Tras treinta años de guerra, el 30 abril de 1975 las tropas del ejército norvietnamita entraban en Saigón. Concluía así la lucha heroica del pueblo vietnamita contra el imperialismo francés primero y la posterior ocupación imperialista norteamericana. Se reunificaba el país y se completaba la expropiación de los terratenientes y capitalistas. Esta victoria histórica, cuyas lecciones han estado presentes durante tres décadas en la política mundial, tuvieron un prólogo muy desconocido en Occidente, que pudo haber ahorrado muchos de los sufrimientos padecidos por el pueblo vietnamita.

Las enseñanzas de la revolución en Indochina y Vietnam deben ser estudiadas con todo rigor y profundidad pues constituyen una escuela de primer orden para las nuevas generaciones de revolucionarios.

Hoy, cuando el imperialismo estadounidense está empantanado en Iraq, es vital sacar conclusiones de aquel proceso. El imperialismo sufría en Vietnam una de sus más duras derrotas porque la voluntad de resistencia de las masas desposeídas no pudo ser quebrada. Luchando por su liberación nacional, luchaban también por la liberación social, por la tierra y contra el terrateniente, por acabar con el capitalismo. Esta es la primera lección que la resistencia iraquí debería sacar para volver a derrotar al coloso. Ésa fue la clave del éxito vietnamita.

PRIMERA PARTE

De Indochina a Vietnam

Indochina era una de las partes más ricas del inmenso imperio colonial francés. Su conquista había comenzado en 1859 y concluyó en 1888. Representaba un seis por ciento del territorio colonial, pero sus 24 millones englobaba a un tercio de sus habitantes. Antes de la Segunda Guerra Mundial figuraba entre los principales exportadoras mundiales de arroz

Indochina se dividía en cinco territorios. Vietnam estaba configurado por la colonia de Cochinchina al sur, la semicolonia de Tonkin al norte y el protectorado de Annam en el medio. Camboya y Laos también eran protectorados que completaban Indochina. Los annamitas (vietnamitas) constituían la mayoría de la población. La colonia era fundamentalmente campesina, si bien una incipiente clase obrera se va a ir desarrollando especialmente en el sur, la Cochinchina. En las primeras décadas del siglo XX, entre el campesinado y los sectores populares, se va desarrollar un amplio movimiento anticolonial, vinculado a la lucha por la posesión de la tierra. La insurrección más destacada fue la rebelión de Yen-Bay, encabezada por los comunistas en 1930. El poder colonial estaba compuesto por unos 8.000 funcionarios y una élite de terratenientes colaboracionistas, que aplicaron una tremenda política represiva a través de su temida policía política, la Sûreté.

Las libertades democráticas quedaban restringidas a 5.000 funcionarios y 8.000 colonos blancos. No hubo nunca ningún atisbo de apertura o autogobierno, por lo que por fuerza la oposición se mantenía en la clandestinidad. La oposición se va expresar minoritariamente en un partido nacionalista burgués, el Partido Nacional de Vietnam, y mayoritariamente en torno al Partido Comunista de Indochina.

Desde sus inicios la lucha contra la dominación colonial tuvo un marcado carácter de clase. No era extraño. Desde 1900 el imperialismo francés insertó la economía de su colonia en el mercado mundial sobre la base de la explotación brutal de los indochinos. Se apropió de gran parte de las tierras para entregárselas a los empresarios franceses para el desarrollo de minas y plantaciones. Con el objetivo de obtener mano de obra para la incipiente industria, la administración colonial multiplicó los impuestos sobre la cosecha del campesinado, forzándoles a abandonar una tierra que hasta entonces les garantizaba la subsistencia. Para garantizar el poder colonial en aldeas y pueblos se utilizó a los terratenientes autóctonos que vieron reforzado su poder a la vez que crecía la desigualdad social y el odio del campesino hacia ellos.

Esta minoría terrateniente, francesa y vietnamita, acaparaba cada vez más tierras. En los años treinta, 6.200 propietarios controlaban el 45% de los arrozales en el sur. En el norte, el 2% poseía el 40% de la tierra. Los herederos de esta clase de terratenientes se convirtieron en los funcionarios de la administración colonial.

En este contexto, la lucha por la liberación del yugo francés tenía que estar inevitablemente unida a la lucha contra la débil y corrupta burguesía vietnamita.

El comunismo indochino

No es de extrañar por las razones anteriormente señaladas que el Partido Comunista Indochino se desarrollase como una fuerza de masas. La revolución de 1917 iluminó a los oprimidos de todo el mundo, incluso ante una minoría de hijos de terratenientes y mandarines su efecto fue claro. En un país con un 80% de analfabetos, el acceso a las ideas revolucionarias sólo podía ser cosa de capas privilegiadas. Algunos de ellos sensibles a la pobreza de su pueblo y al desprecio racista francés giraron hacia la izquierda y abrazaron el marxismo. Tal fue el caso de Nguyen Ai Quoc, más conocido por su pseudónimo de Ho Chi Minh (aquel que ilumina). Hijo de un médico anticolonialista, emigró a Francia donde se afilió al Partido Socialista, del que pasó en 1920 al recién creado Partido Comunista Francés. Viajó a Moscú y pasó a trabajar para la Internacional Comunista. Participó en la revolución china de 1925, donde organizó a los primeros cuadros del comunismo vietnamita. Tras la derrota en China pasará a la URSS y seguirá trabajando para la Internacional Comunista en Tailandia. Sus seguidores permanecieron en el sur de China y en mayo de 1929 formarían el Partido Comunista Indochino.

Sin embargo, este Partido Comunista Indochino nació lastrado por el progresivo proceso de degeneración burocrática que padeció el Estado soviético y el conjunto de la Internacional después de la muerte de Lenin. La Internacional Comunista creada como herramienta para la extensión de la revolución socialista en el mundo, lo que a su vez suponía la única garantía para el avance del socialismo en la URSS, se había ido convirtiendo en un mero instrumento de la política exterior de la burocracia estalinista. El fracaso de la revolución en occidente, especialmente en Alemania en 1918 y 1923 había agudizado el aislamiento del joven Estado obrero soviético, atenazado también por la catástrofe económica después de tres años de guerra contra la contrarrevolución y la atomización del proletariado soviético. En esas condiciones objetivas la democracia obrera fue eliminada sistemáticamente dentro del Partido Bolchevique y en el conjunto de los órganos de poder soviéticos, los sóviets. La burocracia estalinista consolido su posición después de expropiar el poder político a la clase obrera y eliminar físicamente a miles de comunistas, incluidos todos los camaradas de armas de Lenin en 1917, que se opusieron a este rumbo termidoriano. Las purgas no se limitaron a la URSS, se extendieron al conjunto de la Internacional y las secciones comunistas nacionales. En ese proceso los teóricos de la burocracia crearon un nuevo programa para justificar la defensa de sus posiciones. Con la teoría del socialismo en un solo país se abandonó la política leninista de la revolución internacional sometiendo al conjunto del movimiento comunista de todo el mundo a los intereses que la burocracia de Moscú tenía en cada momento determinado. Los múltiples errores de Stalin llevaron al desastre al comunismo chino en 1926/1927, aislando aún más a la URSS y paradójicamente fortaleciendo a la propia burocracia. El error fundamental de la burocracia estalinista en China fue abandonar todas las enseñanzas de Lenin respecto a la posición de los comunistas en la revolución colonial, y sustituirlas por el gastado programa menchevique de colaboración de clases. Desde Moscú se impuso a los comunistas chinos una alianza política con la supuesta burguesía progresista china, representada en el Kuomintang de Chiang Kai-shek. De esta manera se reproducía el viejo esquema reformista que consideraba una quimera la lucha por la revolución socialista en los países atrasados, de manera que el papel del proletariado y de sus organizaciones debería limitarse a prestar apoyo a la burguesía nacional para garantizar el desarrollo de la "democracia capitalista" posponiendo la lucha por el socialismo a un horizonte incierto. Estas tesis fueron refutadas por Lenin y Trotsky precisamente con el triunfo de la revolución socialista en octubre de 1917, pero ahora volvían a ser desempolvadas por los epígonos estalinistas.

