El 6 de agosto de 1945 el imperialismo explosionó una bomba nuclear sobre la ciudad japonesa de Hiroshima; tres días después lanzó otra sobre Nagasaki. Las consecuencias fueron horribles. A 1’3 Km del hipocentro la explosión registró una fuerza de 7 toneladas por metro cuadrado y generó un huracán de 120 Km. por segundo. Este viento llegó hasta 11 Km. de distancia. La onda desnudó a la gente, arrancó la piel quemada, fracturó órganos internos. En un radio de 3 Km. el 90 % de los edificios quedaron destruidos. La enorme emisión de calor de la explosión mató en segundos a quienes estaban en un radio de 1 Km. Quienes se hallaban a 3’5 Km. sufrieron quemaduras y los que entraron durante las primeras 100 horas en un radio de 2’3 Km. recibieron radiaciones que han causado cáncer y otras enfermedades. En Hiroshima se mató a 140.000 personas, el 40 % de la población, se hirió a 80.000 (el 23 %) y fueron afectados 220.000. Antes de la explosión había 350.000 personas en Hiroshima. En Nagasaki se mató a 73.900 personas, el 30 %, se hirió a 74.900 (31 %) y afectó a 148.800; la población era de 240.000 personas. En el hipocentro de las explosiones la temperatura subió a 3.000 ó 4.000 grados centígrados. Se generó una enorme columna, polvo y escombros, elevándose a 9.000 metros en el cielo, creando un enorme hongo; la lluvia fue depositando en el suelo las partículas contaminadas que habían subido son el hongo atómico; los efectos de los rayos gamma y los neutrones permanecieron por ese motivo durante meses. (*)

Sesenta años después de estos sucesos vemos cómo las armas nucleares siguen su avance hasta el punto que hay más de 10.000 cabezas nucleares, cada una de ellas 20 veces más potentes que las que explotaron en Japón. Las mayorías de las centrales nucleares europeas tienen agrietadas sus tapaderas, representando un peligro para la población.

Según Greenpeace todos estos datos demuestran que seguimos inmersos en un grave peligro nuclear. Resulta provocador ver cómo el imperialismo habla de cruzada contra el terrorismo, de democracia, de derechos humanos, etc. Esta gente que no dudaron en masacrar estas poblaciones para demostrar al mundo su poderío y en especial a la antigua Unión Soviética. Esta gente que invaden países con cualquier pretexto, por ejemplo, Vietnam, matando a 2 millones y destruyendo bosques, ecosistemas, etc. Con la excusa de “luchar contra el comunismo”. Invaden Iraq y Afganistán con el pretexto de implantar la “democracia”. El historial es muy extenso. Hoy día en Hiroshima y Nagasaki la gente muere por cáncer y otras enfermedades relacionadas con las bombas. Lenin decía que el capitalismo es “horror sin fin”; los datos expuestos hablan por sí solos. Los obreros tenemos que organizarnos en nuestros sindicatos y partidos obreros y dotarlos de un programa genuinamente reivindicativo y de lucha contra el capitalismo, responsable de tantos crímenes contra la humanidad.

(*) Fuente: Revista de “El País” 31-7-05.