El 7 de mayo la provincia de Pontevedra amaneció paralizada. Miles de trabajadores marchando por las calles de Vigo, desde Beiramar hasta la Delegación de la Xunta, es la mejor imagen del éxito de la movilización.
La primera de las seis jornadas de huelga convocadas por CIG, CCOO y UGT en el sector del metal fue un éxito rotundo. Más de 33.000 trabajadores llamados a la huelga y una respuesta masiva. Lo resumía perfectamente un delegado de la CIG: “Non fai falta piquete, ninguén foi traballar”. Y esto es solo el principio: los días 13 y 14 hay dos nuevas jornadas de paro, y del 19 al 21 una huelga de 72 horas, coincidiendo con Navalia (la feria internacional naval de Vigo), donde la patronal de la construcción naval venderá al mundo todo su potencial… con los astilleros vacíos.
El empuje desde abajo arrastra a las direcciones sindicales
Esta movilización no ha caído del cielo, lleva meses cocinándose. La negociación arranca en enero con una patronal a la ofensiva: convenio de 5 años, misma jornada anual y más pérdida de poder adquisitivo, pese a años encadenando beneficios obscenos. Los trabajadores responden con concentraciones frente a las sedes de la patronal y a las puertas de las reuniones. La patronal llegó a suspender unilateralmente las negociaciones en dos ocasiones, el 30 de enero y el 10 de febrero.
En paralelo, en el comercio del metal las trabajadoras encadenaban concentraciones contra un convenio caducado desde finales de 2024 y la voluntad patronal de eliminar la garantía del 100% del salario durante las bajas médicas.
El 21 de abril, tras 9 reuniones que solo ofrecían recortes, la CIG convoca en solitario la huelga del 7 de mayo y una concentración durante el Salón del Automóvil de Vigo. Dos días después la patronal retira la subida del 14,5% que tenía sobre la mesa para volver al 13%, y esto termina con la paciencia de los trabajadores provocando que, en una asamblea de delegados de CCOO en Vigo, un 85% de los delegados votara a favor de la huelga indefinida y de cortar las horas extra desde ya. El portavoz de CCOO Industria, absolutamente sobrepasado por la presión de los trabajadores, declaró: “queremos romper con la idea de huelga por días”. Finalmente, el 28 de abril la UGT se decidió también a convocar.
Que los tres sindicatos convocaran juntos el 7 de mayo no fue producto de su voluntad, ellos continuarían esperando tranquilamente “una última oportunidad”, sino la presión por abajo de una clase obrera que ya no aguanta más.

El empobrecimiento es lo que explica tanta rabia
El precio de los alimentos, de los suministros básicos y, sobre todo, de la vivienda lleva años subiendo a un ritmo que los salarios no alcanzan. El indicador adelantado del IPC interanual en abril sitúa la inflación en el 3,2%, pero esta cifra ni siquiera recoge el agujero real que supone la vivienda.
En Vigo, el alquiler alcanzó en abril de 2026 los 12€/m², con una subida interanual del 11,1%, según Idealista. Es el más alto de Galicia, tras el octavo máximo histórico consecutivo. El alquiler de un piso de 90 m² ronda los 13.000 euros anuales, si a esto sumamos suministros, alimentación y transporte, el coste de vida básico se comen una parte enorme del salario obrero.
Es en este contexto donde hay que encajar la oferta patronal del 13% acumulado en cuatro años, apenas un 3,1% anual, con una cláusula de revisión por IPC topada al 2%. O la eliminación de la garantía del 100% del salario durante una baja médica. Ya no es que no se recupere poder adquisitivo, es que el convenio que quiere la patronal es una garantía de pérdida de poder adquisitivo desde el primer día.
Por eso esta huelga no puede saldarse con migajas. Lo que está en juego es si la gente puede llegar a fin de mes, pagar el alquiler y llenar la nevera. Solo una victoria clara — subida real, cláusula IPC sin topes, mantenimiento del 100% en IT, reducción real de jornada y limitación de la subcontratación— puede frenar esta sangría.
Hipocresía patronal: hay trabajo y beneficios, pero no salarios dignos
La patronal pone cara de víctima, pero los datos la desmienten. Según el propio informe anual de ASIME, el sector gallego cerró 2024 con un 3% más de empleo y un 10% más de facturación; Galicia concentra el 41% de la cartera nacional de pedidos navales y los astilleros privados acumulan 28 buques contratados por 1.600 millones de euros. La propia ASIME reconoce que necesitará incrementar el número de trabajadores en los próximos años.