Después de que el Partido Comunista Chino se disolviese en el Kuomintang, éste les pagó con la represión y el exterminio. Lejos de sacar conclusiones, la Internacional comunista profundizó en esta política y los partidos comunistas de los países coloniales incorporaron a sus programas las alianzas con una supuesta burguesía nacional progresista como estrategia para la "liberación nacional". Así, abandonando el programa leninista de vincular la liberación nacional a la social se abrazaba la teoría etapista de alcanzar primero la liberación nacional de la mano de la burguesía y aplazar la lucha por el socialismo.

La idea de la existencia de una clase capitalista progresista era tan equivocada en Indochina como en China. Como ya hemos explicado, salvo una pequeña minoría, el grueso de los capitalistas eran los sostenedores del orden colonial y aunque hubiesen preferido librarse de Francia, el miedo a las reivindicaciones sociales de obreros y campesinos les echaban en brazos de la metrópoli. Sin embargo ni Ho Chi Minh, ni el resto de la dirección se movería un ápice de las directrices marcadas desde Moscú.

La línea de colaboración con la burguesía no era patrimonio de los partidos comunistas en los países coloniales. También en Europa se desarrolló la estrategia del frente populismo, alianzas con partidos burgueses en nombre de la lucha contra el fascismo. En la metrópoli el frente popular llega el poder en 1936. La formación de este gobierno con participación del Partido Comunista francés animaría la lucha de clases en las colonias. Sin embargo, la alianza con la burguesía va a ser una mordaza. Al igual que en España, los socialistas y comunistas franceses aceptaron la existencia de las colonias, claves para el mantenimiento del capitalismo francés. El ministro de las colonias francesas, miembro del Partido Socialista lo señaló claramente: "el orden francés debe reinar en Indochina y en todas partes". De hecho los sindicatos siguieron prohibidos en la colonia y dirigentes comunistas como Nguyen Van Tao se pudrían en prisión .

Esta vergonzosa traición no fue contestada por el Partido Comunista Indochino. Supeditándose a Stalin (en esos momentos aliado con el capitalismo francés e inglés) abandono las consignas "abajo el imperialismo" o "confiscación de tierras".

La nefasta política de la IC bajo control de la burocracia estalinista y del PCI provocó el desarrollo de una importante oposición que pronto se unió a Trotsky en su lucha internacional por recuperar las genuinas ideas de Marx y Lenin. Esta oposición registró un importante crecimiento, especialmente entre la clase obrera del sur, ganando al grupo comunista organizado en torno al periódico La Lutte (La Lucha). Llegaron a ganar algunas elecciones locales y jugaron un papel crucial en la huelga general de 1938. El avance trotskista fue tan serio que Ho tuvo que llegar a acuerdos con ellos. Incluso en las elecciones al Consejo Colonial Cochinchino (organismo con escasos poderes elegido con sufragio restringido) tres candidatos trotskistas fueron elegidos con un 80% del voto, derrotando a los candidatos del Partido Comunista Indochino y de la burguesía. Especialmente carismático y querido será su dirigente Ta Thu Thau. La militancia trotskista llegará a varios miles, ganando a importantes sectores del Partido Comunista. Este proceso será cortado con el estallido de la Segunda Guerra Mundial que afectará decisivamente al futuro de Indochina.

La Segunda Guerra Mundial y la revolución de 1945

En 1940 el imperialismo japonés invade Indochina. Los comunistas, diezmados por la represión francesa anterior, no tenían fuerzas para oponerse a la maquinaria militar japonesa. Las tropas y funcionarios coloniales van a colaborar con Japón mientras en la Francia ocupada se instala el gobierno fascista de Petain. La represión contra el Partido Comunista Indochino y los trotskistas será implacable. Sus dirigentes irán directamente al campo de concentración de Poulo Cóndor.

Ho Chi Minh regresará a Vietnam en 1941 para reorganizar la lucha contra Japón y por la independencia. En mayo, formará la Liga por la Independencia de Vietnam (Vietminh), una organización frentepopulista, dirigida por un núcleo duro de unos 3.000 comunistas, que pretende agrupar a obreros, campesinos, capitalistas y terratenientes contra el dominio colonial.

Todo cambia en 1945. Los aliados ocupan Francia y De Gaulle, en alianza con el Partido Comunista Francés, toma el poder. La posibilidad de acabar con el capitalismo en Francia se vuelve a aplazar a consecuencia de la política frentepopulista del PCF, dictada en este caso tras los acuerdos de Stalin con EEUU y Gran Bretaña sellados en Yalta. Las autoridades coloniales francesas por su parte, establecen conversaciones secretas con el Vietminh para buscar un acuerdo que garantice la preponderancia francesa en la región, pero Japón reacciona virulentamente y el 9 de marzo de 1945 toma el control directo de la colonia tras encarcelar a las autoridades y colonos franceses.

Ante este escenario, el Vietminh se integrará en el bloque de los aliados, al lado de Estados Unidos, la URSS, China y Francia, y se desarrolla rápidamente, especialmente al norte, en Tonkin. Para estimular este proceso, Francia anuncia el 24 de marzo un nuevo estatuto para Indochina cuando sea liberada: cada uno de los países (Vietnam, Laos, Camboya) será autónomo y Francia ejercerá de árbitro. De Gaulle, miope ante el movimiento de liberación nacional que se desarrollaba, esperaba ser acogido como liberador cuando Japón fuese derrotado. Pero estas reformas llegan tarde y son insuficientes. Incluso Bao-Dai el emperador títere del protectorado de Annam , reflejando la presión popular, reclama la independencia al igual que el rey de Camboya, Sihanouk. En estos meses se .va a producir un hecho terrible. El delta del río Mekong, en el sur, constituía la reserva de arroz de Vietnam. La utilización de todas las vías de transporte por parte del ejército japonés cerró la llegada de arroz al norte. De los 10 millones de habitantes murió un millón durante la hambruna de 1945.

El Vietminh salió enormemente fortalecido de la lucha contra la hambruna: orientando a los campesinos contra el pago de impuestos (en 1943 suponían el equivalente a cuatro veces más de trabajo que 1935) y el asalto de almacenes, se ganaron su confianza. Así, se dotaron de una amplia base de masas. Desde entonces el Vietminh siempre iba a ser más fuerte en el norte.

La utilización de las armas atómicas en Hiroshima y Nagasaki aceleró la rendición de Japón. En Indochina se produce un vacío de poder. Los únicos con capacidad para llenarlo son los comunistas.

Como ocurrió en tantas ocasiones, la guerra trajo de la mano la revolución. Las unidades del Vietminh avanzaron hacia Hanoi y pronto, el 19 de agosto, 200.000 personas encabezadas por Ho Chi Minh toman el palacio, el ayuntamiento, los barracones de la policía..., toman el poder.

El proceso no se dio sólo en el Norte. En el Sur, especialmente en Saigón, se extienden los comités del pueblo (organismos similares a los sóviets), los campesinos toman las tierras y los obreros las fábricas. La posibilidad de avanzar hacia un genuino régimen de democracia obrera está abierta, sólo hace falta unificar los comités en un poder obrero único. En Hanoi, el 2 de septiembre, ante medio millón de personas, Ho Chi Minh proclama la independencia. Nace la República Democrática de Vietnam (RDVN).

La revolución derrotada. El lastre del estalinismo

Desgraciadamente, el Partido Comunista Indochino y Moscú tenían otros planes. Siguiendo sus tesis etapistas, la dirección comunista ingresa en una coalición de partidos, el Frente Nacional Unido, junto a partidos nacionalistas burgueses. El gobierno de la recién nacida república democrática de Vietnam cuenta con participación del partido derechista Quoc Dan Dang y el emperador Bao-Dai es nombrado ¡asesor político supremo!

