No cabe duda de que en la última década se ha desarrollado una poderosa alianza entre China y Rusia, un eje real y material que está logrando erosionar la hegemonía de Estados Unidos. La guerra de Ucrania profundizó esta alianza, pero venía fraguándose desde mucho antes.

Los acuerdos se acumulan a lo largo de los últimos 30 años: son socios estratégicos desde 1996, firmaron el Tratado de Buena Vecindad en 2001, hicieron el primer gran ejercicio militar conjunto en 2005… Pero hay puntos de inflexión que han profundizado esta alianza mucho más allá.

Las sanciones occidentales abren a Rusia la puerta de Asia

En marzo de 2014, con la anexión de Crimea por parte de Rusia, llega la primera tanda de sanciones occidentales. Dos meses después, Gazprom y la petrolera estatal china CNPC firman en Shanghái el contrato del gasoducto Power of Siberia: 400.000 millones de dólares y treinta años de suministro, el mayor contrato de la historia de la empresa gasista.[1]

La reorientación de la economía rusa hacia Asia no fue solo comercial, fue también financiera. Tras una nueva ronda de sanciones en 2018, Putin decidió liquidar de golpe el grueso de su deuda con el Tesoro norteamericano, que pasó de 96.100 millones de dólares en marzo de ese año a 14.900 millones en mayo, una caída del 84% en dos meses.[2] Y a mediados de 2020, por primera vez en su historia, el oro tenía más peso que el dólar en las reservas del Banco Central de Rusia. Y en junio de 2021, ocho meses antes de la invasión de Ucrania, los activos en dólares habían caído ya al 16,4% de las reservas.[3] Estos movimientos no fueron una improvisación, sino una política estratégica fundamental.

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Los acuerdos entre China y Rusia se acumulan a lo largo de los últimos 30 años. Pero hay puntos de inflexión que han profundizado esta alianza mucho más allá.

De lo económico a lo militar

La alianza con China se extiende muy pronto al terreno militar. En 2015 el gigante asiático compra a Rusia el sistema antiaéreo S-400 y 24 cazas Su-35 por alrededor de 3.000 y 2.000 millones de dólares respectivamente, convirtiéndose en el primer comprador extranjero de ambos sistemas. La respuesta de Washington fue sancionar en septiembre de 2018 al Departamento de Equipamiento del Ejército chino y a su director, Li Shangfu.[4] Es obvio que EEUU trataba ya a este eje como una realidad estratégica cuatro años antes de la invasión de Ucrania en 2022.

En octubre de 2019, en una reunión del think tank Club Valdái, Putin lo dijo con todas las letras: “Estamos ayudando a nuestros socios chinos a crear un sistema de alerta temprana de ataque de misiles. Es algo muy serio, porque ahora mismo solo Estados Unidos y Rusia tienen un sistema así”.[5] A su vez China en agosto de 2021 invita por primera vez en su historia a un ejército extranjero, el ruso, a un ejercicio estratégico en su propio territorio.[6]

Hasta 2022, en el terreno militar, el flujo iba de Moscú a Pekín. Rusia vendía a China sus sistemas más avanzados y le proporcionaba una tecnología que solo dos países del mundo poseían. Con la guerra de Ucrania la dirección del flujo ha cambiado, y es Pekín quien suministra componentes tecnológicos, semiconductores y maquinaria industrial a Rusia para mantener el esfuerzo de guerra.

El plan ruso para Europa

Antes de esta guerra, la estrategia rusa en Europa ya estaba clara. El Nord Stream 1 llevaba gas ruso a Alemania por el Báltico desde su inauguración en noviembre de 2011, esquivando a Ucrania y a Polonia. El segundo gaseoducto iba a doblar su capacidad, y EEUU lo entendió perfectamente.

