El ánimo está cambiando entre los trabajadores de las compañías auxiliares de Navantia-Ferrol, la antigua Izar. La resignación del pasado dejó paso a un ambiente de “si estamos así es porque no hacemos nada”, ambiente que entre los activistas sindicales y los trabajadores más avanzados es ya de “aquí hay que hacer algo, esto no puede seguir así”. Síntomas de la situación son las reuniones que están manteniendo todos los miércoles los delegados de las compañías, su intención de formar una coordinadora (boicoteada por los aparatos sindicales, que tiemblan ante la sola perspectiva de que los trabajadores subcontratados se lleguen a organizar) y las demandas por prestamismo laboral presentadas el pasado junio por trabajadores de varias compañías, a través de abogados particulares. Estas demandas motivaron represalias, en forma de traslados (incluso a Lisboa) e intentos de despido. Entrevistamos a dos de los demandantes, Julio Mourón, delegado de CCOO en Gecoga, y Francisco Calvo, delegado de CIG en ElectroRayma.

 

El Militante.— ¿Cuál es la situación laboral de las compañías?

Julio Mourón.— El primer problema es el número de empresas. Hay más de cien en la factoría, y ya se sabe: divide y vencerás. Hay muchos convenios, el de obra blanca, el de sidero, el de pintura, algunas tienen convenio de empresa, es una selva. Además está la precariedad, la jornada, los sueldos y la falta de prevención de riesgos laborales. Como muestra tenemos el accidente que hubo en mayo, con cuatro muertos, pero que pudieron ser muchos más porque lo único que importa es sacar el trabajo adelante.

Fran Calvo.— Te voy a poner el ejemplo de mi empresa. Entras a las siete y sales a la una, o a lo mejor sales a las tres, según esté el encargado; luego te dice “vente a las dos y media”. No sabes en realidad qué jornada tienes. Además, parte del sueldo no te lo meten en nómina.

EM.— ¿En qué os basáis para presentar la demanda?

FC.— Nosotros a todos los efectos éramos como de la principal: nos mandaba un encargado de Navantia, alternábamos turno con trabajadores de Navantia, trabajábamos con la herramienta de Navantia...

JM.— La situación se originó por abaratar costes, aprovechando los mandos de la principal para dirigir y supervisar nuestro trabajo, cuando eso está prohibido por ley porque es la compañía la que tiene que responsabilizarse de lo que hace. Pero nuestros empresarios son meros intermediarios de mano de obra que ni siquiera invierten en sus empresas. Si las compañías tuvieran toda la estructura empresarial, a Navantia le saldrían más caras y le convendría contratar eventuales, pero opta por esto porque se aprovecha de que la gente, por la precariedad, tiene el problema de dar el paso de la denuncia. De hecho, al día siguiente de la denuncia, la dirección de Navantia, para disimular el prestamismo, cambió muchas cosas, lo que es una admisión implícita de culpabilidad.

EM.— ¿Qué actitud adoptaron los sindicatos ante las demandas?

FC.— De momento, estamos en un impasse, estamos que sí, que no, pero que bueno, a ver... El apoyo de palabra nos lo dieron, pero ahora falta la obra, que imagino que vendrá el día del juicio o en alguna asamblea que se pueda hacer en Navantia. En principio me dieron el apoyo, pero luego hay que verlo en los hechos.

JM.— Si presentamos la demanda en un abogado particular fue porque no vimos un apoyo claro. Yo creo que sindicalmente se está esperando a que decida el de la toga. Si nos da la razón, todos se subirán al carro de los demandantes; y si nos da el palo, se va a oír lo de “ya os lo decíamos, que no ibais a tener razón”. De hecho, yo ahora estoy en casa, y si el sindicato me hubiese dado el apoyo que debía, estaría trabajando. El apoyo sindical es flojo para un tema de este calado y la cantidad impresionante de gente, varios cientos, que había en esta situación en la factoría.

EM.— ¿Cómo pensáis que habría que abordar sindicalmente el problema de la subcontratación?

FC.— En los sindicatos tiene que haber gente para andar con los papeles, pero también tiene que haber gente para estar en la calle porque es ahí donde ganas las cosas. Hay demasiada pasividad, los sindicalistas huyen de los problemas.

JM.— No se sabe muy bien si queremos realmente movilizarnos o si hay que conformarse con el “hay otros en peores condiciones”. No se ven cabezas que inciten a la gente a que defienda sus derechos. Se sabe cuál es la situación, pero no se hace nada. Los sindicatos deberían estar más al tanto, deberían ser ellos los primeros que diesen el paso de informar a los trabajadores de sus derechos y llevarlos de la mano. Y yo creo que es al revés, que son los trabajadores los que están llevando a los sindicatos de la mano; sólo actúan cuando les llega el agua al cuello, no cogen el toro por los cuernos. Por culpa de la subcontratación, dentro de la factoría se están creando dos clases de trabajadores, los que van en primera y los que van en turista. Esto se debería atajar porque yo creo que somos una única clase, y todos deberíamos verlo de esta manera. Se debería involucrar a todos en los problemas de todos.


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