Rápidamente la acción del gobierno se orientará a calmar la situación en el Sur. Nguyen Van Tao, dirigente del PCI lo dice alto y claro. "Aquellos que inciten a los campesinos a tomar el control serán severamente castigados... nuestro gobierno, repito, es un gobierno democrático y de clase media, a pesar de que haya comunistas ahora en el poder".

En Saigón el movimiento desconfía, en agosto se celebran manifestaciones de masas. Los trabajadores y campesinos del sur no se fían de que haya que permanecer de brazos cruzados esperando que el Vietminh negocie la independencia con los franceses. Los trotskistas participan con pancartas que rezan: "armas para el pueblo", "formación de comités populares", "fábricas bajo control obrero", "tierra para los campesinos". Ngo Van Xuyet, dirigente trotskista, describe la situación: "de este primer despertar de las masas, que habían estado siempre ‘atadas y amordazadas’, emanaba una tensión eléctrica en medio de una calma inusual, la calma que precede a la tormenta. (...) Pero Roosevelt, Churchill y Stalin habían decidido nuestro destino en Yalta y Postdam. No iban a lanzar nuestros cuerpos y nuestras almas a un futuro en el que no había mañana. Ante la inminente llegada de las tropas británicas, y ante la amenaza del retorno del viejo régimen colonial (el general Cedile, enviado especial de la ‘nueva Francia’ ya estaba en el palacio de Saigón de gobernador general), todos decidimos buscar y conseguir armas; todos vivíamos en la misma atmósfera eléctrica" (Jonathan Neale, La otra historia de la guerra de Vietnam, pág. 37)*.

Efectivamente la clase obrera creó milicias para defender la revolución. En Saigón se formó la guardia obrera dirigida por los trotskistas. La respuesta del PCI fue clara y amenazante: "aquellos que inciten al pueblo a tomar las armas serán considerados provocadores y saboteadores, enemigos de la independencia nacional (...) nuestras libertades democráticas están garantizadas por nuestros aliados democráticos". Pero ¿quiénes eran estos supuestos aliados democráticos? La ceguera política de la dirección del Vietminh se convierte en un obstáculo decisivo para el avance de la revolución. Pensar que Estados Unidos o Gran Bretaña iban a ayudarles en su lucha contra Francia era tanto como no entender nada.

Evidentemente, en 1945 Francia era más importante que Vietnam para Estados Unidos. De Gaulle planteó al embajador americano: "¿A dónde queréis llegar? ¿Queréis que nos convirtamos, por ejemplo, en uno de los Estados federados bajo la égida rusa? Los rusos están avanzando deprisa, como bien sabéis. Cuando caiga Alemania, estarán sobre nosotros. Si la gente de aquí se da cuenta de que estáis en contra de nosotros en Indochina, la decepción será mayúscula, y nadie sabe qué consecuencias puede tener" (Ibíd., pág. 135).

Para poner la guinda al pastel, Stalin estaba de acuerdo en que Indochina siguiera siendo francesa. Meses antes, el mundo ya había sido dividido entre la burocracia soviética y el imperialismo. Como Francia no tenía tropas ni recursos, se habían puesto de acuerdo en que tropas inglesas tomarían el sur a los japoneses y China jugaría el mismo papel en el norte de Vietnam.

La dirección del PCI, bajo la presión de Moscú, aceptó estos planes. Así pues, cuando el 12 de septiembre comenzaron a llegar las tropas británicas (en su mayoría gurkas nepalíes) bajo el mando del general Gracey, el Vietminh organizó la recepción cediendo sus locales al ejército imperialista británico con la consigna "bienvenidos los aliados". Por cierto, un ejército enviado, no por el conservador Churchill, sino por el nuevo gobierno laborista.

En esta atmósfera de confraternización con las tropas imperialistas, los comités del pueblo aumentan sus recelos y denuncian esta colaboración. El 14 de septiembre, el jefe de la policía del Vietminh, simpatizante del Partido Comunista de Indochina reprime la reunión donde se celebraba la asamblea de comités y detiene a sus dirigentes. ¡La política de colaboración con la burguesía nacional había dado paso a la colaboración con la burguesía imperialista!

Pese a todo, Saigón se levanta contra los ocupantes. El día 22 las tropas británicas habían ocupado los edificios principales, entre ellos la cárcel, donde liberan a los franceses y declaran la ley marcial. Inmediatamente detienen al gobierno vietnamita y arrestan a sus líderes. Cínicamente el general Gracey señala: "a mi llegada, el Vietminh me dio la bienvenida, rápidamente le di una patada". Muchos comunistas, descontentos con su dirección, se unen a los trotskistas y controlan los suburbios obreros durante varios días. Los británicos tienen que recurrir a los soldados japoneses prisioneros para sofocar la sublevación. El ambiente es tremendo: muchos soldados rasos japoneses se niegan a intervenir y se pasan a los sublevados. Las tropas británicas, mayoritariamente indios y nepalíes podrían haber sido contagiadas. Sin embargo, la dirección Vietminh negocia un alto el fuego en octubre. En un nuevo ejemplo de ceguera política, dan orden de no atacar a británicos y japoneses, sólo a los franceses. Finalmente la insurrección es aplastada, y también el sueño de independencia que apenas había durado un mes. La represión es brutal, oficialmente 2.700 muertos vietnamitas, en la realidad muchos más.

El Vietminh se retira hacia sus posiciones fuertes en el norte. También los trotskistas de La Lutte se preparan para continuar la acción militar contra los franceses. Una nueva página negra del estalinismo se va a escribir. La experiencia de Saigón convence a los líderes del PCI, hostigados por la burocracia de Moscú, de la necesidad de eliminar a la oposición trotskista. Ho Chi Minh crea las llamadas "brigadas honorables", cuya labor será asesinar a los dirigentes trotskistas, muchos de ellos recién liberados del campo de concentración japonés de Poulo Cóndor. Entre los asesinados se encuentran Tran Van Thach y Ta Thu Thau. Éste se hallaba en el norte. Fue juzgado tres veces por los comités del pueblo. Su popularidad era tan grande que en las tres ocasiones fue liberado. El jefe del Vietminh en el sur, Tran Van Giau, da finalmente orden de asesinarle. La vileza de éstos crímenes continuó hasta años después. En 1946, Ho Chi Minh, ante las preguntas de Daniel Guerin en París, responderá cínicamente: "Thau fue un gran patriota y debemos llorarle... todos los que no sigan la línea que he trazado serán descartados"*.

De la derrota de la revolución a la guerrilla

Una vez que las tropas francesas restablecieron el orden colonial sobre Cochinchina, el sur de Laos, y el sur de Annam, el Vietminh se lanzó a la lucha guerrillera. En el norte, las tropas chinas mantenían una convivencia forzada con el Vietminh, a la espera de poder sustituir a Ho Chi Minh por dirigentes burgueses prochinos. En este período un nuevo giro nacionalista y hacia la derecha se produce en la dirección estalinista. El 11 de noviembre de 1945 en el órgano de expresión del Vietminh, el diario La República de Hanoi, se podía leer: "Queriendo demostrar que los comunistas, en su condición de militantes de vanguardia de la raza, son siempre capaces de sufrir los mayores sacrificios por la liberación nacional, y están dispuestos a poner los intereses de la patria por encima de los de su clase y a sacrificar los intereses de su partido para servir a los de su raza; (...) a fin de eliminar cualquier malentendido en el interior y en el exterior que pueda poner trabas a la liberación de nuestro país; el comité ejecutivo central del Partido Comunista Indochino, reunido en sesión el 11 de noviembre de 1945 ha decidido la voluntaria disolución del Partido Comunista Indochino" (Jean Lacouture, Los comunistas en el mundo asiático. En Historia General del Socialismo; de 1945 a nuestros días, Tomo 1, pág. 201).