Así, en diciembre de 2019 Trump firmó, dentro del presupuesto de Defensa, la ley PEESA, que sancionaba a las empresas que participaban en su construcción. El consorcio suizo Allseas retiró sus barcos en 48 horas.[7] El 23 de febrero de 2022, justo el día antes de la entrada de las tropas rusas en Ucrania, Washington sancionó directamente a Nord Stream 2 AG, el operador del gasoducto, y a su consejero delegado.[8]

El Nord Stream 2, terminado en 2021, no llegó a funcionar jamás. En septiembre de 2022 ambos gasoductos volaron por los aires en aguas de la OTAN. Evidentemente EEUU estaba detrás de este ataque, un acto que, si lo hubiese cometido cualquier otra potencia contra una infraestructura alemana, habría sido calificado como un acto de guerra. En Berlín, bajo la presión del “amo americano”, en cambio, se optó por mirar hacia otro lado.

La primera potencia del planeta trataba un “tubo” entre Rusia y Alemania como una amenaza estratégica de primer orden. Y no se equivocaba, cada metro cúbico que llegaba por el Báltico ataba a la burguesía alemana al eje Rusia-China y la alejaba de Washington.

Rusia no solo abastecía a Alemania de gas, era también la puerta terrestre de China hacia Europa. En 2021, el 68% del tráfico ferroviario de mercancías hacia el oeste y el 82% del que volvía hacia el este cruzaban territorio ruso.[9]

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En septiembre de 2022 los gaseoductos Nord Stream 1 y Nord Stream 2 volaron por los aires en aguas de la OTAN. Evidentemente EEUU estaba detrás de este ataque. En Berlín, bajo la presión del “amo americano”, en cambio, se optó por mirar hacia otro lado.

Las sanciones empujan a Rusia hacia China

Con el desarrollo de la guerra en territorio ucraniano, las sanciones al régimen de Putin se endurecen y el resultado es exactamente el contrario del buscado. Los datos son contundentes: el intercambio comercial entre Estados Unidos y Rusia pasa de 35.000 millones de dólares en 2021 a 3.500 millones en 2024; el de la Unión Europea con Moscú ha sufrido prácticamente un colapso, con un desplome del 91% de las importaciones de la UE procedentes de Rusia y una caída del 75% de las exportaciones europeas a Rusia. Mientras tanto, el comercio Rusia-China alcanza los 245.000 millones de dólares en 2024, un récord histórico.[10]

Mientras Occidente se cerraba al comercio ruso, China le abría las puertas de Asia de par en par. Las sanciones funcionaron como un boomerang, dispararon el comercio en yuanes, aceleraron la crisis del dólar y arrastraron tras de sí a viejos aliados de Washington como Arabia Saudí o Brasil. Putin contó en todo momento con el respaldo del régimen chino.

La guerra de Ucrania nunca fue el conflicto que nos presentó la propaganda occidental, sino parte de la lucha por la hegemonía mundial entre Estados Unidos y China, en alianza con Rusia. Washington perseguía tres objetivos: golpear a Rusia, ampliar la OTAN y disciplinar a la Unión Europea. Tras más de cuatro años de guerra solo consiguió el tercero; eso sí, a un alto coste agudizando las contradicciones con sus socios europeos y poniendo la máxima presión sobre los trabajadores europeos que están pagando el coste de la recesión, la inflación y los presupuestos de guerra.

Las sanciones no empujaron a Rusia hacia China una sola vez, sino dos, en 2014 y en 2022. Entre 2014 y 2021 Rusia conservó el mercado europeo mientras vendía armas a China. Pero desde 2022 el mercado europeo se cerró y China dejó de ser una opción para convertirse en la única salida.

Rusia es hoy el primer proveedor de petróleo de China, alcanzando en 2024 el récord de 108,5 millones de toneladas de crudo vendidas (2,17 millones de barriles diarios) y cerca del 20% de todo lo que China importa.[11] Pero se lo vende con descuento que ha llegado incluso a 7 u 8 dólares por barril por debajo del precio del Brent, y en 2025 China le compró un 8% menos, mientras los ingresos petroleros rusos caían un 20%.[12] A esto hay que añadir, que más del 70% de todo lo que Rusia vende a China son combustibles fósiles; en cambio, el gigante asiático le exporta maquinaria (24%), automóviles (16%), equipos eléctricos (15%), además de textil y calzado (11%).[13] Si en 2015 Rusia vendía a China armamento de última generación, en la actualidad le vende combustible con descuento. Está claro quién domina el eje chino-ruso, y la dependencia cada vez mayor del régimen de Putin con China.

