El 27 de enero hubo en Galicia una convocatoria de huelga general por parte de la CIG, que se dio en un contexto político muy especial, en plena ofensiva del gobierno y mientras los dirigentes de CCOO y UGT daban señales cada vez más claras de su intención de retomar la senda del mal menor y pactar retrocesos, como así ocurrió. En contraste, el 27-E era un referente de lucha, una apelación a la movilización. Era una acción en la dirección correcta para defender los intereses de los trabajadores y, por lo tanto, los marxistas la apoyamos totalmente. La convocatoria se enfrentó a varias dificultades, empezando por la actitud desmovilizadora de las direcciones de CCOO y UGT (que en Navantia-Ferrol incluso llevó a la formación de un contrapiquete el día 27) y siguiendo por el hecho de ser una convocatoria autonómica ante un problema estatal; la mayoría de los trabajadores gallegos, incluyendo la base de la CIG, deseaban y esperaban la convocatoria de una huelga general estatal, ya que era la mejor manera de responder a la reforma de las pensiones y al resto de los ataques previstos. Otros factores en contra fueron que convocaba un solo sindicato de los tres que hay en Galicia (con unas fuerzas más o menos equivalentes) y un boicot informativo descarado tanto dentro como fuera de Galicia; había una clara intención de que la huelga no se conociese en el resto del Estado, ya que contradecía el "gran pacto" que el gobierno, la burguesía y los dirigentes reformistas de CCOO y UGT estaban cocinando.

Amplia participación del sector industrial y en las manifestaciones

En estas circunstancias, era obvio que la convocatoria incidiría fundamentalmente en los sectores más combativos del movimiento obrero (concentrados en las comarcas de Vigo y Ferrol). Era previsible que el panorama urbano del 27 de enero fuese el de un día normal, con el comercio, los bancos, los supermercados, etc., abiertos, como así fue. De hecho, los piquetes de la CIG, conscientes de las circunstancias y sometidos además a un rígido marcaje policial desde la noche del 26, no intentaron forzar el cierre de estos establecimientos.
Pero en la industria el panorama fue muy distinto. Respecto al sector naval, en Vigo se sumó en masa a la huelga, mientras que en Ferrol el paro fue casi total en Navantia-Fene y de un 40% de media en Navantia-Ferrol (30% en la empresa principal y 55-60% en las compañías auxiliares). En empresas u obras importantes también se notó la huelga: Zara Logística en Arteixo, la planta de Alcoa en A Mariña lucense, ENCE de Pontevedra, las orensanas Faurecia y Roberto Verino, las obras del aeropuerto vigués, de la nueva terminal del aeropuerto de Santiago y del puerto exterior de A Coruña; la recogida de basura y el transporte urbano en diversas localidades, etc. En cuanto al área pública, la huelga tuvo cierta incidencia en la administración y baja en la sanidad y la enseñanza. Las aulas se vaciaron de estudiantes fruto de la convocatoria, entre otras organizaciones, del Sindicato de Estudiantes.
En cualquier caso, el hecho de que muchas empresas funcionasen con relativa normalidad no significa que nadie en las mismas secundase la huelga, sino que los huelguistas eran minoría. Sin este hecho, las manifestaciones (que fueron por la mañana) no hubiesen podido contar con la importante asistencia que tuvieron. Las de Vigo (25.000 manifestantes), Coruña (7.000) y Ferrol (4.000) fueron las más numerosas.
Además, en diversas localidades hubo participación de afiliados de CCOO y UGT, como fue el caso de Ferrol, donde los marxistas de El Militante desarrollamos una intensa labor a favor de la huelga y participamos tanto en el piquete como en la manifestación. En ello también influyó un factor de última hora: el preacuerdo sobre la reforma de las pensiones alcanzado por las direcciones de CCOO y UGT con el gobierno y la patronal la misma madrugada del día 27. De hecho, en la manifestación se pudo ver a afiliados de CCOO que en la asamblea de la sección sindical de Navantia-Ferrol, celebrada el 21, no habían votado a favor de la huelga y también a afiliados de UGT.
En definitiva, el 27-E, pese a no ser una huelga general propiamente dicha, sí fue una jornada que movilizó a los sectores avanzados de la clase obrera industrial, hecho que tiene una gran relevancia política porque constituyen los cimientos del movimiento obrero organizado y son los que marcan el futuro de la lucha sindical y política. Los trabajadores que secundaron la huelga no lo hicieron tanto por creer que iba a servir para frenar la reforma de pensiones, como para demostrar su voluntad de lucha frente a los ataques que sufrimos.

Deficiencias en la campaña

Pero el día 27 podía haber tenido un resultado todavía mejor si la campaña de la CIG no hubiese adolecido de algunas deficiencias. La CIG anunció la huelga en su web el 29 de diciembre, pero esto no se tradujo en el inicio de una actividad preparatoria en las empresas. De hecho, no se volvió a saber nada de la huelga hasta mediados de enero, perdiéndose así un tiempo muy valioso. Esto fue debido a que los máximos dirigentes de la CIG confiaban en que habría una convocatoria de huelga general estatal en enero y se pusieron a esperar la decisión de las direcciones de UGT y CCOO, que se reunían los días 10 y 11 de enero. Pero Toxo y Méndez no sólo no convocaron, sino que se metieron de cabeza en un pacto social impresentable.
Ese compás de espera significó que la CIG tuvo quince días para hacer su campaña, lo cual influyó negativamente en el ánimo de una parte de sus dirigentes. Se percibía claramente que algunos creían que la convocatoria iba a fracasar y que afrontaban la preparación de la huelga con cierta desmoralización y de forma rutinaria. Pero este factor negativo fue compensado por el hecho de que la base militante de la CIG y sus sectores más a la izquierda estuvieron a la altura. Entre las capas avanzadas de la clase obrera gallega, el 27 de enero primó el deseo de luchar, de no resignarse, de dar una respuesta a toda la situación que vivimos. En la medida que ese ánimo combativo salió reforzado, el balance de la huelga es positivo.

Continuar la movilización

El 27-E debe contribuir ahora a impulsar la lucha contra los recortes, aunque lamentablemente tengan el aval del sindicalismo reformista de las direcciones de CCOO y UGT. La CIG ya anunció movilizaciones contra el pacto de pensiones. La mejor forma de prepararlas es organizar asambleas en las principales empresas de Galicia para que los trabajadores se pronuncien sobre el acuerdo alcanzado. El interés de la clase obrera exige ahora crear un movimiento desde abajo en contra del acuerdo de pensiones y para obligar a las direcciones de CCOO y UGT a romper el pacto y convocar una huelga general estatal, como primer paso de una movilización ascendente en defensa de los intereses de los trabajadores. Los dirigentes de la CIG tienen una responsabilidad en esto, y para ello es fundamental que mantengan una actitud no sectaria hacia las bases de CCOO y UGT, donde como ya estamos viendo hay mucha gente en contra de lo que firmaron Toxo y Méndez. En situaciones como esta sería un error que el árbol de los intereses a corto plazo de la propia organización impidiese ver el bosque de los intereses del movimiento obrero. Más que nunca hace falta tener una perspectiva general, fomentar la máxima unidad de clase y defender un sindicalismo combativo y que también ofrezca una alternativa política para superar el sistema capitalista. Tanto en la base de la CIG como en las de CCOO y UGT hay cada vez más trabajadores que sienten esta necesidad, una necesidad que sólo las ideas del marxismo pueden satisfacer.


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