Creo que todos nos hemos enterado de los hechos acontecidos en agosto en las barriadas sevillanas de Amate y Los Pajaritos. Un joven de apenas 18 años resultó muerto tras un intento de atraco a un estanco: un guardia civil de paisano no dudó en propiBonifacio Espada (Sevilla)

Creo que todos nos hemos enterado de los hechos acontecidos en agosto en las barriadas sevillanas de Amate y Los Pajaritos. Un joven de apenas 18 años resultó muerto tras un intento de atraco a un estanco: un guardia civil de paisano no dudó en propinarle un tiro en el muslo y otro en la cabeza. Y todo esto mientras los jóvenes, armados con un revólver de fogueo, ya estaban huyendo. Así fue como el agente logró preservar el orden y la seguridad ciudadana. El ministro del Interior Ángel Acebes, en una declaración, defendió en el diario El Mundo (16-08-02) "la actuación de los dos agentes implicados, que intervinieron para «repeler» la agresión de los presuntos ladrones, que pusieron en peligro sus vidas".

Escena de guerra

Los actos de vandalismo (quemaron coches abandonados y contenedores de basura) tras el funeral del chaval fueron nada más que el reflejo de la frustración y la rabia de los jóvenes de la barriada. Tan impresionante fue el despliegue policial que cuando se iniciaron los actos vandálicos un vecino declaró a El Mundo (17-08-02): "Era una escena de guerra. Había siete u ocho furgones y un montón de policías con metralletas identificando a chavales"; incluso yo al pasar por el barrio, días después de los hechos, he sido retenido hasta tres veces para ser identificado por la policía. En los días siguientes todos los periodistas y políticos se quejaban escandalizados por la falta de seguridad ciudadana, culpándose entre ellos. Nadie ya hablaba del asesinato. El guardia civil ya estaba justificado y a los dirigentes del PSOE no se les ocurría nada mejor que pedir al gobierno más agentes armados para vigilar las ciudades.

Estos dirigentes ‘socialistas’ deberían preguntarse si acaso no son responsables del estado escandaloso en el que han dejado las barriadas de Sevilla. Igual que hacen los del PP en ciudades como Málaga. Frente a la demagogia del gobierno del PP y de los capitalistas a los que Aznar defiende sobre la inseguridad ciudadana hay que decir bien claro que la lumpenización de los barrios es, en último análisis, la consecuencia de los ataques a las condiciones de vida de la clase obrera. Ni más, ni menos.

La represión no es un hecho aislado

La aunque la represión policial haya sido tan espectacular, no se trata de un hecho aislado. Recordamos las denuncias realizadas desde nuestras páginas contra el uso de la violencia policial en las movilizaciones estudiantiles del año pasado y durante la Huelga General del 20-J. Si nos manifestamos en la calle por nuestros derechos, nos reprimen; si un chaval atraca a una tienda, le matan. Esta es su ‘seguridad ciudadana’. La Guardia Civil (que nada tiene de civil y que tiene que ser disuelta) es el aparato represivo del Estado, el arma de la burguesía. Tenemos que luchar para que se castigue a los pistoleros de gatillo fácil, por la depuración de los cuerpos militares y policiales de fascistas y violentos. Mientras siga existiendo la Guardia Civil, los sindicatos tienen que luchar por la libre afiliación de los agentes y su derecho a huelga. Los gobiernos no dudan en tratar de distanciar sus policías de la sociedad para que la lucha de clases no influya en los cuerpos armados, para así no comprometer la defensa del statu quo del sistema. Creemos que la clase obrera es quien debe tener un control sobre estos organismos para luchar contra la violencia del estado burgués.

Desde estas líneas damos el pésame a los familiares y amigos de la víctima y repetimos que la delincuencia y la lumpenización en las barriadas son el reflejo de la situación desesperada de los jóvenes de este país, ante la ausencia de un trabajo y un lugar digno donde vivir, ante la ausencia del presente y del futuro. Y si el PSOE e IU siguen olvidándose de los barrios obreros, serán las bandas fascistas, las que no dudarán en nutrir sus filas con los desesperados. ¿Y cómo les utilizarán? Pues contra los trabajadores inmigrantes y las organizaciones obreras y estudiantiles en lucha.

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