El pasado 25 de septiembre fue detenido en Vélez-Málaga un cura de 34 años por haber violado a por lo menos cinco mujeres utilizando el método de la sumisión química. Las agresiones fueron grabadas en vídeo por el propio párroco y en ellos se puede ver a las víctimas totalmente narcotizadas.Ninguna de ellas recuerda nada de lo sucedido, y ahora están viviendo una auténtica tortura al tener que enfrentarse a esta situación. De hecho, según informa la Policía, puede haber más víctimas que todavía no han sido identificadas.

Este violador utilizaba su autoridad como sacerdote para ganarse la confianza de las víctimas, que conocía a través de su círculo de amigos y diferentes campamentos juveniles católicos. Posteriormente las aislaba y suministraba algún tipo de sedante, para finalmente cometer la agresión y grabarla para conservar el recuerdo de sus atrocidades. Francisco Cuenta, como se llama este individuo despreciable, es un depredador.

La Diócesis de Málaga lo sabía, no hizo nada y ahora elude responsabilidades

Como suele suceder en la mayoría de casos relacionados con la Iglesia Católica, el historial del padre Fran era más que conocido por otros miembros de la congregación pero conscientemente se ha tapado todo. El obispado sabía perfectamente que este cura tenía un disco duro con material sexual en el que aparecía agrediendo sexualmente a mujeres en estado de inconsciencia desde el mes de enero.

Según informa elDiario.es, la pareja sentimental del párroco por entonces, quien puso las violaciones en conocimiento de la Policía, ya había denunciado esta situación a principios este año a la autoridad eclesiástica. La respuesta de la Diócesis, en lugar de expulsar y exponer a este violador, fue trasladarlo de comunidad, de Melilla a la Sierra de las Nieves (Málaga) porque “renunció a su relación sentimental y se comprometió con su sacerdocio”. Es decir, que lo que le molestó a sus superiores no fueron las violaciones, ¡sino que hubiera roto el hábito al tener novia! Vomitivo.

La infinidad de casos de violaciones, acoso, pederastia que señalan directamente a la jerarquía de la Iglesia Católica no son ninguna casualidad, sino el fruto de una moral putrefacta y reaccionaria, que promueve la dominación y el abuso hacia las mujeres. Es inevitable hacerse la pregunta ¿cuántos casos de depredadores sexuales conocerá la jerarquía católica y protegerá dentro de sus filas? Imaginarse la respuesta da escalofríos.

Pero la hipocresía de esta institución reaccionaria no tiene límites. Cuestionados por los medios de comunicación, la Diócesis andaluza ha negado todo conocimiento de los hechos y se han mostrado muy compungidos y dolidos, pero orgullosos de las medidas tomadas. Cuando la prensa ha preguntado al portavoz por aquellas medidas, la respuesta ha sido totalmente lamentable: “sacar un comunicado”. ¿Qué más queréis que hagamos?, se atreverán a preguntar estos violadores con sotana.

Mostrando una crueldad infinita, en dicho comunicado la Diócesis de Málaga ha señalado que la Iglesia es una víctima más, y que todo esto les hace mucho daño. Ellos no se preocupan por el daño que han sentido estas mujeres ni por la integridad física de los miles de niños y niñas que todos los años caen en las garras de este monstruo llamado pederastia. Esos daños les dan igual. A ellos lo que de verdad les preocupa es que cada vez más gente cuestione el poder que esta institución medieval sigue ejerciendo, y los millones de euros que reciben de las arcas públicas.

¡Estamos hartas de la cultura de la violación!

Desde Libres y Combativas queremos enviar nuestro apoyo a las víctimas de este depredador, y también a todas las personas que han sufrido violencia sexual en el seno de la Iglesia. Este caso, como tantos otros, no hace más que reafirmarnos en nuestra lucha contra la violencia machista y contra la impunidad de la que gozan nuestros agresores.

La Iglesia Católica, la derecha y el aparato del estado, esta triada franquista que todos los días promueve la cultura de la violación, nos quieren sumisas y que aceptemos el rol que la sagrada Biblia nos tiene designado. Pero no. Estamos hartas y se acabó. Que nos escuchen bien todos los obispos, policías, jueces y defensores de este sistema capitalista y patriarcal. No aceptamos más abusos, vejaciones, maltrato ni agresiones por parte de nadie. Y no dejaremos de luchar por el respeto, la dignidad y la igualdad que merecemos.

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