Por otro lado, el 99,1% del comercio bilateral total entre Moscú-Pekín se liquida ya en rublos y yuanes.[14] Es un golpe real al dólar, si bien es cierto que todavía el yuan representa solo el 3% de los pagos internacionales, frente al 48% del dólar,[15] que de momento sigue siendo hegemónico.

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La guerra de Ucrania nunca fue el conflicto que nos presentó la propaganda occidental, sino parte de la lucha por la hegemonía mundial entre Estados Unidos y China, en alianza con Rusia.

Rusia intimida, China cobra

China está utilizando las intervenciones militares y los conflictos en los que Rusia interviene para consolidar después su propia posición económica.

El ejemplo más claro es el del Sahel, en África. Rusia ha expulsado políticamente a Francia de la región, con sus mercenarios sosteniendo a las juntas militares. Detrás, sin mandar un solo soldado, ha entrado China. El oleoducto más largo de África (1.950 kilómetros), que saca el crudo de Níger hasta el Atlántico, lo ha construido y lo opera la estatal china CNPC[16] y una de las mayores minas de litio del continente, Goulamina en Malí, la explota desde diciembre de 2024 la china Ganfeng, que conservará el 65% del capital tras la entrada del Estado maliense.[17]

China no arrastra el historial de atrocidades bélicas que Estados Unidos lleva en la mochila. Pero la aparente cara amable del imperialismo chino no es un rasgo de su naturaleza, es el producto de que la coerción está externalizada, por el momento. En el Sahel la ejerce Rusia; dentro de cada país, sus propios gobiernos. No existe un imperialismo benévolo. Existe un imperialismo que no necesita enseñar el puño abiertamente porque otro lo enseña por él.

El carácter claramente reaccionario del imperialismo practicado por el eje chino-ruso también se puede apreciar con claridad en detalles tan simples como el nombre que ha adoptado el antiguo grupo Wagner cuando el Kremlin lo ha puesto bajo control directo del Ministerio de Defensa: Afrika korps, como el cuerpo expedicionario de Rommel en África durante la expansión nazi. Con la ironía añadida de que Moscú, que justificaba la invasión de Ucrania como una “desnazificación”, bautiza a su cuerpo africano con el nombre de una formación de la Wehrmacht.

Siria, un repliegue calculado

La ofensiva que derribó a Assad en diciembre de 2024, auspiciada por Estados Unidos, Turquía e Israel, iba dirigida contra el bloque chino-ruso. Sin embargo, China y Rusia decidieron no intervenir para salvarlo. No se arriesgaron por el que había sido hasta entonces su peón en la zona. En plena guerra de Ucrania no tenían claro que pudieran sostener un régimen tan desprestigiado y sin ningún tipo de base social, y decidieron dejarlo caer. Incluso perdiendo Damasco, conservarían lo esencial de sus intereses e influencia conquistados en la región.

El cálculo, de momento, les ha salido bien. Rusia replegó sus barcos del puerto sirio de Tartús y suspendió sus vuelos militares. Pero en octubre de 2025 el nuevo presidente sirio, Al-Sharaa —el mismo al que el imperialismo occidental presentaba como uno de los suyos— viajaba a Moscú para declarar que “respetamos todos los acuerdos” firmados con Rusia, y a finales de ese mismo mes la aviación militar rusa volvía a operar desde la estratégica base de Hmeimim.[18]

Los americanos, en cambio, se van. En la actualidad solo quedan 900 de los 2.000 soldados que el Pentágono reconoció, además de entregar la base de al-Tanf al ejército sirio en febrero de 2026 y de evacuar la de Qasrak en abril.[19]

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La ofensiva que derribó a Assad en diciembre de 2024, auspiciada por Estados Unidos, Turquía e Israel, iba dirigida contra el bloque chino-ruso. Sin embargo, China y Rusia decidieron no intervenir para salvarlo.

