Los debates continúan. A lo largo de los dos últimos años, se vienen celebrando, en distintas facultades de la Universidad Pública Vasca (UPV - EHU), numerosas asambleas de estudiantes. En ellas, se ha tratado la aplicación del plan de Bolonia y el rechazo que la mayoría de los estudiantes vascos hemos demostrado, día a día, a dicho plan.

Las medidas de Bolonia, ideadas punto por punto para satisfacer los intereses de los grandes capitalistas europeos, cuentan en el País Vasco con el apoyo incondicional del PNV. Esto explica que, la imagen de "modernidad" que la mayoría de los medios de comunicación ofrecen sobre el mencionado plan, rompa bruscamente con la realidad que comenzamos a padecer.
El sistema de créditos ECTS es uno de los principales cambios,  por lo que cada crédito pasará, de 10 horas lectivas, a de 25 a 30 horas. El resultado será una jornada semanal de 40 horas de trabajo obligatorio, por lo que los estudiantes  que trabajemos para podernos pagar la matrícula universitaria, el transporte al campus o el alquiler de la vivienda tendríamos que abandonar los estudios. Por otro lado, las actuales diplomaturas y licenciaturas desaparecerán, transformándose en grados de cuatro años. Este título nos ofrecerá una educación deficiente, ya que, para el acceso al mercado laboral, será imprescindible realizar el postgrado, es decir, dos años más de estudio, con un coste anual superior a los dos mil euros.
En consecuencia, la nueva estructuración universitaria conlleva la creación de estudiantes de primera y de segunda, además de los que directamente no puedan comenzar ninguna carrera. Asimismo, la participación de las empresas en la universidad estará totalmente respaldada, ya que los postgrados se supeditarán a las "necesidades" que la burguesía europea tenga: la educación pasa a ser un bien de mercado.
El 15 de octubre Ikasle Abertzaleak organizó una jornada de lucha en la que participaron un centenar de personas en el Campus de Álava. Este escaso seguimiento no expresa el sentimiento de la mayoría de los estudiantes, siendo obvio que el malestar de los miles de estudiantes, que en los dos años anteriores salieron a la calle para protestar contra el plan de Bolonia, sigue latente. Por lo tanto, es hoy más necesario que nunca coordinar la lucha entre las facultades y los campus; extender la lucha al resto de colectivos que también sufrirán, en sus propias carnes, el plan (profesores, PAS, etc.), así como a sus representantes sindicales; y unir nuestras reivindicaciones a las que el sector más consciente y organizado de la clase obrera europea viene realizando, frente a los ataques continuos y sistemáticos de los representantes del gran capital.


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