El dinero está, la carga de trabajo también. Lo que no hay es voluntad de repartirlo, porque la condición para que los beneficios sigan engordando es exactamente esa: mantener a los trabajadores aplastados, con salarios bajos, largas jornadas, derechos recortados y miedo a abrir la boca.
Nuestras vidas y nuestros problemas no les preocupan lo más mínimo. Lo único que les quita el sueño es el sindicalismo combativo, porque saben que ahí se encuentra el único contrapeso real a su capacidad de seguir robándonos. Por eso, los compañeros de la Coordinadora de Trabajadores del Metal (CTM) de la Bahía de Cádiz, Manuel Balber y Jesús Galván, soldadores muy cualificados, no encuentran trabajo pese a una carga de trabajo desbordante en el sector. Para la patronal se trata de usar las listas negras con el objetivo de frenar la lucha por la mejora de nuestras condiciones. Este es el verdadero rostro de la patronal.
Unificar las luchas contra los obscenos beneficios patronales
El empobrecimiento que sufren los trabajadores del metal es exactamente el mismo que sufrimos cientos de miles de trabajadoras y trabajadores en Galicia y en todo el Estado. Es una lógica que se repite en infinidad de sectores: las educadoras del primer ciclo de Educación Infantil 0-3 (que el mismo 7 de mayo protagonizaban la primera huelga estatal de la historia de su sector), el resto del profesorado gallego que el 28 de abril protagonizó su sexta huelga del curso, las trabajadoras del comercio textil (las dependientas de Inditex, Mango, Primark o H&M) se vienen movilizando contra un convenio estatal que, según CGT, supone un retroceso respecto a los convenios provinciales más protectores, o el Metal de A Coruña que en la negociación de su convenio ofrece subidas salariales ridículas.
No son luchas separadas: son la misma lucha contra el mismo modelo, empobrecer a los de abajo para engordar las cuentas de los de arriba. Por eso hay que unificarlas, multiplicar la fuerza y movilizarse golpeando donde de verdad les duele: la producción y los beneficios. Es el único lenguaje que la patronal entiende y que abre las puertas a una victoria rotunda. La huelga del metal de Pontevedra es otra muestra del clima favorable para que este tipo de sindicalismo se abra paso.
------------------------------
A folga do Metal de Pontevedra arrinca cunha forza imparable. ¡Este convenio ímolo gañar!
O pasado 7 de maio a provincia de Pontevedra amenceu paralizada: miles de traballadores marchando polas rúas de Vigo, desde Beiramar ata a Delegación da Xunta, é a mellor imaxe do éxito da mobilización.
A primeira das seis xornadas de folga convocadas por CIG, CCOO e UGT no sector do metal foi un éxito rotundo: máis de 33.000 traballadores chamados á folga e unha resposta masiva. Resumíao perfectamente un delegado da CIG: "Non fai falta piquete, ninguén foi traballar". E isto é só o principio: os días 13 e 14 hai dúas novas xornadas de paro, e do 19 ao 21 unha folga de 72 horas, coincidindo con Navalia (a feira internacional naval de Vigo), onde a patronal da construción naval venderá ao mundo todo o seu potencial… cos estaleiros baleiros.
O empuxe desde abaixo arrastra ás direccións sindicais
Esta mobilización non caeu do ceo, leva cocéndose durante meses. A negociación arranca en xaneiro cunha patronal á ofensiva: convenio de 5 anos, mesma xornada anual e máis perda de poder adquisitivo, a pesar de anos encadeando beneficios obscenos. Os traballadores responden con concentracións fronte ás sedes da patronal e ás portas das reunións. A patronal chegou a suspender unilateralmente as negociacións, como ocorreu o 30 de xaneiro e o 10 de febreiro.
En paralelo, no comercio do metal as traballadoras encadeaban concentracións contra un convenio caducado desde finais de 2024, e a vontade patronal de eliminar a garantía do 100 % do salario durante as baixas médicas.
O 21 de abril, tras 9 reunións que só ofrecían recortes, a CIG convoca en solitario a folga do 7 de maio e unha concentración durante o Salón do Automóbil de Vigo. Dous días despois a patronal retira a suba do 14,5 % que tiña sobre a mesa para volver ao 13 %, e isto remata coa paciencia dos traballadores provocando que, nunha asemblea de delegados de CCOO (o 24 de abril en Vigo), un 85 % dos delegados votara a favor da folga indefinida e de cortar as horas extra desde xa. O voceiro de CCOO Industria, absolutamente desbordado pola presión dos traballadores, declarou: "queremos romper coa idea de folga por días". Finalmente, o 28 de abril a UGT decidiuse tamén a convocar.
