“...Nadie puede decirle a una multinacional dónde y cuándo debe invertir su dinero”. Esta es, como no, la opinión del gobierno del PP, en palabras de J. Piqué, refiriéndose al incumplimiento por parte de Aceralia de sus compromisos de inversores en l“...Nadie puede decirle a una multinacional dónde y cuándo debe invertir su dinero”. Esta es, como no, la opinión del gobierno del PP, en palabras de J. Piqué, refiriéndose al incumplimiento por parte de Aceralia de sus compromisos de inversores en la factoría que tiene en Veriña (Gijón).

Durante las décadas de los 80 y los 90, Asturias sufrió con especial crudeza las sucesivas reconversiones industriales, y la privatización de gran parte de su industria. Una de las empresas más relevantes que se privatizó fue la antigua siderúrgica ENSIDESA, en la que desaparecieron miles de puestos de trabajo directos, abriéndose la puerta a la precariedad laboral, con la introducción de las subcontratas, no sólo en tareas de mantenimiento, sino en la propia producción.

Tras una serie de procesos, durante los cuales el Estado invierte miles de millones de pesetas para sanear la empresa, esta se privatiza definitivamente, cuando es ya una empresa rentable que produce beneficios. En su momento, la empresa anunció una serie de inversiones que garantizarían la modernización de la fábrica, el aumento de la producción, y en última instancia su supervivencia futura.

Horno eléctrico

Ahora, las malas perspectivas económicas a nivel internacional, hacen que todas estas promesas puedan quedarse en papel mojado. La presentación por parte de Aceralia de su plan inversor para el próximo año ha dado la voz de alarma sobre el futuro de la factoría de Veriña. Nada importa, al parecer, que durante todos estos años hayan estado obteniendo miles de millones de pesetas de beneficios. De hecho, durante este año, Arcelor (el grupo siderúrgico donde se integra Aceralia, junto con ARBED y USINOR) ha obtenido 24.000 millones de pesetas de beneficio neto.

Lo más preocupante es que en este plan no se destina ninguna partida para la construcción del horno eléctrico de Veriña, pese a que este fue uno de los compromisos que asumió la dirección, cuando adquirió la empresa tras su privatización. En realidad, la inversión prevista es tan ridícula (cifras sindicales hablan de algo más de 23 millones de pesetas), que simplemente servirá para garantizar las labores de mantenimiento.

La construcción del horno eléctrico permitiría aumentar la producción, y mantener todas las líneas existentes actualmente. De lo contrario, los altos hornos de que dispone Aceralia en la actualidad serán incapaces de suministrar todo el arrabio necesario para la elaboración de los distintos productos. La intención de la empresa parece ser potenciar la factoría de Avilés, donde se fabrican los productos más rentables (hojalata, chapa galvanizada...), y dejar que el tiempo y el deterioro de las instalaciones acaben por hacer de Veriña una factoría abocada al cierre o reducir drásticamente su capacidad productiva y en consecuencia, los puestos de trabajo. De hecho, recientemente también se conoció la intención de la empresa de trasladar la producción de alambrón y perfiles a otras zonas del estado.

Un sector determinante para el empleo

Aceralia tiene en la actualidad una plantilla en torno a 8.000 trabajadores, de los cuales más de la mitad trabajan en la factoría de Veriña (Gijón). Fuentes sindicales ya han advertido de que unos 9.000 empleos dependen, directa o indirectamente, de esta factoría. La modernización de Veriña es fundamental para garantizar su futuro y los puestos de trabajo que tiene actualmente. Si no se acometen las inversiones previstas, las instalaciones se quedarán obsoletas en poco tiempo.

Si se permite a la empresa que incumpla sus compromisos, las consecuencias a medio plazo serán dramáticas. Es necesario clarificar cuanto antes los planes de la multinacional respecto a la acería. No debemos consentir que una empresa que durante estos años ha obtenido beneficios millonarios amenace el futuro de miles de familias trabajadoras. Al contrario de lo que opina el gobierno, nosotros sí creemos que tenemos todo el derecho a reclamar las inversiones necesarias a Aceralia, para garantizar los puestos de trabajo. Si no está dispuesta a realizarlas, es el momento de reabrir el debate sobre la privatización de un sector tan importante como el siderúrgico.

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