto que al menos 20 niños sordos fueron abusados en un mismo colegio católico, sino que en los últimos meses 42 mujeres han denunciado al Opus Dei ante el Vaticano por explotación laboral, tras reclutarlas engañadas a los 12 años y trasladarlas desde distintos puntos a escuelas ficticias donde realizaron labores y trabajos forzosos sin cobrar.[2]

¡Hay que acabar con los privilegios y la impunidad de la Iglesia católica y su moral podrida!

El Estado español no se queda atrás en lo que a encubrir los crímenes de la Iglesia se refiere. Es más, la Conferencia Episcopal española se niega a revelar sus cifras de abusos pederastas, únicamente han reconocido que a día de hoy hay 220 sacerdotes españoles bajo investigación. Sin embargo, no es difícil hacerse una idea de la magnitud. El robo de bebés durante la dictadura, y posteriormente, es el mejor ejemplo de la moral podrida de esta institución: se estima que entre 1940 y 1990, 300.000 bebés fueron separados de sus familias forzosamente. Tan bien se le da a la Iglesia católica barrer sus crímenes debajo de la alfombra, amparados bajo el brazo del sistema judicial, que la mayoría de las víctimas no obtendrán compensación de ningún tipo al haber prescrito los delitos.

Y son estos mismos elementos los que siguen teniendo un enorme poder e influencia en nuestra educación. Los mismos que desfilan por nuestras calles con sus autobuses de HazteOír, asociación íntimamente relacionada con el Obispado, vomitando bilis contra nuestras compañeras y compañeros trans. Estos mismos, que a diario hacen declaraciones homófobas, contra el derecho al aborto y los derechos de las mujeres, siguen manteniendo los privilegios de los que gozaban durante la dictadura dentro de nuestra educación. Precisamente por eso es tan necesaria una asignatura de educación sexual, inclusiva y en libertad en el sistema educativo; acabar con la financiación pública a los colegios privados y privado-concertados, la mayoría controlados por la Iglesia; y sacar la religión de las aulas, a través de la cual introducen su programa reaccionario, machista, racista y homófobo.

Desde Izquierda Revolucionaria, Libres y Combativas y el Sindicato de Estudiantes seguimos en la lucha por acabar con los privilegios de los que goza la Iglesia dentro del aparato del Estado, sus instituciones y nuestras aulas. ¡Únete a la lucha contra la opresión capitalista y por la transformación de la sociedad!

 

[1] El Vaticano elige la transparencia y publica al detalle sus cuentas de 2019

[2] Muchas de estas mujeres tienen ahora entre 40 y 60 años, no lograron escapar durante décadas. El Vaticano aún no se ha pronunciado ni ofrecido respuesta a la denuncia de estas mujeres.