Palestina, la prueba definitiva

Pero, sin duda, es en Palestina donde mejor podemos apreciar la naturaleza reaccionaria de este bloque, muy alejada del socialismo, de la solidaridad con los pueblos oprimidos y del internacionalismo de clase.

China se ha convertido en el principal socio comercial de Oriente Medio y en su mayor cliente energético: el 54% del crudo que importa procede de esta región, y ella sola absorbe cerca del 38% de todo el petróleo que atraviesa el estrecho de Ormuz. Sus inversiones en infraestructuras abarcan un buen número de países, incluido el Estado genocida de Israel.[20]

Mientras Gaza era arrasada, ni Moscú ni Pekín movieron un solo dedo para usar su enorme capacidad de presión tanto económica como militar contra Israel para frenar el genocidio. Al contrario, se abstuvieron en el Consejo de Seguridad de la ONU ante una resolución que consagraba la colonización de Palestina y el desarme de la resistencia, y apenas unos días antes empresas chinas se adjudicaban contratos multimillonarios de infraestructuras energéticas en el propio Israel.[21]

No es la primera vez, ni mucho menos. En los últimos veinte años Rusia y China han votado a favor de resoluciones que exigían el desarme de la resistencia libanesa, sancionaban a Irán o imponían un embargo de armas a los hutíes de Yemen.[22] Cuando los pueblos de la región han tenido que enfrentarse a Israel, siempre han sido abandonados.

Ni el régimen de capitalismo de Estado chino ni el ruso son, ni serán, aliados de la clase trabajadora, de los campesinos pobres ni de ninguna nación oprimida en la lucha contra el imperialismo, el sionismo y sus explotadores capitalistas. No es un bloque de liberación de los pueblos, como algunos sectores dentro de la izquierda pretende hacernos creer. Es una alianza de estados capitalistas, tremendamente eficaz para erosionar el poder decadente de Washington pero incapaz de ofrecer una alternativa revolucionaria a los trabajadores del mundo.

Una alianza de intereses, no un bloque monolítico

Como señalamos más arriba, la convivencia de este eje tampoco está exenta de contradicciones. China desplaza a Rusia en Asia Central, se guarda su tecnología más avanzada y sus bancos aplican fuertes controles para no exponerse a las sanciones secundarias de Washington. Por otro lado, en junio de 2025 se filtró un documento interno del contraespionaje del FSB ruso que describe a China como un adversario que espía a científicos, militares y empresarios rusos, y que recomienda no llamarla “enemigo” en público para no dañar la relación bilateral.[23]

Son grietas reales. Pero mientras este eje siga funcionando para desplazar a Estados Unidos, esas contradicciones quedan en un segundo plano.

Y los avances que han logrado son muy importantes, pero la hegemonía mundial se disputa en décadas. Estados Unidos necesitó dos guerras mundiales para desplazar al Imperio británico, y el crack de 1929, que parecía su tumba, acabó reforzándolo.[24] La tendencia es clara, pero el proceso no está consumado. Washington conserva el dólar, la primacía militar y los mercados de capital. Pero la vieja hegemonía se está resquebrajando.

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Ni el régimen de capitalismo de Estado chino ni el ruso son, ni serán, aliados de la clase trabajadora, de los campesinos pobres ni de ninguna nación oprimida en la lucha contra el imperialismo, el sionismo y sus explotadores capitalistas.

Ante esta transformación, nuestra tarea como marxistas revolucionarios no es elegir entre bandidos. Es luchar por la independencia de clase y por el internacionalismo proletario, levantando un programa de transformación socialista de la sociedad. Ni Washington, ni Pekín ni Moscú; la única salida para los pueblos no está con ninguna de las burguesías que se reparten el mundo, sino con la lucha revolucionaria de la clase trabajadora y los oprimidos contra este sistema decadente.

 

Notas:

[1] Power of Siberia: A Natural Gas Pipeline Brings Russia and China Closer

[2] Treasury data shows Russian holdings of US debt plunged 84% since March, but here’s what it really means

Ver también: Did Russia Really Dump Its U.S. Debt?