Mientras, Francia animada por sus éxitos militares trataba de hacer algunas maniobras tramposas que consolidasen su dominio. En enero de 1946, concede la autonomía a la Camboya del rey Shihanouk y da un nuevo estatuto político a Cochinchina, la zona económica decisiva por su caucho, arroz y comercio. También, con el objetivo de volver al norte, controlado por los chinos y el Vietminh, Francia alcanza en febrero un acuerdo con la China de Chiang Kai-shek para sustituir sus tropas por soldados franceses. Increíblemente Ho Chi Minh acepta todas estas maniobras de los imperialistas galos. Harto de los abusos chinos en el norte considera que lo mejor es negociar con los franceses para librarse de ellos. El 6 de marzo de 1946 se llega al acuerdo con el general Leclerc. A cambio de la entrada de tropas francesas en el norte se reconocía la República de Vietnam como "estado libre" que formaba parte de la Federación Indochina y por supuesto de la Unión Francesa.

Sobre el destino para el nuevo estatuto de Cochinchina, Francia se comprometía a hacer un referéndum sobre su futura unidad o no con el "Estado libre". En realidad era un triunfo diplomático francés, alejaba a los chinos del norte y aunque, no proclamada solemnemente, su autoridad se aceptaba en toda Indochina.

¿Como era posible que Ho Chi Minh y el Vietminh aceptasen semejante claudicación? La respuesta sólo podía venir de fuera de Vietnam. Efectivamente, Moscú había dado el visto bueno a las negociaciones. Fiel a sus compromisos para el reparto del mundo los partidos comunistas bajo su influencia no debían suponer ningún obstáculo en los acuerdos geoestratégicos de la burocracia estalinista. Para empezar en la propia Europa occidental. En Francia había un gobierno de concentración nacional apoyado por el PCF con ministros comunistas. Ministros que en aras de la estabilidad capitalista aceptaban el colonialismo y daban el plácet a los acuerdos que mantenían a Francia como potencia imperialista. Un informe del Partido Comunista Francés aconsejaba a los comunistas vietnamitas que se asegurasen que su lucha "cumplía con los requisitos de la política soviética" advirtiendo que aventuras prematuras "podrían no estar en la línea de las perspectivas soviéticas". El viceprimer ministro francés y dirigente del PCF, Thorez, resaltó: "El PCF, en ninguna circunstancia deseaba que se le considerase el liquidador final de la posición francesa en Indochina y deseaba ardientemente ver la bandera francesa en todos los rincones de la Unión Francesa" (Jim Hesman, Vietnam 1945, la revolución descarrilada). Lo mismo ocurrió en Italia cuando el PCI, siguiendo directrices de Moscú, renunció a tomar el poder.

Sin embargo, a pesar de la tremenda degeneración política de sus direcciones estalinistas, estos partidos representaban a la clase obrera y este tipo de componendas contra natura estaban llamadas a romperse. En primer lugar en Vietnam, donde los acuerdos de marzo de 1946 fueron duramente contestados. Ho Chi Minh fue acusado incluso por los nacionalistas de derechas de "vender la patria a sus camaradas comunistas franceses". En una reunión de masas en Hanoi, Ho Chi Minh tuvo que declarar: "juro que no os hemos vendido a los franceses". A pesar de los esfuerzos de Ho, que en septiembre ratificó y desarrolló el acuerdo de marzo, este no tardó en saltar por los aires.

En 1945 y 1946 los parlamentarios del PCF votaron a favor de los presupuestos con una partida especial para las tropas en Vietnam. Además de la oposición interna en el Vietminh, un sector importante entre los franceses de Indochina veía con desconfianza los acuerdos. La burguesía colonial y local era consciente de que por muy moderados que fuesen los dirigentes del Vietminh podían ser desbordados por sus seguidores. Además, parecía evidente que de celebrarse un referéndum en Cochinchina, sería ganado mayoritariamente por los partidarios de unir todo Vietnam. Entre tensiones continuas, los franceses violaron el acuerdo después de no lograr dividir al gobierno Vietminh. En noviembre de 1946 las tropas francesas bombardearon el puerto de Haiphong asesinando a 6.000 personas según cifras oficiales. Mientras Ho Chi Minh solicita patéticamente la ayuda de las potencias aliadas y del Papa, el PCF en Francia felicita al ejército francés por los bombardeos. Tres semanas después, el 19 de diciembre, el Vietminh contraatacará en Hanoi intentando expulsar a las tropas francesas.

Siete años de guerra. Sentando las bases para la derrota francesa

El imperialismo francés expulsará al gobierno vietminh de Hanoi. Quedan por delante siete años de guerra de guerrillas. El Vietminh, reducido en un primer momento a un gobierno fantasma, vagando por las regiones altas y medias del país, va a ir ensanchando sus apoyos con cada vez más guerrilleros bajo su control y a partir de 1950 contando con importantes unidades de combate. En enero de ese año el ejército popular chino de Mao, tras derrotar a Chiang Kai-shek, alcanzaba la frontera con Vietnam. La guerra contra los franceses iba a cambiar de rumbo.

Hacia 1947 el ejército francés integrado por 75.000 hombres controlaba las grandes ciudades de Annam y Tonkin. Mientras trataba de machacar a los guerrilleros, Francia buscaba un interlocutor con el que montar un gobierne títere vietnamita que combatiese a los comunistas. Socialistas y comunistas franceses recelaban de las implicaciones de esa vía y preferían volver a negociar con Ho Chi Minh. Finalmente la burguesía francesa impuso la línea dura, rechazando todos los llamados de Ho Chi Minh a negociar y consiguió en el viejo emperador de Annam, Bao-Dai, el títere que buscaba, ¡Sí, el mismo individuo que Ho había nombrado como su asesor político en 1945!

Cercados por la lógica imperialista, Ho y el Vietminh van a sacar conclusiones de la nueva situación. Se trata de resistir, continuar la guerra para desgastar al gobierno francés en el interior de la metrópoli. Tras varios meses de negociaciones entre Bao-Dai y Francia, aquel accedió finalmente a la farsa propuesta. En junio de 1948 se firmó un primer acuerdo que se cerró definitivamente en abril de 1949. Se reconocía la unidad de Cochinchina, Annam y Tonkin en un solo Vietnam. Se creaba la República de Vietnam, gobernada por el emperador Bao-Dai (sin duda una curiosa república, a cuyo frente se situó el monarca), como un Estado títere del imperialismo francés cuyo único objetivo era tratar de dotar de una base autóctona a la lucha contra el comunismo, la verdadera preocupación del imperialismo francés y norteamericano. Cuando se crea este falso Vietnam independiente la gran preocupación para las potencias occidentales se llama Mao. Shangai había caído en abril y Chiang Kai-shek se ha refugiado en Taiwán. El objetivo es evitar que el avance comunista se propague en Vietnam y que el Vietminh pueda recibir apoyo chino.

La nueva República de Vietnam, al igual que los Estados asociados de Camboya y Laos se enmarcaban dentro de la Unión francesa bajo el concepto de soberanía limitada. Todos los intentos de Bao-Dai y el ejército francés, apoyados desde junio de 1950 por Estados Unidos, de estabilizar la situación política en el país se estrellaron contra la voluntad de resistencia del pueblo vietnamita.

El gobierno de la República Democrática de Vietnam controlado por el Vietminh, fue consolidando los territorios bajo su control. Las circunstancias habían empujado a Ho hacia la izquierda. Los hechos, siempre tercos, habían demostrado lo absurdo de tener como aliados a los terratenientes y la burguesía "patriótica". Esta no había dudado en pasarse a Francia ante el miedo al comunismo. La base de masas del Vietminh y del recién formado Lao Dang (Partido del Trabajo Vietnamita), a diferencia de épocas anteriores cuando eran mayoritarias las capas medias y los intelectuales, está cada vez más formada por campesinos sin tierra y trabajadores. El Vietminh aplicará la reforma agraria en las zonas que controla. Así, posiblemente sin ser plenamente consciente de ello, estaban sentando bases firmes para derrotar al imperialismo occidental. El partido organizaba a los campesinos sin tierra para llevar a los terratenientes ante reuniones del pueblo, humillarles y hacerles pedir perdón y por supuesto confiscarles las tierras. El poder del viejo orden en las zonas rurales se había roto definitivamente en el norte. Se había solidificado de forma definitiva la alianza entre los oprimidos, el Vietminh y Ho Chi Min.