Que os 3 sindicatos convocasen xuntos o 7 de maio non foi produto da súa vontade, por eles seguirían esperando tranquilamente "unha última oportunidade", senón da presión por baixo dunha clase obreira que xa non aguanta máis.

O empobrecemento real é o que explica tanta rabia
O prezo dos alimentos, dos subministros básicos e, sobre todo, da vivenda levan anos subindo a un ritmo que os salarios non alcanzan. O indicador adiantado do IPC interanual en abril sitúa a inflación no 3,2 %. Pero esta cifra nin sequera recolle o burato real que supón a vivenda.
En Vigo, o alugueiro acadou en abril de 2026 os 12 €/m², cunha suba interanual do 11,1 % segundo Idealista. É o máis alto de Galicia, o sétimo máximo histórico consecutivo. Só o alugueiro dun piso de 90 m² ronda os 13.000 euros anuais; se a isto sumamos subministros, alimentación e transporte, o custo de vida básico cómese unha parte enorme do salario obreiro.
É neste contexto onde hai que encaixar a oferta patronal do 13 % acumulado en catro anos, apenas un 3,1 % anual, cunha cláusula de revisión por IPC topada ao 2 %. Ou a eliminación da garantía do 100 % do salario durante unha baixa médica. Xa non é que non se recupere poder adquisitivo: é que o convenio que quere a patronal é unha garantía de perda de poder adquisitivo desde o primeiro día.
Por iso esta folga non pode saldarse con migallas. O que está en xogo é se a xente pode chegar a fin de mes, pagar o alugueiro e encher a neveira. Só unha vitoria clara, consistente nunha suba real, cláusulas que garantan o IPC sen topes, o mantemento do 100 % en todo tipo de IT, redución real de xornada e limitación da subcontratación, pode frear esta sangría.
A hipocrisía da patronal: hai traballo, hai beneficios, pero non salarios dignos
A patronal pon cara de vítima, pero os datos desmínteno. Segundo o propio informe anual de ASIME, o sector galego pechou 2024 cun 3 % máis de emprego e un 10 % máis de facturación; Galicia concentra o 41 % da carteira nacional de pedidos navais e os estaleiros privados acumulan 28 buques contratados por 1.600 millóns de euros. A propia ASIME recoñece que necesitará incrementar o número de traballadores nos próximos anos.
O diñeiro está, a carga de traballo está. O que non hai é vontade de repartilo, porque a condición para que os beneficios sigan engordando é exactamente esa: manter aos traballadores esmagados, con salarios baixos, xornadas longas, dereitos recortados e medo a abrir a boca. As nosas vidas e os nosos problemas non lles preocupan o máis mínimo. O único que lles quita o sono é o sindicalismo combativo, porque saben que aí está o único contrapeso real á súa capacidade de seguir roubándonos. Por iso Manuel Balber e Jesús Galván, soldadores moi cualificados, non atopan traballo a pesar dunha carga de traballo desbordante no sector, porque para a patronal trátase de usar as listas negras co obxectivo de frear a loita pola mellora das nosas condicións. Este é o verdadeiro rostro da patronal.
Unificar as loitas contra os obscenos beneficios patronais
O empobrecemento que sofren os traballadores do metal é exactamente o mesmo que sofren centos de miles de traballadoras e traballadores na Galiza e en todo o Estado. É unha lóxica que se repite nunha infinidade de sectores: as educadoras do primeiro ciclo de Educación Infantil 0-3 (que o mesmo 7 de maio protagonizaban a primeira folga estatal da historia do seu sector), o resto do profesorado galego que o 28 de abril encadeou a súa sexta folga do curso, as traballadoras do comercio téxtil (as dependentas de Inditex, Mango, Primark ou H&M) que se veñen mobilizando contra un convenio estatal que, segundo a CGT, supón un retroceso respecto aos convenios provinciais máis protectores, ou o Metal da Coruña que na negociación do seu convenio ofrece subas salariais ridículas.
Non son loitas separadas: son a mesma loita contra o mesmo modelo, empobrecer aos de abaixo para engordar as contas dos de arriba. Por iso hai que unificalas, multiplicar a forza e mobilizarse golpeando onde de verdade lles doe: a produción e os beneficios. É a única linguaxe que a patronal entende e a que abre as portas a unha vitoria rotunda. A folga do metal de Pontevedra é unha mostra máis do clima favorable para que este tipo de sindicalismo se abra paso.




