[3] Bank of Russia Foreign Exchange and Gold Asset Management Report, nº 1 (61), Banco Central de Rusia, enero de 2022.

Ver también: Pandemic Pushes Russia’s Gold Reserves Above U.S. Dollars For First Ever Time

[4] US Sanctions China Over Purchase of S-400 Air Defense Systems, Su-35 Fighter Jets From Russia

Ver también: Sanctions Under Section 231 of the Countering America’s Adversaries Through Sanctions Act of 2017 (CAATSA)

[5] Russia helping China to create early missile warning system, says Putin

Ver también: Russia to Help China Develop an Early Warning System

[6] Russia, China Kick Off Joint Military Drills

Ver también: Zapad/Interaction-2021: A New Milestone in China-Russia Joint Military Exercises

[7] Sanctions against Nord Stream 2 in the US defence budget

[8] Statement by President Biden on Nord Stream 2

[9] Eurasia's Freight Infrastructure vs. Russia's War in Ukraine

[10] China-Russia Dashboard: a special relationship in facts and figures

Ver también: ¿Ha cumplido la Unión Europea con su rechazo comercial a Rusia?

[11] China’s crude oil imports from top supplier Russia reach new high in 2024

Ver también: Closing ranks: Russia-China energy cooperation amid escalating confrontation with the West

[12] Record Discounts Accelerate Chinese Teapot Purchases of Russia’s ESPO Crude

Ver también: Russia’s Oil Discounts to China Cost Billions Despite Price Surge, Study Finds

[13] China-Russia Dashboard: a special relationship in facts and figures

[14] Russia, China conduct over 99% of trade in national currencies, says official

[15] RMB Tracker, SWIFT, junio de 2025.

Ver también: Is China’s cross-border payments network on the rise?

[16] Africa's longest oil pipeline takes shape in Niger

Ver también: Niger-Benin Crude Pipeline

[17] Ganfeng begins production at Goulamina lithium mine in Mali

Ver también: China’s Ganfeng kickstarts lithium mine in Mali amid weak market sentiment

[18] Syria Terminates Russian Naval Base Deal – Reports

Syria seeks to ‘redefine’ Russia ties, al-Sharaa tells Putin in Moscow

Russia reactivates Syrian airbase in high-stakes gamble on post-Assad leadership

[19] Pentagon Reveals 2,000 US Troops Are in Syria – More than Double What Was Previously Reported

Syrian army takes control of al-Tanf military base as US troops pull out

US Completes Withdrawal From Key Base in Syria as Part of a Larger Drawdown

[20]  Mapped: Where China Gets Its Oil, Visual Capitalist.

Charted: Oil Trade Through the Strait of Hormuz by Country

Middle East–China Trade Prospects Remain Robust Despite Red Sea Crisis

[21] Security Council Authorizes International Stabilization Force in Gaza, Adopting Resolution 2803 (2025)

China still winning major Israeli infrastructure deals

Rusia y China permiten a EEUU e Israel reforzar la colonización de Palestina y desarmar al pueblo palestino

[22] SECURITY COUNCIL CALLS FOR END TO HOSTILITIES BETWEEN HIZBOLLAH, ISRAEL, UNANIMOUSLY ADOPTING RESOLUTION 1701 (2006)

Security Council Imposes Additional Sanctions on Iran, Voting 12 in Favour to 2 Against, with 1 Abstention

Security Council Demands End to Yemen Violence, Adopting Resolution 2216 (2015), with Russian Federation Abstaining

[23] Secret Russian Intelligence Document Shows Deep Suspicion of China

Resumen accesible sin suscripción en Leaked counterintelligence document reveals Russian concerns about Chinese spying

Ver también, sobre Asia Central: Sino-Russian Relations in Central Asia

China quietly eclipsing a weakened Russia in Central Asia, Asia Times, 03-2026. China quietly eclipsing a weakened Russia in Central Asia

[24] Un Bonaparte para conquistar el mundo. El capitalismo chino y la lucha por la hegemonía

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