A principios de los 50, el gobierno de la RDVN controlaba la Alta Región de Tonkin, el Than Hoa al norte, amplias zonas en el centro del país e incluso zonas de la Cochinchina en el extremo sur. Además, el 16 de enero de 1950 recibió el reconocimiento de la China comunista y el 30 el de la URSS y los países de Europa del Este. A estas alturas el PCF también muestra su apoyo. De Gaulle, tras utilizar a los comunistas para estabilizar la nueva Francia capitalista que surgió tras la Segunda Guerra Mundial, les agradeció sus servicios con una patada en el culo, expulsándoles del gobierno.

Desde 1950, el Vietminh, que hasta entonces había estado a la defensiva, va a pasar a la ofensiva contra el ejército colonial. En las zonas que controla va a conseguir, en siete años, la erradicación casi plena del analfabetismo; consigue que el 50% de las tierras cultivadas produzcan en régimen de cooperativas y se inicia un cierto proceso de industrialización. Una parte de las armas ligeras utilizadas por los guerrilleros serán producidas en sus fábricas.

A principios de 1954, el mítico general comunista Giap cuenta con 6 divisiones y 40 batallones dotados de eficaz y moderno armamento. Además, el Vietminh desarrolla una importante política hacia el exterior que le dota de la simpatía de buena parte del movimiento obrero mundial.

Dien-Bien-Phu, ganando la guerra...

El poder colonial francés cada vez lo tenía peor. Contaba con 120.000 soldados europeos y africanos y con unas pocas decenas de miles de soldados vietnamitas. Trataba de formar un ejército con estos últimos, pero era incapaz de resolver una pequeña contradicción. ¿Qué vietnamita iba a querer morir por los intereses franceses? El germen de un nacionalismo anticomunista, pero cada vez más antifrancés se incubaba en la propia administración de Bao-Dai. Estos sectores pronto van a mirar hacia EEUU, que a estas alturas está sufragando el 80% del esfuerzo bélico francés.

En cualquier caso, el otro quebradero de cabeza del colonialismo estaba en el interior de la metrópoli. La opinión pública francesa cada vez encontraba menos sentido a esta guerra. Cuando la propia Federación Indochina, símbolo del viejo imperio, había sido formalmente desmantelada en octubre de 1950, nadie entendía ya para qué ir a combatir a 10.000 kilómetros a defender un régimen impopular. El gobierno Bao-Dai era percibido como lo que era, un gobierno corrupto, que ni siquiera había convocado unas elecciones, y donde cualquier mínima reivindicación democrática era duramente reprimida. Los propios nacionalistas vietnamitas de derechas querían acabar con Bao-Dai, convencidos de que su gobierno era ineficaz y un obstáculo para derrotar al Vietminh.

El gobierno francés, sabedor de esta coyuntura y temeroso de que el triunfo de estos sectores llevase aparejado la pérdida de su dominio en beneficio de EEUU, comenzó a pensar en negociar una paz honrosa y quitarse de encima la patata caliente. Estos planes se aceleran desde que en 1952 su ejército va de retroceso en retroceso frente al empuje guerrillero.

De hecho ya se había visto obligado a conceder la independencia a Camboya a finales de 1953. Sin embargo, como siempre ocurre en la tradición militar de las potencias imperialistas, la clase dominante francesa pensó que una paz digna debía venir de una posición fuerte en el tablero militar. En éste, las cosas iban mal y fueron peor. Incluso en Laos había progresado el Vietminh. En algunas zonas se había implantado un régimen similar al suyo, el Pathet Lao.

Francia no quería negociar directamente con Ho Chi Min. Quería el marco de una conferencia internacional donde Moscú pudiera moderar a éste. Confiaba en que a cambio de concesiones económicas, China y la URSS convencieran a Ho para llegar a un acuerdo con Bao-Dai.

A la vez que renunciaba a un encuentro bilateral, el ejército francés organizó una operación militar con el objetivo de cerrar Laos a las tropas Vietminh. Esperaban dar una lección a las tropas del entonces ministro de Defensa de la RDVN, el general Giap. Los franceses atrincheraron 18.000 hombres en el campamento montañoso de Dien-Bien-Phu. El plan era sencillo; atraer al enemigo, derrotarlo y cortar definitivamente su expansión a Laos. Pero el gato se convirtió en ratón. Giap movió astutamente 33 batallones de infantería, 6 regimientos de artillería y uno de ingenieros. Sin darse cuenta los franceses estaban rodeados por 50.000 guerrilleros, además de otros 20.000 repartidos a lo largo de las líneas de comunicación. El 13 de marzo de 1954 comenzó el asalto. Los franceses aguantaron durante dos meses, pero el 7 de mayo se consumaba el desastre; rendición incondicional. Un testigo presencial de la batalla lo describió así: "Salían correctamente formados, hombres con la mejor disciplina de Saint-Cyr. Incluso sus botas relucían al brillo del Sol, como indican las ordenanzas. No se alteraban sus formaciones con la marcha. Las armas automáticas respondían al catálogo de última hora en el mercado. Parecía un ejército al que había de pasar revista un general recién llegado. Después, se hicieron cargo de la plaza los vencedores: eran hombres desarrapados. Casi desnudos. Sucios, por supuesto. La suciedad era su único signo de uniformidad. Hombres famélicos, con armas inconcebibles. Nadie podía imaginar que estos, y no los perfectamente disciplinados hombres de Francia, eran los vencedores" (Pablo J. de Irazazábal, USA: El síndrome de Vietnam, pág. 10).

La historia cambiaba definitivamente. Un ejército de campesinos en alpargatas derrotaba a una de las primeras potencias occidentales, representada por algunas de las brigadas más laureadas durante la segunda guerra mundial. El sacrificio heroico del pueblo vietnamita y su tenacidad en la lucha se convirtió en una fuerza imparable. 20 años después se repetirían las mismas escenas.

... Ginebra. Perdiendo la paz

Las negociaciones para la paz habían comenzado en Ginebra en abril de 1954. Además de Francia y los tres Estados indochinos (Laos, Camboya y Vietnam, éste con delegaciones de Bao-Dai y el Vietminh) participaron EEUU, la URSS, China y Gran Bretaña. Las noticias que llegaron de Dien-Bien-Phu aceleraron todo el proceso. El resultado de esta batalla reforzaba seriamente la posición del Vietminh en la mesa negociadora. El único punto de apoyo que le quedaba a Francia y Bao-Dai era agitar con el espectro de una intervención militar norteamericana. Los acontecimientos previos a Dien-Bien-Phu habían desatado la fiebre intervencionista en Washington. El almirante Radford, jefe de la Junta de Jefes del Estado Mayor, propuso el envío de aviones para tirar bombas atómicas contra el Vietminh. Ante la requisición de que esto podría provocar la respuesta china, el mismo almirante contestó que se haría lo mismo sobre Pekín. Fue en esas fechas cuando el secretario de Estado, John Foster Dulles, creó la llamada teoría del dominó, que el presidente Eisenhower hizo suya el 7 de abril: "Si cae Indochina, caerán Birmania, Tailandia, Malasia e Indonesia; la India será sitiada por el comunismo y amenazadas Australia, Japón, Nueva Zelanda, Filipinas y Formosa (Taiwán)". Nixon, su vicepresidente, le ratificó: "si los franceses se retiran de Indochina, EEUU se verá obligado a enviar tropas" (Íbid., pág. 8).

China y la URSS no querían más problemas con el imperialismo norteamericano. La antileninista teoría de la "coexistencia pacífica" empezaba a perfilarse. Era la enésima teorización para justificar el abandono de la extensión de la revolución socialista y se podría resumir como "tú no te metas en mi casa y yo no me meteré en la tuya". EEUU, la URSS y China acababan de llegar a un acuerdo para la partición de Corea tras tres años de guerra y no querían que el asunto vietnamita lo entorpeciera. Así pues, presionaron al Vietminh para que llegase a un acuerdo con Francia.

Como ocurrió en 1945, la política de los dirigentes estalinistas chinos y soviéticos estaba induciendo al Vietminh a perder una oportunidad histórica. Tras Dien-Bien-Phu era el momento de pasar a la ofensiva y alcanzar la independencia a través de la liquidación del capitalismo en todo Vietnam estableciendo el poder de los obreros y campesinos. Francia estaba en crisis, el desastre militar había provocado la caída del gobierno Laniel y elecciones anticipadas. En la colonia la desmoralización aumentaba. El Vietminh contaba con 60.000 activistas en el Sur. En realidad, ya nadie ponía en duda que Vietnam sería independiente, el debate era si sería o no comunista. El propio Eisenhower reconocería más tarde "jamás he hablado ni me he carteado con nadie con un mínimo de conocimiento de los temas indochinos que no creyera que si las elecciones se hubieran celebrado durante los combates, posiblemente el 80% de la población hubiera votado a Ho Chi Minh" (Jonathan Neale, Op. Cit., pág. 43).

Finalmente, el 21 de julio se acordó el cese de las hostilidades en todos los frentes: las fuerzas de la RDVN evacuarían Laos y Camboya y en Vietnam las tropas de la RDVN y de la Unión Francesa se reagruparían a ambos lados del paralelo 17. En el plano político se proclamaba por primera vez a escala internacional la unidad e independencia de Vietnam. El paralelo 17 no se constituía formalmente como frontera, aunque el mando de la zona norte quedaba en manos de la RDVN y el de la zona sur en manos de la Unión Francesa. Ambas zonas harían consultas a partir de 1955 para que antes de julio de 1956 hubiese elecciones generales de las que saliera un gobierno para todo Vietnam. EEUU no se adhirió a estos acuerdos si bien señaló cínicamente que no los entorpecería.

Posteriormente se supo que el 29 de septiembre, Francia y EEUU firmaron en Washington un acuerdo secreto por el que se comprometían a apoyar un gobierno fuerte anticomunista en el Sur. En la práctica dos cosas quedaban claras pese a lo firmado: una era la definitiva salida de Francia de Vietnam; la otra, la división fraudulenta de Vietnam en dos países distintos para mantener la influencia imperialista. Una estrategia que los imperialistas franceses y británicos habían adoptado recurrentemente en Asia Central, China, Oriente Medio y África ante el avance de la lucha de liberación nacional en sus colonias.

En octubre de 1954, tras siete años de lucha en la selva, el gobierno de Ho Chi Minh volvía a instalarse en Hanoi. La dirección estalinista del Vietminh, a pesar de los errores ya analizados, había ganado la guerra, pero sin embargo había perdido la paz .Después de nueve años de guerra y un millón de muertos se volvía casi al punto de partida de 1945. El imperialismo seguía presente, el sufrimiento del pueblo vietnamita no había terminado. Es cierto que los franceses habían sido expulsados, pero como había señalado el presidente Nixon, era la hora de los norteamericanos.

* * * *

SEGUNDA PARTE

EEUU humillado. Una derrota para la historia

La política imperialista dividió el cuerpo vivo de Vietnam. Estaban naciendo dos países irreconciliables, al sur del paralelo 17 una dictadura capitalista baluarte de los intereses imperialistas en la zona. Al norte, un régimen que había roto con el capitalismo, con una economía planificada, que a pesar de haberse creado a imagen y semejanza de los regímenes burocráticos imperantes en la URSS y China, se había ganado el derecho de ser un referente para los trabajadores y campesinos del sur y del conjunto de la zona. Esta contradicción entre los dos sistemas, difícilmente soluble, tardaría veinte años en ser definitivamente resuelta.

El nuevo gobierno Diem

Tras los acuerdos de Ginebra, conforme a lo previsto, el ejército Vietminh se retiró de Camboya y en Vietnam y Laos cada parte se reagrupó en las zonas asignadas.

En el Sur, Bao-Dai era un títere quemado. La inutilidad y corrupción de su gobierno le había enfrentado con su propia base social. El influjo francés también estaba finiquitado. Un sector de la burguesía y terratenientes consideraban Ginebra una claudicación ante los comunistas y confiaban sólo en los EEUU para volver a poner las cosas en su sitio. Por otra parte los imperialistas de EEUU buscaban un hombre de su entera confianza para manejar el país, y lo encontraron en la figura del primer ministro Diem. En octubre Washington decidió concederle ayuda directa, pasando por encima de Francia.

El ejército survietnamita, amenazado con el corte de créditos si no apoyaba a Diem, decidió abandonar a Bao-Dai y la línea profrancesa. Finalmente la propia Francia enfrentada a la insurrección argelina decidió retirar las tropas que le quedaban en el Sur. De esta manera, los norteamericanos se hacían con el control total del Sur. Francia y Bao-Dai no eran eficaces en la lucha anticomunista. La lucha la debían protagonizar ellos y el Sudeste Asiático les pertenecía: en septiembre de 1954 los norteamericanos impulsan la creación de la Organización del Tratado del Sudeste Asiático, un equivalente regional de la OTAN, al que se adhirieron Australia, Nueva Zelanda, Tailandia, Filipinas y Pakistán, cuyo objetivo era apuntalar la dominación capitalista amenazada por el avance de la revolución.

El supuestamente nacionalista antifrancés Diem se convirtió rápidamente en un títere de la gran superpotencia. Este hecho ponía en evidencia una vez más que no hay liberación nacional real sobre bases capitalistas. La burguesía nacional de los países ex coloniales es una clase débil y dependiente, totalmente subordinada al imperialismo. Plantear cualquier alianza política con ellos es una postura antimarxista condenada de antemano al fracaso.

Apoyado por los americanos, Diem consolidó su poder. Se hizo una base social entre los empresarios urbanos (mayoritariamente chinos) y, sobre todo, los 900.000 refugiados que procedentes del Norte habían llegado al Sur tras los acuerdos de Ginebra. En su mayoría eran católicos como Diem, gentes que habían colaborado con la administración colonial.

En octubre de 1955 Diem organizó un referéndum de dudosa limpieza para expulsar al emperador Bao-Dai. El 26 de octubre se proclamaba la nueva república que inmediatamente fue reconocida por Washington, París y Londres. Animado por esto convocó elecciones a una Asamblea Nacional que ganó sin mucha oposición y con evidente manipulación. La primera decisión de dicha Asamblea fue repudiar los acuerdos de Ginebra sobre elecciones libres que debían realizarse en julio de 1956 en las dos zonas de Vietnam. Evidentemente sabían que esas elecciones las ganaría Ho Chi Minh.

Vietnam del Norte

En el Norte, la aceleración de la reforma agraria en 1955 fue un fracaso. Inspirada en el modelo chino, se trató de incrementar la colectivización de la tierra, pero la falta de medios y recursos llevó a abusos sobre muchos campesinos que se sublevaron en Nghe Thim, la provincia revolucionaria por excelencia. Pudieron contarse millares de víctimas, muchas de las cuales habían participado 25 años antes en los sóviets rurales. Ho Chi Minh cambió el rumbo, se dejó a un lado la colectivización acelerada que, sin los medios adecuados, le enajenaba el apoyo de muchos campesinos y la economía norvietnamita empezó a desarrollarse. Pero esta crisis en el Norte sirvió para animar al régimen survietnamita que en este momento se permitía hablar de que iba a liberar el norte de la dictadura comunista. Concentrado en sus problemas internos, el Vietminh si cumplió con Ginebra. De los 60.000 activistas políticos que tenían en el Sur, 45.000 fueron trasladados al Norte. De los 100.000 soldados, todos menos 10.000 regresaron, llevándose el armamento más moderno. Esos 10.000 se escondieron en la selva. "Estas unidades vivían en la selva profunda, escondiéndose de la gente como si fueran tigres. (...) No tenían ni bases ni campamentos (...) se trasladaban continuamente, evitando el contacto con todo el mundo" (Jonathan Neale, Op. Cit., pág. 45).

Realmente los dirigentes del Norte nunca pensaron que se llegarían a celebrar elecciones tal como establecía el acuerdo de Ginebra. Si lo hubieran creído no hubieran retirado a sus militares. Un desertor dijo a sus interrogadores "tenían la certeza de que las elecciones nunca se celebrarían, pero este tema nunca se discutía en los niveles más bajos para no diezmar la moral y para no contradecir las afirmaciones públicas del Partido de que los Acuerdos de Ginebra habían supuesto una gran victoria para el Partido" (Ibíd., pág. 45).

En el fondo, dejar las cosas como estaban entraba en la lógica de la coexistencia pacífica que ya Jrushchov empezaba a teorizar.

Sin embargo una cosa eran los acuerdos y estrategias por arriba y otra muy distinta lo que acontecía sobre el terreno. El gobierno del Sur era una dictadura policial y Diem tenía sus razones para actuar brutalmente. La guerra estaba muy reciente, y dejar actuar a los comunistas en el Sur, con un referente estabilizado en el Norte, era un riesgo que el imperialismo y sus cipayos no podían correr. Si Diem no acababa con ellos hubiesen avanzado hasta hacer peligrar su régimen.

Represión capitalista y respuesta popular

Como en toda dictadura que se precie, en las elecciones de marzo de 1956 sólo se podían presentar partidos anticomunistas. Aún así seis parlamentarios de izquierdas fueron elegidos. Uno se titulaba representante de la oposición. Tomó posesión de su escaño pero rápidamente fue encarcelado. Los americanos confiaban que con su ayuda económica, reorganizando un fuerte ejército y una poderosa policía podrían estabilizar a Diem como a Syngman Rhee en Corea del Sur.

Sin embargo algo fallaba en la ecuación. Los campesinos y trabajadores survietnamitas odiaban al nuevo régimen. No habían combatido siete años contra los franceses para que el viejo dominio de los terratenientes volviese. Durante la guerra en las zonas del Sur controladas por el Vietminh si bien no se había procedido a una reforma agraria integral, sí se habían suavizado los impuestos y de las tierras comunales se habían alquilado muchas más hectáreas a los campesinos pobres que a los terratenientes.

Con el gobierno de Diem se volvió a la vieja explotación. Es verdad que los asesores americanos le recomendaron realizar una reforma agraria para aliviar la tensión social, una estrategia aplicada con cierto éxito en Japón, Corea y Filipinas. Sin embargo en Vietnam del Sur los vietnamitas que apoyaban al gobierno basaban su riqueza en la tierra. La burguesía industrial solía ser francesa o china y en todo caso la de base vietnamita era al mismo tiempo terrateniente y no estaba dispuesta a perder sus tierras. Hubo siete planes de reforma agraria y todos fueron una farsa. Los propios servicios de información americanos lo reconocían: "Diem, en vez de redistribuir la tierra a los pobres ha revertido a favor de los terratenientes. El 15% de la población posee un 75% del suelo". Además, el trigo en pocos años perdió un 30% de su valor.

La represión anticomunista se hizo asfixiante. Todos aquellos que se movilizaron exigiendo las elecciones previstas en Ginebra fueron encarcelados. Se calcula en unos 100.000 los detenidos y en unos 12.000 los ejecutados. Por ejemplo en la provincia de Tay Ninh el 90% de las células comunistas habían sido aniquiladas para finales de 1956.

Los comunistas de los pueblos del sur empezaron a presionar a sus dirigentes para reanudar la lucha, pero la respuesta era siempre negativa. La línea estratégica general venía marcada por la coexistencia pacífica. Pero Diem les ofrecía cárcel y muerte, no pacifismo. La paciencia se estaba acabando, también la sumisión a la línea oficial de Hanoi.

Ho Chi Minh intentó repetidas veces que la situación no estallase, y en 1958 ofreció por dos veces conversaciones a Saigón para normalizar relaciones entre los dos Estados.

Finalmente la situación se hizo insostenible en el Sur. Le Van Chan, cuadro comunista del Sur describe muy bien cual era el panorama: "...a finales de 1959, cuando si no tenías una pistola no podías mantener la cabeza sobre los hombros (...) los miembros del Partido no podían encontrar resguardo y seguridad en ningún lugar. Casi todos fueron encarcelados o asesinados (...) los comités de algunos pueblos, que habían tenido entre 400 y 500 miembros durante la resistencia antifrancesa y 100 o 200 en 1954, se quedaron con 10, e incluso esos 10 tuvieron que irse a la selva para sobrevivir. Ante tal actividad del gobierno Diem, la demanda de actividad armada por parte de los miembros del Partido crecía cada día (...) los miembros del Partido sentían que ya no era posible hablar de lucha política mientras se enfrentaban a las balas del gobierno. Y sin embargo, a pesar de la amargura que había en el partido y de la rabia hacia el Comité Central, el Comité Regional, el Comité de Zona y el Comité Local, los miembros del Partido no fueron capaces de romper con la organización que los estaba asesinando. (...) No obstante, algunos individuos (jóvenes que se acababan de alistar) se enfadaron tanto que cogieron las armas que el Partido había escondido y salieron de la selva para matar a los funcionarios que les estaban haciendo la vida imposible a ellos o a sus familias (...) Algunos de esos individuos sentían tanta rabia que se dejaban capturar sólo para mostrarle al partido su resentimiento" (Ibíd., pág. 50).

La presión hacia el partido en el Norte cada vez va a ser mayor. El asesinato de los agentes gubernamentales de Diem fue aumentando mes a mes, como señala el mismo Van Chan: "El Comité Central seguía defendiendo la lucha política. Si la hubieran mantenido ¿dónde hubieran encontrado los cuadros para llevarla adelante?".

Al fin, el cambio de estrategia

Desde marzo de 1958 los antiguos guerrilleros que no se habían trasladado al Norte después de Ginebra empezaron a reagruparse y organizar algunos núcleos de combate.

El III Congreso del Lao Dong (Partido del Trabajo) se reunió en Hanoi en septiembre de 1959. Le Duan, uno de sus dirigentes, había estado de gira por el Sur. A su regreso solicitó al Congreso ayuda para los guerrilleros de Cochinchina. El Congreso se clausuró con la decisión de hacer de la "liberación del Sur" una tarea tan importante como la "construcción del socialismo en el Norte". Le Duan, el abogado defensor de los guerrilleros del Sur, fue elegido Secretario General. Con seis años de retraso, el cambio de estrategia estaba decidido.

Durante las celebraciones del año nuevo vietnamita en enero de 1960, los guerrilleros lanzaron una ofensiva en toda regla para aniquilar a la policía secreta y a los jefes locales. En el delta del Mekong, en la provincia de Ben Tre, se organizó un genuino levantamiento popular a modo de prueba. El historiador Gabriel Koldo señala: "Masas prácticamente desarmadas tomaron en poco tiempo gran parte de la provincia; la tierra fue distribuida durante la revuelta. La fórmula funcionó en todas partes, y pronto dio al Partido una amplia presencia y poder a pesar de la capacidad del ARVN (el ejército de la República de Diem) de recuperar rápidamente los edificios públicos. En pocos meses el poder cambió de manos en Vietnam".

El ejemplo de Ben Tre se extendió como la pólvora. El campesino pobre volvía a tener un referente en quien confiar. La fase definitiva de la guerra por la liberación nacional y social había comenzado.

La preocupación aumentaba en Saigón y Washington. La efervescencia política crecía en el Sur. Un sector de la burguesía pidió la liberalización y democratización del régimen: se daban cuenta de que la represión radicalizaba la insurrección. El 11 de noviembre de 1960, una semana después de la elección de Kennedy, estos sectores organizaron un golpe de estado fallido. Diem empezaba a ser una pieza molesta y prescindible para el imperialismo norteamericano.

Además de la inestabilidad en Vietnam del Sur, en Laos se complicaba la situación. Desde Ginebra gobernaba en el país una coalición de la derecha con el ejército del Vietminh en aquel país, el Pathet Lao (Frente Patriótico). La derecha tomó el poder y quiso liquidar al Pathet. Estos reanudaron la lucha armada. Un nuevo foco de preocupación para Washington. Tras golpes y contragolpes, la guerra civil era un hecho en Laos.

El 20 de diciembre de 1960 en la selva de V. Minh, extremo sur de la zona sur, se creó el Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur (FNL). Su programa abogaba por sustituir a Diem por un régimen democrático que llevase una política de independencia y no alineamiento y que tendiese a reunificar la patria. Un programa moderado que no contemplaba el socialismo. Una semana después Ho Chi Minh daba la orden de crear una vía a través de cordilleras y selvas para abastecer al Sur. El Vietminh pasa a llamarse VietCong, ya que Cong tenía un significado ambiguo, se utilizaba para hablar tanto de comunidad, en general, como de comunismo en particular.

A pesar de su programa moderado y etapista, que parecía un calco del de Ho en los años 40, la realidad obligaba al FNL a aplicar una política revolucionaria en las zonas que controlaba. La fusión de la lucha por la unidad nacional con la lucha anticapitalista se convertiría en una fuerza que nadie podría detener.

Un analista del gobierno de EEUU, Douglas Pike, en su libro VietCong, señalaba lo siguiente: "En los 2.561 pueblos de Vietnam del Sur, el Frente Nacional de Liberación creó una multitud de organizaciones sociopolíticas de nivel nacional en un país donde las organizaciones de masas eran casi inexistentes. Aparte del FNL, nunca había existido un partido político de masas en Vietnam del Sur (...) Lo que más me llamó la atención del FNL fue su sentido integral: primero como revolución social, y luego como guerra. El objetivo de este vasto esfuerzo de organización era reestructurar el orden social de las aldeas e instruirlas para controlarse a sí mismas" (citado en Howard Zinn, La otra historia de los EEUU, pág. 425).

En los tres primeros meses de 1961, Kennedy mandó hacer un examen del régimen de Diem. Lo que el informe señalaba era muy significativo: en 1960 los comunistas habían destruido 284 puentes, 4.000 oficiales survietnamitas habían muerto en combate, los terroristas (curiosa coincidencia con el lenguaje de nuestros días cuando se habla de la resistencia iraquí) atacaban Saigón con impunidad, era imposible reclutar nuevos soldados; los funcionarios de Diem habían encarcelado en un solo pueblo a 1.500 personas, de las cuales 1.200 no presentaban evidencia de delito alguno. Las fuerzas del Vietcong en Vietnam del Sur se habían duplicado y alcanzaban ya los 9.000 hombres de plena dedicación guerrillera. El control comunista sobre el delta del Mekong era absoluto.

Kennedy, la implicación militar norteamericana

Con Kennedy recién elegido presidente de los EEUU (20 de enero de 1961), en la primavera el Vietcong lanzó una nueva ofensiva. Kennedy temía implicarse más en Vietnam sin haber estabilizado antes Laos. Sin embargo, su estrepitoso fracaso en la invasión de Cuba, con la derrota a manos del pueblo cubano en Bahía Cochinos, le convenció: ya no se podía retroceder en ninguna parte del mundo.

Kennedy envió a Vietnam a su vicepresidente Lyndon B. Johnson para cerciorarse de la situación. El informe que éste redactó a su vuelta era claro: enviar más ayuda militar, dar un lavado de cara al régimen de Diem, cada día más impopular, y realizar una reforma agraria que minara el apoyo campesino al Vietcong.

En junio Kennedy y Jrushchov llegaron a un acuerdo sobre Laos por el que se constituyó un nuevo gobierno de Unidad Nacional.

Pero la situación en Vietnam tenía su propia dinámica. Los consejos americanos sentaron mal a Diem y el periódico gubernamental Dan Viet se despachaba sin miramientos: "La democracia de los EEUU nos arrojará en manos del comunismo. No puedo delegar funciones por la sencilla razón de que no confío en nadie". Diem empezaba a sentar las bases de su fin.

En cualquier caso Kennedy empezó a enviar cada vez más militares. Ya en mayo de 1961 mandó 400 miembros de las fuerzas especiales, violando claramente los acuerdos de Ginebra. En enero de 1962 ya eran 2.646 militares y 11.300 a finales de ese mismo año. Sorprendentemente, hoy algunos repiten el mito de que Kennedy estaba tratando de salir de Vietnam y por eso lo asesinaron. Ningún dato objetivo corrobora dicha tesis, más bien al contrario. Con él se inició la presencia militar masiva estadounidense, si bien siempre engañó a su pueblo, ocultando estos envíos y camuflándolos como consejeros o asesores.

A pesar de los apoyos americanos, el Vietcong aumentaba su influencia. En 1962 los efectivos del FNL se calculaban entre 250.000 y 300.000. Diem trató de aislar las fuerzas guerrilleras de la población campesina, lanzando la llamada guerra especial. Se idearon aldeas estratégicas donde concentrar a la población, unas 700 con cerca de 8 millones de habitantes, donde los campesinos acabaron sintiéndose prisioneros en su propio pueblo. Nada se logró, salvo deteriorar aún más la imagen de Diem que en abril de 1961 había vuelto a arrasar en unas elecciones a todas luces fraudulentas. La histórica ruta de aprovisionamiento del Norte al Sur aprobada por Ho y que llevaría su nombre, ruta Ho Chi Minh, estaba dando sus frutos.

Incluso en este momento la dirección del FNL seguía manteniendo un programa etapista y moderado. Aprovechando los acuerdos sobre Laos, plantearon una solución similar para Vietnam, es decir un gobierno de Unidad Nacional, entre la derecha y ellos. Nadie atendió esta propuesta. La burguesía sabía, quizá mejor que la propia dirección del FNL, que sus bases estaban luchando contra el capitalismo. Un gobierno de ese tipo no hubiese podido frenarles, así que ¿para qué darles cancha en el gobierno con el riesgo de facilitarles la tarea? La única salvación para la oligarquía vietnamita y los imperialistas era aplastarles.

Así pues, la intervención militar norteamericana fue en aumento: en 1963 eran ya 23.300 los "consejeros" norteamericanos desplazados en Vietnam. El presidente Kennedy ahora presentado como poco menos que pacifista lo tenía muy claro tan pronto como en 1956: "Vietnam representa la piedra angular del mundo libre en el Sureste Asiático. Es nuestra prole. No podemos abandonarlo, no podemos ignorar sus necesidades" (Discurso ante el Senado).

La caída de Diem

El rechazo a Diem iba en aumento. En febrero de 1962 se había producido otra intentona golpista fracasada contra él. En mayo los budistas se manifestaron contra el dominio católico en el gobierno y la represión a su culto. El 11 de junio un bonzo de más de 70 años se abrasó vivo en una calle de Saigón. Las imágenes conmocionaron a medio mundo. Varios siguieron su ejemplo en los siguientes meses. Como consecuencia los militares budistas serían a partir de ese momento un riesgo para el presidente. Mientras, en la embajada americana cundía el nerviosismo, entendían que estos enfrentamientos sólo beneficiaban a los comunistas.

El nuevo embajador de EEUU lo tenía claro: Diem era un obstáculo para derrotar al comunismo y había que deshacerse de él. Además, como ocurriera en ocasiones anteriores, el antiguo títere del imperialismo, harto de la ingerencia y chulería americana, desarrolló algunos puntos de vista independientes y se enfrentó a la llegada de más tropas norteamericanas. Diem quería dinero y armas, no soldados. En su desafío a los norteamericanos, llegó a enviar a su hermano Nhu para contactar con Hanoi y sondear la posibilidad de abrir negociaciones para una posible unificación del país.

Finalmente el embajador norteamericano organizó un golpe de Estado el 1 de noviembre de 1963. Diem y su hermano huyeron pero un pelotón de soldados los reconoció y los ametralló.

Las discrepancias en el corazón del imperialismo también se pusieron de manifiesto tras la caída